Crónica de un vía crucis llamado “Corona Capital 2011″

octubre 22, 2011 por Pedro Ortega

http://www.portishead.co.uk/

Existe “gente ya mayor y mala de su rabadilla“, al que el asistir a un festival musical se convierte en un verdadero “vía crucis”.

La aflicción inicial tuvo que ver con un vergonzoso episodio con Ticketmaster (TM). Como buen ñoño compré mi boleto en preventa ($625.00) desde el mes de junio, y semanas después vi mi correo lleno de mensaje de advertencia de TM, como el siguiente:

“Estimado Cliente,

Debido a la gran demanda generada para el evento de CORONA CAPITAL que se llevará a cabo en el Autódromo Hermanos Rodriguez el  día 15 de Octubre, NO TENDREMOS WILL CALL EN EL INMUEBLE EL DIA DEL EVENTO y debido a la complejidad en la logística de un evento de esta magnitud, SUS BOLETOS SERAN CANCELADOS si no los recoge ANTES DE 48 HORAS de su evento con los siguientes requisitos:

1.- Tarjeta de crédito con la que hizo la compra. (IMPORTANTE: La tarjeta será planchada como comprobante de tarjeta presente, por lo tanto no se reciben tarjetas mini o sin embozar).

2.- Identificación oficial (únicamente credencial del IFE, cartilla, pasaporte o cédula profesional).

3.- Numero de confirmación entregada al momento de su compra.

Hacer caso omiso si ya recogió sus boletos.”

¿Qué hice? Me valió madre. ¿Qué pasó? Abrí mi cuenta TM para tomar nota del número de confirmación, y descubrí que mi compra había sido cancelada el jueves 13 de Octubre (día que consideré adecuado respecto a las mentadas 48 horas). ¿Cómo explicarle a los amigos que contaban con su boleto para ingresar a este concierto (anunciado como AGOTADO semanas antes)? Fue difícil e incluso uno de ellos (el que había amenazado con acompañarme) lo tomó como una especie de mensaje divino y se congratuló de ser uno de los que dijo NO al CC11.

Corrí con suerte, y un alumno de CUCEI que daba como perdida su inversión en el boleto me lo vendió en $800.00. No abusó al cederlo por la cantidad que él mismo había pagado, sin embargo, sentí que era precio de reventa: $175.00 más de lo que yo había invertido originalmente.

Eran las 13:00 horas y la estación del metro Ciudad Deportiva ya lucía como hormiguero. Los revendedores repetían una sola frase: “¿boleto que le sobre?”. A mi paso, alcancé a escuchar que el precio de los boletos en reventa alcanzaban los $1500.00, a pesar de que al fondo se veía una larga fila para comprarlos. Esa fila, formada por cientos de personas finalizaba con un grupo de policías: su presencia indicaba que se había cerrado. Ni modo, la reventa y la ley de la oferta y la demanda fueron los que mandaron a partir de ese momento para los que buscaban ingresar a la “Curva 4″.

Tuve que realizar un gran recorrido a pie, porque no quise pagar 40 pesos para usar un bici-taxi, en medio de una gran cantidad de personas, de un mar de autos buscando estacionamiento y puestos de parafernalia (en su mayoría pirata) de los grupos anunciados para el festival. Llegó la primer prueba para determinar que mi boleto no era falso: deslizaron la uña sobre él y “pintó” su raya. Era bueno. En seguida vino la prueba definitiva mediante la lectura del código de barras, y ahí me pregunté ¿por qué TM no dio opción del Ticketfast? Imbéciles.

Mientras caminaba podía escuchar a lo lejos a Javiera Mena interpretar “Hasta la verdad”. Con la lengua de fuera descubrí que se tenía que rodear un gran distancia para llegar al escenario identificado como Bizco Club Stage, el cual lucía “lleno” para ser las 13:30 hrs. “Yo no te pido la luna” (solo te pido un diamante) cantaba la Mena, aunque creo que lo más le molestaba arriba del escenario era el Sol: pleno, sin nubes que le impidieran llegar de frente al rostro y cuerpo de la chilena (que para acabarla, vestía completamente de color negro).

Quise visitar el stand de la revista RS, pero no tenía idea de dónde pudiera estar a pesar de fueron los patrocinadores principales del mapita que te entregaban al entrar. De manera casual (insisto, no estaba indicado en el mapa) lo encuentro en mi camino al escenario Corona. Buena noticia: seguía ahí Alonso Arreola. Malas noticias: el EP que regaló se había agotado y no fue el “Los Contagios de Cruento”. Me enteré que la maquila del nuevo material cometió la burrada de imprimirlo con un error que cortaba la última canción. 1500 de estos errores ahora serán considerados objetos de colección y quizás provoquen uno que otro desperfecto en el aparato que intente reproducirlos.

Torreblanca abrió el escenario principal, ese donde cerrarían Strokes el festival, 8 horas más tarde. Eso parece no haberle importando a los fans del grupo “niullorquino” que forman un bloque impenetrable en torno al escenario que ese momento ocupaba este hipster de saco a cuadros rojo y pantalón verde. Este tipo de gafas y pelo rubio rizado peinado hacia adelante al iniciar su participación se notaba nervioso, pero contento. Había fans, de los propios, de esos que cantan contigo a grito pelón, que desentonan, que quieren llamar la atención de la gente que los rodea para demostrar que ellos sí te conocen: eso sin duda animó a Juan Manuel y lo dio todo en el escenario. Su voz al final del setlist mostró seguridad y las sonrisas en los rostros del resto del grupo no podían esconder la satisfacción de ser el único grupo mexicano en estar en los dos festivales masivos más importantes del DF el mismo año (tocaron en el Vive Latino meses atrás). Su productor, Quique Rangel, tomó el contrabajo (que tan abandonado tiene con los Tacvbos) y acompañó a sus protegidos en un par de canciones, siendo uno de los 4 invitados especiales de ese medio día (¿Dan Zlotnik descansa? ¿Es humano?).

Fui de regreso al Bizco Club Stage (el único escenario al que no me acerqué fue el Corona Light), porque era hora del Columpio Asesino. Una pésima hora, dada la temática de las letras y el estilo musical del Columpio, una completa grosería poner a tocar esta banda tan chingona bajo el foco de carnitas que se había convertido el Sol esa tarde. El astro rey no tuvo piedad, como tampoco la tuvo el Columpio Asesino con la gente que se acercó a escucharles: una verdadera joya de presentación, de lo mejor de todo el festival.

Lo pensé muy bien y tuve que tomar una decisión definitiva: el resto del festival lo pasaría pegado al escenario Capital. Caminé muchísimo hasta llegar a un metro de la valla de seguridad, aprovechando los huecos que dejó la gente que se marchó al finalizar la participación de Wild Beast. Estaba listo para darle cierre a la trilogía de pop ochentera que inicié con Duran Duran y Tears For Fears: OMD llegó, por primera vez a este país en 33 años y lo hizo con Enola Gay. Fue una verdadera sorpresa escuchar a tanta gente de menos de 20 años entonar el setlist en su mayoría ochentero  (porque incluyeron dos canciones recientes, “fantásticas” según el mismo Andy McCluskey), que cerró con su primer y “más rápida” canción: Electricity. El dúo cortó su presentación para respetar el horario asignado, pero su actitud dejó entrever que tenían intenciones de seguir tocando para complacer al público que pidía a gritos “otra”.

Inicialmente había pensado moverme a otro escenario (quizás para ver a Mogwai ó M83), pero no fue así: permanecí estoico en el mismo sitio, sin haber estimado que terminaría con un bronceado que sería la envidia de Zamorita, y experimentaría calambres a los 20 minutos de finalizada la participación de OMD. Santigold fue sugerencia de Alonso Arreola, pero yo nunca la había escuchado y me sorprendió. ¿Cómo cojones es que la gente se sabe todas las canciones de todo mundo? Tengo serios problemas para memorizar letras, y normalmente en los conciertos me dedico a escuchar a los intérpretes originales: no entiendo el punto de cantar todo de todos. Quizás sea pura pinche envidia, pero me jode mucho escuchar versiones “alteradas” por la euforia del público. A pesar de esto, fue muy divertido el setlist de esta Santigold de voz agradable y beat impacable. Estuvo acompañada por tres músicos muy talentosos y dos bailarinas de rostro serio y trasero alegre para el contoneo rítmico. Momento de pena ajena: Santigold invitó al público a bailar en el escenario y algunos de los “privilegiados” mostraron graves problemas de psicomotricidad ¿qué necesidad de hacer el ridículo frente a miles de personas?

Ya casi llegaba el momento cumbre del día, sin embargo, faltaba que me chutara la presentación del grupo The Editors. La primera vez que los escuché los confundí con Interpol, pero a diferencia de estos últimos, Editors no aburre en sus presentaciones en vivo. Su setlist conmovió a los fans y no nos hizo pasar un mal rato a los que simplemente no nos desagrada su música. ¿Momentos memorables? Sobreviví a la presión ejercida por miles de personas contra los que nos encontrábamos más cerca del escenario.

El platillo fuerte estaba listo para ser servido: Portishead. Como siempre, las espera de 7 horas de pie llega acompañada por los dolores propios de la edad y la provocada por los codos de la chicas chaparras que insisten estar dos centímetros adelante de ti. La desesperación llega al ver a los técnicos revisar interminables veces todas las conexiones de los 8 teclados instalados en el escenario, de los pedales de efectos de las guitarras y de los micrófonos que esperamos capten de manera correcta la voz de Beth Gibbons. Por primera vez en toda la jornada, la pantalla instalada al fondo del escenario Capital proyecta imágenes que se pueden distinguir: una gran P luminosa indicaba la llegada de Portishead por vez primera a este país. El setlist no tuvo desperdicio, música entrañable para la legión de treintones que escuchamos su primer álbum cursando alguna licenciatura y también para los pubertos que los escucharon mientras orinaban su pañal en 1994. El audio (como en el resto de las bandas que me tocó escuchar) estuvo increíble: claro y potente. ¿Beth Gibbons? Parecía una posesa, esclava del micrófono que tomaba con ambas manos mientras apretaba sus párpados. La potencia de su voz al cantar contrastó con los balbuceos que emitió para dirigirse al público, parecía apenada ante la admiración del público reunido a su alrededor, sonreía tímidamente tratando de corresponder el euforia que su música encendía en la audiencia y aprovechó las pasajes instrumentales para darles las espalda, como intentando que la chamarrita que portó durante todo el concierto, además de cubrirla del helado viento, la protegiera de las muestras de veneración a su quehacer artístico.

Tomada del sitio oficial de Portishead

Justo antes de finalizar el concierto, bajó las escaleras instaladas al borde del escenario e intentó saludar a ese público mexicano tan apasionado. ¿El resultado? Terminaron por extraer mi último aliento y exprimieron mi última reserva de energía. Caminé en la penumbra rodeado de miles, pensando que era justo y necesario utilizar un baño (tampoco había ingerido alimento ni bebida). A esa hora no se veía nada en el interior del baño portátil y lo agradecí, porque debió estar puerquísimo.

Caminé hacia la salida principal y pude ver a lo lejos que The Strokes empezaba su toquín, pero en verdad no podía más y quería irme con el recuerdo de haber visto una gran banda en lugar inmejorable, quedarme en un sitio donde hasta las pantallas se veían diminutas no fue opción para mí en ese momento. Aún así, vi como muchísimas persona en actitud de zombies se acercaban  al lugar de donde salían esos destellos luminosos, entonces miré al cielo y dije “Padre perdónalos, no saben lo que hacen”. Y habiendo dicho esto, expiró mi tiempo en este maldito/bendito festival. Obviamente resucité al tercer día y comencé a escribir esta porquería. Creo que no volveré a un evento musical tan grande. Bueno, quizás vaya al Hell and Heaven y ya.

 

3 comentarios

  1. Salvador dice:

    Buena crónica!

    Qué mal por los boletos.

    Por otro lado ahora si nos quedaron a deber los pinches promotores por que sólo una banda del CC programó toquín acá en GDL y después lo canceló. Mínimo los Strokes, caray. Me hubiera encantado que se trajeran a Javiera Mena

  2. Liz dice:

    Creo que es la mejor reseña que he leido, por lo menos me rei bastante y además coincidí contigo en muchas cosas, yo no estoy cerca de ser “gente mayor” pero ese día termine como si hubiera hecho ejercicio todo el dia sin parar(y nisiquiera eso me mantuve parada todo el tiempo en un solo escenario ¿patetico? espera a leer el resto de la historia). Estuve hasta adelante en el escenario Corona llegue como a las 11:00 am para estar en un buen lugar para cuando The strokes(una de mis bandas favoritas desde los 14) saliera a tocar, todo estuvo bien a pesar de que los de The boxer rebellion habian cancelado y por consecuencia Torre blanca tardó mucho en salir(de quienes no soy tan fan pero tampoco me aburrieron) luego la sorpresa Austín me gustó más de lo esperaba y son super buena onda un poco loquitos pero se la rifaron la verdad.
    Bueno a esa hora todavia estaba “comodo” el lugar donde estaba no pegaba el sol para nada y aunque hacía un poco de frio era soportable luego ya como a las 6 empezó el apretadero pero como mencione anteriormente soportable.
    fuí sola al evento (¿gran error? bueno ya estoy acostumbrada)la chica que estaba a mi lado resulta que va en la misma escuela que yo asi que platique con ella todo el rato ahi, pero… a la chica le andaba “pis” y aunque le insistí horas antes que fuera, que esa era su unica oportunidad no me hizo caso.¿Las consecuencias? se notaron como a las 9:00 para ese entonces mi nueva “amiguita” tras muchas horas de “apretar” no pudo más y bueno… ya estabamos muy apretadas tenia las costillas a punto de reventar y los pantalones mojados… a eso sumale que no habia dormido bien un dia antes y por supuesto que no me iba a comer una pizza seca de $40 así que no aguante más y… me sacaron en estado “zombie” aunque suplique con todas mis fuerzas(que no eran muchas)que no me sacaran pero,cómo me iban a oir si yo misma no las escuché como sea me tocó chutarme a The strokes a 40 metros del escenario (que tampoco era muy despreciable) pero sola,cansada,con frio,hambre creeme lo unico que queria era que ya acabaran, estuve esperando el concierto durantes años… ya que en el 2006 no los vi y ese diá me quedé con un sabor de boca un poco amargo yo solo espero que vuelvan pronto y ésta vez si estaré preparada.

  3. Pedro Ortega dice:

    Definitivo: tuviste tu propio vía crucis. Gracias por el comentario Liz. Saludos.

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