Éste es el texto que leyó la reportera Vanesa Robles durante la entrega del Premio Jalisco de Periodismo 2008, ayer en el paraninfo Enrique Díaz de León.
No me permitieron publicarlo en el medio de comunicación donde trabajo, porque “le falta abordar el tema con mayor complejidad”. Lo entiendo, hay más factores que influyen en la producción cotidiana de los medios de comunicación y no es sólo el poder de ciertos grupos de poder que influyen en el mercado.
Finalmente, los medios de comunicación aspiramos a vivir de la publicidad. Y a veces se forman juegos perversos con el anunciante. Hay muchos jugadores en la cancha y uno de ellos es la percepción. Así es como Vanesa Robles percibe parte del problema y yo coincido plenamente.
Por eso lo posteo: porque a pesar de no ser abordado desde una perspectiva “más amplia”, el texto de 1,490 palabras muestra uno de los factores que trabajan en detrimento de los medios de comunicación, la información, el trabajo de los reporteros y la credibilidad de los medios.
Felicidades, Vanesa. Si las cosas tienen que ser así, hay que plantearse en serio para qué hacemos periodismo. Felicidades por tu premio.
El que paga manda
El origen de este premio es una pésima noticia: la intoxicación con arsénico de Miguel Ángel López Rocha, de ocho años, que habitaba en las márgenes del río Santiago.
Así, cada diciembre este lugar es la sede de la paradoja: la celebración de algunas de las malas y las peores noticias del año. El retrato de la desigualdad, la injusticia, la violencia.
Esta mañana las noticias tampoco son buenas.
En mis más de quince años de carrera, jamás vi una batalla tan feroz entre los medios de comunicación. Esta guerra no pretende ganar la mejor noticia, el reportaje mejor investigado, la crónica mejor escrita.
La batalla es por tener al mejor anunciante, y la publicidad más jugosa se paga con los impuestos de los ciudadanos.
El que paga manda y aunque el dinero es nuestro, mandan quienes lo administran: las instituciones del Estado.
Todos los días, la libertad se vuelve presa de la publicidad; es chantajeada y, en algunos casos, chantajea.
Resulta que nuestro trabajo cotidiano, permanencia y sueldos dependen de que el señor funcionario no esté molesto con la información de ese día.
¿Qué vamos a hacer? No lo sé. La respuesta nos pertenece a todos los que estamos aquí.
Por lo pronto, ofrezco este reconocimiento a los reporteros, editores y directores que han mantenido la verdad al margen de la publicidad.
Agradezco a todos los que han disfrutado y se han dolido junto a mí de éste y otros dilemas del mejor oficio del mundo.
Gracias: Camila, Mauricio, Edna, Iliana, Lucero, Jesús, Hortensia.