La reciente partida de J.D. Salinger al otro mundo nos hizo recordar una excelente clase de reseñas de cine ofrecida en su novela El guardián entre el centeno. Holden Caulfield, el protagonista de la historia, decide matar el tiempo un domingo en el cine Radio City, donde mira una película que un año después reseñará a sus lectores. Posiblemente no encontraremos mejor maestro para hablar de una cinta cinematográfica. Veamos:
Cuando acabó la cosa esa de Navidad, empezó una porquería de película. Era tan horrible que no podía apartar la vista de la pantalla. Trataba de un inglés que se llamaba Alec o algo así, y que había estado en la guerra y había perdido la memoria. Cuando sale del hospital, se patea todo Londres cojeando sin tener ni idea de quién es. La verdad es que es duque, pero no lo sabe. Luego conoce a una chica muy hogareña y muy buena que se está subiendo al autobús. El viento le vuela el sombrero y él se lo recoge. Luego va con ella a su casa y se ponen a hablar de Dickens. Es el autor que más les gusta a los dos. El lleva siempre un ejemplar de Oliver Twist en el bolsillo y ella también. Sólo oírlos hablar ya daba arcadas. Se enamoran en seguida y él la ayuda a administrar una editorial que tiene la chica y que va la mar de mal porque el hermano es un borracho y se gasta toda la pasta. Está muy amargado porque era cirujano antes de ir a la guerra y ahora no puede operar porque tiene los nervios hechos polvo, así que el tío le da a la botella que es un gusto, pero es la mar de ingenioso. El tal Alec escribe un libro y la chica lo publica y se vende como rosquillas. Van a casarse cuando aparece la otra, que se llama Marcia y era novia de Alec antes de que perdiera la memoria. Un día le ve en una librería firmando ejemplares y le reconoce. Le dice que es duque y todo eso, pero él no se lo cree y no quiere ir con ella a ver a su madre ni nada. La madre no ve ni gorda. Luego la otra chica, la buena, le obliga a ir. Es la mar de noble. Pero él no recobra la memoria ni cuando el perro danés se le tira encima a lamerle, ni cuando la madre le pasa los dedazos por toda la cara y le trae el osito de peluche que arrastraba él de pequeño por toda la casa. Al final unos niños que están jugando al crickett le atizan en la cabeza con una pelota. Recupera de golpe la memoria y entonces le da un beso a su madre en la frente y todas esas gilipolleces. Pero entonces empieza a hacer de duque de verdad y se olvida de la buena y de la editorial. Podría contarles el resto de la historia, pero no quiero hacerles vomitar. No crean que me lo callo por no estropearles la película. Sería imposible estropearla más. Pero, bueno, al final Alec y la buena se casan, el borracho se pone bien y opera a la madre de Alec que ve otra vez, y Marcia y él empiezan a gustarse. Terminan todos sentados a la mesa desternillándose de risa porque el perro danés entra con un montón de cachorros. Supongo que es que no sabían que era perra. Sólo les digo que si no quieren vomitar no vayan a verla.
Una reseña que tiene todo. A la perfección. Por eso, y mucho más, J.D. Salinger es grande.
[La traducción es de Carmen Criado, para Alianza Editorial y cedida para su publicación a Edhasa; la edición de la que transcribimos es de 2008, páginas 180-182].
Busty Heart se presentó a DEC, el programa que conduce Jaime Cantizano en Atena 3, de la televisión española, y libró una prueba inaudita: apachurrar latas y destrozar sandías con el peso de su busto.
Por supuesto, no es la primera vez que Busty, nacida en Bostón en 1961, la emprende con el poder de sus tetas. En su sitio web hay una buena cantidad de videos de esta pechugona con medidas 130-56-91. Su nombre real es Susan Sykes, por si a alguien le interesa.
El Museo del Sexo de Nueva York, del que somos fans absolutos, ofrece a los visitantes de su sitio web cuatro recreativas visitas virtuales al mundo lúbrico e imaginativo del sexo, el erotismo y la pornografía. Aquí recomendamos los dos recorridos actualmente en activo, dos recreativos paseos en la red:
Glamorous Harold
Presenta una curaduría de la colección de fotografía erótica del actor y director Harold Lloyd, quien retrató por igual a estrellas y desconocidos en la primera mitad del siglo XX. El recorrido del Museum of Sex es un delicioso paseo con bellezas en exteriores e interiores. Imperdible.
Sex Machine
Una alucinante muestra del trabajo fotográfico de Timothy Archibald, quien conversó y retrató a distintos creadores y usuarios de objetos para el placer sexual, como Deb Howard, una ama de casa de 51 años, rubia, obesa y actriz porno, o Jan y su esposa Dan Siechert: él, creador de The Monkey Rider; ella, una usuaria satisfecha. ¿Recuerdan el personaje de George Clooney en Burn after reading, de los hermanos Coen? Pues así, pero en la vida real.
En el blog Orgasmatrix han publicado una excelente galería de chicas con gafas, para deleite de fetichistas y calenturientos. Hay de todo, desde gamers que revelan sus pezones a actitudes intelectuales, desenfadades y hasta punkdeportistas, para disfrutarse lejos de personas sensibles (o sea, es un documento NSFW: no apto para verse en el trabajo).
Phillip Toledano ha emprendido un nuevo proyecto: retratar un “nuevo tipo de belleza”, una belleza creada por las manos de los cirujanos plásticos. Se trata de personajes que han pasado por el cuchillo en un quirófano, buscando una nueva perfección. Los resultados pueden ser escalofriantes o hermosos, según el ojo de quien lo mire y juzgue. El proyecto se llama A New Kind of Beauty.
Estoy interesado en lo que definimos como belleza, cuano elegimos crearla nosotros mismos. [...]
¿La belleza se rige por la cultura contemporánea? ¿Por la historia? ¿O por la mano de un cirujano plástico? ¿Podemos identificar las tendencias corporales que varían de una década a otra o la belleza es atemporal?
Cuando nos reconstruimos a nosotros mismos, ¿mostramos nuestro verdadero personaje o estamos revelando nuestra verdadera identidad?
¿Quizá estamos creando un nuevo tipo de belleza. Una amalgama de cirugía, arte y cultura popular? Si es así, ¿los resultados son la vanguardia de una evolución inducida por nosotros mismos?
El británico Toledano es el creador de otro hermoso proyecto, el Phone Sex, donde retrata a personas dedicadas a las líneas candentes, esos abismos sexuales para escapar a la soledad con la ayuda de un teléfono. En su sitio web puede observarse buena parte de su trabajo, que ha aparecido en Vanity Fair, The New York Times, The New Yorker, Esquire, Wallpaper, Le Monde, entre otras publicaciones.