
Foto de las Skatopistas del Sol, tomada de la revista Re:Skate (abril de 1990)
Desde que las primeras patinetas profesionales se estrenaron furiosas en el asfalto californiano, allá en los setenta del siglo pasado, la cultura skate no ha dejado de crecer y propagarse, año con año, en las calles del orbe. Guadalajara, por supuesto, no permaneció ajena al fenómeno e incluso puede presumir de haber sido una de las pocas ciudades mexicanas que, en su momento, se sumaron al furor del skateboarding. Apenas unos años después de que Jay Adams, Stacy Peralta y Tony Alva (entre pocos otros) surgieron como los fundadores de una nueva manera de encarar la velocidad en Dogtown (Los Ángeles), la capital de Jalisco ya contaba con sus propios bowls de concreto para que los aficionados a las ruedas dejaran allí carne, huesos y adrenalina.
Las Skatopistas del Sol fueron uno de los primeros puntos de reunión para los patinetos tapatíos y ahora yacen bajo toneladas de tierra en algún punto frente a Plaza del Ángel. En el lugar había un par de tinas y un enorme tubo de concreto. Su principal atracción, sin embargo, era el Stawalpa, un gigantesco bowl con paredes de cinco metros de altura que debía su nombre a las tres personas que, en 1978, se encargaron de diseñar una fosa similar para Skatorama, en la ciudad de México: Stacy Peralta, Waldo Autrey y Paul Hoffman*. Aquella fue la primera época del skate jalisciense, que apenas sobrevivió al impasse de los años ochenta para resurgir, completamente renovado, en la última década del siglo XX.
Skate or die
En 1992 desaparecieron las Skatopistas del Sol y no tardaron en sumársele, en el más allá, otros lugares que habían abierto a finales de los ochenta, entre ellos Ducky’s Skate Park (cerca de Plaza Patria) y el Parque Metálico (una delicia de rampas de lámina ubicada, también, a unos pasos de Plaza del Ángel). Lo que para muchos fue una tragedia, para otros simplemente significó una coincidencia con el rumbo que ya empezaba a tomar el skateboarding en todo el mundo: cada vez más callejero y menos, por así decirlo, profesional. Fue en los noventa, precisamente, que las tablas de skate adquirieron su, hasta ahora, forma definitiva: una anchura de entre siete y ocho pulgadas, dos puntas elevadas y llantas cada vez más pequeñas.

El Parque Metálico de Guadalajara. Foto publicada en Re:Skate (octubre 1991)
El Monumento a la Madre, el templo de la Santa Cruz, Parques y Jardines (cerca de Periférico Norte), el Parque de los Venados, la Unidad Administrativa del Gobierno del Estado, Oblatos y algunos sitios aledaños a Plaza del Sol se convirtieron pronto en lugares predilectos para los skaters tapatíos, cuyo número se ha incrementado exponencialmente desde la llegada del siglo XXI. Hoy día no es difícil ver jóvenes (¡chicos y chicas!) con patinetas, a todas horas, rodando por las calles. Y sin lugar a dudas uno de los mayores puntos de reunión es el Parque Revolución, también conocido como Parque Rojo, en Federalismo y Juárez, donde a todas horas hay patinetos dedicados a las suertes adrenalínicas.
Saltar escalones, arrojarse sobre un feroz medio tubo o resolver un truco en el aire producen una sensación que difícilmente entenderán aquellos que no se hayan montado en una patineta. Explicarla sería, a estas alturas, un derroche innecesario de tinta y papel: lo mejor es montarse en un skate y vivir la ciudad a golpe de rueda. Aunque en Guadalajara existen ya nuevos parques para este deporte (el Extremo, la Curva de Zapopan, la Ex Penal de Oblatos y el Lust, entro otros), nadie es más amigable con los patinetos que el asfalto citadino. Porque la urbe es enorme. Y sobre una tabla, sabe mejor.
Apostilla sobre ruedas
Cada que la nostalgia se pone liviana y este cubil robótico se llena con la carcajadas de los camaradas, mi buen amigo Jorge Rubio asegura que algún día acudirá, pala en mano, a desenterrar las Skatopistas del Sol, como si se tratara de una suerte de arqueólogo contracultural, para poder patinar, una vez más, en aquellas empinadas paredes. Supongo que yo estaré con él cuando lo haga. Y si aquello no sucede ya brindaremos, una vez más, por los viejos y los nuevos buenos tiempos. ¡Salud!

En Patria, a unos pasos de Américas, estaba Ducky
*Como lo relata César Jay Delgado en el número 1 de la revista mexicana Re:Skate (abril de 1990)
[Artículo publicado en la revista KY (septiembre de 2009)]