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“Parte de la personalidad de nuestra marca siempre ha sido ser un observador social que le preocupa y comenta lo que sucede en nuestro país. La coyuntura que se vive actualmente es muy compleja y lamentablemente violenta. Por lo tanto, nos pareció acertado mencionarlo”.
Fue una madrugada de disparos al por mayor: don Alejo, con fusiles y pistolas de caza deportiva; el grupo de sicarios, con armas largas y granadas. Cuatro sicarios quedaron muertos; también don Alejo, solo en su finca, con el orgullo de defender su propiedad.
La historia comenzó a escribirse la mañana del sábado 13 de noviembre, cuando un grupo de hombres armados y amenazantes fue a darle un ultimátum a don Alejo Garza Tamez, dueño del rancho: tenía 24 horas para entregarles el predio o se atendría a las consecuencias.
Con la diplomacia de sus casi ocho décadas de vida, don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad. Y ahí estaría esperándolos, les dijo con llaneza.
Vale la pena leerla la nota de Sepúlveda. Es la historia de un hombre que no está dispuesto a darse por vencido.
Su esposa se llama Niurka Sáliva. Él fue alcalde de Cancún y, antes de que lo capturara la policía, competía por la gobernación del estado de Quintana Roo, en México. Se llama Greg Sánchez y es otro caso necesario en las instrucciones de política mexicana.
La fiscalía nacional lo relaciona en actividades de lavado de dinero, delitos contra la salud (narcotráfico) y delincuencia organizada. Fue detenido el 25 de mayo en Cancún, en plena campaña electoral. Su expediente, informó la fiscalía, estaba disponible desde enero de 2010, pero eso no disuadió a los partidos PRD, PT y Convergencia de seleccionarlo como su candidato.
Hoy el hombre ha perdido sus derechos políticos y no aparecerá en las boletas de la elección del 4 de julio. Qué lástima.
El caso hay que tomarlo con reservas considerando a la parte acusadora: la Procuraduría General de la República, habituada a crear expedientes contra supuestos criminales que finalmente quedan libres por falta de pruebas.
Pero Greg, más allá de si trafica con cubanos, cobra por protección a los grupos del narcotráfico o incluso les ayuda a limpiar sus finanzas, no se amedrenta y tiene abogados diestros que lo defenderán con declaraciones como:
No haremos una presentación del video que ahora les compartimos. Las imágenes, —como dice la periodista Denise Maerker en la presentación de la pieza— hablan por sí mismas del retén ilegal realizado por una banda de hombres armados la mañana del 15 de abril en Creel, Chihuahua.
En total existe una hora de grabación, aunque en este video sólo aparecen 7 minutos. La toma la realizó una cámara la policía del estado de Chihuahua, en el norte de México.
Ahora les ofrecemos otra versión del mismo hecho, quizá la versión más escalofriante debido a la banda sonora que alguien le incluyó en YouTube. Una lírica idónea para las crueles imágenes de la violencia en México.
Les dejamos estas ligas, por si quieren enterarse más del ataque de este comando armado en Creel, Chihuahua:
—Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió.
—¿Nada, caído el capo?
—El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí.
Los decomisaron en Puerto Progreso, Yucatán. Dentro tenían una tonelada de cocaína. El ingenio de los narcotraficantes no conoce límites. Una conversación radiofónica al respecto puede escucharse dando clic sobre la imagen.
—Se ha creado el mito de que si en México pasa algo y no se le encuentra explicación, es culpa del narco. ¿Crees que el estado utiliza ese mito para ejercer su propia violencia?
—Hay que entender que la noción Narco y la noción Estado no están separadas. En México el Narco se puede ver como una mafia al estilo siciliano con clanes y redes familiares que se ha extendido vertical y horizontalmente. Esta mafia cobija una serie de industrias delincuenciales como el contrabando de armas, el tráfico de indocumentados, la extorsión, el secuestro o el robo a gran escala cuyos ejecutores han recibido entrenamiento paramilitar y cuentan con sofisticados medios de comunicación que logran lavar al año entre 120 y 125 mil millones de dólares. Esto es imposible sin la complicidad, el amparo y el patrocinio de las más altas autoridades. Recordemos que muchos de los altos cargos de los cárteles eran comandantes policiacos. Es allí cuando el combate al narcotráfico se convierte en una simulación convertida en decomisos, detenciones que nunca tocan a los más altos. En 1997 se giraron órdenes de aprehensión contra todos los grandes narcos de Sinaloa. Han pasado doce años y ninguno de estos sujetos ha sido detenido. En el año 2000 se fugó el Chapo Guzmán, el más importante de los capos mexicanos y el hecho de que no haya sido capturado solo se entiende si hay complicidad de las autoridades. Quitémonos entonces la idea de que el narco es algo misterioso que está flotando en el aire. Son males específicos con nombres y apellidos específicos quienes cometen los crímenes. De ahí que el narcotraficante escuchando narcocorridos sinaloenses y vestidos estrafalariamente sea una caricatura.
La foto la tomamos de El Informador, que la utilizó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas humanas en sendas hieleras, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.
El último libro de Sergio González Rodríguez, El hombre sin cabeza (Anagrama, 2009) es —tomando palabras de su amigo Roberto Bolaño— una forma de meter la cabeza en lo oscuro y abrir los ojos ante el horror. Sergio González Rodríguez, después de escribir el mejor retrato que se ha hecho sobre el cagadero que es el homicidio sistemático de mujeres en Ciudad Juárez (Huesos en el desierto, Anagrama 2002), lo vuelve a hacer.
El hombre sin cabeza representa una forma de mirar el horror sin edulcorarlo. No más novelitas sobre el narco. No más corridos épicos. No más Camelias la Tejana ni Reinas del Sur. No más policías honestos luchando contra la corrupción, ni detectives enamoradizos, ni Sam Spade, ni Belazcoarán Shayne.
El narco no tiene nada de cool.
En El hombre sin cabeza, González Rodríguez platica con un decapitador. Una sombra, dice él. La sombra le cuenta la rutina de su oficio. Visita Acapulco y reconstruye a través de sus propios recuerdos la transformación del puerto en uno de los escenarios de la violencia más extrema. Ensaya sobre el significado de la decapitación en la Biblia, en la historia de México, en las guerrillas islámicas contra la invasión a Irak. Reconstruye los videos aparecidos en YouTube: cuerpos apilados, sin cabeza; cabezas sin cuerpo, con los ojos cerrados; hombres que respiran pero que ya están muertos desde antes de que una espada les rebane el cuello.
¿Para qué escribir sobre el horror? González Rodríguez responde en la página 154:
“Como ha escrito George Didi-Huberman en su polémica contra las posturas de ocultamiento de las imágenes de exterminio en Auschwitz, debemos aprender a dominar el dispositivo de las imágenes para saber qué hacer con nuestro saber y con muestra memoria. Aprender a manejar el escudo: la imagen-escudo. Y reitera que debemos, como lo hizo Gilles Deleuze ante el dicterio de callar de T.W. Adorno, asumir este pensamiento de Franz Kafka: la vergüenza de ser un hombre, ¿acaso existe mejor razón para escribir?”
La imagen la jalamos del sitio esmas.com y está firmada por la agencia Efe. La foto se presentó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas, cada una dentro de una hielera, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.
La Policía federal reportó la detención de la señorita Anahí Beltrán Cabrera, quien supuestamente custodiaba un arsenal compuesto por “una ametralladora capaz de perforar cualquier blindaje y servir como defensa antiaérea, así como 6 fusiles, un lanzagranadas, una granada de mano, más de 250 cargadores, más de 9 mil 600 cartuchos”, además de un “paquete con 750 gramos de cocaína”. Los entrecomillado son del periódico El Porvenir.
Según el reporte policiaco, la bella Anahí Beltrán Cabrera, de 20 años, se transportaba en una camioneta por las calles del municipio de Santa Ana, Sonora (esta versión es de El Financiero, que difiere con El Porvenir sobre el sitio de la detención… Pero que nadie se preocupe: así es la información policiaca mexicana, bien exacta).
Del futuro de Beltrán Cabrera, supuesta integrante de una banda criminal bien poderosa en México, poco se sabe a estas alturas. Por lo pronto, su belleza ya es indispensable en la galería de bellas en conflicto. En Sensacional D lo hacemos constar.
Primero fue Valentín Elizalde, El Gallo de Oro, en Reynosa, Tamaulipas; luego el auto donde circulaba Lupillo Rivera, en Guadalajara, y ahora Javier Morales, de Los Implacables del Norte, en el municipio de Huetamo, Michoacán. Al Gallo de Oro le dispararon más de 70 balazos el 25 de noviembre; la camioneta de Rivera recibió siete disparos el 10 de diciembre; seis le tocaron a Morales el día 13, y se sumó a las 544 muertes violentas registradas en Michoacán hasta el 13 de diciembre.
Los cantantes de música norteña y narcocorridos están asustados. Con toda razón. Nunca pensaron que les iba a tocar del menú de balazos con que las bandas de narcotraficantes se disputan el país de Norte a Sur. Justo después del asesinato de Elizalde, se corrió el rumor de que Beto Quintanilla también habría sido ejecutado. Pronto, los representantes de este cantante negaron la versión. Julio Preciado, ex vocalista de El Recodo, canceló sus presentaciones en el palenque donde mataron a Elizalde. Los Tucanes de Tijuana y La Sombra fueron amenazados de muerte. Al grupo Palomo le prohibieron tocar canciones del fallecido Gallo de Oro.
Y mientras, en las tiendas de música y en el metro de la ciudad de México, las ventas de los discos de Elizalde se potencian como un incendio con hidrocarburos. Además, en Youtube se desató una guerra de videos donde se han presentado la autopsia de Elizalde, las primeras imágenes tras su asesinato y supuestos mensajes entre bandas criminales donde se adjudican los hechos o juran venganza.
Aunque las investigaciones sobre estos hechos violentos relacionados con cantantes no han concluido, analistas y especialistas coinciden en señalar al narco como principal sospechoso, debido a su relación con los músicos de banda. Como homenaje póstumo al Gallo de Oro, va el comienzo de su canción “A mis enemigos”: “Y esto va pa toda la bola de envidiosos. ¿Y de qué se murieron los quemados?” y el video de Youtube.