Categoría: asesinos seriales


Arte contra el horror

November 28th, 2010 — 10:19am


La artista mexicana Ambra Polidori presentará una pieza inquietante en el marco de la exposición Espectografías, que se inaugurará el próximo miércoles 1 de diciembre en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad de México.

Se trata de ¡Visite Ciudad Juárez!, una serie de 45 postales armadas con imágenes de un archivo judicial al que Polidori tuvo acceso en el 2003, y que contenía una serie de evidencias relacionadas con los feminicidios en aquella ciudad fronteriza, donde cientos de mujeres han sido asesinadas de manera brutal en los últimos años, y donde continúan muriendo ante la negligencia de las autoridades.

“El acto de crear un discurso alrededor de imágenes que investigan la retórica del horror señala un gesto de resistencia ante la falta de acción por parte de las autoridades, ante la impunidad imperante en el País y revela las contradicciones de la cultura y la política dominantes y sus discursos”, declaró la artista al diario Reforma, de donde esta nota y la fotografía que la acompaña han sido tomadas.

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El asesino que no lo fue

June 6th, 2010 — 8:23pm

La historia es por demás conocida: en agosto de 1942, Goyo Cárdenas estranguló a cuatro mujeres con una cuerda y las enterró en el jardín de su casa de la colonia Tacuba, en la Ciudad de México. Estuvo en el manicomio La Castañeda y después en la cárcel de Lecumberri, de donde salió 30 años después, completamente regenerado y convertido en abogado, profesión que ejerció hasta su muerte en 1999. Fue el pirmer asesino serial famoso en México, y el más atípico.

Sin embargo, un libro recién publicado por el sello Debate analiza el caso, y arroja nueva luz sobre este complejo personaje, que forma parte de los mitos de la sociedad mexicana del siglo XX. En Memorias de un loco anormal, el antropólogo Andrés Ríos Molina no sólo hace una minuciosa reconstrucción de los hechos, sino también una reflexión sobre el contexto social de aquella época, en la que se habían dejado atrás la violencia de la Revolución y el fanatismo religioso de la Cristiada, y en la que se soñaba con “los beneficios que traerían la nacionalización del petróleo y la reforma agraria”.

Basándose en los archivos de la nota roja, en informes policiacos y en los diagnósticos psiquiátricos que se le hicieron al asesino en numerosas ocasiones, Ríos Molina llega a una novedosa teoría: posiblemente Goyo Cárdenas no cometió los crímenes que le hicieron famoso, pero se inculpó para trascender su destino miserable.

Mientras ahonda en el caso de Goyo Cárdenas, el autor plasma interesantes reflexiones sobre la construcción cultural del asesino serial, y del papel que la sociedad tiene en el modus operandi de estos criminales:

“El criminal en cuestión, como sujeto social y ente reflexivo, una vez que opta por el asesinato asume su rol de criminal de acuerdo con los parámetros sociales que definen la conducta cruel e irracional. [...] la misma sociedad a la que pertenece le dice cómo debe comportarse el monstruo que lleva dentro”.

“La relacion entre el asesino serial y su sociedad es isomórfica: él canaliza los miedos colectivos y los individuos ven en él la demostracion fehaciente de que sus miedos no son infundados”.

Un libro importante, bien escrito y documentado, que se lee de una sentada. Recurriendo al pasado, Ríos Molina tiene mucho qué decirnos del país que hemos heredado y de la realidad en la que vivimos. Al final, Memorias de un loco anormal arroja una siniestra paradoja: todos podemos ser asesinos, aunque no hayamos matado a nadie.

Pies de foto:

  1. Goyo Cárdenas reconoce uno de los cuerpos que fueron desenterrados en su domicilio de la calle de Mar del Norte.
  2. Portada del libro Memorias de un loco anormal, del antropólogo Andrés Ríos Molina

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El espectáculo de la violencia

April 23rd, 2009 — 8:03pm

hieleras-con-cabezas-humanas

Para seguirle con el post de los decapitados, en el que hablamos del nuevo libro de Sergio González Rodríguez (El hombre sin cabeza, Anagrama, 2009), recuperamos un fragmento de la entrevista que le hizo Iván Hernández (La Sala de Interrogatorios) al periodista y escritor:

Se ha creado el mito de que si en México pasa algo y no se le encuentra explicación, es culpa del narco. ¿Crees que el estado utiliza ese mito para ejercer su propia violencia?
—Hay que entender que la noción Narco y la noción Estado no están separadas. En México el Narco se puede ver como una mafia al estilo siciliano con clanes y redes familiares que se ha extendido vertical y horizontalmente. Esta mafia cobija una serie de industrias delincuenciales como el contrabando de armas, el tráfico de indocumentados, la extorsión, el secuestro o el robo a gran escala cuyos ejecutores han recibido entrenamiento paramilitar y cuentan con sofisticados medios de comunicación que logran lavar al año entre 120 y 125 mil millones de dólares. Esto es imposible sin la complicidad, el amparo y el patrocinio de las más altas autoridades. Recordemos que muchos de los altos cargos de los cárteles eran comandantes policiacos. Es allí cuando el combate al narcotráfico se convierte en una simulación convertida en decomisos, detenciones que nunca tocan a los más altos. En 1997 se giraron órdenes de aprehensión contra todos los grandes narcos de Sinaloa. Han pasado doce años y ninguno de estos sujetos ha sido detenido. En el año 2000 se fugó el Chapo Guzmán, el más importante de los capos mexicanos y el hecho de que no haya sido capturado solo se entiende si hay complicidad de las autoridades. Quitémonos entonces la idea de que el narco es algo misterioso que está flotando en el aire. Son males específicos con nombres y apellidos específicos quienes cometen los crímenes. De ahí que el narcotraficante escuchando narcocorridos sinaloenses y vestidos estrafalariamente sea una caricatura.

Acá el link a la entrevista completa (link)

La foto la tomamos de El Informador, que la utilizó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas humanas en sendas hieleras, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.

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¿Para qué escribir sobre el horror?

April 23rd, 2009 — 7:42pm

hielera-con-cabeza-humanaEl último libro de Sergio González Rodríguez, El hombre sin cabeza (Anagrama, 2009) es —tomando palabras de su amigo Roberto Bolaño— una forma de meter la cabeza en lo oscuro y abrir los ojos ante el horror. Sergio González Rodríguez, después de escribir el mejor retrato que se ha hecho sobre el cagadero que es el homicidio sistemático de mujeres en Ciudad Juárez (Huesos en el desierto, Anagrama 2002), lo vuelve a hacer.

El hombre sin cabeza representa una forma de mirar el horror sin edulcorarlo. No más novelitas sobre el narco. No más corridos épicos. No más Camelias la Tejana ni Reinas del Sur. No más policías honestos luchando contra la corrupción, ni detectives enamoradizos, ni Sam Spade, ni Belazcoarán Shayne.

El narco no tiene nada de cool.

En El hombre sin cabeza, González Rodríguez platica con un decapitador. Una sombra, dice él. La sombra le cuenta la rutina de su oficio. Visita Acapulco y reconstruye a través de sus propios recuerdos la transformación del puerto en uno de los escenarios de la violencia más extrema. Ensaya sobre el significado de la decapitación en la Biblia, en la historia de México, en las guerrillas islámicas contra la invasión a Irak. Reconstruye los videos aparecidos en YouTube: cuerpos apilados, sin cabeza; cabezas sin cuerpo, con los ojos cerrados; hombres que respiran pero que ya están muertos desde antes de que una espada les rebane el cuello.

¿Para qué escribir sobre el horror? González Rodríguez responde en la página 154:

“Como ha escrito George Didi-Huberman en su polémica contra las posturas de ocultamiento de las imágenes de exterminio en Auschwitz, debemos aprender a dominar el dispositivo de las imágenes para saber qué hacer con nuestro saber y con muestra memoria. Aprender a manejar el escudo: la imagen-escudo. Y reitera que debemos, como lo hizo Gilles Deleuze ante el dicterio de callar de T.W. Adorno, asumir este pensamiento de Franz Kafka: la vergüenza de ser un hombre, ¿acaso existe mejor razón para escribir?”

La imagen la jalamos del sitio esmas.com y está firmada por la agencia Efe. La foto se presentó en una nota sobre el hallazgo de cinco cabezas, cada una dentro de una hielera, en la cabecera municipal de Ixtlahuacán del Río, Jalisco.

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La obra póstuma de Puzo

August 29th, 2008 — 5:25pm



Omertà
: Código de honor siciliano que prohíbe informar sobre los delitos considerados asuntos que [sólo] incumben a las personas implicadas.

World Book Dictionary, citado en Omertà, de Mario Puzo (2000)

Qué pena para el buen nombre de Mario Puzo viajar al otro mundo dejando una pésima obra en las librerías, Omertà. El legado del creador de El Padrino fue una chabacana historia con un final predecible, ramplón y mediocre. Una lástima, reeditada este 2008 por Ediciones B para su colección Zeta de novela policiaca.

Puzo era una referencia literaria sobre la mafia italiana y su fama se catapultó con la saga cinematográfica de Francis Ford Coppola (1972, 1990 y 1992). Puzo escribió la primera pieza de The Godfather en 1969, después de tres buenas novelas: The Dark Arena (1955), The Fortunate Pilgrim (1965) y The Runaway Summer of Davie Shaw (1966). Después del Padrino, decidió explotar la vena mafiosa hasta el límite.

El límite fue Omertà, que Puzo concluyó poco antes de morir, en 1999. La novela fue publicada por Ballantine Books en el año 2000, por orden de los herederos del escritor napolitano. Omertà cuenta la historia de Astorre Viola, el hijo de un prominente mafioso de Sicilia que se ve obligado a vengar el honor de su protector, el don Raymonde Aprile, en Nueva York.

La novela presume una primera parte intensa, emocionante, con la presentación de una decena de personajes que pronto convergerán en una historia de traiciones, intrigas y sobreentendidos. ¿Balazos? Ah, sí, unos cuantos, escondidos tras las disertaciones sobre el honor y el código de secrecía de la mafía, la omertá.

La segunda parte de plano parece extraída de una mala novela policiaca, con un final de Corín Tellado, lleno de sol, florecitas y besos apasionados en la campiña.

Lo que no tiene desperdicio, si el lector se aventura en esta obra de Puzo, son las reflexiones sobre la política y la transformación de los criminales en hombres de sociedad, dedicados a las obras de caridad. Una “debilidad universal”, como bien escribió Puzo:

Es curioso que tres años de buenas obras y de generosidad monetarias puedan borrar por completo una fama de treinta años de actos despiadados. Pero los grandes hombres también compran la benevolencia, el olvido y el perdón por haber traicionado a los amigos y haber promulgado sentencias letales. Y el Don también tenía esta debilidad universal.

Lo cierto es que Omertà muestra la narrativa de un hombre experimentado en generar ambientes y construir escenas de acción. Destacan varias en el libro, con mafiosos en grandes automóviles, policías violentos y vengativos y atentados en el más puro estilo de las organizaciones criminales. Hasta ahí.

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El panadero que destaza

August 20th, 2008 — 10:47pm

El mejor panadero es siempre un transgresor. Escudriña su masa, manosea su semilla y esculpe la obra que exhibirá en las repisas de su tienda. No es un trabajo sencillo, exige paciencia, apetito y muchos gramos de morbidez. Los resultados suelen ser conmovedores: cuerpos con contusiones, decapitados, ojos robados a sus dueños, órganos desmembrados y sangre. El buen panadero siempre recurre a la sangre. No falla.

El artista Kittiwat Unarrom es uno de esos clásicos de la panadería, de los hornos y la masa, del mandil emblanquecido y el rodillo en la mano. Tiene la experiencia del negocio familiar: sus padres son panaderos. Y tiene la arrogancia de la juventud: aún no cumple los 30. Estudia bellas artes en la Silpakorn University y ha pasado por lo clásico: ha pintado retratos, bodegones y cosas abstractas.

Lo suyo, lo suyo, es la masa, el chocolate, las pasas, la canela, los anacardos. “Cuando la gente ve mi pan, no lo quieren ni probar. Una vez que se animan, se dan cuenta que es un pan normal. La lección es no calificar las cosas por su apariencia”, ha expresado Kittiwat Unarrom sobre los torsos llenos de sangre o las manos amputadas que hornea.

Es originario de Bangkok, Tailandia, y se inspira en libros de anatomía, centrales forenses y museos.

Las foto las tomamos del Bangkok Day Tours. Más fotos aquí.

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El asesino de la cámara

January 23rd, 2008 — 8:14pm

El cineasta independiente John Erick Dowdle ha filmado la que promete ser la película más aterradora de 2008. Se trata de The Poughkeepsie Tapes, una cinta realizada al estilo de La bruja de Blair, que utiliza un supuesto material real encontrado en la pequeña localidad neoyorquina a la que se refiere el título: 200 cintas de video grabadas por un asesino serial en las que se ve con todo detalle sus atrocidades. El escalofriante tráiler deja clara la estrategia de la película: está armada como si todo hubiera sido verdad, con fragmentos de los videos y de noticieros, pero en ningún momento se dice que se basa “en hechos reales”. Como sea, será uno de los filmes que más darán de qué hablar este año y que deleitará a los estómagos de hierro y a los morbosos irredentos.

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Unhappy Halloween

November 1st, 2007 — 7:31pm

El rockero y videoasta Rob Zombie está obsesionado con el cine de serie B. Sus dos primeros filmes, House of 1000 Corpses y Devil´s Rejects, fueron dos excesivos homenajes a Masacre en cadena en Texas, y películas de culto para sus fans. Ahora, se aventuró a realizar el remake de Halloween, una tarea complicada no sólo por tratarse de un clásico, sino porque además la saga ya lleva ocho partes. ¿Qué queda por contar? Ante ese reto, Zombie aprovecha con efectividad una parte poco explorada de la franquicia: la infancia del asesino Michael Myers. Lástima que eso sólo le alcance para media hora de la cinta. Después, cuando Myers crece y lo vemos, como en todos los demás filmes, matando a la menor provocación, comienzan los bostezos. Es preferible rentar la original, que sigue sin envejecer.

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El Congreso culminará en diciembre

May 11th, 2007 — 12:00am

Ésta es una excelente noticia: la exposición de asesinos seriales que se exhibe en el Centro Cultural Policial, de la ciudad de México, permanecerá abierta hasta diciembre.
El reportero Jesús Alejo, de Milenio, aprovechó para comentar dos libros sobre Juana Barraza, la Mataviejitas, a quien se incluyó en la sección de los asesinos seriales mexicanos: Ruda de corazón. El blues de la Mataviejitas, una crónica-novela del periodista Víctor Ronquillo, y El nudo del silencio: tras la pista de una asesina en serie. La Mataviejitas, del etnohistoriador Gabriel Barrón Cruz, profesor-investigador del Instituto Nacional de Investigación en Ciencias Penales.

Escribió Alejo:

El libro de Ronquillo surgió a partir del seguimiento periodístico que le había dado al caso, cuyas indagaciones le hicieron buscar elementos de la ficción para reconstruir parte de las vidas de quienes estuvieron alrededor de uno de los casos de violencia más llamativos de los últimos años en la Ciudad de México.
Para el escritor y periodista, Ruda de corazón —finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón—, el personaje de Juana Barraza permite analizar los problemas de la sociedad mexicana de nuestro tiempo, al tener como escenario a la Ciudad de México y su violencia.
“El personaje deja ver mucho de las injusticias profundas de la sociedad. Encuentras la historia de una mujer pobre que sufrió las consecuencias de una sociedad sexista, luego la historia de sus víctimas, parte de personajes desechados. Me interesaba interpelar a los lectores, involucrarlos directamente y hacerles ver que en esta sociedad todos podemos ser una víctima o un asesino serial”.

Lea la reseña de la exposición del Sensacional D: El Congreso de los Psicópatas

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El teatro de la muerte

May 9th, 2007 — 12:10am

Las fotografías de El espanto de la modernidad construyen una rara atmósfera que recuerda al pinche Filiberto García, protagonista de El complot mongol: un mundo sórdido en medio de una estructura formal, que parece tener todas las preguntas y todas las respuestas. O al revés: “Aquí todos tenemos libertad pero para ser lo que somos, pinches fabricantes de muertos en serie, y de muertos de segunda, hasta eso” (Rafael Bernal, 1969).
Hay conspiraciones internacionales —rusos incluidos—, asesinos seriales, suicidios, reconstrucciones de hechos, decomisos. Es la investigación del crimen, del ejecutor y de la víctima. Incluso la reclusión de menores y la persecución de las desviaciones: homosexuales en el Ministerio Público. Un tratado visual de la criminología de la primera mitad del siglo XX mexicano. Cortesía, por supuesto, del Archivo Casasola (ver galería).
El espanto de la modernidad. Fotografía y crimen se compone de 45 placas en blanco y negro, además de algunos recortes de periódicos que documentan el asesinato de León Trotsky, en 1940. Pero son las mujeres las principales protagonistas de la curaduría del californiano Jesse Lerner: ellas empuñan las pistolas para reconstruir un suicidio, permiten demostrar cómo es el estrangulamiento o el asesinato a puñaladas; es una mujer la que sostiene la masa encefálica de Trotsky. Y, sin duda, el hermoso cadáver de Hazel Walker, fotografiado en 1922, tiene un lugar especial: el cuerpo esbelto y desnudo de la suicida, en un anfiteatro custodiado por un perro aburrido.
Dice Lerner en el texto introductorio: “Los fotógrafos de la agencia Casasola, representantes de una cultura de masas emergente, promovían los miedos del público mientras encarnaban el nuevo régimen de la producción y difusión mecánica de las imágenes”. Una excelente exhibición, aunque breve, que estará abierta hasta el 7 de julio en la Sala de Arte Público Siqueiros, en la ciudad de México (Tres Picos 29, esquina Hegel en Polanco. 5503-5888).

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