Del “lleno hasta la bandera” al “ni las moscas se pararon”
¿Qué es lo que orilla a la gente de a pie, la que no es amiga del autor ni quiere robarle un autógrafo, a asistir a la presentación de un libro en demérito de otra que quizá le resultaría más interesante? ¿Por qué hay escritores que repletan los salones de la FIL mientras colegas suyos no reúnen más que a las edecanes que prorratean las botellitas de agua entre los ponentes? ¿Por qué la mesa sobre crítica literaria de Letras Libres tuvo veinte asistentes (eso me cuentan, para mi asombro) mientras que actos rabones, como el del beduino bailarín vestido de azul eléctrico del lunes, se llenan hasta la bandera?
Alguien dirá que porque el promedio de inteligencia de la multitud nunca es elevado (tampoco hay que hacerse muchas esperanzas sobre el de quien profiera esta obviedad elitista), pero yo sospecho que detrás del fenómeno asoma una verdad más terrible: la operación del mero azar. Mal informados por los medios de comunicación, que rara vez dan un paso más allá de la promoción editorial de novedades para buscar ofertas sustanciosas, los visitantes a la Feria se abandonan a sus instintos para seleccionar las mesas a las que van a asistir. No es infrecuente oírlos preguntarse los unos a los otros, en los quicios de las puertas de los salones: “¿Acá qué se presenta?”, e intentar colectivamente descifrar el título del libro de marras y elucidar quién de entre los ansiosos personajes que los contempla desde el estrado es su autor.
La FIL tiene fama de ser una feria en la que ningún salón queda sin llenar. Los autores primerizos son consolados por colegas veteranos con leyendas como: “Cuando entras a tu salón hay nomás tres gatos, pero de pronto, cuando abres la boca, entran cincuenta muchachitos con cuadernos que aplauden todo lo que digas”. Huelga decir que esto es falso o, al menos, inexacto. Lejos han quedado los días en que los acarreados de la Universidad eran un factor a tomar en cuenta en el éxito o fracaso de un acto. Hay en la Expo tantos salones ya, tantas atracciones simultáneas, tantos stands, pasillos, escaleras, entrepisos, lobbys, vestíbulos, que no hay modo de coordinar una falsa porra para cada autor. Se ha impuesto entre las actividades una competencia feroz que se disputa a un público grande, sí, pero también dubitativo, en el que predominan quienes se entusiasman al ver cómo un señor con ropajes de pastorcito del año 9000 truena los dedos y se menea al compás sobre quienes quieren sentarse a escuchar a tres críticos de saco y lentes que explican cómo es que la literatura ya no es lo que era.
Claro que Pacheco, que tiene cinco generaciones de lectores y acaba de ganarse ese premio mayor de lotería literaria que es el Cervantes, puede repletar el auditorio Rulfo sin despeinarse. Pero no es raro que los otros, que son casi todos, sufran. ¿Será inevitable que los que aspiren a no hablar nada más frente a las moscas se pongan ropitas curiosas y dancen o griten o al menos injurien al supremo gobierno para llamar la atención? Quizá nos quede el consuelo de que la inteligencia acaba por llamar a los suyos y que la FIL sigue siendo un lugar en donde esa inteligencia puede coexistir con el espectáculo… pero ¿qué pasará cuando todos hayan decidido dar numeritos y sus editores luchen por espacios? ¿Veremos a los críticos vestidos de azul eléctrico y reinventando el boogie?
Va el menú sugerido para este miércoles:
- El estupendo y muy divertido cuentista argentino Marcelo Birmajer, lo mejor que le ha pasado a la literatura latinoamericana desde Fernando Vallejo, se presenta en El placer de la lectura (salón Arreola, 17:00 horas). Servidor fungirá como fan ultra y moderador.
- Anagrama, el sello editorial independiente más aplaudido de la lengua española, celebra sus 40 años a las 18:00 horas, en el salón 4, con los gigantes Richard Ford y Jon Lee Anderson, además de Juan Villoro, Nicolás Alvarado y Sandra Lorenzano, encabezados todos por el chef d’orchestre Jorge Herralde.
- A las 18:30 (auditorio Rulfo) se le entregará por segunda vez el premio Sor Juana de letras femeninas a Cristina Rivera Garza. Resulta curioso que un rayo caiga dos veces en el mismo lugar y que un premio haga lo propio. Menos curioso es que el destino de ese premio sea Cristina, una de las mejores escritoras contemporáneas en español.
- A las 18:00 horas, en ese cuarto sombrío que es el café literario del pabellón de LA, el cómico Cheech Marín dará una charla. Fans del cannabis: este es su gallo.
- Homenaje a Thomas Pynchon, a las 20:00 horas, en el mismo café literario, con el emergente Mark Z. Danielewski y Richard Raynes como protagonistas.
- Para quien desee paladear un anticipo de la presencia de Castilla-León en la próxima FIL, la plana mayor literaria de esa comunidad española se presenta a las 18:00 horas en el salón C del área internacional: Luis Mateo Diez, Juan Pedro Aparicio y José María Merino narrarán sus relatos entrelazadamente. Se le reputa como un espectáculo digno de verse.
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