El auto mexicano deportivo refrito

En cualquier parte del mundo, las Embajadas de México se encuentran a la defensa de la imagen nacional. Es un bonito trabajo, como el que tienen los vigilantes de los baños de bares y restaurantes, preocupados de que nunca falte orina en mingitorios y retretes.

En 2009 se escucharon dos sonoros reproches por manoseos de la integridad nacional: desde España, el embajador la emprendió contra Burger King y su Texican Whopper, cuya campaña mostraba a un mexicano gordo y chaparro. Luego, desde Londres, la diplomacia se le echó encima a Schweppes y su repelente de influenza: un ejecutivo con sombrero de charro y, posiblemente, el virus AH1N1.

Otra vez, el revoloteo se localizó en Londres: el embajador Eduardo Medina Mora no soportó los comentarios de los conductores del programa Top Gear, calificando a los mexicanos de vagos, irresponsables, flatulentos y pasados de peso.

En la emisión del domingo pasado, los conductores hablaron sobre el Mastretta MXT, un auto deportivo diseñado por el mexicano Daniel Mastretta, y no se aguantaron los clichés y estereotipos: se burlaron del MXT, al que llamaron “auto tortilla” y “deportivo refrito”; afirmaron que el embajador de México estaría roncando y por eso no habría reacción diplomática, y pusieron el dedo en la llaga: los mexicanos, sin más, son flojos.

Sus carcajadas retumbaron en los oídos de Medina Mora y, después, levantaron ampollas en México. Esto fue lo que dijeron los chicos de Top Gear, un popular programa sobre autos que comenzó a emitirse en 1977, siempre con una clave de humor en cada comentario:

James May: Chicos, ¿alguno ha deseado alguna vez un auto mexicano?

Jeremy Clarkson: Sí, yo sí.

May: Ok, pues te tengo buenas noticias, porque existe uno y es éste y se llama ‘Tortilla’ [en referencia al coupé Mastretta MXT, diseñado por el mexicano Daniel Mastretta].

Clarkson: No se puede llamar ‘Tortilla’.

May: Bueno, en realidad no puedo recordar su verdadero nombre.

Clarkson: Entonces acabas de inventar el nombre ‘Tortilla’.

May: Bueno, sí.

Clarkson: Lo sabía.

May: Lo olvidé, lo siento.

Richard Hammond: ¿Por qué desearías un auto mexicano? Los autos reflejan las características nacionales, ¿no? Los alemanes son bien construidos y muy eficientes; los italianos, extravagantes y rápidos; los mexicanos serán perezosos, inocentes, con flatulencia, obesos y recargados en una barda, viendo un cactus y cubiertos con una sábana con un hoyo que usan como abrigo.

May: Es interesante porque los mexicanos tampoco pueden cocinar ¿o sí? Todo parece ser vomitada con queso encima.

Hammond: Vomitada refrita.

May: Sí, vomitada refrita.

Clarkson: ¿Cuánto cuesta este auto deportivo mexicano?

May: El auto mexicano deportivo refrito cuesta 33 mil libras.

Clarkson: No es suficiente, porque alguien tiene que pagar por el desarrollo de este auto, y traerlo. Mejor hablemos de las cosas buenas del auto.

May: Bueno, pero ellos lo describen como un auto bien construido y con buena dirección.

Hammond: ¡Wow, tiene dirección! Lo siento mucho, pero sólo imagínate despertar y recordar que eres mexicano.

Clarkson: Sería genial, porque de inmediato puedes volverte a dormir y seguir dormido todo el día: ¡Oh, soy mexicano!

Hammond: Eso es lo que voy a hacer todo el día.

Clarkson: Por eso es que no recibiremos ninguna queja por esto. Porque la Embajada mexicana y el embajador van a estar sentados con su control remoto así [Clarkson hace ademanes de roncar]. No se van a quejar, no pasa nada.

Un caso más de La Feria de las Susceptibilidades.

Publicado en: Sensacional D