Ninguna castración interna del hombre ni tampoco del
mundo externo. Ni castración espiritual ni castración social.
Vicente Huidobro. 1931
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Terrorismo visual en López Cotilla y Federalismo
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Stickers en la Estación Mexicaltzingo del Tren Ligero
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Homie del crew VRS, en Federalismo y Nuevo León
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Un graffiti de Seak (www.seakone.com) en La Paz y Federalismo
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Esténcil de aires prehispánicos. Parque Revolución, en Federalismo y Juárez
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Polly. Esténcil en Federalismo y Domingo de Alzola
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Mural paleto, con sus respectivos autores
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Osito Pastillosito. Sticker en Madero y Federalismo
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Stickers en un semáforo (Federalismo e Hidalgo)
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Esténcil en gasolinera de Pedro Moreno y Federalismo
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Detalle del esténcil en Pedro Moreno y Federalismo
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Mural en una gasolinera de Federalismo y Pedro Moreno (VRS)
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Mural en Federalismo y Hospital, con la firma Doner
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Un buen muro en Federalismo y Tamaulipas
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Chica en San Juan de Ulúa y Federalismo
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Mural en Federalismo y Mexicalzingo
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Otro mural con la firma Doner, en Federalismo y Manuel Acuña
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Mono en el triángulo de Mezquitán, Federalismo y Fidel Velázquez
La bicicleta de Banksy
Banksy, quizás el artista urbano más conocido -por su trabajo- en todo el orbe, acuñó su manifiesto a partir de unas cuantas palabras del comediante estadounidense Emo Phillips: “Cuando era niño solía rezar todas las noches por una nueva bicicleta. Luego entendí que Dios no obra de esa manera: así que robé una y oré por el perdón”. Como principio de acción, la anécdota utilizada por el creador británico -Robert (o Robin) Cunningham para algunos; Robin (o Robert) Banks para otros: nadie lo sabe a ciencia cierta- funciona, por extensión, para las piezas que realizan, a lo largo y ancho del planeta, quienes no se conforman con las galerías y museos y salen a las calles, generosos, para obsequiar su talento. O, como comprendió Emo Phillips en su infancia, para hurtar sus propias bicicletas.
El deterioro y el color
En medio de las acciones bélicas de Israel en Gaza hubo quienes ofrecieron recorridos a turistas y reporteros para conocer las obras de Banksy en territorio palestino. Y si Palestina es un territorio al límite donde el graffiti y el esténcil florecen en los muros que aún se mantienen en pie, la razón es una sola: allí donde el deterioro, el abandono y las acciones del hombre corroen la vida cotidiana -edificios incluidos-, siempre habrá un artista que aporte color y se pronuncie, política y estéticamente, al respecto. No es necesario, por supuesto, que una ciudad se caiga a pedazos para encontrar, en ella, piezas excepcionales de arte urbano. Tampoco se requiere ser Banksy para llevar la creación a las calles. En Guadalajara, para no ir demasiado lejos, deambulan -muchas veces en el anonimato- decenas de creadores cuyas obras son un regalo para el ojo atento.
Sreet art. Galería Federalismo
Un ejercicio simple, tan básico como recorrer, de principio a fin, la calzada del Federalismo, desde el Periférico Norte hasta avenida Washington, sirve para entender un poco acerca del movimiento de arte urbano en Guadalajara. Del trabajo de los colectivos locales VRS y Eyos al graffiti del artista alemán Claus Winkler, más conocido como Seak, la arteria vial es una galería en la que el street art se fortalece con una visión global del mundo: stickers, esténciles y, sobre todo, mucho aerosol, se adhieren a los muros, los semáforos, las señales de tránsito y hasta las estaciones del Tren Ligero. Los temas y la calidad varían, pero el conjunto es impresionante y colorido: mientras algunos, simplemente, reproducen los logotipos de sus grupos musicales o productos favoritos -lo alternativo como mercancía, ni modo-, otros se lanzan a la calle con una visión propia, con imágenes que reúnen fuerza visual y se tiñen del ambiente social de la época.
El nuevo imaginario global
Un punto de vista, una sensación, un insecto cyberpunk. Paletas que conviven, sonrientes, junto al nombre de una dama: “Berta”. Una chica de ojos verdísimos y otra, taciturna, en una gasolinera. Un oso empastillado y el ácido gesto que trasluce de un paisaje nevado, quizás una palabra, en la que flotan esferas minuciosas. Muchas, pero muchas, calcomanías. El sticker se apropia, sobre todo, de la ciudad vial, reinventa sus signos y confiere una personalidad única a la avenida. Otras pegatinas, más elaboradas y que integran el arte del aerosol y el esténcil, disparan su contenido político con la simple combinación de blancos, negros y rojos: “Terrorismo visual”. El nuevo imaginario de Guadalajara, del mundo, no parece estar en los museos ni en las galerías, sino en las calles. Y sus artistas, como quiso el poeta chileno Vicente Huidobro, entienden el aspecto eléctrico de la creación. Como si una simple calca, un esténcil o un elaborado graffiti gritaran, desde la imagen -como respuesta anticipada a quienes sólo ven vandalismo en el street art-: “Ni castración espiritual ni castración social”. Y así, la ciudad vive y los niños ya no tienen que orar por bicicletas.