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Es la caricatura más irreverente y atrevida que se hace en Estados Unidos y, probablemente, en el mundo. A lo largo de sus diez años de vida, South Park se ha mofado de la guerra de Irak, del Papa y la Iglesia católica, de la Navidad (encarnada por el incomparable “Señor Mojón”) y de cualquier cantidad de famosos del mundo de la farándula hollywoodense como Tom Cruise y Jennifer Lopez. También ha abordado temas como la pedofilia y los abusos sexuales de sacerdotes sin miramientos.
Ahora, en su emisión más reciente, transmitida el pasado miércoles en el canal Paramount, esta serie creada por Trey Parker y Matt Stone se ha vuelto a poner en el ojo del huracán, con una secuencia en la que la reina Isabel II de Inglaterra se suicida, tras conocer el fracaso de la invasión de las tropas británicas a Estados Unidos.
Ya habíamos visto a Sadam Hussein tener sexo con el mismísimo Diablo, pero en ese lugar llamado South Park, poblado por chamacos irreverentes y malhablados, cuyo personaje más eminente es el gordo Eric Cartman, todo puede suceder. Así que, como dirían los antiguos:
La marca de condones Durex está llevando a cabo un interesante experimento en el Reino Unido. Se trata de reclutar a 5 mil personas que quieran probar una nueva línea de preservativos y lubricantes. “La idea es crear un panel de muestra de personas que mantengan relaciones sexuales usando productos Durex y que después cuenten sus experiencias”, declaró un trabajador de la marca. Además, previendo que los posibles candidatos no se sientan los suficientemente atraídos por tan estimulante empresa, Durex agregó una paga de 735 euros a quien acepte participar. Esta iniciativa ya se probó en Francia, donde se recibieron más de 14 mil solicitudes, lo cual deja claro que follar y recibir dinero a cambio es una combinación irresistible. Ojalá dicha campaña se extienda a todos los continentes. Y es que, ¿quién no quiere ser un feliz conejillo de indias?
Estas chiquitas adornan las paredes del taller mecánico que sirve de Redacción al Sensacional D. Son las únicas y originales simichicas, los cuerpazos que acompañan al Doctor Simi en sus actos públicos e ilustran su publicidad. Pura sabrosura, puro vacilón. Se pueden consultar en la página Siminforma, plataforma de promoción de Víctor González Torres, quien no deja de soñar en llegar a la Presidencia de México. Si las incluye en su gabinete, ¡votamos por usted!
Linda Wayas: secretaria de Seguridad Pública
Bárbara y Thea: secretarias de Educación y Desarrollo Social
Diana Egan: secretaria de Turismo
Paola Cantú: secretaria de Energía
Mucha suerte, doctor, lo dejamos todo en sus manos.
El Doctor Simi enmendó su publicidad. Luego de promocionar con engaños su vigorizante sexual, el simipower, que prometía el cielo y las estrellas de la mano de la desequilibrante Linda Wayas, ahora la oferta mercadotécnica se limita a la oración: “Ten el poder para satisfacer a una mujer así”. Y, por primera vez, presenta letras chiquitas: “Este producto no es un medicamento. El consumo de este producto es responsabilidad de quien lo usa y de quien lo recomienda”. De cualquier forma, pueden comentarse algunas cosas sobre este mágico producto de los laboratorios del Doctor Simi:
La publicidad supone que chicas como la Wayas, de medidas exuberantes y cuerpos que derriten, exigen mucho más que una flaca desabrida. Alguien tendría que explicarle a Víctor González Torres, dueño de Farmacias Similares y realizador de toda la simipublicidad, que todas las mujeres tienen su chiste.
Dicen las letras chiquitas: el consumo es responsabilidad de quien lo recomienda. ¿Entonces el Doctor Simi no lo recomienda? Pues no con ese verbo, recomendar, pero sí con la oración “Ten el poder para satisfacer a una mujer así”, que lleva implícito: con el simipower, podrías…
De cualquier forma, hay que agradecerle a González Torres que incluya a la Wayas en la publicidad y no su maltrecho retrato.
El prestigioso premio Anagrama de Ensayo, que se entrega en Barcelona, España, ha venido a reforzar lo que en este humilde sitio promulgamos desde hace tiempo: que la pornografía es cultura. En la edición número 35 del galardón, un jurado integrado por Salvador Clotas, Román Gubern (autor del imprescindible La imagen pornográfica), Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater, Vicente Verdú y el editor Jorge Herralde, decidió premiar al libro La ceremonia del porno, de los escritores madrileños Andrés Barba y Javier Montes. La obra hace un repaso a cómo se ha tratado el género, de Sade a Santa Teresa, de Bataille a Barthes o de Madonna a Martin Amis. El propio Barba (en la foto, a la izquierda; a su derecha, Montes) ha declarado, tras ser notificado del premio, que “para todos hay una pornografía y nadie es ajeno a lo pornográfico”. Damas y caballeros: he aquí una obra que apunta a convertirse en libro de cabecera de todo orgulloso voyeur. De próxima venta en su librería favorita.
Cynthia Valdez, Jashia Luna e Iridia Salazar parecen convencidas en calentar el deporte mexicano. A eso, súmele que la revista Max no necesita de impulsos que muevan su corazoncito cachondo y sensual. En la edición de abril, Max publica una encendida sesión fotográfica con Cynthia, Jashia e Iridia, a quienes hace posar en traje de baño. En una nota de Mariana Anzorena, de Milenio Diario, se afirma que la revista además publica una entrevista donde estas deportistas hablan “de sus vidas, de sus carreras y de cómo atrae a los hombres el hecho de que sean atletas de alto rendimiento”. Que la imaginación de cada quien imagine las exigencias de una atleta de alto rendimiento. Cynthia es gimnasta y “ganó las seis medallas de oro que ofreció la gimnasia rítmica en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe”, escribe Milenio. La clavadista Jashia está buscando su tercera participación en Juegos Olímpicos. Y la taekwondoína Iridia es “una de las seis mujeres mexicanas que ha logrado colgarse una presea olímpica”.Bravo por el deporte mexicano.
L. B. Jefferies es fotógrafo de la revista Life. Pero ahora que el grupo Time Inc. anunció el cierre definitivo de la publicación, el futuro de Jeff, su filosofía, su osadía, su estilo de vida, esos detallitos que conquistaron el corazón de la sofisticada Lisa Carol Fremont, están por decir adiós definitivamente. No se trata de que Jeff permanezca en su sala espiando a los vecinos, como lo hizo durante su convalecencia en The rear window, la cinta que dirigió Alfred Hitchcock en 1954, sino del fin absoluto de una revista que registró la evolución de la sociedad estadunidense desde el periodo entreguerras hasta principios de los setenta, en plena guerra fría. Life retrató todo y a todos y su archivo fotográfico es considerado uno de los más importantes en Estados Unidos. De hecho, el plan de Time Inc., que compró la cabecera en 2004, es abrir un sitio en internet donde comercializar las placas. Entre los fotógrafos que trabajaron para la revista, aparecida por primera vez en 1936, se encuentran algunos verdaderamente famosos: Robert Capa, Larry Burrows, Margaret Bourke-White, Edward Steichen, Gordon Parks, George Silk y, por supuesto, nuestro Jeff. La vida de Life está prácticamente extinta: la caída de publicidad en la prensa escrita estadunidense y el fracaso de las estrategias de comercialización y penetración de la revista le han dado una estocada maestra. Ni siquiera el flash de L. B. Jefferies —interpretado majestuosamente por James Stewart en The rear window, al lado de una hermosa y escultural Grace Kelly— podrá demorar su desaparición en papel. El 20 de abril de 2007, Life pasará a mejor vida.
El Sensacional D llegó por fin a sus 101 entradas (ésta es la 102). ¡Eso merece fiesta! Por lo pronto, el Sensacional D, siempre agradecido, festeja los comentarios de la banda:
Uma Thurman es un personaje de acción. Lo mismo escapa de un hospital en la Pussy Wagon que regresa a la vida después de un pasón de cocaína. Ella es, prácticamente, invencible. En su nueva aventura, esta rubia de 36 años (cumplirá 37 el 29 de abril de 2007) escapa de unos matones amafiados con todo el mundo, a bordo de un Lamborghini amarillo, el mismo color de vestuario con el que derrota a una jauría de yakuzas en Kill Bill. Uma es la protagonista de un comercial de las llantas Pirelli. Y, en dos minutos y 40 segundos de acción pura, conduce a toda velocidad para librar una persecución donde hasta la policía intenta aniquilarla con armas de alto calibre, la intendente de un mesón le arroja cuchillos cebolleros, un francotirador destroza el parabrisas de su auto y un hombre con bazuka falla su objetivo. Uma, la rubia, sale invicta en todo momento, a pesar de los raspones. Uma debe ser considerada la próxima James Bond o, al menos, la responsable de alguna Misión Imposible. Está comprobado que los hombres no mantienen la sangre tan fría para escapar del peligro que enfrentan las rubias.
A la pequeña Katie Holmes se le ocurrió enamorarse de uno de sus ídolos de infancia, de uno de esos personajes que poblaban las paredes de su habitación. Katie tuvo la buena idea de rendirse ante la sonrisa del príncipe azul que colgaba de la pared y cuyos brazos la invitaban a restregarse contra los muros. Un día, el sueño se hizo realidad. Y, minutos después, mudó en pesadilla. Según la publicación US Weekly, Tom Cruise, el fetiche de nuestra Katie, la mantiene bajo un régimen de restricciones: Cruise monitorea sus llamadas telefónicas y ha cancelado sus tarjetas de crédito. Casi como en el refrán machista mexicano: las mujeres, cargadas y en la casa. La hija de ambos, Suri, todavía no cumple el año, ni siquiera va a la escuela ni tiene pretendientes que perturben la tranquilidad del padre, pero Katie ya padece la locura de Cruise, quien además le ha limitado su participación en cine y televisión. La famosa Katie, con una carrera ascendente tras el éxito de la serie Dawson’s Creek, ha permanecido prácticamente en casa desde que se unió en cuerpo y alma al ex esposo de Nicole Kidman. Katie tiene 28 años; Cruise, 44. Aunque la diferencia no sólo radica en la edad: él es el elegido de la cienciología y debe ser ejemplo para los miles de seguidores de esta corriente. Así que nuestra Katie, a quien nadie aconsejó sobre los peligros de amar a un personaje de centerfold, deberá observar los preceptos de decencia y castidad propios de una persona ungida.