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Departure of the Witches o Vision of Faust, óleo original de Luis Ricardo Falero, datado en 1878. A nosotros nos gusta el nombre que relaciona a las brujas, pero como la pieza no fue titulada por su autor, tiene distintas denominaciones.
La encontramos en Boing Boing, con una excelente al blog Sexy Witch, que hace un excelente análisis de la pieza. Hay más info en Art Renewal Center. Y como nos fascinó, la posteamos para solaz de la banda.
A propósito de las próximas elecciones en Estados Unidos, el artista multidisciplinario mexicano Héctor Falcón, ha puesto imágenes a una pieza musical de No Alex, en la que se escuchan frases de un discurso que el Gobernator Arnold Schwarzenegger dirigió a sus seguidores cuando se reeligió George W. Bush, hace cuatro años. En él, queda manifiesta la estupidez del Gobernator, quien todo el tiempo está mezclando anécdotas reales con frases de sus películas y menciones al mundo del cine. “Four more years”, no se cansa de repetir ante la complicidad bovina de los republicanos, como si se tratara de una mala broma. Esperamos, sinceramente, que ahora sea el turno demócrata.
El mejor panadero es siempre un transgresor. Escudriña su masa, manosea su semilla y esculpe la obra que exhibirá en las repisas de su tienda. No es un trabajo sencillo, exige paciencia, apetito y muchos gramos de morbidez. Los resultados suelen ser conmovedores: cuerpos con contusiones, decapitados, ojos robados a sus dueños, órganos desmembrados y sangre. El buen panadero siempre recurre a la sangre. No falla.
El artista Kittiwat Unarrom es uno de esos clásicos de la panadería, de los hornos y la masa, del mandil emblanquecido y el rodillo en la mano. Tiene la experiencia del negocio familiar: sus padres son panaderos. Y tiene la arrogancia de la juventud: aún no cumple los 30. Estudia bellas artes en la Silpakorn University y ha pasado por lo clásico: ha pintado retratos, bodegones y cosas abstractas.
Lo suyo, lo suyo, es la masa, el chocolate, las pasas, la canela, los anacardos. “Cuando la gente ve mi pan, no lo quieren ni probar. Una vez que se animan, se dan cuenta que es un pan normal. La lección es no calificar las cosas por su apariencia”, ha expresado Kittiwat Unarrom sobre los torsos llenos de sangre o las manos amputadas que hornea.
Es originario de Bangkok, Tailandia, y se inspira en libros de anatomía, centrales forenses y museos.
Ahora que andamos metidos en exposiciones eróticas en Guadalajara, hay que comentar la apertura, esta noche, de la galería El Hotelito, a una cuadra de la Vieja Central Camionera.
Se trata de un espacio bizarro en la zona más bizarra de Guadalajara, más allá del barrio de San Juan de Dios y la calle Gigantes, eje habitual de la noche profunda y la perversión. El Ballenas es un clásico y algún día hablaremos de él.
El Hotelito es literalmente eso: un hotelito con 14 habitaciones, baño incluido, para la acción más lúbrica del ser humano: la folladera. Y eso fue lo que presentaron ayer en la apertura de la galería. Obras eróticas para mojar la brocha.
La historia del congal también es de lo más bizarra: un coleccionista de arte pagó al artista Javier Arévalo con las escrituras del hotel, en el epicentro de la decadencia de una ciudad que no responde a las necesidades de sus habitantes. Prostitutas, lenones, minoristas de drogas… todos conviven cerca de una unidad administrativa del Ayuntamiento de Guadalajara. Y ahora serán parte del escenario de una galería de arte.
La sensación es claustrofóbica hasta el tuétano: habitaciones de tres metros cuadrados con escenas eróticas y pornográficas, como en el cuarto del anfitrión Arévalo, quien monta sobre una cama un cuadro de gran formato de una chica inspeccionando su sexo. Con gente, la exhibición parece un acto masivo de voyeurs.
La exhibición, bastante recomendable, podrá apreciarse hasta el 29 de febrero en la calle 28 de Enero número 740, casi esquina Ángeles, en el barrio de Analco. El horario de apertura es de 17:00 a 20:00 horas. No hay teléfono.
Retiro la entrada sobre la pieza de Fernando Palomar en la exposición Mujeres en la vida de mi padre, que se encuentra en el Museo Raúl Anguiano de Guadalajara. Demostré mi ignorancia en anatomía femenina y le vi forma de pene a un clítoris. Las imágenes superiores confirman el dato. Ofrezco una gigante disculpa y van mis agradecimientos a quienes me hicieron notar el error. Una vez corregida la nota de Palomar, volverá a estar en línea.
Dejo el último párrafo:
Vale la pena echarse una vuelta al Museo Anguiano, que hacía tiempo que no llamaba tanto la atención. Está en Mariano Otero y España, en la colonia Moderna, a media cuadra de la glorieta de los Niños Héroes (teléfono 0133-3616-3266).
Resulta que a Andrés Serrano, fotógrafo neoyorquino, le encantan las secreciones, todas, y en algunas de sus piezas suele inundar objetos con secreciones humanas, por ejemplo Piss Christ, un cristo inundado con su orina. Otras piezas incluyen sangre de ciclos menstruales, semen o leche materna.
Pero el más famoso de todos es el Piss Christ, fechado en 1987 y que hasta la fecha es polémico. Inmediatamente después de exhibirlo fue inscrito en una muy singular escuela de arte llamada “offensive art”.
Serrano también ha hecho fotos de miembros del Ku Klux Klan y de cadáveres. Ahora que la crítica mexicana Teresa del Conde le dedicó su columna en La Jornada, recuperamos el caso de una polémica de dos décadas que no reinventó la técnica ni significó ninguna vanguardia, pero que ha sido citada miles de veces.
Piss Christ fue formulado como una violación a lo admisible desde el punto de vista del respeto que cualquier creencia religiosa amerita, pero no por eso deja de ser un trabajo serio. Lo que provocó fortísima polémica cuando se dio a conocer, fue el título. Si se le hubiera denominado simplemente “Cristo en ambiente ambarino” nada hubiera sucedido, pero tampoco se hubiera generado el furor que la pieza desencadenó, que era lo que el artista se proponía y que sin duda lo catapultó a la fama. ¿Esto hace desmerecer su condición de artista? Mi respuesta sería que no, porque aunque es deseable que la estética se conjugue con la ética, como quería Kant y como también propuso su antecesor, el escocés David Hume, hoy día eso no suele suceder.
Otra contribución al 11 de septiembre, basada en la creación del artista Jonathan Yeo. Se trata del rostro del presidente George W. Bush construido a partir de imágenes pornográficas. Hay pelos, muchos, anos, felaciones, tetas, penes retorcidos, penetraciones, expresiones faciales. La cosa es buscarle en la cara de Bush y econtrar la diversión. Jonathan Leo es uno de los mejores retratistas británicos y quizá uno de los mejores en el mundo. Entre sus retratados se encuentra Robert Murdoch, el magnate de los medios, cuya publicación en Londres, The Sun, reprochó el trabajo sobre Bush con la cita de un republicano texano: “Este retrato es muy ofensivo. ¿Por qué querría alguien hacer un retrato de nuestro presidente con material pornográfico?”. ¿Y por qué no? También recuperamos una cita del libro de Robert Draper, de reciente aparición, en la que el presidente de Estados Unidos, a quien le tocó responder a la amenaza del terrorismo surgida tras los atentados del 11 de septiembre, afirma que vive bajo mucha presión, pero que actúa con la confianza de tener a Dios a su lado:
Los iraquíes me observan. Las tropas me observan. La gente me observa. Aun así, lloro. Tengo el hombro de Dios para llorar. Y lloro mucho. Lloro mucho en mi trabajo. Apuesto a que he derramado más lágrimas de las que usted puede contar. Derramaré unas cuantas mañana
El retrato de Bush firmado por Jonathan Leo se exhibió durante agosto en la galería Lazarides, de Londres, y, como una obra que revienta los nervios, generó la suficiente polémica para voltear a verlo.
Pensar que el látex sólo son guantes antisépticos y condones es quizá la peor burrada que se puede cometer en el mundo. El látex también sirve para empacar alimentos, proteger tesoros y vestir hermosas heroínas. O todo al mismo tiempo. Como lo ha demostrado Katja Ehrhardt, una modista alemana dedicada a retransformar la erótica látex. Déjese de fetiches s/m y véngase al savor de la lencería látex, con muchas más posibilidades imaginativas que la chica del antifaz negro que lo corretea en un concierto punk… Aunque, pensándolo bien, mejor no tenga miramientos. Katja Ehrhardt mantiene una tienda virtual con sus prendas de látex, además de dos galerías excelentes para abrir el ojo, el colmillo y la mente de cualquier enamorado del látex. Aquí hacemos una selección de las High Gloss Dolls, verdaderas muñequitas de carne y hueso envueltas para regalo. No se preocupe por las tallas: seguramente habrá una a la medida de sus carnes.
Nunca imaginó una alfombra roja más especial. Un camino suave y terso que conduce al visitante, desde la calle Rafael Buelna, al interior del Museo de Arte de Sinaloa. Un recorrido mórbido sobre doce cobijas en los que, alguna vez, permanecieron envueltos los cadáveres de personas asesinadas con violencia, en vendettas del crimen organizado.
La responsable es la artista Rosa María Robles y las doce cobijas y sábanas ensangrentadas forman una instalación para la muestra Navajas, que exhibe en el recinto cultural de Culiacán, la capital sinaloense y sede de uno de los cárteles de la droga más agresivos de México: el que dirige el Chapo Guzmán.
Las piezas motivaron una averiguación previa de la Procuraduría local, para saber si su procedencia es lícita. “Si las autoridades juzgan que eso es ilegal, también lo es que las personas en Culiacán anden armadas o que vendan drogas, secuestren y maten gente. Que las persigan a ellas, no a los artistas como a mí”, dijo Robles a la reportera Leticia Sánchez, del periódico Milenio. Según Robles, las doce piezas son auténticas, rescatadas de la basura o el incinerador.
No es ninguna sorpresa que en México se produzca arte con materiales de los servicios forenses.
Es un clásico el médico tapatío Mario Rivas Souza, quien en dos ocasiones ha montado parte de su colección personal de cadáveres en el Panteón de Belén de Guadalajara.
Y, por supuesto, la polémica Teresa Margolles, quien en 2006 aprovechó las marquesinas de cines abandonados de Guadalajara para escribir los mensajes póstumos de suicidas adolescentes.
El reportero de La Jornada, Javier Valdez Cárdenas, escribió:
Navajas está compuesto por 19 temas y cada uno de ellos con diferentes obras. Todos son escandalosamente sórdidos e impactantes: ojos de avestruz servidos impiamente en un plato, cabezas de estos animales en lugar de grifos en los lavabos, ropa ensangrentada de personas que fueron ejecutadas por sicarios al servicio del narcotráfico, falos rompiendo pantaletas y emergiendo de zapatos y botas, y una gran foto de la autora, desnuda, encima de un escusado, y un feto abandonado en el fondo de un retrete, entre otras obras.
La obra de Rosa María Robles es un acercamiento artístico a las repercusiones psicológicas de la guerra del narcotráfico, una bofetada a la pasividad social ante la cotidianidad del crimen, una llamada de atención a un fenómeno que se ha vuelto parte de los usos y costumbres de México.
La foto del post la tomamos del periódico Reforma.