Conan
Conquistar naciones y destronar reyes no fueron, nunca, las principales preocupaciones de Conan, el héroe creado por Robert E. Howard cuyas huellas, marcadas a golpe de sandalia en los caminos de la Era Hiboria, también se mantienen frescas en las páginas de libros y cómics y hasta en un par de no tan malas películas. Mujeres y peleas. Y algo de vino. Las atenciones del bárbaro se enfocaron, a lo largo de numerosos relatos, novelas e historietas, a satisfacer las necesidades sensuales antes que las espirituales, como corresponde a los guerreros nacidos bajo la sombra indiferente de Crom, el dios cimmeriano que, desde su montaña sagrada, da la espalda a los débiles y se ríe de los hombres a carcajada batiente.
Las aventuras de Conan comenzaron en 1932 cuando Howard publicó, en la revista Weird tales, un relato reescrito a partir de la historia de otro de sus personajes: Kull, el conquistador. Con el título “El fénix en la espada” nació una saga que no se detendría ni con la muerte del autor, ocurrida cuatro años después debido a una depresión profunda y la infalible mecánica de una Colt 38. El bárbaro cimmeriano de negra cabellera fue retomado, dos décadas después, por los escritores L. Sprague de Camp y Lin Carter, quienes revisaron y trabajaron a conciencia el legado de Howard hasta la última novela oficial del guerrero salvaje: Conan de las islas, donde, luego de abdicar al trono de Aquilonia, en favor de su hijo, y luchar una última batalla por el futuro de la humanidad, el guerrero se decide a navegar hacia el oeste, donde encontrará un destino del que ya nadie sabrá demasiado.
El éxito cosechado por Conan en el ámbito literario no es menor, pero fueron los cómics los que catapultaron y anclaron al nativo de Cimmeria en el imaginario popular. El mérito, aquí, es del guionista Roy Thomas, quien durante los setenta adaptó los cuentos y las novelas al cómic y se dedicó a expandir, con maestría narrativa, el universo de la Era Hiboria, plagado de simios enormes, hechiceros maléficos y, por supuesto, bellísimas mujeres. El creador del guerrero de ojos azules era miembro del círculo de otro Howard (Phillips Lovecraft), por lo que no debe extrañar que en las páginas de relatos e historietas asomen también, de pronto, alienígenas monstruosos, fieros calamares gigantes y uno que otro vampiro sediento de caldo humano.
Después de Thomas y los dibujantes Barry Windsor-Smith y John Buscema, el cómic del bárbaro que se convertiría en rey de Aquilonia se nutrió con las plumas y lápices de talentos como Chuck Dixon, Gerry Conway, Mike Doherty, Ernie Chan, Toni de Zúñiga y otra docena de guionistas y dibujantes que animaron las luchas del personaje hasta el año 2000, cuando Marvel decidió cancelar la historieta. Conan fue el precursor del carácter que, hoy día, permea la actitud de cientos de personajes de cómic. Concebido como un antihéroe, el cimmeriano abrió (con veloz espada y hacha certera) las puertas del gusto popular para guerreros como Wolverine, Ghost Rider, Punisher y muchos otros que, decididos, transitan por el papel sin obedecer más leyes que las creadas por ellos.
En 2004, con guiones de Kurt Busiek, la editorial Dark Horse Comics lanzó un nuevo título del bárbaro que, hay que decirlo, ha tenido sus altibajos. Sin embargo, los aficionados de los cómics y la fantasía heroica siempre podrán esperar la llegada de nuevos y mejores dibujantes y escritores (y entonces que Crom comience a contar los muertos) o recurrir a las viejas y numerosas historias del mayor protagonista de la Era Hiboria, la época remota a la que, cuentan Las crónicas nemedias de Robert E. Howard, “llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra”.
Publicado en el número 7 de la revista KY (Agosto de 2009)



