Un día francamente Pacheco
Pobres encargados de prensa editoriales. Tantas horas dedicadas a pactarle entrevistas a sus autores (a contracorriente de la tibieza, ignorancia o franca pereza de los medios de comunicación) para que amanezcamos con la noticia de que le dieron el premio Cervantes a José Emilio Pacheco y cada tipo con grabadora de la Feria cancele o abandone su agenda de trabajo y se lance como un mastín a buscarle las declaraciones de rigor al erudito mexicano.
El lobby del Hilton, que es el centro de operaciones secreto de la FIL, hirvió toda la mañana de ayer de reporteros en pos de una palabrita de Pacheco que llevarse a la boca. Como un comando en pleno despliegue táctico, los periodistas atormentaron al personal de servicio y hasta a los otros escritores que asomaron por el lugar para pedir razones de la ubicación y horarios del premiado. Cuando éste, ya cerca del mediodía, bajó al fin del elevador, le brindaron una improvisada ovación y se apelmazaron a su paso como si fueran los súbditos de Hiro Hito. Supondremos que todos ellos eran, además de profesionales, lectores agradecidos de Las batallas en el desierto, porque no deja de resultar curioso el espectáculo de que los tiburones de la información se le hinquen a su fuente y le rindan pleitesía (el jubileo, por cierto, seguirá hoy, durante el encuentro de Pacheco con jóvenes, a las 17:30 horas en el auditorio Rulfo).
De entre los colegas de Pacheco consultados, ninguno más alegre y astuto que Sergio Pitol: cuidadoso siempre para batearse las entrevistas que se le quieran hacer sobre su obra, el veracruzano se las arregló, sin embargo, para colocar ante la prensa sus frases de beneplácito y, a la vez, no quedarse ante las grabadoras luego de la segunda pregunta. Más de un político en apuros debió grabarlo en video y estudiarlo cuadro a cuadro.
(Otro hecho notable de la cobertura es que los periodistas estén convencidos de que a Carlos Monsiváis puede y debe consultársele acerca de cada asunto del hemisferio occidental: lo mismo el Cervantes que Juanito, el calentamiento global que la crisis, la liguilla del futbol que los precios del tejuino. Eso sí: para todos tiene Monsiváis respuesta.)
Si no hay otro premio o eventualidad que irrumpa en la agenda y arrase con ella, el menú literario para hoy es variado y no carente de interés:
- De entre los actos angelinos, el más atractivo parece la mesa No queda más que reírse, que reúne a autores singulares por su sentido del humor (Café literario, 19:00 horas). Sin embargo, los múltiples fans del recordado guarro Charles Bukowski bien pueden asistir a la mesa en su honor (Café literario, 18:00 horas).
- A las 11:00 de la mañana se dará el fallo del premio Tusquets. Veremos si este año no se declara desierto, como ya ha sucedido dos veces. El rumor indica que el premio no paralizará la FIL, pues el ganador, en teoría, será un autor español que estará a ene mil millas de distancia.
- La charla Paseo por los mundos de Juan Marsé (Salón A, área internacional, 18:00 horas), que pese a la ausencia del extraordinario narrador español, tendrá como cicerone a su hija Berta, también notable escritora.
- Fabio Morábito, quien además de narrador es un estupendo poeta, visita el salón temático del género, a las 18:00 horas, en el salón Herradura.
- Dos novedades de Anagrama: Temporada de caza para el león negro, de Tryno Maldonado, a las 17:00 horas en el salón A, del área internacional, y El hombre sin cabeza, de Sergio González Rodríguez, a las 18:00 horas en el salón Elías Nandino.
- Y bueno, servidor, quien ha sido ya acusado por gente vil de estar en más mesas que Juan Villoro, presenta dos libros escritos o editados por amigos: la novela La fiesta del oso, de Jordi Soler, a las 18:00 horas en el salón 2, y los Fragmentos de Anacreonte, del sello independiente Textofilia, a las 17:00 horas, en el salón Alfredo R. Placencia.
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¿Y realmente vale la pena corretear a José Emilio Pacheco para que diga algo más que las obviedades de rigor en estos casos, o sólo es magia simpática mal disimulada?