Visión del insigne Daniel Clowes acerca del noveno arte
La literatura y las artes visuales han encontrado en los cómics un paraíso de pulpa impresa del que, una vez dentro, es difìcil escapar. El Sr. Idígoras y elDr. Maligno, adeptos a esa religión llamada noveno arte y férreos opositores de la cosa real, presentan algunos de sus cómics de cabecera y, en el trayecto, visten antiparras oscuras. Un Disco Roboto sobre autores como Alan Moore,Warren Ellis,Daniel Clowesy Charles Burns, entre otros maestros de la pluma o el lápiz, para solaz de todo aquel que, por lo menos una vez, se ha quemado las pestañas con el resplandor de una buena historieta. ¡Arroz!
Una de las muchas y magníficas viñetas de Black Hole
Estoy sumergido en el Black Hole de Charles Burns. El volumen, de unos cinco centímetros de grosor, es un goce de principio a fin. Burns es un gran dibujante, pero en el fondo –y ante todo– es un narrador de primera línea. Si con El Borbah el artista estadounidense dio muestras de un humor terrible y enfermizo –desde gente pequeña malvada hasta amores que se inyectan por vía intravenosa–, con Agujero Negro logró una curva descabella, intelectual y mala leche cuyos efectos son comparables a un buen golpe en la quijada. La novela gráfica comienza, transcurre y culmina en una plaga adolescente que se disemina por medio de las artes amatorias –el Viejo Uno Dos: Anthony Burgess dix it– y produce mutaciones en sus huéspedes: algunas simpáticas, otras terribles.
Autorretrato de Burns (Washington, 1955)
Situada en Seattle a principios de los setenta, Black Hole gira en torno a un grupo de personajes engullidos por la epidemia. Como dibujante, Charles Burns es metódico y minucioso –sus imágenes siempre contrastadas y en cuasi eterno y blanco y negro dan fe–. De su carácter de escritor puede decirse prácticamente lo mismo: cada palabra aparece en el momento exacto y cada párrafo se conecta a la perfección con la imagen. Repleta de sexo y drogas –canábica de euforia–, la novela gráfica transcurre entre los malos viajes de los protagonistas y la distorsión –siempre adecuada– entre realidad y ficción. Una vez dentro, es difícil salir de ahí. Agujero Negro se publicó originalmente entre 1995 y 2004, en Fantagraphics Books, como una serie de doce títulos. En castellano la historia fue publicada, en un solo tomo, por Ediciones La Cúpula. Y eso, en México, significa una cosa: es más simple y barato conseguirla en inglés que en español.
En el video, una entrevista que el sitio italiano de cómics Lo Spazio Bianco realizó, apenas el mes pasado, a Charles Burns. La conversación se realizó en el marco del festival de historietas Bilbolbul, en Bolonia, donde el creador estadounidense fue uno de los invitados de honor. Enjoy.
Más que músculos es grasa, más que inteligencia destila furia y más que interés en resolver casos tiene un gusto implacable por el dinero. Ni siquiera viste bien. El Borbah no es un héroe común -y eso de héroe, ya se verá, no es más que un calificativo sin sentido cuando se habla de este personaje creado por el dibujante y guionista estadunidense Charles Burns.
Charles Burns (Washington, 1955) es uno de los pilares del cómic contemporáneo, sobre todo del no convencional: el mala leche, el absurdo y desviado, el que no se intimida por lo políticamente correcto y consiste en un derroche de sarcasmo, fluidos y mutaciones que, al marcar los cuerpos de sus protagonistas, sólo demuestran lo torcido de sus psiques. Y, en ese escenario, El Borbah tiene algo que decir.
Heredero de autores como Art Spiegelman -quien comenzó a publicar los primeros trabajos de Burns en la revista Raw- y Robert Crumb, el creador de El Borbah trabaja con ilustraciones complejas marcadas por el contraste elemental del blanco y el negro. Siempre dispuesto a mostrar el lado “feo” de las cosas, el dibujante estadounidense ha señalado -en una entrevista con Alejandro Serrano (www.culpableyperdedor.com): “Me resulta bastante irritante toda esa tendencia a ofrecer el lado bonito de las cosas que hay en la sociedad americana, esa obsesión por ocultar las cosas desagradables o que no nos gustan. Intento pervertir esa obsesión por ofrecer esa imagen de normalidad, de no llamar la atención, esa felicidad casi forzada”.
El Borbah apareció por primera vez en la revista Heavy Metal y de inmediato llamó la atención: su traje de luchador, sus tatuajes (una víbora y una calaca), la máscara que deja entrever sus pequeños ojos, la cicatriz que le dejó el disparo de un hamburguesero loco y el eterno cigarrillo en las comisuras de los labios. Ruin, de una gula apoteósica y siempre preocupado en cobrar por sus servicios, el detective nació de la fascinación de Burns por la lucha libre mexicana.
Las mejores historias de El Borbah se reúnen en una novela gráfica editada por Víbora Cómix: “Amor robótico”, “Carne muerta”, “Viviendo en edad de hielo”, “Amor intravenoso” y “Viaje hueso” (cuyo título original, “Bone voyage”, es una muestra más del humor de autor) son un buen pretexto para introducirse en la obra de Charles Burns, de quien recientemente se ha publicado otra obra maestra en castellano: Agujero Negro, que al parecer irá a la pantalla grande en 2010, con guión de Neil Gaiman y la dirección de David Fincher.