Ésta es la verdadera revolución: la de los usuarios trabajando para los propios usuarios, sin ánimos de lucro, ya sea en la construcción de aplicaciones tecnológicas como en la elaboración de contenidos. Las formas de financiamiento, el modelo de negocio, está soportado principalmente por las contribuciones directas a los desarrolladores. Es el caso de Wikipedia, que para 2009 recibió seis millones de dólares para sus actividades.
La Policía Nacional francesa comenzó el programa en 2004 y en poco tiempo vio resultados en sus finanzas. El teniente coronel Guimard anunció que se planea culminar la migración a software libre en seis años.
En 2008 se produjo un avance importante para las aplicaciones open source, cuando distintos productores de computadoras empezaron a vender sus equipos sin el estandarizado Windows: la cosa era que el comprador decidiera qué sistema operativo emplear y cuánto estaba dispuesto a pagar por él.
Otro caso es el de Google, que mantiene el paquete de oficina Apps (con aplicaciones similares a Word, Excel, Outlook) para internet. Apps cuesta 50 dólares por usuario al año contra los 350 de Windows. En México, le dijo Jorge Molina, gerente de Soluciones Empresariales de Google México a Expansión, catorce empresas ya migraron a este sistema y en 2009 esperan vender cinco veces más.
Sin duda, una mala publicidad resultó el anuncio de la Policía francesa para Windows.
Sobre Público
El 12 de marzo dejé de trabajar para Público-Milenio por una decisión personal. Agradezco la confianza de la Dirección para continuar con esta columna por tiempo indefinido. Sigo con mis proyectos en Composta.net y en la revista Magis. En Público pasé años estupendos. Gracias a todos, periodistas y lectores, pero sobre todo a Luis Miguel González, quien fue fundamental en mi formación. Gracias, acá seguimos.
El cartón de este post lo tomé de PC INpact.com y la traducción sería algo así como “¡Atención! En este lugar sólo hay unos que son libres”.
Se los anunciaron la noche del jueves: Señores periodistas, lamentamos decirles esto, pero trabajan en nuestra última edición impresa; este viernes verán por última vez el diario circulando por las calles. Y así sucedió: ayer no se vio al Rocky Mountain News en las calles de Denver.
Incluso en el periódico de la competencia, el Denver Post, editores y lectores lamentaron la noticia: la capital de Colorado se quedó con un sólo periódico. Y eso, lo saben, no es sano para nadie.
Deberían ver las fotos que el propio Rocky Mountain News publicó en Internet: los directivos, al centro de la Redacción, dan a conocer el cierre del periódico de 150 años de existencia. Una de las fotos muestra a un hombre con una niña de unos tres años sobre las piernas. Me acordé de la gente que lleva a sus hijos al trabajo.
El viernes, el editor en línea del Rocky, Matthew Roberts, publicó un video de 18 minutos sobre la última edición del diario, con entrevistas a reporteros, editores, gente de la calle, lectores. John Temple, director del diario, hace un rápido recorrido de los vertiginosos cambios de la producción noticiosa hasta permitir que sea el propio reportero quien publique directamente en Internet, y eso, dice Temple, es lo que hay que afrontar. “Hay que aceptar el cambio”.
El Rocky Mountain News perdió 18 millones de dólares en 2008 y acumuló una deuda de 130 millones e ingresos que descienden entre 15 y 20 por ciento cada año. En enero de 2007, el periódico fue rediseñado, se volvió de un tamaño más pequeño, con menos páginas y más color. No funcionó. En diciembre de 2008, la compañía editora E.W. Scripps Co. lo puso a la venta.
¿Internet nos puede salvar?, preguntó un trabajador la noche del jueves. Ni siquiera si los ingresos por publicidad crecieran a un ritmo de 40 por ciento anual durante los próximos cinco años, le respondió un ejecutivo de Scripps.
Sólo puede salvar a los periódicos un tipo como Charles Foster Kane, el ciudadano Kane: “Perdí un millón de dólares el año pasado. Espero perder un millón de dólares este año. Y espero perder un millón de dólares el próximo año. Usted sabe, míster Thatcher, a un ritmo de un millón de dólares por año cerraré este periódico en… 60 años” (Orson Welles, 1941).
Perogrullada: los periódicos están moribundos gracias a una fórmula de tres ingredientes: una drástica disminución de los anunciantes, un descenso sostenido del número de lectores y un elevado costo de papel. Van mis notas sobre el caos que ofrecí el domingo pasado (*):
Es cierto que aún no es la hora de escribir el obituario de los periódicos, como lleva anunciándose diez años, pero nunca se habían visto tantas señales juntas de su incosteabilidad. Todos están sufriendo igual o peor, en cualquier lugar: The New York Times, El País, Le Monde.
De México —con un ambiente caracterizado por la opacidad de las cifras relacionadas con el periodismo: distribución, finanzas, publicidad… a veces hasta la propia reflexión sobre el tema— contamos apenas con rumores de lo que finalmente termina ocurriendo: recortes de personal, la pulverización del mercado publicitario y su estrepitosa caída, baja en el número de suscripciones.
Lo demás es verificable a simple vista: aumento del precio de portada, disminución del número de páginas, reducción de los tamaños de papel, desaparición de suplementos, si no es que de periódicos enteros.
Lo peor es que no hay forma de rescatarlos de sus contenidos homogéneos, de la saturación de notas superfluas, de la declaracionitis de los políticos, de la escasez de buenas plumas e historias… Los periódicos exigían la formación de nuevos lectores y no hicieron su parte; al contrario, trabajaron lo imposible para ahuyentarlos. Hoy los lectores jóvenes están en otro lado.
Por suerte la acusación de ecocidio no se ha popularizado, de otra forma la Greenpeace estaría saturada de chamba.
La culpa de todo —cómo dudarlo— es de internet: por volverse una fuente de información y entretenimiento, democrática, horizontal, diversa, amigable. Por estar disponible a cualquier hora y permitirnos personalizar su uso. Por entender que en colaboración vamos a reducir los errores y construiremos mejores contenidos. Y no cuesta.
* Mi columna anterior, un ponche de citas sobre periodismo e internet, tuvo dos tipos de reacción: la apatía y las caras de what? Agradezco a mis tres lectores hacérmelo notar.