Archivo de Diciembre 2008


La Quadrophenia de Dave Gibbons

Diciembre 30th, 2008 — 2:04pm
The Originals

The Originals

Hace un par de años, la revista Time eligió las mejores cien novelas publicadas entre 1923 y 2006. Sólo una de ellas era gráfica: Watchmen, un cómic escrito por Alan Moore y dibujado por Dave Gibbons. Publicado en 1986 —el mismo año que otra obra cumbre de la historieta: El regreso del señor de la noche, de Frank Miller—, el volumen se ha convertido en una sombra para el artista británico nacido en 1949.

En una analogía roquera, Dave Gibbons ha dicho que Watchmen “es el disco que siempre tienes que tocar”. Más allá de su relación de trabajo con Moore, el dibujante británico es autor de una obra propia que recrea sus recuerdos de juventud en el decenio de los sesenta: The Originals. En la novela gráfica, paradójicamente, el autor apuesta por una visión futurista de su pasado.

The Originals (Planeta DeAgostini, 2005) recrea el conflicto entre mods y rockers que el grupo The Who y el director Franc Roddam inmortalizaron en la película Quadrophenia (1979). El mod es un apasionado de las pastillas, de la moda y las motonetas Vespa. Los rockers, en cambio, viajan en choppers y utilizan chamarras negras de piel y botas altas. Las peleas son constantes y Jimmy, el protagonista, se debate entre las cuatro personalidades de los Who.

La visión de Gibbons se sitúa en un futuro (¿lejano, cercano?) en el que los vehículos (motonetas o choppers) no usan llantas y flotan a toda velocidad sobre el asfalto. Los mods, aquí, son sustituidos por los originals y los rockers se llaman guarros. La dinámica es la misma.

El argumento se centra en Lel y Bok, quienes darían la vida con tal de convertirse en originals. Los mods del futuro usan enormes gabanes y cascos metálicos como cazuelas. Chicos y chicas visten trajes llamativos en los que privan los diseños ajedrazados o en franjas. Dave Gibbons, por supuesto, optó por un riguroso blanco y negro que suple el recuerdo de The Who con el presente de bandas como Franz Ferdinand y The Hives.

Las similitudes de la novela gráfica de Gibbons con Quadrophenia son evidentes. Sin embargo, el creador británico logra una historia consistente y bien dibujada que tiene una de sus cimas cuando los protagonistas —en un viaje barbitúrico de cebras— se fragmentan y contrastan. El artista seguirá cargando con el peso de Watchmen, pero The Originals le abre un lugar en la lista de los mejores cómics de todos los tiempos.

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El maestro Chuck

Diciembre 27th, 2008 — 4:55pm

Chuck Jones es, junto con Tex Avery, un referente en la historia de la animación. Así de simple. Aunque su trabajo más reconocido es con el desternillante Bugs Bunny (labor por la que la humanidad toda debería agradecerle), don Chuck realizó otras grandes obras que, un tanto más cerebrales, erigieron un estilo propio que lo desmarcó, para siempre, de su colega Tex. Pero basta de palabrería. Hoy es sábado de dibujos animados. El primer corto de Jones que encontramos en YouTube se titula Now Hear This y fue estrenado en 1962. El segundo, The Dot and the Line, es una adaptación del libro homónimo de Norton Juster que fue emitida en 1965. De lo mejor que hay. Y, otra vez, así de simple.

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Requiescat in Felis Pace

Diciembre 25th, 2008 — 7:49pm
Eartha Kitt en el papel de Gatúbela. ¡Miaaaau!

Eartha Kitt en el papel de Gatúbela. ¡Miaaaau!

Hoy, jueves 25 de diciembre de 2008, murió Eartha Kitt, cantante y actriz estadunidense que en este metálico espacio geek será recordada, siempre, como la Gatúbela que, allá en los sesenta del siglo pasado, sustituyó a Julie Newmar en la versión televisa de Batman. El Dr. Maligo opina que Julie Newmar fue una Catwoman dedicada, pero doña Kitt le dio un toque eróticon y sexoso al papel que vivirá, para siempre, entre las apretadas mallas del personaje. Eartha Kitt, actriz y cantante, dueña de las líquidas noches sesenteras de los ñoños, maúlla cachonda junto al Enorme Gato Celeste. Requiescat in Felis Pace.

PD. También murió, caray, Harold Pinter.

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Tome Pin y haga Pum

Diciembre 24th, 2008 — 2:21pm

Ni la Metrópolis de Supermán ni la Nueva York del Hombre Araña —vamos, ni siquiera la Basin (Sin) City de Frank Miller— tienen el encanto de esa enorme y desopilante ciudad, ubicada en algún lugar imaginario de Chile, llamada Pelotillehue. Amén de Mafalda y sus perennes aventuras, no hay en América Latina una historieta más difundida que la del pajarraco Condorito. Sólo en la urbe imaginaria de Pepo (René Ríos Boettiger, fallecido hace ocho años), los refrescos y los productos de limpieza se anuncian con publicidades exóticas: “Tome Pin y haga Pum”, “Jabón Sussio. ¡No lava!”.

La primera historieta de Condorito fue publicada en 1949 y su llegada a los puestos de revistas no se vio interrumpida ni con la muerte del dibujante chileno, en julio de 2000.  Fuente inagotable de apodos para amigos y enemigos, los personajes de Pepo han logrado capturar la atención de 82 millones de lectores, cada año, en América Latina.

La leyenda de la creación de Condorito cuenta que, un buen día, René Ríos Boettiger vio una caricatura de Walt Disney y estalló en cólera. Chile, su país, era representado por Pedro, una pequeña avioneta bimotor a la que los Andes le quedaban, valga el ripio, grandes. El enojo del dibujante dio paso a la creatividad y nació un personaje de historieta a partir de la figura del cóndor.

La nómina de amigos del pajarraco —como lo llama su gran enemigo, Pepe Cortisona— es amplia: Huevoduro, Tomate, Ungenio, el borrachín Garganta de Lata, el compadre Chuma y la escultural Yayita. Ni hablar del greñudo Pelos de Ángel, el sobrino Coné y el buen perro Washington (creado como burla al mayor Washington Quezada y, de ahí, los graffitis pelotillehuenses: “Muera el Roto Quezada” y “Hoy fusilan al Roto Quezada”). En Caricaturas de ayer y hoy, de Luisa Ulibarri, René Ríos Boettiger declaró: “Yo creo que el mérito que tiene Condorito es no meterse nunca en política, y en ser bien chileno”.

Además de chileno, Condorito es hoy por hoy uno de los más grandes personajes latinoamericanos. Los cazadores de rarezas pueden encontrar, en la Internet, con una simple búsqueda, la historieta original de 1949. Siempre en sandalias, el pajarraco ilustre de Pelotillehue —¡reflauta!— sobrevive a su creador. Su popularidad continúa y no parece detenerse. Si hay una certeza en el mundo del cómic es que, al final de cada chiste, el personaje de Pepo exigirá una explicación o, si no hay de otra, sufrirá un desmayo onomatopéyico: ¡Plop!

PD. El video tomado de YouTube muestra una parte de la serie que se transmitió allá por los ochenta. Este Disco Roboto sigue la filosofía del pelotillehuense El Hocicón. Diario Pobre pero Honrado y proclama la llegada de 2009 con los mejores deseos para todo aquel que se dé una vuelta por sus páginas virtuales. Sea feliz y, como el Disco Roboto, brinde en estas fiestas con Pin. Después haga Pum.

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El Borbah

Diciembre 21st, 2008 — 2:58pm
El Borbah

Más que músculos es grasa, más que inteligencia destila furia y más que interés en resolver casos tiene un gusto implacable por el dinero. Ni siquiera viste bien. El Borbah no es un héroe común -y eso de héroe, ya se verá, no es más que un calificativo sin sentido cuando se habla de este personaje creado por el dibujante y guionista estadunidense Charles Burns.

Charles Burns (Washington, 1955) es uno de los pilares del cómic contemporáneo, sobre todo del no convencional: el mala leche, el absurdo y desviado, el que no se intimida por lo políticamente correcto y consiste en un derroche de sarcasmo, fluidos y mutaciones que, al marcar los cuerpos de sus protagonistas, sólo demuestran lo torcido de sus psiques. Y, en ese escenario, El Borbah tiene algo que decir.

Heredero de autores como Art Spiegelman -quien comenzó a publicar los primeros trabajos de Burns en la revista Raw- y Robert Crumb, el creador de El Borbah trabaja con ilustraciones complejas marcadas por el contraste elemental del blanco y el negro. Siempre dispuesto a mostrar el lado “feo” de las cosas, el dibujante estadounidense ha señalado -en una entrevista con Alejandro Serrano (www.culpableyperdedor.com): “Me resulta bastante irritante toda esa tendencia a ofrecer el lado bonito de las cosas que hay en la sociedad americana, esa obsesión por ocultar las cosas desagradables o que no nos gustan. Intento pervertir esa obsesión por ofrecer esa imagen de normalidad, de no llamar la atención, esa felicidad casi forzada”.

El Borbah apareció por primera vez en la revista Heavy Metal y de inmediato llamó la atención: su traje de luchador, sus tatuajes (una víbora y una calaca), la máscara que deja entrever sus pequeños ojos, la cicatriz que le dejó el disparo de un hamburguesero loco y el eterno cigarrillo en las comisuras de los labios. Ruin, de una gula apoteósica y siempre preocupado en cobrar por sus servicios, el detective nació de la fascinación de Burns por la lucha libre mexicana.

Las mejores historias de El Borbah se reúnen en una novela gráfica editada por Víbora Cómix: “Amor robótico”, “Carne muerta”, “Viviendo en edad de hielo”, “Amor intravenoso” y “Viaje hueso” (cuyo título original, “Bone voyage”, es una muestra más del humor de autor) son un buen pretexto para introducirse en la obra de Charles Burns, de quien recientemente se ha publicado otra obra maestra en castellano: Agujero Negro, que al parecer irá a la pantalla grande en 2010, con guión de Neil Gaiman y la dirección de David Fincher.

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