April 23rd, 2009 — 8:03pm

Para seguirle con el post de los decapitados, en el que hablamos del nuevo libro de Sergio González Rodríguez (El hombre sin cabeza, Anagrama, 2009), recuperamos un fragmento de la entrevista que le hizo Iván Hernández (La Sala de Interrogatorios) al periodista y escritor:
—Se ha creado el mito de que si en México pasa algo y no se le encuentra explicación, es culpa del narco. ¿Crees que el estado utiliza ese mito para ejercer su propia violencia?
—Hay que entender que la noción Narco y la noción Estado no están separadas. En México el Narco se puede ver como una mafia al estilo siciliano con clanes y redes familiares que se ha extendido vertical y horizontalmente. Esta mafia cobija una serie de industrias delincuenciales como el contrabando de armas, el tráfico de indocumentados, la extorsión, el secuestro o el robo a gran escala cuyos ejecutores han recibido entrenamiento paramilitar y cuentan con sofisticados medios de comunicación que logran lavar al año entre 120 y 125 mil millones de dólares. Esto es imposible sin la complicidad, el amparo y el patrocinio de las más altas autoridades. Recordemos que muchos de los altos cargos de los cárteles eran comandantes policiacos. Es allí cuando el combate al narcotráfico se convierte en una simulación convertida en decomisos, detenciones que nunca tocan a los más altos. En 1997 se giraron órdenes de aprehensión contra todos los grandes narcos de Sinaloa. Han pasado doce años y ninguno de estos sujetos ha sido detenido. En el año 2000 se fugó el Chapo Guzmán, el más importante de los capos mexicanos y el hecho de que no haya sido capturado solo se entiende si hay complicidad de las autoridades. Quitémonos entonces la idea de que el narco es algo misterioso que está flotando en el aire. Son males específicos con nombres y apellidos específicos quienes cometen los crímenes. De ahí que el narcotraficante escuchando narcocorridos sinaloenses y vestidos estrafalariamente sea una caricatura.
Acá el link a la entrevista completa (link)
La foto la tomamos de El Informador, que la utilizó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas humanas en sendas hieleras, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.
Notas relacionadas
Comentario » | asesinos seriales, literatura, violencia urbana
April 23rd, 2009 — 7:42pm
El último libro de Sergio González Rodríguez, El hombre sin cabeza (Anagrama, 2009) es —tomando palabras de su amigo Roberto Bolaño— una forma de meter la cabeza en lo oscuro y abrir los ojos ante el horror. Sergio González Rodríguez, después de escribir el mejor retrato que se ha hecho sobre el cagadero que es el homicidio sistemático de mujeres en Ciudad Juárez (Huesos en el desierto, Anagrama 2002), lo vuelve a hacer.
El hombre sin cabeza representa una forma de mirar el horror sin edulcorarlo. No más novelitas sobre el narco. No más corridos épicos. No más Camelias la Tejana ni Reinas del Sur. No más policías honestos luchando contra la corrupción, ni detectives enamoradizos, ni Sam Spade, ni Belazcoarán Shayne.
El narco no tiene nada de cool.
En El hombre sin cabeza, González Rodríguez platica con un decapitador. Una sombra, dice él. La sombra le cuenta la rutina de su oficio. Visita Acapulco y reconstruye a través de sus propios recuerdos la transformación del puerto en uno de los escenarios de la violencia más extrema. Ensaya sobre el significado de la decapitación en la Biblia, en la historia de México, en las guerrillas islámicas contra la invasión a Irak. Reconstruye los videos aparecidos en YouTube: cuerpos apilados, sin cabeza; cabezas sin cuerpo, con los ojos cerrados; hombres que respiran pero que ya están muertos desde antes de que una espada les rebane el cuello.
¿Para qué escribir sobre el horror? González Rodríguez responde en la página 154:
“Como ha escrito George Didi-Huberman en su polémica contra las posturas de ocultamiento de las imágenes de exterminio en Auschwitz, debemos aprender a dominar el dispositivo de las imágenes para saber qué hacer con nuestro saber y con muestra memoria. Aprender a manejar el escudo: la imagen-escudo. Y reitera que debemos, como lo hizo Gilles Deleuze ante el dicterio de callar de T.W. Adorno, asumir este pensamiento de Franz Kafka: la vergüenza de ser un hombre, ¿acaso existe mejor razón para escribir?”
La imagen la jalamos del sitio esmas.com y está firmada por la agencia Efe. La foto se presentó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas, cada una dentro de una hielera, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.
Notas relacionadas
2 comentarios » | asesinos seriales, literatura, violencia urbana
March 29th, 2009 — 3:10pm
“Tantas jóvenes muertas van a reposar, en su primera noche de bodas enterradas, bajo la cubierta de su tumba fresca”, se lee en la inquietante El vampiro de Ropraz (Anagrama, 2008), novela de Suizo Jaques Chessex que recrea un hecho verídico transcurrido en 1903 en una desolada provincia europea. La brutal vejación del cadáver de una hermosa joven revive antiguas supersticiones y remueve la “mugre primitiva”. Un monstruo anda suelto perturbando el sueño eterno de las vírgenes y los pobladores de la zona se desquician, se espían unos a otros, se acusan, se revuelcan en el lodo de la ignominia.
Narrado con una prosa precisa y envolvente, este libro deja claro que no importa que nunca hayan existido los vampiros: lo cierto es que su mito tiene un poderoso efecto en nuestra psique. Lo mismo demuestra la noticia revelada recientemente por antropólogos italianos sobre la mujer “vampiro” de Venecia, cuya imagen ilustra este post. Enterrada y desenterrada durante una epidemia de peste en la isla de Lazareto Nuevo en el siglo XVI, se le colocó un ladrillo en la boca para que no continuara alimentándose de sangre, según indicaba el rito medieval de exorcismo de vampiros.
Escribe Chessex en su novela: “Descifrar sin descanso la amenaza llegada del fondo de uno mismo y del exterior, del bosque, del techo que cruje, del viento que llora; del más allá, de arriba, de abajo: la amenaza llegada de otra parte”. Eso son los vampiros. Y por eso nunca mueren.

Notas relacionadas
Comentario » | biología