Tag: ky



El arte fantasmagórico de Mark Dean Veca

diciembre 9th, 2009 — 5:02pm
De la serie de pistolas de Mark Dean Veca

De la serie de pistolas de Mark Dean Veca

Empecinados en diseminar colores a lo largo y ancho de todas las grandes ciudades del orbe, los artistas callejeros van por la vida provocando la reacción de sus contemporáneos y obsequiando trazos y formas que, en los casos más logrados, inducen al asombro por medio de múltiples referencias a la cultura popular. Algo similar puede decirse de ilustradores y dibujantes de historietas, algunos de los cuales llevan la perspectiva más allá de cualquier límite y ofrecen a los espectadores, entre viñeta y viñeta, la posibilidad de perderse en universos recónditos regidos por su majestad la línea. De vez en vez llega a este mundo gris algún creador que, brocha o aerosol en mano, entiende que en las bellas artes no todo es mármol y terciopelo y que los cómics y los muros de las metrópolis son una fuente inagotable de recursos estéticos. El estadounidense Mark Dean Veca es uno de ellos. Y da la casualidad de que, por estos días, su obra está de visita en Guadalajara.

Nacido en Louisiana en 1963, Mark Dean Veca creció en California y actualmente vive en Nueva York. Es uno de los artistas que visitaron Guadalajara como parte de la Feria Internacional del Libro, que este año tuvo a la ciudad de Los Ángeles como invitada de honor. Su enorme mural, ubicado en dos salas del Instituto Cultural Cabañas con el título La venganza de la Fantasmagoría, es un derroche de formas sobre un fondo de naranjas y rojos tejidos a partir de un diseño textil del siglo XVIII. Es, además, una secuela de la exposición que el año pasado presentó en la galería Ben Maltz del Colegio Otis de Arte y Diseño, Phantasmagoria, donde Buda, Abe Lincoln, Ganesh y Jesucristo conviven con El pensador, de Rodin, Popeye y la estatuilla de los premios Óscar, entre muchos otros seres descarnados que, rodeados de vísceras, intestinos y globos oculares, son custodiados por una sonriente calavera.

Hombre visceral (y óptico), del artista estadounidense

Hombre visceral (y óptico), del artista estadounidense

Admirador de la obra de José Clemente Orozco, con cuyos murales comparte escenario su propia Fantasmagoría, Mark Dean Veca habla del pintor jalisciense como “un maestro de la escala y las proporciones”, pero también como “un grande de las emociones y las ideas”. Sin embargo, y aunque señala que “es un gran honor y una gran presión” trabajar a unos metros de El hombre de fuego, reconoce que la estética orozquiana está lejos de su estilo. Y es cierto: las influencias del creador estadounidense se hallan en otro lado: en el carácter multicultural y colorido de los graffitis angelinos y en las líneas de los dibujantes que, en los sesenta y setenta del siglo pasado, poblaron historietas underground californianas como Slow Death Funnies, Zap! y Fabulous Furry Freak Brothers. Frente a la obra de Veca, siempre recargada de ojos y contornos negros como la noche, no se puede dejar de pensar en Jim Phillips, el artista skater que, entre muchas otras maravillas, ilustró decenas de patinetas para la marca Santa Cruz y creó la azulada Screaming hand (o, en castilla, La mano gritona).

Pilon, en la expo As Cold As They Come, en la galería Jonathan Levine de NY

Pilon, en la expo As Cold As They Come, en la galería Jonathan Levine de NY

El objetivo del mural creado para las dos salas de exhibiciones temporales del Cabañas, donde permanecerá hasta el 10 de enero de 2010, fue “crear un ambiente que inspire la sorpresa” y dotar a la obra de “un contenido sensual”. Y lo logra ciento por ciento: con la versatilidad del graffiti y la firmeza de la ilustración, Mark Dean Veca se sitúa justo al lado de artistas como Jean-Michel Basquiat o Keith Haring, quienes, desde las trincheras del arte pop, recuperaron el lenguaje de la calle para el abstruso mundo de la alta cultura. “Mi trabajo es parte de mí. Es mi visión del mundo”, explicó el artista en noviembre pasado, cuando llegó a Guadalajara para comenzar con los trabajos de La venganza de la Fantasmagoría. Así, el color en la obra de este creador absorbe los significados que rondan por el imaginario colectivo y -ante todo un dibujante- sus líneas se adentran lo mismo en los puños de Popeye que en la sonrisa de un enano, azul y canábico, sumergido en los abismos de su propia conciencia. O en el David de Miguel Ángel. O en los brazos esfumados de la Venus. O en Dexter, el personaje animado de Genndy Tartakovsky. O en un monstruo de carne. O en un verde cerebro gigante.

* Artículo publicado en la revista KY. Diciembre de 2009

1 comentario » | Disco Roboto, En la Prensa, FIL

Las aventuras sicalípticas de Miel y Giuseppe Bergman

noviembre 9th, 2009 — 1:02pm
Imagen perteneciente al cómic Gulliveriana, de Milo Manara

Imagen perteneciente al cómic Gulliveriana, de Milo Manara

Autor de innumerables obras de cachondismo feroz e inspirador de noches tormentosas para más de un solitario lector de historietas, Milo Manara ha sabido llevar al mundo del cómic la cultura del erotismo y procurar los rubores de sus seguidores a fuerza de labios sensuales y carnosos, curvas pronunciadas y una línea que se adentra en la épica sicalíptica con la misma facilidad que recorre el bullicio surrealista de una historia de aventuras. De El perfume del invisible a El clic y de Gulliveriana a H.P. y Giuseppe Bergman, el dibujante y escritor italiano es el máximo exponente de un noveno arte que, abocado a la carne y los dulcísimos néctares del cuerpo femenino, lleva ya sus buenas cuatro décadas vertiendo, para solaz de millones de calenturientos en todo el orbe, desbordados ánimos vaporosos sobre la hoja en blanco.

Uno de los personajes más socorridos en los cómics de Milo Manara es Miel, una hermosa rubia que, sin tapujos, está dispuesta a complacer —y complacerse— a la menor provocación. Protagonista de Cámara indiscreta, El clic 2 y El perfume del invisible, entre otros títulos, esta delicada —y deliciosa— ninfa no se limita únicamente a los placeres masculinos y, de vez en vez, se entrega, bella tríbade, al reconocimiento sensual de sus congéneres. Como la Barbarella del dibujante francés Jean-Claude Forest o la Jodelle del ilustrador belga Guy Peellaert, Miel constituye para Manara el súmmum de la mujer contemporánea. Y su lápiz la describe, eternamente, con la justicia de aquellos que han logrado imaginar una obra maestra.

Homenaje de Manara a Gustav Klimt

Homenaje de Manara a Gustav Klimt

Pero si Miel es la chica ideal del dibujante nacido en 1945, su álter ego de tinta y papel no es otro que Giuseppe Bergman, el intrépido aprendiz de aventurero que, bajo la tutela del honorable H.P., un buen día decide abandonar las ataduras morales, económicas y sociales para recorrer, a sus anchas, el planeta Tierra y los perturbados universos de la psique y la libido humanas. H.P. no es otro que Hugo Pratt, historietista italiano, autor de Corto Maltés, considerado por Manara como su mentor y su guía. En los periplos africanos, orientales y hasta urbanos del joven Bergman coinciden la magia y el absurdo, el realismo y la caricatura, siempre al servicio de relatos de erotismo y placeres desbocados que enfurecen, constantemente, a un ficticio y endiosado Sigmund Freud.

Contar una buena historia, se sabe, es un arte. Y las de Milo Manara, entre muchas otras virtudes, podrían erizar los vellos menos sensibles de un cadáver. Además del estilo que ha logrado imprimir en sus imágenes —siempre en blanco y negro, siempre sencillas y hechizantes—, el italiano ofrece, en cada entrega, verdaderas obras literarias. Sin embargo, a pesar de escribir y dibujar sus propios materiales, de tanto en tanto ha tenido la visión para trabajar con relatos de otros autores, como el propio Hugo Pratt (Verano indio, El gaucho), el chileno Alejandro Jodorowsky (Los Borgia) o el cineasta italiano Federico Fellini (Viaje a Tulum, El viaje de G. Mastorna, llamado Fernet). Colaboraciones que han redituado en historietas de carácter excepcional.

En El clic, el dibujante explora la relación entre tecnología y libido

En El clic, el dibujante explora la relación entre tecnología y libido

Las obras de Manara no se han quedado sólo en el papel. En 1997, el director francés Francis Nielsen animó, para el cine, El perfume del invisible. Nueve años después, Gastón Gorali y Alberto Stagnaro produjeron la serie City hunters, basada en los diseños del artista italiano, que contó, entre otras plumas, con la del escritor argentino Marcelo Birmajer. Sin embargo, lo mejor del autor de El clic, La metamorfosis de Lucius y Piranesi, el planeta prisión está en las historietas. Y es que, amo del lápiz y la plumilla, Milo Manara ha logrado lo que pocos en la historia de los cómics y del arte en general: hacer coincidir, por medio de sus páginas, los ánimos espirituosos de la alta crítica y del cachondo de a pie. Y bendito sea por eso.

[artículo publicado en la revista KY de noviembre]

2 comentarios » | Disco Roboto

Tres clásicos para los días enfermos

octubre 18th, 2009 — 5:41pm
Una versión del drama pacmanero que circula por la red

Una versión del drama pacmanero que circula por la red

La de los videojuegos es una enfermedad incurable, altamente contagiosa, que suele procurar enormes cantidades de placer a quienes la padecen. Se propaga por medio de la vista y el oído, pero alcanza su máximo grado de peligrosidad una vez que los controles, promiscuos, comienzan a cambiar de manos. Sus síntomas son variados y fáciles de reconocer: temblor en los pulgares, ojo tapatío (brinca o zapatea), predisposición gluteal al asiento y nula capacidad de atención a todo aquello que no ocurra dentro de la pantalla de un televisor. Una vez contraída, y a sabiendas de que la cura es inexistente, lo mejor es dejarse llevar y, si la picazón en los dedos no remite, recurrir, por lo menos una vez a la semana, a cualquiera de los siguientes clásicos.

Hambre amarilla

Inspirado en una pizza a medio comer, Pac-Man combate, una y otra vez desde hace 30 años, a los terribles fantasmas Akabei, Aosuke, Gu-uta y Pinky. El videojuego creado por Toru Iwatani revolucionó lo que, hasta entonces, se había hecho en materia de entretenimiento electrónico y sus seguidores en este planeta nos contamos por millones. Durante 255 pantallas, el héroe amarillo se dedica a ingerir los puntos diseminados a lo largo y ancho de los laberintos y a devorar, de tanto en tanto, alguno de los manjares suculentos que aparecen en su camino: naranjas, manzanas y hasta pretzels.

Además de ser un éxito en el mundo de los videojuegos, Pac-Man es, sin lugar a dudas, uno de los iconos más reconocibles de la cultura popular contemporánea: su rostro ha sido inmortalizado en camisetas y series de televisión, pero algunos de los más grandes homenajes se pueden encontrar en los abismos virtuales de YouTube, con animaciones y cortometrajes creados por los fans. Uno de ellos, titulado simplemente Pac-Man: The Movie, fue dirigido por Stanley Wong y recrea, en un edifico abandonado, y con actores reales, el ansia de los fantasmas acechados por el monstruo amarillo: una joya de principio a fin.

Lo mejor de Pac-Man, sin embargo, está en el juego original de 1979, el mismo que, hoy día, sigue contagiando a millones de personas en todo el orbe.

Vida Tetris

Con 25 años de vida, el videojuego creado por el ruso Alekséi Pázhitnov continúa rompiendo, al son de la balalaika, conexiones neuronales en los cerebros de los gamers. La mecánica del juego consiste en armar líneas a partir de las siete figuras -todas formadas por la unión de cuatro cuadrados- que caen, primero lentamente y más tarde a gran velocidad, hacia la base de la pantalla. Tetris se convirtió en una revolución con la aparición de la consola portátil Game Boy -era el juego oficial incluido- en 1989. Desde entonces, y como en el caso de Pac-Man, ha sido plagiado, copiado y homenajeado cientos de veces.

El colectivo de diseño NOTsoNOISY, bajo la dirección de Guillaume Reymond, ha venido realizando homenajes, desde hace varios años, a diversos videojuegos, entre ellos Tetris, donde las figuras son sustituidas con seres humanos distribuidos en un gran auditorio y el movimiento se simula a partir de la técnica del stop motion. Vale la pena visitar su página y conocerlos. No obstante, a pesar del placer ocasional de estos videos, el enfermo gamer sabe que no hay virus más infeccioso que el de Tetris y que la única manera de aplacar sus síntomas es construir algunos cientos de líneas y esperar, con un hueco enorme en el estómago, el momento en que el cosaco baile, a mitad de la pantalla, para anunciar nuestra victoria al universo.

Champiñones en la cañería

La primera vez que vi correr a Mario por las intrincadas tuberías del reino Champiñón, con aquella musiquita pegajosa acompañando cada uno de sus saltos y coronando cada una de sus victorias, supe de inmediato que pronto me le uniría en su aventura y que la expectativa de vida de los hongos coléricos -que aparecían una y otra vez en la pantalla- descendería dramáticamente una vez que me hiciera con los controles.

El debut del fontanero italiano creado por Shigeru Miyamoto tuvo lugar en 1981, en el videojuego Donkey Kong, donde con el nombre Jumpman se dedicaba a esquivar los barriles lanzados por un simio furioso y a rescatar a la damisela en apuros. Poco después apareció, ya con su nombre definitivo, y en compañía de su hermano Luigi, en Mario Bros., que luego evolucionaría a Super Mario Bros. y tendría muchas otras secuelas para plataformas como Nintendo, SNES, Game Boy y, recientemente, Wii.
Como en los casos de Tetris y Pac-Man, las aventuras de Mario han llegado a la televisión y al cine, pero con poca suerte. Sus mayores glorias están en los videojuegos y tres de ellos se prescriben, sobre todas las cosas, para paliar los picores en el alma gamer: Super Mario Bros. 3 (Nintendo), Super Mario World (SNES) y Super Mario Galaxy (Wii). A final de cuentas todo jugador sensato -es decir, todo enfermo de videojuegos- sabe que, luego de un buen atracón de hongos verdes, no hay cosa más importante en este mundo que terminar, de una vez y siempre, con las maldades infinitas del demente Iggy Koopa.

*Artículo publicado en la revista KY.

1 comentario » | En la Prensa

Roboto en la revista KY

junio 11th, 2009 — 10:01pm

Ya salió la nueva revista KY. Se trata de un número doble (el cuarto y el quinto) y se puede conseguir en el puesto de revistas de Américas y Morelos y, a veces, en ComiCastle (La Paz y Chapultepec). Es gratis. La pide y se la dan sin demasiado albur entretanto. La colaboración habitual de este Disco Roboto, como siempre, acerca de zombies y otras cosas raras del mundillo pop. La ilustración de César Chávez es, simplemente, una delicia. Pegamos la columna acá. Chido.

Ilustramos este post, porque sí, con un cuadro de George Tucker encontrado en la red

Ilustramos, porque sí, con un cuadro de George Tucker encontrado en la red

Por acá se puede hojear la revista en línea.

aaAARRGG!!!

Desde que George A. Romero hizo suyo el género, la huella del cine de zombies en esa ciudad imaginaria denominada cultura pop no ha parado de crecer. La marca se puede rastrear hasta los universos de la música, el cómic y la literatura y hoy recorre, también, los abismos hipervinculados de YouTube. Establecidas por el cineasta estadounidense en La noche de los muertos vivientes –el año pasado fueron muchas las ciudades que celebraron los 40 años de su estreno con caminatas zombies–, las convenciones acerca de los devoradores de sesos se mantienen, en mayor o menor medida, en todas aquellas obras que centran su atención en las plagas apocalípticas. Y siempre hay algo de humor en eso.

Lejos de los azúcares del vampiro, menos peludos que un hombre lobo y sin la elocuencia de un científico demente, la ascensión de los zombies al inconsciente colectivo no ha sido sencilla y finalmente se ha logrado con esa ironía que siempre arrastra, entre vestimentas desgarradas y trozos de carne putrefacta, la imagen de un masa de muertos reanimados cuyo único objetivo –ah, las delicias conceptuales– es alimentarse de sus pares vivos. Así, entre mordiscos constantes y gruñidos ininteligibles, la explotación del carácter colectivo de estos desfachatados personajes ha alcanzado nuevas cimas en la comedia de cintas como Shaun of the dead, dirigida por Edgar Wright, o los libros de Max Brooks –mismísimo hijo de Mel Brooks–: Zombie: Guía de Supervivencia y Guerra Mundial Z.

Zombie is beautiful
Políticamente incorrecta y con grandes dosis de humor, Shaun of the dead (Reino Unido, 2004) es una película escrita por Edgar Wright y Simon Pegg (también protagonista de la historia). El filme parodia lo hecho por George A. Romero y se adentra en el mundo de los zombies entre buena música y carcajadas. A lo largo de 99 minutos, El desesperar de los muertos (traducción cortesía de los editores del DVD en México) cuenta las aventuras de Shaun, patético empleado de una tienda de electrodomésticos que bien pronto afronta el hecho de que el mundo, como si de una canción de Bob Dylan se tratara, está cambiando.

La cinta de Wright y Pegg llegó a las pantallas el mismo año que Dawn of the dead, el excelente remake que Zack Snyder (300, Watchmen) hizo de la película original de Romero estrenada en 1978. Sin embargo, mientras que la segunda constituye una película seria (y que se me perdonen las cursivas) que, como 28 días, discurre una vez más sobre el Apocalipsis zombie, la  primera es, ante todo, una pieza cómica que juega con los lugares comunes del género, uno de los cuáles indica que la mejor forma de acabar con los muertos vivientes es atacar directo a la cabeza. O, como lo recomienda el mercantilizado mundo contemporáneo, convertirlos en mercancía televisiva para el entretenimiento de los que todavía respiran.

Intacto, pero podrido

En el papel, los muertos vivos han tenido a dos de sus máximos defensores en Robert Kirkman y Max Brooks. Con las series The walking dead y Marvel zombies, Kirkman ha dirigido a sus carroñeros por las páginas de las historietas, siempre con una buena mezcla de horror y comedia. Brooks, ex escritor del programa Saturday Night Live, es caso aparte: su libro Guerra Mundial Z (publicado en castellano por la editorial Almuzara) es considerado un clásico del género y ya comenzó su camino hacia la pantalla grande: la cinta será estrenada en 2010, bajo la dirección de Marc Forster (007: Quantum of solace) y con guión del historietista J. Michael Straczynski. Sin embargo, quizás el trabajo más interesante de Brooks es Zombie: Guía de Supervivencia (Editorial Berenice), donde, con actitud paródica, el autor explica detalladamente cómo vivir en un mundo de reanimados y, sobre todo, el método más adecuado en caso de que la humanidad se vea condenada por una plaga andante de comesesos.

A finales de los ochenta, Alaska cantaba su oda a George A. Romero –quien continúa más que activo en el género– con “Mi novio es un zombie”. Hoy, a punto de concluir la primera década del siglo XXI, los muertos siguen entre nosotros, atrapados en las pantallas de las computadoras. El caso más palpable está en YouTube, donde los materiales y el horror abundan. Los mejores trabajos son cortesía de la productora estadounidense Lone Bannana, con tres cortometrajes desopilantes titulados Qué hacer en caso de un ataque zombie y que se pueden localizar fácilmente con cualquier navegador de Internet. Ahí podemos enterarnos, por ejemplo, de que si nuestro mejor amigo, nuestro hermano o nuestra novia babean, gruñen e intentan darnos un severo mordisco la razón es un sola: sus almas ya no están en este mundo. Y aunque los consejos son prácticos, la mejor forma de tratar con un cadáver reanimado la brindan Edgar Wright y Simon Pegg en Shaun of the dead: si un camarada se convierte en zombie no hay por qué eliminarlo: basta con encerrarlo en un cobertizo y siempre tendremos a un buen contrincante para competir en los videojuegos.

1 comentario » | En la Prensa

Ir al inicio de la página