El calabozo del Dr. Maligno contó con invitados de honor para su excreción número 15: los organizadores de la Segunda Marcha Zombie en Guadalajara, que este sábado 31 de octubre partirá de la Rambla Cataluña (Juárez y Escorza), a las ocho de la noche, con rumbo a Chapultepec, en busca de cerebros frescos para devorar. Víctor Sprint Nova, Gillboy y Don Diablo explican los pormenores del recorrido y, de paso, ilustran al respetable acerca del género de los comesesos. Y también, por supuesto, tenemos sorpresas. Además del podcast, contamos con el video completo de la entrevista. Así que a preparar el maquillaje, a practicar el caminadito zombie y a escuchar y ver el Disco Roboto. Así sea.
Este viernes, a las 20:00 horas, da clic en la imagen y síguenos en vivo (o en zombie)
No está vivo, es inmoral y quiere tu cerebro. En una ciudad infestada por zancudos infectos y verdes gripes cochinotas, Disco Roboto vuelve al mundo cruel para celebrar, junto con sus hermanos no muertos, la Segunda Marcha Zombie en Guadalajara. Este viernes 30 de octubre, a las 20:00 horas, transmitiremos por Ustream la grabación de nuestro podcast número 15, con dos invitados de honor, Víctor Sprint Novay Gillboy, organizadores del paseo nocturno que, en honor a nuestros comesesos favoritos, se realizará este sábado partiendo de la Rambla Cataluña. La Zombisfera esté con ustedes (y con nosotros). Enjoy.
El trabajo —afirmaba Germán Genaro Cipriano Gómez Valdez Castillo (aquel sabio que se hizo famoso con el mote de Tin-Tán)— es tan malo que hasta pagan por hacerlo. La verdad, más que triste, es tristísima. Así que, si estuviera obligado a obtener dinero por medio de alguna profesión, yo quisiera ser como el profesor Eusebio Filigranati. Pero, ¿quién es el tal Filigranati? En primer término, es el álter ego del narrador argentino Alberto Laiseca, pero su colega y paisano, Ricardo Piglia, tiene una respuesta más convincente: “Es una suerte de Philip K. Dick rioplatense, uno de los pocos novelistas argentinos que está un paso adelante de los delirios y las maquinaciones siniestras del Estado”.
Filigranati es hijo de un médico, hermano de una puta, amante de una “vámpira” gorda, constructor de robots, gourmet de terribles exquisiteces, maestro de un grupo de mafiosos chinos, escritor e ingeniero. También es personaje de novela y a la menor provocación se regodea en su condición de inexistencia —algo similar hace su autor, Alberto Laiseca (Argentina, 1941), quien no teme inmiscuirse en la narración o figurar como uno de los autores predilectos del gran Filigranati.
La narrativa de Laiseca es la del delirio. El autor de Poemas chinos, el libro de ensayos Por favor, plágienme y los volúmenes de cuentos Matando enanos a garrotazos y El gusano de la vida misma no le teme a la incorrección política e incluso la desafía. Las nociones de normalidad no son, tampoco, obstáculo para el derrotero de sus personajes. En Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati (Interzona, 2003), el autor argentino hace que su protagonista viaje en el tiempo —merced a una especie de hechizo que se activa cuando solicita la hora: “Son las veinte horas y veinte mil minutos”— y que, de un capítulo a otro, pase de pobre a rico sin que medie explicación.
Las explicaciones, hay que decirlo, no son necesarias con Alberto Laiseca, quien, por increíble que parezca, se reseña en la contraportada de su libro: en Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati, dice, “no falta la ternura y el incesto, la rapsodia del padre serial (como los asesinos), la amistad inquebrantable, viajes a Francia y Egipto, simpatiquísimos sabios locos, alianzas patológicas, deliciosas perversiones polimorfas y muchas tetas pendulantes”. Y hay que confiar en sus recomendaciones.
*En el video, Laiseca narra La gallina degollada, de Horacio Quiroga.
Una versión del drama pacmanero que circula por la red
La de los videojuegos es una enfermedad incurable, altamente contagiosa, que suele procurar enormes cantidades de placer a quienes la padecen. Se propaga por medio de la vista y el oído, pero alcanza su máximo grado de peligrosidad una vez que los controles, promiscuos, comienzan a cambiar de manos. Sus síntomas son variados y fáciles de reconocer: temblor en los pulgares, ojo tapatío (brinca o zapatea), predisposición gluteal al asiento y nula capacidad de atención a todo aquello que no ocurra dentro de la pantalla de un televisor. Una vez contraída, y a sabiendas de que la cura es inexistente, lo mejor es dejarse llevar y, si la picazón en los dedos no remite, recurrir, por lo menos una vez a la semana, a cualquiera de los siguientes clásicos.
Hambre amarilla
Inspirado en una pizza a medio comer, Pac-Man combate, una y otra vez desde hace 30 años, a los terribles fantasmas Akabei, Aosuke, Gu-uta y Pinky. El videojuego creado por Toru Iwatani revolucionó lo que, hasta entonces, se había hecho en materia de entretenimiento electrónico y sus seguidores en este planeta nos contamos por millones. Durante 255 pantallas, el héroe amarillo se dedica a ingerir los puntos diseminados a lo largo y ancho de los laberintos y a devorar, de tanto en tanto, alguno de los manjares suculentos que aparecen en su camino: naranjas, manzanas y hasta pretzels.
Además de ser un éxito en el mundo de los videojuegos, Pac-Man es, sin lugar a dudas, uno de los iconos más reconocibles de la cultura popular contemporánea: su rostro ha sido inmortalizado en camisetas y series de televisión, pero algunos de los más grandes homenajes se pueden encontrar en los abismos virtuales de YouTube, con animaciones y cortometrajes creados por los fans. Uno de ellos, titulado simplemente Pac-Man: The Movie, fue dirigido por Stanley Wong y recrea, en un edifico abandonado, y con actores reales, el ansia de los fantasmas acechados por el monstruo amarillo: una joya de principio a fin.
Lo mejor de Pac-Man, sin embargo, está en el juego original de 1979, el mismo que, hoy día, sigue contagiando a millones de personas en todo el orbe.
Vida Tetris
Con 25 años de vida, el videojuego creado por el ruso Alekséi Pázhitnov continúa rompiendo, al son de la balalaika, conexiones neuronales en los cerebros de los gamers. La mecánica del juego consiste en armar líneas a partir de las siete figuras -todas formadas por la unión de cuatro cuadrados- que caen, primero lentamente y más tarde a gran velocidad, hacia la base de la pantalla. Tetris se convirtió en una revolución con la aparición de la consola portátil Game Boy -era el juego oficial incluido- en 1989. Desde entonces, y como en el caso de Pac-Man, ha sido plagiado, copiado y homenajeado cientos de veces.
El colectivo de diseño NOTsoNOISY, bajo la dirección de Guillaume Reymond, ha venido realizando homenajes, desde hace varios años, a diversos videojuegos, entre ellos Tetris, donde las figuras son sustituidas con seres humanos distribuidos en un gran auditorio y el movimiento se simula a partir de la técnica del stop motion. Vale la pena visitar su página y conocerlos. No obstante, a pesar del placer ocasional de estos videos, el enfermo gamer sabe que no hay virus más infeccioso que el de Tetris y que la única manera de aplacar sus síntomas es construir algunos cientos de líneas y esperar, con un hueco enorme en el estómago, el momento en que el cosaco baile, a mitad de la pantalla, para anunciar nuestra victoria al universo.
Champiñones en la cañería
La primera vez que vi correr a Mario por las intrincadas tuberías del reino Champiñón, con aquella musiquita pegajosa acompañando cada uno de sus saltos y coronando cada una de sus victorias, supe de inmediato que pronto me le uniría en su aventura y que la expectativa de vida de los hongos coléricos -que aparecían una y otra vez en la pantalla- descendería dramáticamente una vez que me hiciera con los controles.
El debut del fontanero italiano creado por Shigeru Miyamoto tuvo lugar en 1981, en el videojuego Donkey Kong, donde con el nombre Jumpman se dedicaba a esquivar los barriles lanzados por un simio furioso y a rescatar a la damisela en apuros. Poco después apareció, ya con su nombre definitivo, y en compañía de su hermano Luigi, en Mario Bros., que luego evolucionaría a Super Mario Bros. y tendría muchas otras secuelas para plataformas como Nintendo, SNES, Game Boy y, recientemente, Wii.
Como en los casos de Tetris y Pac-Man, las aventuras de Mario han llegado a la televisión y al cine, pero con poca suerte. Sus mayores glorias están en los videojuegos y tres de ellos se prescriben, sobre todas las cosas, para paliar los picores en el alma gamer: Super Mario Bros. 3 (Nintendo), Super Mario World (SNES) y Super Mario Galaxy (Wii). A final de cuentas todo jugador sensato -es decir, todo enfermo de videojuegos- sabe que, luego de un buen atracón de hongos verdes, no hay cosa más importante en este mundo que terminar, de una vez y siempre, con las maldades infinitas del demente Iggy Koopa.