El complot mongol
En el ámbito de la historieta mexicana no son pocos los títulos que, tarde o temprano, encallan. Ya sea por guiones poco sólidos o por lo endeble del dibujo, algunos títulos no sobreviven al primer vistazo de los lectores. No es el caso de El complot mongol, cuyo único tomo -sólo se publicó uno de cuatro programados- goza de cabal salud en ambos aspectos. La adaptación de la novela de Rafael Bernal (1915-1972), apadrinada por Paco Ignacio Taibo II, fracasó porque, al final, los derechos del libro no fueron cedidos a Editorial Vid.
El primer tomo, publicado hace nueve años, se puede conseguir todavía en las tiendas de la editorial y en convenciones de cómic. El guión de la historieta es de Luis Humberto Crosthwaite y los dibujos de Ricardo Peláez. Los textos sobre Rafael Bernal corresponden a Paco Ignacio Taibo II y, para decirlo pronto, es un título que no puede faltar en los libreros de los aficionados al cómic.
“Para mí que en cualquier país los muertos son iguales”. Son la primeras palabras del protagonista, Filiberto García, en la historieta. El mérito de Luis Humberto Crosthwaite como guionista es que tradujo, con eficacia, el contenido del libro al cómic. Y tuvo éxito porque la novela de Rafael Bernal, publicada originalmente en 1969, tiene una estructura narrativa que permite su adaptación tanto al cine como al noveno arte.
En la novela, la narración corre por cuenta del propio Filiberto García y un narrador no identificado, cuyas voces suelen confundirse, en ocasiones, hasta dentro de un solo párrafo. Así, lo que en el libro dice en cronista omnisciente fue sustituido por las imágenes de Peláez en el cómic, mientras que la voz cantante, la del policía García, lleva el hilo de la historia con los parlamentos originales de Bernal.
Los dibujos de Peláez, por otro lado, recuerdan a títulos de la época de oro de la historieta estadunidense, sobre todo a los trabajos publicados por Detective Comics (de donde surgieron Batman y otros encapuchados). El diseño de las viñetas es más dinámico y cercano al cine. La combinación funciona y, en el tomo único, imágenes, texto y diseño llevan al lector por los dos primeros capítulos del libro. La cancelación de la serie es, en pocas palabras, una lástima. Parafraseando a Filiberto García, para mí que en cualquier país la cancelación de un cómic es igual. Siempre deja un mal sabor de boca. Se rumora que un gran consorcio editorial publicará, en un solo tomo, toda la historieta. Un rumor que sabe a pastilla de menta para los amantes del cómic y la literatura.
























