No es sólo el afán de molestar. Ni las ganas de hurgar en la vida privada. Es un mensaje cifrado, una clave a una vida distinta. Como aquel perro que salta de la ventanilla de un auto en movimiento.
El Big Brother nació con George Orwell, en su excelente y multicitada novela 1984, donde crea un Estado totalitario donde todos se vigilan a todos. Una extraña mezcla de control y policía política, concebida en 1948 y publicada un año después, que parece inspirar la vigilancia barrial de Cuba, la Ley Patriota de Estados Unidos, el sistema de vigilancia por medio de cámaras en Gran Bretaña.
Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad reescribiendo y alterando la Historia y cree haber descubierto la forma de la manipulación del Gran Hermano y decide enfrentársele, ligándose con un supuesto grupo radical llamado La Hermandad.
Hace varios días, en Pelotón69 rescataron una fantástica galería de un partido amistoso entre el representantivo de Alemania y el de Austria. La pura emoción y alegría, con los miembros de estos equipos. El partido terminó 10 a 5 a favor de Austria.
Propellerman es el héroe sexual. Su vida está concentrada en la satisfacción femenina. Así lo ha sido siempre. Generoso, como todos los hombres aman a las mujeres (Fonseca dixit), Propellerman ha difundido su secreto y lo ha puesto a disposición de las masas: la ultrastamina, contenida en las grageas de MegaBang.
Este hombre de acento siberiano se hace llamar el superhéroe de los deseos femeninos, porque lo es. Y en sus videos deja bien claro porque las MegaBang son lo mejor que pudo haberle pasado a la sexualidad mundial.
Ha salido en distintas portadas de revistas, como la Time y la Rolling Stone (versión estadunidense). No se sabe su origen, pero se sabe que se ocultó en el Amazonas para “escapar de la civilización” y encontrarse a sí mismo. Ahí conoció a la gente de la tribu Yawanawá, con la que vivió seis años. Fue en ese periodo donde abrevó de los conocimientos medicinales de los Yawanawá: “En uno de los rituales de la tribu, un brebaje especial me dio la habilidad de hacer girar mi mejor parte como una hélice. Y finalmente me encontré a mí mismo”.
Propellerman tiene club de fans, página en MySpace, blog y muchos videos de su activísima vida. Seguro que no desea pasar inadvertido en el mundillo de las campañas virales. Si el Doctor Simi no se hiciera a sí mismo la publicidad, sin duda la extraordinaria carrera de Propellerman sería buen ejemplo para él.
Ya que hablamos en este blog de la reciente y fallida cinta de Shyamalan, nos sentimos obligados a recomendar la que es, sin duda, la mejor y más representativa película del género de los llamados “thrillers ecológicos”: The Last Wave (1977), del australiano Peter Weir. En ella, un abogado (Richard Chamberlain) encargado de defender a un grupo de aborígenes que cometieron un crimen tribal, se ve inmiscuido en una pesadilla que involucra extraños ritos, sueños premonitorios y profecías apocalípticas. Bajo el influjo cada vez más poderoso de los aborígenes, el protagonista deja de distinguir los sueños de la vigilia (uno de ellos le advierte que “un sueño es la sombra de algo real”), hasta que poco a poco va comprendiendo su papel central en el cataclismo por venir: una última y gigantesca ola que borrará todo para que un nuevo ciclo pueda comenzar.
El director estadounidense M. Night Shyamalan parece haber perdido el rumbo. Tras alcanzar su punto creativo más alto con La aldea, dio su primer tropezón con La dama en el agua, un filme tan chabacano como egocéntrico (el propio realizador se adjudicaba un papel protagónico en él). Ahora, su muy publicitada El fin de los tiempos parte de una idea original y arriesgada que no logra sostenerse. La premisa de que el mundo vegetal emprende una venganza contra la humanidad promete durante los perturbadores primeros minutos. Sin embargo, el guión resulta flojo y predecible, y no ayudan nada las pésimas actuaciones de Mark Wahlberg y Zooey Deschanel. Una película que hasta los ecologistas encontrarán indefendible.
Hablando de censuras y cosas absurdas, posteamos un sensacional videíto que muestra a una bola de encuerados que, para alcanzar su transmisión en cualquier sitio seguro, aguantaron vara y barra censora.
El resultado es un divertido video musical del nuevo proyecto de Fat Boy Slim: The Brighton Port Authority (The BPA), y en esta pieza, “Toe Jam”, hace un crossover con David Byrne y Dizzie Rascal.
Se trata de un video de encuerados y encueradas, en la mejor tradición de la encueradez, sin versión “no censurada”. Una producción para visualizar en la chamba, evitándose por cualquier medio aquella etiqueta de NSFW.
Este blog no es apto para ver en el trabajo. Un ejemplo es el periódico Público-Milenio de Guadalajara, donde la visualización de este sitio podría generar psicosis en el tráfico web. Por suerte ya está baneado, como muestra la impresión de pantalla que hicimos a hurtadillas.
Con esto nos ganamos por fin nuestra estrella más evidente en el mundo del NSFW, una terminología geek para prevenir a los usuarios de que entrarán a un sitio “not safe for work” o no apto para visualizarse cerca de moralinos susceptibles.
No se preocupen, amiguitos, pueden suscribirse al blog, que es gratis, y visualizarlo desde algún lector de RSS. Acá les recomendamos Google Reader, pero opten por el de su preferencia. La liga RSS está aquí.
Es la princesa gótica de la literatura italiana. Antes se le había relacionado con la generación de los “jóvenes caníbales”, que revolucionaron las letras de su país en la década de los noventa, pero ahora Isabella Santacrocese ha desmarcado con una propuesta muy personal que involucra la experimentación con el lenguaje, el fetichismo y el performance. Desafortunadamente, sólo se puede conseguir una de sus novelas en castellano: Destroy, que publicó Anagrama en 1998: la historia Misty, una callgirl que viste de cuero y látex y alquila su mirada a señoras exhibicionistas. Admiradora de Courtney Love, Vampirella, Juliette Lewis, P.J. Harvey y todas las chicas malas y anárquicas de la cultura pop, Santacroce ha creado su propio personaje, como puede verse en esta liga a la presentación en Roma de V.M.18, su más reciente libro. Ella baila mientras el público observa sus piernas: tan largas como el camino al cielo, pero enfundadas en las botas con las que debe guiarnos a todos de cabeza al infierno.
Se subieron a un 52 B, en Guadalajara. Encontraron el camión detenido con el semáforo en rojo, en 16 de Septiembre y Niños Héroes. Alguien las invitó a subirse. Las chicas Danup aceptaron. Caminaron por el pasillo de la unidad del transporte público con sus cuerpos semidesnudos, con su impostada lascivia, con sus carnes exhibidas en el aparador urbano, repartiendo bebidas de yogurt, como quien distribuye volantes en un semáforo.
Las chicas Danup se volvieron un clásico, como la chica Telcel. La línea se llama Bikini y promueve un cuerpo digno del bañador más diminuto. Y sus modelos callejeras han visitado lugares inhóspitos, han recorrido la selva de asfalto, han buscado nuevos derroteros para la mercadotecnia sexual, que bien merece un sitio en las mejores revistas del porno urbano.
La página de Danup aspira a ser un resumidero de la emoción del web 2.0, con mucho Flash y mucha emoción, pero lo mejor se encuentra en YouTube, con videos montados desde centros universitarios. Montamos los mejores trabajos del CUCEI, un centro universitario de la UdeG, con una selección de las mujeres que vuelven el viaje citadino la experiencia más exquisita de la vida.