
Imagen perteneciente al cómic Gulliveriana, de Milo Manara
Autor de innumerables obras de cachondismo feroz e inspirador de noches tormentosas para más de un solitario lector de historietas, Milo Manara ha sabido llevar al mundo del cómic la cultura del erotismo y procurar los rubores de sus seguidores a fuerza de labios sensuales y carnosos, curvas pronunciadas y una línea que se adentra en la épica sicalíptica con la misma facilidad que recorre el bullicio surrealista de una historia de aventuras. De El perfume del invisible a El clic y de Gulliveriana a H.P. y Giuseppe Bergman, el dibujante y escritor italiano es el máximo exponente de un noveno arte que, abocado a la carne y los dulcísimos néctares del cuerpo femenino, lleva ya sus buenas cuatro décadas vertiendo, para solaz de millones de calenturientos en todo el orbe, desbordados ánimos vaporosos sobre la hoja en blanco.
Uno de los personajes más socorridos en los cómics de Milo Manara es Miel, una hermosa rubia que, sin tapujos, está dispuesta a complacer —y complacerse— a la menor provocación. Protagonista de Cámara indiscreta, El clic 2 y El perfume del invisible, entre otros títulos, esta delicada —y deliciosa— ninfa no se limita únicamente a los placeres masculinos y, de vez en vez, se entrega, bella tríbade, al reconocimiento sensual de sus congéneres. Como la Barbarella del dibujante francés Jean-Claude Forest o la Jodelle del ilustrador belga Guy Peellaert, Miel constituye para Manara el súmmum de la mujer contemporánea. Y su lápiz la describe, eternamente, con la justicia de aquellos que han logrado imaginar una obra maestra.

Homenaje de Manara a Gustav Klimt
Pero si Miel es la chica ideal del dibujante nacido en 1945, su álter ego de tinta y papel no es otro que Giuseppe Bergman, el intrépido aprendiz de aventurero que, bajo la tutela del honorable H.P., un buen día decide abandonar las ataduras morales, económicas y sociales para recorrer, a sus anchas, el planeta Tierra y los perturbados universos de la psique y la libido humanas. H.P. no es otro que Hugo Pratt, historietista italiano, autor de Corto Maltés, considerado por Manara como su mentor y su guía. En los periplos africanos, orientales y hasta urbanos del joven Bergman coinciden la magia y el absurdo, el realismo y la caricatura, siempre al servicio de relatos de erotismo y placeres desbocados que enfurecen, constantemente, a un ficticio y endiosado Sigmund Freud.
Contar una buena historia, se sabe, es un arte. Y las de Milo Manara, entre muchas otras virtudes, podrían erizar los vellos menos sensibles de un cadáver. Además del estilo que ha logrado imprimir en sus imágenes —siempre en blanco y negro, siempre sencillas y hechizantes—, el italiano ofrece, en cada entrega, verdaderas obras literarias. Sin embargo, a pesar de escribir y dibujar sus propios materiales, de tanto en tanto ha tenido la visión para trabajar con relatos de otros autores, como el propio Hugo Pratt (Verano indio, El gaucho), el chileno Alejandro Jodorowsky (Los Borgia) o el cineasta italiano Federico Fellini (Viaje a Tulum, El viaje de G. Mastorna, llamado Fernet). Colaboraciones que han redituado en historietas de carácter excepcional.

En El clic, el dibujante explora la relación entre tecnología y libido
Las obras de Manara no se han quedado sólo en el papel. En 1997, el director francés Francis Nielsen animó, para el cine, El perfume del invisible. Nueve años después, Gastón Gorali y Alberto Stagnaro produjeron la serie City hunters, basada en los diseños del artista italiano, que contó, entre otras plumas, con la del escritor argentino Marcelo Birmajer. Sin embargo, lo mejor del autor de El clic, La metamorfosis de Lucius y Piranesi, el planeta prisión está en las historietas. Y es que, amo del lápiz y la plumilla, Milo Manara ha logrado lo que pocos en la historia de los cómics y del arte en general: hacer coincidir, por medio de sus páginas, los ánimos espirituosos de la alta crítica y del cachondo de a pie. Y bendito sea por eso.
[artículo publicado en la revista KY de noviembre]