Tag: charles burns



Podcast Disco Roboto 13: cómics para rolar

septiembre 8th, 2009 — 2:56pm

Visión del insigne Daniel Clowes acerca del noveno arte

La literatura y las artes visuales han encontrado en los cómics un paraíso de pulpa impresa del que, una vez dentro, es difìcil escapar. El Sr. Idígoras y el Dr. Maligno, adeptos a esa religión llamada noveno arte y férreos opositores de la cosa real, presentan algunos de sus cómics de cabecera y, en el trayecto, visten antiparras oscuras. Un Disco Roboto sobre autores como Alan Moore, Warren Ellis, Daniel Clowes y Charles Burns, entre otros maestros de la pluma o el lápiz, para solaz de todo aquel que, por lo menos una vez, se ha quemado las pestañas con el resplandor de una buena historieta. ¡Arroz!

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El hoyo negro de Charles Burns

mayo 19th, 2009 — 7:09pm
Una de las muchas y magníficas viñetas de Black Hole

Una de las muchas y magníficas viñetas de Black Hole

Estoy sumergido en el Black Hole de Charles Burns. El volumen, de unos cinco centímetros de grosor, es un goce de principio a fin. Burns es un gran dibujante, pero en el fondo –y ante todo– es un narrador de primera línea. Si con El Borbah el artista estadounidense dio muestras de un humor terrible y enfermizo –desde gente pequeña malvada hasta amores que se inyectan por vía intravenosa–, con Agujero Negro logró una curva descabella, intelectual y mala leche cuyos efectos son comparables a un buen golpe en la quijada. La novela gráfica comienza, transcurre y culmina en una plaga adolescente que se disemina por medio de las artes amatorias –el Viejo Uno Dos: Anthony Burgess dix it– y produce mutaciones en sus huéspedes: algunas simpáticas, otras terribles.

Autorretrato de Burns (Washington, 1955)

Autorretrato de Burns (Washington, 1955)

Situada en Seattle a principios de los setenta, Black Hole gira en torno a un grupo de personajes engullidos por la epidemia. Como dibujante, Charles Burns es metódico y minucioso –sus imágenes siempre contrastadas y en cuasi eterno y blanco y negro dan fe–. De su carácter de escritor puede decirse prácticamente lo mismo: cada palabra aparece en el momento exacto y cada párrafo se conecta a la perfección con la imagen. Repleta de sexo y drogas –canábica de euforia–, la novela gráfica transcurre entre los malos viajes de los protagonistas y la distorsión –siempre adecuada– entre realidad y ficción. Una vez dentro, es difícil salir de ahí. Agujero Negro se publicó originalmente entre 1995 y 2004, en Fantagraphics Books, como una serie de doce títulos. En castellano la historia fue publicada, en un solo tomo, por Ediciones La Cúpula. Y eso, en México, significa una cosa: es más simple y barato conseguirla en inglés que en español.

En el video, una entrevista que el sitio italiano de cómics Lo Spazio Bianco realizó, apenas el mes pasado, a Charles Burns. La conversación se realizó en el marco del festival de historietas Bilbolbul, en Bolonia, donde el creador estadounidense fue uno de los invitados de honor. Enjoy.

1 comentario » | Disco Roboto

Apología del cómic

febrero 7th, 2009 — 5:32pm

 

Autorretrato de Charles Burns

Autorretrato de Charles Burns

 

Así como a algunos guionistas y directores de cine no se les escatima el título de dramaturgos, este Disco Roboto es un convencido de que unos cuantos autores de historieta son, también, literatos hechos, derechos y, ¿por qué no?, contrahechos. Alan Moore y Art Spiegelman (ganador del Premio Hugo de ciencia ficción el primero, poseedor de dos Pulitzer el segundo) encabezan una estirpe literaria que ha llevado el noveno arte a un punto de inflexión intelectual del que difícilmente habrá retorno. Y no se trata de una catástrofe.

Cada vez son más los autores que trascienden el término historieta y se asumen como narradores y cronistas del mundo contemporáneo, que no ceden ante lo convencional y se apropian de cualquier género para hacer lo que han hecho los hombres desde que aprendieron a unir consonantes con vocales: contar historias.

Lo dibujantes no se quedan atrás: en las páginas de cómic los placeres son múltiples para el ojo curioso: podemos pasar de un realismo desbordante –en el que conviven la academia y el ánimo persistente por experimentar (sí, en pleno siglo XXI) con la perspectiva– a un paraíso de manchones o situaciones abstractas y la jornada, casi nunca, es agotadora.

Hace quince años, en el prólogo a Hellboy. Semilla de destrucción (serie de Mike Mignola y John Byrne que llegó a México en 2004, de las manos de Editorial Vid), el terrorífico Robert Bloch escribió, poco antes de morir: “Hay indicios de que dibujantes, argumentistas y editores talentosos han empezado a sobrepasar la etiqueta de arte pop. Como no están satisfechos con una mezcla interminable (y a menudo irracional) de elementos, han  tratado de alcanzar conceptos más amplios y métodos más osados para llegar a un público más adulto. En pocas palabras, formas nuevas de narrar viejas historias”.

Lo que hace tres lustros entrevió Bloch es, hoy, una realidad que se puede comprobar fácilmente en cualquier título de Charles Burns, Daniel Clowes, Frank Miller, Alex Ross, Bryan Hitch, Warren Ellis o Steve McNiven, por mencionar a unos pocos. Con ellos, y con muchos otros, el cómic contemporáneo se ha constituido en un universo fascinante que vale la pena explorar: ahí, entre la letra y el trazo, las alternativas son, siempre, infinitas.

Nota: artículo publicado hoy, sábado 7 de febrero, en el diario Público-Milenio.

Comentario » | Disco Roboto, En la Prensa

El Borbah

diciembre 21st, 2008 — 2:58pm
El Borbah

Más que músculos es grasa, más que inteligencia destila furia y más que interés en resolver casos tiene un gusto implacable por el dinero. Ni siquiera viste bien. El Borbah no es un héroe común -y eso de héroe, ya se verá, no es más que un calificativo sin sentido cuando se habla de este personaje creado por el dibujante y guionista estadunidense Charles Burns.

Charles Burns (Washington, 1955) es uno de los pilares del cómic contemporáneo, sobre todo del no convencional: el mala leche, el absurdo y desviado, el que no se intimida por lo políticamente correcto y consiste en un derroche de sarcasmo, fluidos y mutaciones que, al marcar los cuerpos de sus protagonistas, sólo demuestran lo torcido de sus psiques. Y, en ese escenario, El Borbah tiene algo que decir.

Heredero de autores como Art Spiegelman -quien comenzó a publicar los primeros trabajos de Burns en la revista Raw- y Robert Crumb, el creador de El Borbah trabaja con ilustraciones complejas marcadas por el contraste elemental del blanco y el negro. Siempre dispuesto a mostrar el lado “feo” de las cosas, el dibujante estadounidense ha señalado -en una entrevista con Alejandro Serrano (www.culpableyperdedor.com): “Me resulta bastante irritante toda esa tendencia a ofrecer el lado bonito de las cosas que hay en la sociedad americana, esa obsesión por ocultar las cosas desagradables o que no nos gustan. Intento pervertir esa obsesión por ofrecer esa imagen de normalidad, de no llamar la atención, esa felicidad casi forzada”.

El Borbah apareció por primera vez en la revista Heavy Metal y de inmediato llamó la atención: su traje de luchador, sus tatuajes (una víbora y una calaca), la máscara que deja entrever sus pequeños ojos, la cicatriz que le dejó el disparo de un hamburguesero loco y el eterno cigarrillo en las comisuras de los labios. Ruin, de una gula apoteósica y siempre preocupado en cobrar por sus servicios, el detective nació de la fascinación de Burns por la lucha libre mexicana.

Las mejores historias de El Borbah se reúnen en una novela gráfica editada por Víbora Cómix: “Amor robótico”, “Carne muerta”, “Viviendo en edad de hielo”, “Amor intravenoso” y “Viaje hueso” (cuyo título original, “Bone voyage”, es una muestra más del humor de autor) son un buen pretexto para introducirse en la obra de Charles Burns, de quien recientemente se ha publicado otra obra maestra en castellano: Agujero Negro, que al parecer irá a la pantalla grande en 2010, con guión de Neil Gaiman y la dirección de David Fincher.

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