Réquiem por Ray Bradbury
En el futuro caótico que retrata Blade Runner, la cinta de culto que Ridley Scott filmó en 1982, existe un edificio que se llama The Bradbury: un homenaje al autor que nació en Illinois en 1920 pero que radicó en Los Ángeles desde 1934: una de las figuras centrales de la narrativa de ciencia ficción estadounidense. De igual forma, el cielo pintado de un naranja agónico en dicha película remite a las atmósferas de las Crónicas marcianas, sin duda el libro más popular de un escritor tan prolífico como estimulante. Paradójicamente, el propio Ray Bradbury declaró alguna vez que no le gusta Blade Runner porque representa una visión demasiado oscura del futuro. Extraña opinión de parte de un autor que imaginó una sociedad en la que los libros están prohibidos y deben ser quemados por bomberos -quienes ya no se encargan de apagar incendios, sino de crearlos-, como sucede en Fahrenheit 451, otra de sus novelas célebres, llevada al cine por Francoise Truffaut en 1966.
Reacio a predecir el futuro, como hace la mayoría de sus colegas, Bradbury trató de prevenirlo. Él mismo se consideró un narrador “con propósitos morales”. Pero el gran aporte de su literatura radicó en que envolvió sus relatos con una estilizada prosa que le valió el calificativo de “poeta de la ciencia ficción”. Como señaló Jorge Luis Borges en el prólogo de la edición en español de las Crónicas marcianas, lo que Bradbury escribió fueron “deleitables terrores”.
El imaginario de este escritor ha impregnado la cultura popular por más de 50 años. Creó sus propios mitos, como el del hombre ilustrado, quien tiene el cuerpo tatuado con historias vivas, y el del maravilloso traje de color vainilla, que cumple los deseos de quien lo porta. El cine, la televisión y el teatro han sido también escenario de sus obras. The Ray Bradbury Theater se transmitió en la pantalla chica de 1985 a 1992, con 58 capítulos. Su talento estuvo además al servicio de otros autores: fue guionista de la versión cinematográfica de Moby Dick, dirigida nada más y nada menos que por John Houston, experiencia que relata en la novela Sombras verdes, ballena blanca.
Curiosamente, uno de sus mejores libros no tiene nada que ver con la ciencia ficción, sino con la novela policiaca: La muerte es un asunto solitario, historia ubicada en una decadente Venice, California, en 1949, donde una serie de cadáveres comienzan a aparecer en las oscuras aguas del canal. Un homenaje a Chandler y Hammett, pero con el sello Bradbury, pues el asesino es un ser sobrenatural e imposible de atrapar.
A pesar de que habló de cohetes, astronautas y planetas distantes en sus cuentos y novelas, Bradbury no quiso adaptarse a la tecnología moderna en la cotidianidad. Siguió escribiendo hasta el final de sus días en su vieja máquina eléctrica, nunca se compró un coche, no le gustaban los aviones –y mucho menos volar en ellos–, y aborrecía la web: “Las bibliotecas me criaron. ¿Internet? Ni pensarlo. Es una gran distracción”.
Tal vez un día los libros desaparezcan, como alerta en su fábula sobre el triunfo del fuego -y la ignominia, el peor rival- sobre la literatura. Mientras eso ocurre, los que escribió Ray Bradbury seguirán funcionando como eficaces cápsulas del espacio con la misión de colonizar la imaginación de nuevos lectores.
10 obras clave
-Crónicas marcianas (1950)
-El hombre ilustrado (1951)
-Las doradas manzanas del sol (1953)
-Fahrenheit 451 (1953)
-El país de octubre (1955)
-El vino del estío (1957)
-Remedio para melancólicos (1960)
-La feria de las tinieblas (1962)
-La muerte es un asunto solitario (1985)
-Cementerio para lunáticos (1990)
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Categoría: literatura | Tags: literatura Comentario »
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