Copying it’s not theft
Un video de Nina Paley, para QuestionCopyright.org.
Un video de Nina Paley, para QuestionCopyright.org.
Quizá no hayan visto este documental, Good Copy Bad Copy, sobre las aberraciones que logran provocar las legislaciones sobre derechos de autor y copyright en el mundo. Esta pieza de 59 minutos, dirigida por Andreas Johnsen, Ralf Christensen y Henrik Moltke, retrata un momento coyuntural de la cultura del siglo XXI, marcada por las telecomunicaciones y la posibilidad de que la gente comparta archivos peer-to-peer a cualquier parte del planeta.
En el documental se entrevista a artistas como Danger Mouse o Girl Talk, que remezcla cientos de canciones con copyright para crear nuevas versiones aceitaditas para las pistas de baile. También aparecen productores, abogados y expertos en derechos de autor. Verán:
a Charles Igwe, productor de cine en el Nollywood de Nigeria;
al músico Dr. Lawrence Ferrara;
a Dan Glickman, director general de la Motion Picture Association of America (MPAA);
a Ronaldo Lemos, director del Centro de Tecnología y Sociedad de la Escuela de Derecho de la Fundación Getulio Vargas de Río de Janeiro y responsable del proyecto Creative Commons para Brasil;
a Lawrence Lessig, profesor de derecho en Standford y fundador de Creative Commons;
a Belem do Para en un mercado bucanero de Brasil;
a Jane Peterer de Bridgeport Music, y
a un pirata de Moscú.
Hay mucha más gente entrevistada, por supuesto, y eso es lo que vuelve bastante sabroso el material. Desde el sitio de Good Copy Bad Copy pueden descargarse gratis el material (viene por torrent). Acá está la ficha del documental en la Wikipedia.
Les comparto además estas dos ligas publicadas recientemente:
1. El derecho a leer, un texto clásico de Richard Stallman, fundador de GNU/Linux, donde defiende la libertad de compartir productos culturales de manera gratuita. El texto, publicado por la revista Magis del Iteso, es de los noventa y llama la atención cómo todas sus predicciones se cumplieron. Y hay más que están a punto de lograrse. Gulp.
2. Canadá quiere saber qué opinan sus ciudadanos sobre el copyright, un artículo publicado por el periódico español El País, sobre la iniciativa canadiense para discutir en público cómo debe legislarse internet. Un avance tras el absurdo de la ley del año pasado que volvía ilegal hasta las parodias o las citas a otros autores en un libro.
The Pirate Bay no esconde ni poquito la bandera pirata. Que las suposiciones se vayan al carajo: los responsables de ese sitio posibilitan la descarga de archivos torrents resguardados con copyright, sin pagar un centavo a las transnacionales. ¿Estoy hablando en chino? Pues los chicos de The Pirate Bay hablan en sueco y le están dando fuertes dolores de cabeza a la industria tradicional.
Usted debió leer sobre el juicio contra The Pirate Bay (TPB) en este periódico. Si no fue así, le platico, que para eso es esta columna: la industria denunció a TPB de piratería, por permitir a millones de usuarios descargar películas y discos y series de televisión y videojuegos sin el correspondiente pago de derechos a los distribuidores. Al final, un juez decidió que los cuatro responsables de TPB deben pasar un año en la cárcel cada uno y pagar 3.6 millones de dólares.
La sentencia, que será apelada, es nada en comparación con los catorce millones de dólares que exigía la industria. TPB no aloja los archivos, sólo los ficheros que llevan a los archivos, así que a lo mucho los sentenciaron de promover la piratería, algo así como apología. The Pirate Bay lleva la piratería en el nombre.
Hay quienes afirman que este caso, histórico como el cierre de Napster de 2001, son los últimos coletazos de una industria agonizante, que se enfrenta a casos de distribución personalizada de marcas como Radiohead o Nine Inch Nails.
Los modelos de negocio tradicionales caen a pedazos. Los periódicos lo viven; la industria discográfica, también. Cada vez más los usuarios tienen el control, basados en internet, una plataforma compleja y democrática que será muy difícil de regular.
El caso Napster, un sitio dedicado a compartir música, multiplicó el número de usuarios de descargas consideradas ilegales. El mismo resultado tienen las razias en Estados Unidos contra los usuarios que descargan archivos. TPB seguirá activo, mientras se resuelvan todas las instancias del juicio. Les recomiendo darse una vuelta, encontrarán algo de interés.
Si andan generosos, compren una camisa de The Pirate Bay en ByteLove. Están un poco caras (la mía, de materiales reciclados, costó casi 600 pesos), pero valen la pena: son un aviso a la industria para que modifique sus precios de distribución.