La imperfección necesaria
De un tiempo a esta parte, llama la atención la barra nocturna de la programación por cable, que se ha convertido en una versión televisiva de los tabloides sensacionalistas. La mayoría de los programas de canales de corte documental, como Discovery Channel, National Geographic, History Channel, Biografía o Discovery Home & Health, han centrado su oferta en un alto contenido morboso.
Algunas series están mejor confeccionadas que otras, pero la intención aquí no es juzgar su calidad, sino señalar un fenómeno que podríamos definir como la conversión de la TV al “amarillismo de fondo”.
Basta mencionar los títulos de los siguientes programas para darnos una idea del impacto que provoca su contenido: “Mi madre, mi asesina”, “Sexo extraño”, “Emergencias bizarras”, “Las verdaderas mujeres asesinas”, “Anomalías médicas”, “Niños psíquicos”, “Crudo y sin censura”, “Parásitos asesinos”, “Catástrofes aéreas”, “Cazador de monstruos”, “Obsesión: cuerpos que gritan”, “Megadesastres”, “Cazadores de ovnis” y “Las pesadillas de las celebridades”, entre otros.
Mención aparte merecen ciertos programas especiales, que no necesariamente pertenecen a una serie específica, pero que refuerzan el carácter tabloidezco de la televisión nocturna: “El hombre sin rostro”, “La niña de 96 años” o “El hombre de 560 kilos”, por hablar de tres ejemplos. Historias que bien podrían adornar las portadas del Semanario de lo insólito, pero con la diferencia de que son reales.
Programas que, sabemos, nos causarán sueños inquietos, y sin embargo, no podemos dejar de ver.
Algo que quizá esté relacionado con lo que señaló Jean Baudrillard: “Lo que nos asegura la existencia del mundo es su carácter accidental, criminal, imperfecto”.
Necesitamos nuestra dosis diaria de anomalías para soportar la terriblemente ordinaria realidad.
Síguenos en
Este blog se ve mejor en 


