[Publico esta columna con evidente retraso. No quise corregir los tiempos verbales, la dejé como se publicó el 18 de enero de 2009 en el periódico Público-Milenio de Guadalajara]

El martes 20 de enero veremos por última vez al gran George W. Bush actuar como presidente de Estados Unidos. Se despedirá sin bombos ni platillos. Es más, ni siquiera se despedirá y si lo hace su voz pasará inadvertida: hace semanas que los chiflidos a su mandato arreciaron el volumen.
Ahora todos se dieron cuenta de que Bush era un imbécil. La prensa, sobre todo la de Estados Unidos, no ha dejado de vapulearlo, sobre todo desde el episodio del zapatazo en Bagdad. En los medios alternativos, la figura de Bush siempre fue la del villano a vencer, el blanco de las críticas y los insultos; en la prensa formal, Bush era un mal presidente. Pura coherencia.
Si todos sabían que Bush no era apto para el puesto, ¿por qué lo eligieron en las elecciones del año 2000? Más allá de la idea del fraude electoral, es evidente que muchísima gente votó por él en contra del demócrata Al Gore. Lo peor vino cuatro años, un atentado en Nueva York y una guerra en Afganistán después, cuando los estadunidenses lo reeligieron por holgada mayoría sobre el demócrata John Kerry. Si se trataba de un tarado, ¿por qué fueron a las urnas a votarlo masivamente? Si no estaba calificado, ¿por qué gobernó durante ocho años el país más poderoso del mundo?
Quizá nadie supo que Bush no cumplía el perfil de presidente (poco probable). O quizá sí y todos lo dejaron hacer y deshacer (más probable). En realidad, se repitió constantemente, los que gobiernan son los halcones, ¡son los halcones! Y en esa Presidencia compartida, a Bush le tocó el papel de imbécil.
Ahora le restriegan su papel de idiota… y los medios se solazan. He visto publicadas las “mejores fotos” en las que el gran Bush aparece más imbécil que de costumbre; he visto los “mejores bushismos”, con las frases más delirantes expresadas por el texano; he visto incluso panegíricos para pedirle a Bush que se quede en la Presidencia y nos siga regalando su humor de Polivoz.
Y como ya se va, hay que hablar mal de él, al cabo ya no será el presidente de Estados Unidos. Pero si en esta comedia a Bush le tocó el papel de bufón, ¿cuál les tocó a los demás? ¿A los que votaron por él? ¿A los medios condescendientes? ¿A nosotros?
Pues el papel de espectador, como en muchas fabulas politicas.