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Decálogo del presentador de libros ajenos

December 5th, 2009 — 11:43am

A siete u ocho personas (nadie más me conoce) les ha llamado la atención la cantidad de autores que me invitan a presentar sus libros cada FIL.

Tal fenómeno sucede debido a mi inocultable brillantez e inveterado profesionalismo, por supuesto, y no al hecho de que viva en Guadalajara y no haya necesidad de pagarme viáticos ni hotel.

Como estoy cansado y pienso que ha llegado el momento de que cualquier otro ilustre ciudadano de esta ciudad (desde el meteorólogo al que recoge la basura) tome la estafeta, enumero abajo una serie de recetas infalibles para triunfar en el complejo mundo de las presentaciones de libros:

  1. Es indispensable llegar a último momento a la presentación de un libro y darle un abrazo infinito a la primera persona conocida que uno se tope, para dar a entender que se ha atravesado el Gobi y el Amazonas para llegar.
  2. Todo resulta mejor si no se pone uno de acuerdo previamente con el autor sobre la mecánica que seguirá el acto. De lo contrario, podría evitarse el caos que sobrevendrá.
  3. Al tomar el micrófono es menester titubear y entrar en pánico. El pánico se controla carraspeando al micrófono y diciendo la sílaba “eh”.
  4. No debe haberse leído más que superficialmente el libro que se presentará. Leer los libros que se presentan es una inelegancia.
  5. Si el libraco en cuestión es una novela, hay que repetir, mutatis mutandis, las sabias consideraciones de la contraportada sobre la trama. Un giro estupendo: declarar que no se comentará el final de la novela para no arruinárselo al lector. En caso de que sea un libro de cuentos, hay que explicar sin pudor alguno que no se revelarán los finales de los 26 relatos reunidos, etcétera. Tampoco se revelarán los principios, desde luego. Aquí la única revelación posible es la de la imbecilidad del presentador.
  6. Por tanto, será necesario eludir cualquier mención directa al texto y, en su lugar, recordar la historia de la relación personal del presentador con el autor, con énfasis en las becas compartidas, los viajes comunes y las borracheras pretéritas juntos (eso hará las delicias de las doce personas reunidas).
  7. Otras posibilidades brillantes: llamar a las doce personas (en adelante, el pueblo) a levantarse en armas contra el supremo gobierno; quejarse del CONACULTA; combinar ambas y llamar al pueblo a levantarse contra el CONACULTA.
  8. Enlazar chistes y/o comentarios jocosos al respecto de la apariencia del autor del libro es considerado de mal gusto, por lo que debe elegirse a una persona mansa y de preferencia estúpida entre los asistentes (un viejo amigo al que se lleve tiempo sin ver resulta ideal para el caso) y afligirla señalándola con el dedo y metiéndose con ella, a la vez que se le sonríe, con el fin de tranquilizarla.
  9. Cuando se haya perorado sin sentido durante doce minutos exactos (menos que eso es considerado debilidad y más, abuso) señalará uno al autor y dirá: “Es ya momento de darle la palabra a menganito [el autor], que es para escucharlo que vinimos”. Si se ha titubeado en demasía, intentemos lavar nuestra imagen jalando un aplauso para menganito. El método para lograrlo es simple: si uno se pone a aplaudir, al menos cinco de las doce personas lo seguirán maquinalmente. A todos nos gusta aplaudir.
  10. Al concluir el acto, invítese al autor a beber desmecatadamente. Ya en la fiesta, confiésesele que no se leyó su libro (para hacerle evidente que uno ha llevado la lealtad por él al extremo heroico de hacer el ridículo) y espérese su gratitud. En el peor de los casos habrá golpes y la anécdota servirá para rellenar el tiempo en futuras presentaciones: “Una vez presenté a un sujeto que me agarró a golpes cuando acabé; por tanto, seré breve…”.

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Cruda dientes de sable

December 3rd, 2009 — 11:03am

Afectado un servidor por la tradicional cruda dientes de sable de mitad de FIL (mi sinapsis, supongo, era operada por la extinta Luz y Fuerza del Centro), la columna de hoy recurrirá como estrategia discursiva al fragmento (es decir, haré un punteo de composteces y me iré a dormir). 

  1. Aunque decirlo sea quizá una cursilería indigna del felón que se supone que soy, disfruté como chamaco la charla que sostuve ayer con Marcelo Birmajer en El Placer de la Lectura. Una frase suya puso el gesto chueco a más de uno: “Un mal narrador no debe tener la excusa del estilo. Lo mismo que un mal comediante no es el genio de los chistes malos”. El salón se llenó (y la gente, me parece, la pasó igual de bien que yo) sin necesidad de que nos vistiéramos de azul eléctrico y bailáramos danzas beduinas. Qué grande es Birmajer.
  2. Con el de Anagrama, anoche, cerró el ciclo de los grandes cocteles editoriales de la FIL. Pasarelas de vanidad, citas de trabajo encubiertas, mentideros de la canalla literaria, los cocteles pasan inadvertidos para el común de los visitantes, pero son el abrevadero al que bajan los escritores al caer la noche y donde eligen sus presas (o son cobrados por predadores, en forma de agentes, periodistas, editores…). Hablar de anécdotas puntuales sería faltar a la discreción deseable en los invitados. Cabe citar, sin embargo, algunos de los temas de conversación oídos al pasar: yohimbina, el Cruz Azul, la prostitución política, la literaria, la mugre y la falta de la misma entendida como defecto, el mal de chagas transmitido por los malos tacos, la mañana en que Rilke despertó con una cruda de antología…
  3. Aunque fue un evento off FIL, la presentación de Fútbol, de nuestro Mariño González, fue un campanillazo notable. Se terminaron los libros, se terminó el alcohol y poco faltó para que el autor fuera manteado por los presentes. La novela está a la venta en el stand de Conaculta por sólo 60 pesos.
  4. Nuestro Tomasena informó sobre la cobertura de FIL que está haciendo Hermano Cerdo, justiciera publicación literaria de internet que se caracteriza por no hablar bien ni de Shakespeare (seguro que cuando sus madres les dicen a los viriles integrantes de la redacción “Mijito, bébase el café” ellos responden con un escupitajo). Apenas leído el post me topé en el pasillo con René López Villamar, corresponsal de HC en la FIL, lector (y autor) diligente y feroz a quien da gusto ver por acá. Aunque tiene un tino prodigioso para elegir los peores actos de la Feria (fue a ver a Cornelia Funke) y aunque todas las fotos le salen fuera de foco, sus reportes son tan divertidos y pérfidos que vale la pena leerlos todos, en vez de perder el tiempo con los cada vez más adocenados suplementos de los periódicos.  

Más numeritos, ahora: el menú del día: 

  1. Hay que ir a ver al dios de la Ciencia Ficción, Larry Niven, a las 16:00 y 18:30 en el Café Literario del pabellón de LA.
  2. Vargas Llosa encabeza (lo acompaña el canario Juan Cruz) el homenaje a Juan Carlos Onetti. Seguro estará a reventar, así que a llegar temprano. 19:30 horas, Auditorio Rulfo.
  3. Luis García Montero, el poeta español, participa en el homenaje a la generación del 27. Yo no iré, pero ustedes quizá quieran. 17:00 horas, salón 4.
  4. A alguien le pareció una gran idea reunir a la más o menos periodista Lydia Cacho con el más o menos músico Saúl Hernández en una mesa de nombre notable: “La rebelión de las palabras. La literatura y la música como herramientas para transformar el mundo”. Si el morbo les gana, estarán ambos a las 18:00 horas en el auditorio Rulfo. Vamos a ver quién es más patético,  si el cantante sin voz o la reportera que logró una nota buena y luego decidió que eso la autorizaba a convertirse en analista y literata.
  5. Cristina Rivera Garza y Alberto Barrera Tyszka estarán, a las 17:30 y 18:30 respectivamente en El Placer de la Lectura. Aquello promete. Salón Arreola.
  6. El arte del asesinato, de Francisco Goldman, presentado por Jon Lee Anderson. A eso se le llama lujo. 17:00 horas, salón Mariano Azuela. Jon Lee presenta, además, El dictador, los demonios y otras crónicas, a las 18:00 horas en el salón 4.
  7. Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera, 18:00 horas, salón A. Un excelente novelista joven de este extraño país.
  8. El trabajo os hará libres y España, aparta de mí esos premios, de Espido Freire y Fernando Iwasaki. 18:00 horas, salón Elías Nandino.

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Un día francamente Pacheco

December 1st, 2009 — 8:15am

Pobres encargados de prensa editoriales. Tantas horas dedicadas a pactarle entrevistas a sus autores (a contracorriente de la tibieza, ignorancia o franca pereza de los medios de comunicación) para que amanezcamos con la noticia de que le dieron el premio Cervantes a José Emilio Pacheco y cada tipo con grabadora de la Feria cancele o abandone su agenda de trabajo y se lance como un mastín a buscarle las declaraciones de rigor al erudito mexicano.

El lobby del Hilton, que es el centro de operaciones secreto de la FIL, hirvió toda la mañana de ayer de reporteros en pos de una palabrita de Pacheco que llevarse a la boca. Como un comando en pleno despliegue táctico, los periodistas atormentaron al personal de servicio y hasta a los otros escritores que asomaron por el lugar para pedir razones de la ubicación y horarios del premiado. Cuando éste, ya cerca del mediodía, bajó al fin del elevador, le brindaron una improvisada ovación y se apelmazaron a su paso como si fueran los súbditos de Hiro Hito. Supondremos que todos ellos eran, además de profesionales, lectores agradecidos de Las batallas en el desierto, porque no deja de resultar curioso el espectáculo de que los tiburones de la información se le hinquen a su fuente y le rindan pleitesía (el jubileo, por cierto, seguirá hoy, durante el encuentro de Pacheco con jóvenes, a las 17:30 horas en el auditorio Rulfo).

De entre los colegas de Pacheco consultados, ninguno más alegre y astuto que Sergio Pitol: cuidadoso siempre para batearse las entrevistas que se le quieran hacer sobre su obra, el veracruzano se las arregló, sin embargo, para colocar ante la prensa sus frases de beneplácito y, a la vez, no quedarse ante las grabadoras luego de la segunda pregunta. Más de un político en apuros debió grabarlo en video y estudiarlo cuadro a cuadro.

(Otro hecho notable de la cobertura es que los periodistas estén convencidos de que a Carlos Monsiváis puede y debe consultársele acerca de cada asunto del hemisferio occidental: lo mismo el Cervantes que Juanito, el calentamiento global que la crisis, la liguilla del futbol que los precios del tejuino. Eso sí: para todos tiene Monsiváis respuesta.)

Si no hay otro premio o eventualidad que irrumpa en la agenda y arrase con ella, el menú literario para hoy es variado y no carente de interés:

  1. De entre los actos angelinos, el más atractivo parece la mesa No queda más que reírse, que reúne a autores singulares por su sentido del humor (Café literario, 19:00 horas). Sin embargo, los múltiples fans del recordado guarro Charles Bukowski bien pueden asistir a la mesa en su honor (Café literario, 18:00 horas).
  2. A las 11:00 de la mañana se dará el fallo del premio Tusquets. Veremos si este año no se declara desierto, como ya ha sucedido dos veces. El rumor indica que el premio no paralizará la FIL, pues el ganador, en teoría, será un autor español que estará a ene mil millas de distancia.
  3. La charla Paseo por los mundos de Juan Marsé (Salón A, área internacional, 18:00 horas), que pese a la ausencia del extraordinario narrador español, tendrá como cicerone a su hija Berta, también notable escritora.
  4. Fabio Morábito, quien además de narrador es un estupendo poeta, visita el salón temático del género, a las 18:00 horas, en el salón Herradura.
  5. Dos novedades de Anagrama: Temporada de caza para el león negro, de Tryno Maldonado, a las 17:00 horas en el salón A, del área internacional, y El hombre sin cabeza, de Sergio González Rodríguez, a las 18:00 horas en el salón Elías Nandino.
  6. Y bueno, servidor, quien ha sido ya acusado por gente vil de estar en más mesas que Juan Villoro, presenta dos libros escritos o editados por amigos: la novela La fiesta del oso, de Jordi Soler, a las 18:00 horas en el salón 2, y los Fragmentos de Anacreonte, del sello independiente Textofilia, a las 17:00 horas, en el salón Alfredo R. Placencia.

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La rebelión de los auxiliares

November 30th, 2009 — 8:34am

Alguien dirá que esta crítica riza el rizo del rizo, pero me parece justificada. Luego de asistir a un buen puñado de actos en la FIL el domingo, me declaro maravillado por la desenvoltura con que el personal de apoyo ha brincado la tradicional barrera de la división del trabajo (ellos hacen la parte aburrida y los escritores la más fácil) y decidido comunicarse directamente con los asistentes a la feria quienes, a fin de cuentas, somos sus hermanos y pares. Durante 22 ferias del libro uno tendía a pensar que las sonrientes edecanes eran toda la concesión de la FIL al buen orden, pero estaba equivocado. Hay todo un orfeón de auxiliares que se encargan de que el monstruo funcione y parece haber llegado la hora de su apogeo público. 

Ayer, por ejemplo, los asistentes a la presentación de la novela de Fabio Morabito tuvimos la notable oportunidad de ver cómo el muchacho de la microfonía devenía maestro de ceremonias y, sin perder la sonrisita, jalaba aplausos, hacía preguntas a Morabito y su presentador (a quienes, por supuesto, se refería con el jocoso y extendido término de “maestro”) y disponía el desarrollo de la charla con aires de anfitrión de talk show. Harto quizá de la tradicional incompetencia del presentador promedio (a quien, hemos de aceptar, casi siempre se le olvidan las cosas básicas, tales como decir buenas tardes, agradecer a los organizadores, explicar la mecánica que regirá el acto, leer el currículo de los presentes, etcétera), se ocupó él mismo de poner el ritmo. Menos mal que Morabito es elocuente y articulado, porque si no habríamos terminado los presentes por hacerle preguntas al microfonista antes que a él. 

Otros auxiliares exaltados: dos muchachas vestidas como guardias de seguridad y sendos peinados en el estilo de las tribus urbanas (una punk de cresta verde y una rastafariana con caireles de Marley) se dedicaron buena parte de la tarde a manotear y pegarles de gritos a quienes circulaban por el pasillo que une los salones del Centro de Negocios. Pedían silencio absoluto golpeándose los labios con el dedito índice y pronunciando la fórmula tradicional de “que ya se callen, pues”. Más que el hecho de que alguien decida acelerar el tránsito de un pasillo, cosa en el fondo admirable, resalta notable que dos chicas cuyos peinados parecen afiliar a subculturas anti autoritarias se comporten como celadores de un CEFERESO y le den de berridos a quien se les pegue la gana, desde la señora de tacones que se tardó más de un minuto en dar el siguiente paso hasta a todo un Jorge Herralde. 

(También fue adorable el hombre del sonido del salón en que se presentó Andrés Neuman, quien nos ofreció a los asistentes, en claro español, servicio de traducción simultánea para una charla que tendría lugar en la lengua de Quevedo. Me parece muy bien que se dé este servicio a los no hispanohablantes, pero sería bueno que se pensara en que la oferta en sí se diera en otros idiomas, no vaya a ser que no entiendan que se ha tomado la precaución de ofrecerles servicios). 

Si los auxiliares, pues, lo permiten, esta es la agenda que puede seguirse hoy: 

  1. Videoconferencia del venerable Ray Bradbury, a las 17:00 horas en el salón 4. El rey de la ciencia ficción bien escrita.
  2. Dos palabras: Curtis Hanson. El director y adaptador de LA Confidential y Wonder Boys se presenta a las 20:00 horas en el salón Agustín Yáñez.
  3. El tapatío recriado californiano Salvador Plascencia se presenta a las 17:00 horas en el Café literario del pabellón del invitado especial. Habrá que ver si es otro de tantos escritores migrantes que nos cuenta sobre los pericos, las yucas y la sopa de poro de su abuelita o si, como asegura la crítica, se trata de una voz original y admirable.
  4. A las 18:00 horas en el salón Nandino, la mesa ¿Qué está pasando en Venezuela? Contra lo que pudiera pensarse, se trata en principio de una discusión de nuevos narradores. A ver quién le da de pedradas a Chávez y quién lo defiende.
  5. Alberto Barrera Tysza, uno de los venezolanos, presenta su muy divertido libro Crímenes, junto a Juan Villoro, a las 19:00 horas en el salón José Luis Martínez.
  6. Si les da la curiosidad ver a tres autores sin nada en común pelearse con motivo del bicentenario nacional, asistan a la presentación de La culpa de México, de Pedro Ángel Palou, a las 17:00 horas en el salón 3 de la planta baja. Paco Ignacio Taibo y servidor estaremos en los comentarios. Habrá coscorrones, seguro. A ver si no me los dan a mí.
  7. Cuando alguien me pregunta si no voy a recomendar alguno de los actos del encuentro de periodistas, le digo que nomás falta que en una feria a la que vienen escritores de primera y segunda se preocupe uno por los periodistas, que suelen ser escritores de tercera. No obstante, hoy estará en una de las mesas, organizada por el diario español El País, Jon Lee Anderson, que es un autor de verdad. 18:00 horas, salón 3.

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Anda la osa: yo quiero hablar como Villaraigosa

November 29th, 2009 — 8:56am

Culpa será de las taras sociales que sufre un servidor (cada vez que escucho un discurso de más de doce minutos de duración me siento atrapado en un rosario o una presentación de las ventajas de los tiempos compartidos en Chamela), pero a punto estuve de fenecer de hastío durante la ceremonia inaugural y entrega del premio FIL de literatura, ayer. Lo cual demuestra que uno apenas es capaz de perdonarle la parrafada de rigor en tales circunstancias a los autores dilectos y, premio o no premio, se las tolera mal a los que no. A quienes me dicen que Rafael Cadenas es un poeta admirable no les quito razón: nomás que decir discursos memorables al parecer no es lo suyo. Ora pro nobis.

Total: inaugurada quedó la 23° edición de la Feria de Guadalajara, llegaron los ene mil asistentes esperados, se aplaudió cuando se debía (el alcalde de LA, Antonio Villaraigosa, fue el rey de la cosecha de palmas, pese a que quedó demostrado que habla español con la misma soltura que aquel juguete electrónico llamado “El Fabuloso Fred”), y, a despecho de la obsesión de algunos periodistas, nadie se salió de guión y vociferó consignas políticas contra los organizadores o los invitados del presidium.

La Feria en sí quedó bastante chula (si hacemos caso omiso de los automóviles tuneados por artistas angelinos que decoran el pabellón del invitado y que parecen la publicidad de una compañía de pintura tóxica); es inmensa, cual debe, pero bien ordenada: se puede deambular durante horas, se puede babear ante los veinte stands que lo ameritan (como hace más de un autor chilango ante los muslos, rebles y escotes de las tapatías) y se puede sacar la cartera para hacerse, ay dolor financiero, de las diez o doce joyas bibliográficas inconseguibles durante el resto del año (nuestro editor de campaña, Mariño González, anuncia que matará con sus propias manos a aquel que ose intentar quedarse con el Genesis de Crumb antes que él).

Pero vayamos a lo nuestro: dejaré a mis compañeros de composta.net la delicada misión de explicar a nuestros hipotéticos lectores las maravillas del programa de artes plásticas, cine y música, y me concentraré, durante los días de la Feria (si la resaca de las bacanales nocturnas no lo impide) en presentarles algunas recomendaciones literarias para la jornada (por cierto: si alguno de los hipotéticos lectores es periodista, pues vaya y cubra, en vez de seguir las pésimas instrucciones que le dará su editor).

Para este domingo, no estaría de más darse una vuelta a la entrega del premio Isabel de Polanco al cubano Rafael Rojas (17:00 horas, salón 3), la conferencia del premio nobel turco Orhan Pamuk (12:00 horas, Auditorio Rulfo) y las visitas al ciclo El placer de la lectura del premio Alfaguara 2009, Andrés Neuman (17:30 horas, salón Arreola) y del vate (dios me perdone la palabrita) David Huerta (18:30, mismo lugar).

Y para quienes deseen librito autografiado que llevarse al estante, se presentan la novela Emilio, los chistes y la muerte, de Fabio Morábito (17:00 horas, salón José Luis Martínez) y Escenas sagradas del oriente, del grandísimo poeta José Eugenio Sánchez (20:00 horas, salón Yáñez).

Desde luego que hay otras posibilidades, pero mal se vería servidor recomendándoles ir a la enésima mesa de Carlos Fuentes o cosa semejante. Si desprecian mis recomendaciones (en su salud lo hallarán) pasen, mejor, al sitio de la FIL y rastreen otro tipo de actos sin duda súper meritorios (dicho sea con el tono de quien, preguntado por la novela de un joven talento, proclama: “Híjole, vieras que él me cae súper bien como persona”), como la conferencia de Ebrard sobre la universidad pública del DF, que será un lleno espectacular y de la que servidor prefiere, qué le vamos a hacer, privarse.  

Pues eso. Tengan sus mercedes un buen día de compras filescas y, como diría el amigo Villaraigosa: “Disfruten programa que traigo yo a ti el en esto año de ahora, ey”.

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