May 18th, 2011 — 10:07am

En Grandes esperanzas, película de Alfonso Cuarón, existe el personaje de una excéntrica anciana, Ms. Dinsmoor, quien fue plantada en su juventud en el altar y desde entonces deambula en una decrépita mansión llorando a su amor perdido.
Pero hay quienes no quieren padecer esa ruina. En Changchun, provincia de Jilin, en la República Popular China, una joven de 22 años intentó suicidarse luego de que su novio terminara con ella justo antes de la boda. Una vez deshecho el compromiso, la muchacha se puso el traje de novia que ya había comprado y se asomó al abismo desde el piso siete de un edificio de departamentos.
Sin embargo, los brazos de la policía la sujetaron antes de que cumpliera su cometido. La instantánea la capta en un momento de extraña poesía, pues el vestido levantado simula las alas detenidas en pleno vuelo. El rostro de ella lo dice todo: le han quitado la última dignidad que le quedaba.
Esta fotografía, que posee una inquietante mezcla de dramatismo y belleza, nos recuerda el trabajo de nuestro admirado Enrique Metinides, y en concreto la placa llamada “La suicida de la Torre Latino”, donde aparece una mujer que también intentó quitarse la vida pero que fue rescatada por los bomberos.

Hay ángeles que no consiguen levantar el vuelo. Su condena: seguir viviendo entre los humanos.
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November 2nd, 2008 — 4:00pm

El Museo Franz Mayer alberga desde octubre pasado y hasta el 9 de noviembre la edición 2008 del World Press Photo. Una muestra impactante que reúne a los mejores reporteros gráficos del mundo. Es interesante ver cómo cada año las imágenes se cargan hacia ciertos temas acuciantes. Por ejemplo, en la edición de 2006, la mayoría de las fotografías tenían que ver con los estragos del huracán Katrina en Nueva Orleáns y la guerra de Irak. Ahora, hay muchas relacionadas con Afganistán y las guerras civiles de África. De hecho, la placa ganadora como Fotografía del Año muestra a un soldado estadounidense en un búnker en Afganistán, que se pasa una mano por el rostro en un gesto de extremo agotamiento, tanto físico como mental; un símbolo de la impotencia que despierta cualquier guerra. Pero más allá de las imágenes bélicas, que siempre destacan por razones obvias dentro de esta muestra, hay otras igualmente efectivas a la hora de reflejar la ignominia y la alienación que rigen a las sociedades contemporáneas. Como la serie sobre Skatopia, esa granja en Ohio en la que se refugian los fanáticos de las patinetas y en la que pasan días enteros entregados a su obsesión por las piruetas y los deslizamientos. Lo inquietante es que los “skatos” difícilmente se integran a la sociedad y terminan viviendo como parias en Skatopia, aislados del mundo real y sus preocupaciones cotidianas. Otra forma de la enajenación, que bien podría ser el tema principal de este año: la enajenación por el poder, la guerra, la miseria e incluso el deporte.
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September 10th, 2007 — 10:38pm

El filósofo francés Jean Baudrillard escribió en su libro La transparencia del mal, sobre el terrorismo en general, a partir de un atentado en Bruselas, en 1985:
“Lo que también sorprende de un acontecimiento como éste es que en cierta manera es esperado. Todos nosotros somos cómplices en la espera de un libreto fatal, aunque nos sintamos conmocionados o alterados cuando se escenifica. Se dice que la policía no hizo nada para prevenir el estallido de violencia, pero lo que no puede prevenir ninguna policía es esta especie de vértigo, de solicitación colectiva del modelo terrorista”.
A seis años del 11-S, poco parece haber cambiado en el mundo a ese respecto. Ahí está el 11-M de Madrid y el 7-J de Londres y así seguiremos llenándonos de fechas tan simbólicas como siniestras. Quizá lo que toca ahora, como reflexionaba el siempre visionario Baudrillard, es pensar en cuál es nuestra responsabilidad en todo esto. Los villanos están ahí a la vista de todos: Bush, Bin Laden, Timothy McVeigh… Pero, ¿qué hay de los espectadores? No hay concierto sin público. Y el 11-S, ya lo dijo en su momento el polémico compositor Karlheinz Stockhausen, fue “la mayor obra de arte jamás ejecutada”. Y la más sangrienta, pues nos manchó las manos a todos: no podíamos apartarnos del televisor mientras el segundo avión completaba la espectacular maniobra. Hemos visto hasta la saciedad las imágenes de las Torres Gemelas derribándose con su cargamento de cadáveres…
Por su parte, el fotógrafo estadounidense Jonathan Hyman se propuso desde el 12 de septiembre de 2001 hacer un registro diferente de la tragedia. Ha tomado más de 15 mil fotografías en prácticamente todo el territorio norteamericano para captar las otras cicatrices de su pueblo. El resultado es por demás iluminador.
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May 31st, 2007 — 12:47pm


Vietnam, 8 de junio de 1972. Tras el ataque de los aviones estadounidenses a un templo, la niña de nueve años de edad, Kim Phuc, corre desnuda y abrasada por el napalm, junto a otros niños y tres soldados. El fotógrafo Nick Ut dispara su cámara y esa instantánea le da la vuelta al mundo y se convierte en la imagen más simbólica de la guerra de Vietnam. Pero la historia no acabó ahí: Ut llevó a Kim a un hospital, salvando así la vida de la mujer que 35 años después es embajadora de la Unesco y dirige una fundación de ayuda a la infancia. La vida de Phuc no ha sido fácil: estuvo 14 meses en el hospital y ha sufrido 17 operaciones por las quemaduras del napalm. Por su parte, Ut ganó el prestigioso premio Pulitzer en 1973, pero su conciencia estaba tranquila.
Sudán, marzo de 1993. El fotógrafo profesional Kevin Carter observa a una niña moribunda con la cabeza pegada al polvo, famélica y vencida. Detrás de ella acecha un siniestro buitre. Una postal perfecta y demoledora de la hambruna en África. Carter espera un poco más por si el buitre despliega sus alas. Como no lo hace, toma la fotografía y se marcha. La imagen fue portada del New York Times y obtuvo el Pulitzer en 1994. Pero una pregunta comenzó a acecharlo: “¿Qué hiciste para ayudarla?” A los dos meses de haber recibido al galardón, Carter se suicidó.
Es difícil juzgar a los periodistas gráficos. Ellos sólo hacen un trabajo. Dos fotografías, dos historias diferentes. Un click entre la vida y la muerte.

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