Como siempre, olvidé postear sobre las dos nuevas Compostas que tenemos en línea.
En el Expediente 09, hablamos de chicas Dan-up, de películas (Meteoro, Control, Hulk, el documental de los Rolling Stones), de músicas (MGMT, Elliott Smith, Hercules And Love Affair, Morrissey, Madonna), de conciertos (festival Extremo, antes de que aconteciera, Morricone, antes de que aconteciera), de lucha libre (Místico contra el Hijo del Perro Aguayo, antes de que aconteciera) y de un cómic: 100 Bullets.
En el Expediente 10, hicimos postales sobre Bruce Lee y la entrevista perdida, el festival Extremo en Guadalajara, las películas no pueden faltar: la entonces novísima Indiana Jones, la proximisísima Batman, I’m Not There por fin en México, S. Darko, Dragon Ball, Sex And The City. Un libro: Gumaro de Dios, el caníbal. Y la previa de la Concomics.
¡Bienvenidos, humanos! ¡Venimos a visitaros en son de paz y con buena voluntad! * Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. * Los robots han visto cosas que vosotros no creeríais. * Los robots son sus amigos de plástico con quien les gustará estar. * Los robots tienen brillantes culos metálicos que no deben ser chupados. …Y tienen un plan.
Este mensaje se encuentra escondido en la nueva edición de Firefox, un navegador de internet que busca conquistar al mundo. Literalmente. La versión 3, cuya descarga mundial se realizó el martes pasado, lleva un robot de insignia y el mensajillo se encuentra si uno teclea about:robots en la barra de direcciones.
El mensaje parodia las tres leyes de convivencia robótica enunciadas por Isaac Asimov en el clasicazo Yo robot, que bien llevó a la pantalla Alex Proyas en 2004. Will Smith interpretó al detective Del Spooner. Puro robot para hacerla de emoción.
Las tres leyes de Asimov son muy simples y vale la pena recordarlas, para tener certeza de que Firefox no busca un dominio violento:
Primera ley: un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
Segunda ley: un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera ley.
Tercera ley: un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda leyes.
Otra historia son los robots rosados que combate Yoshimi, en otro clasicazo de la cultura pop: el disco de los Flaming Lips. Estos robots no se guían por un manual de conducta ni presumen brillantes culos metálicos; tienen la consigna de destruirnos. Pero tenemos a la bella Yoshimi, cinta negra en karate y con un cuerpo cultivado en ejercicio y vitaminas, que no dejará que nos coman.
about:robots es un divertimento que mezcla ciencia ficción y una devoción internacional a la compañía Firefox, que trabaja con licencias abiertas que permiten manipular el código de programación y generar nuevas aplicaciones. Por supuesto, Firefox es gratuito. Como lo mejor de internet.
Vayan, descárguenlo y diviértanse. Firefox es una genialidad. Y tiene robots.
En la chamba restringieron el acceso web. Una soberana pendejada si se considera que trabajo en un periódico. Las razones tienen algo de lógica técnica, pues el equipo de Sistemas consideró que nuestro tráfico estaba saturado por un uso indiscriminado e inadecuado de la red (sus argumentos iban por el bloqueo de accesos a P2P y Messenger en algunas áreas). El problema de las razones técnicas fue su aplicación, pendeja y a rajatabla.
Para aplicar las medidas restrictivas contrataron el servicio de la empresa FortiGuard, dedicada a los análisis de vulnerabilidad de equipos, monitoreo y rastreo de virus en internet. Ahora, ingresar a la web es más lento que antes, porque el contenido de la url no se despliega hasta que es analizada bajo la nómina restrictiva de FortiGuard. ¿Cuánto puede tardar? Mucho. Me hace recordar las conexiones web de los años noventa, a través de módem telefónico.
Además, entre las políticas de acceso se encuentra un límite horario, que en la empresa aplicaron a partir de los 20 minutos de inactividad en el equipo, lo que significaba que después de ese lapso ingresar a sitios como www.rae.es o www.google.com fuera imposible.
Otras páginas están bloqueadas por default, según la categorización de FortiGuard. Es el caso de mi blog Sensacional D, que primero fue considerado como “pornografía” y luego catalogado con la etiqueta “adult material”, como puede verse en la impresión de pantalla que hice.
De hecho, es probable que por el nombre de este post se restrinja también el acceso al Dios Ameba desde las computadoras del periódico. La palabra “porno” es suficiente para que los listillos de FortiGuard se tomen las precauciones de banearlo de por vida.
Al principio me dio risa y me sentí orgulloso: el Sensacional D estaba prohibido en la chamba. Ahora me desespero, porque no puedo postear desde ahí. Pendejadas de la paranoia empresarial. Ahora somos un NSFW (Not Safe For Work), pero sin el caché que implica entrar a una página prohibida con el mayor sigilo del mundo.
Más allá de la catalogación ridícula que realiza FortiGuard, la compañía tiene algunas cosas interesantes en su sitio web, como un listado de los virus de mayor distribución en el mundo y por países. Los más empleados son troyanos y espías para vulnerar contraseñas:
En una temporada donde todos regresan, hasta los muertos, Polaroid anunció el renacimiento de la fotografía instantánea… No se trata de la vuelta a los químicos y la magia del revelado en segundos. Se trata, bendita tecnología, de una impresora portátil que no utiliza tinta e imprime imágenes de 5 por 7.5 centímetros, en unos 60 segundos.
El aparato, de 266 gramos, saldrá a la venta en Estados Unidos el 6 de julio y costará 150 dólares, menos de dos mil pesos. Se trata de captar fotografías con el celular, enviarlas vía inalámbrica a la impresora, bautizada PoGo, y esperar. Los cartuchos andarán en los cuatro dólares con diez unidades y diez dólares con 30 unidades.
Las comparaciones con la tecnología que le dio orgullo a Polaroid, el revelado instantáneo, son muchas y van desde el tamaño de impresión (la imagen de la Polaroid “análoga” medía 7.9 por 7.9 centímetros) hasta el precio: una cámara tradicional no superaba los 60 dólares, aunque había que añadirle cartuchos de unos diez dólares por diez unidades. La ciencia abarató la impresión, pero no el aparato.
A estas alturas sólo he visto un análisis del producto, realizado en el blog Gizmodo, y criticaba el bajo rendimiento de la batería: sólo aguanta quince impresiones. El análisis no hablaba de la calidad de impresión, otro punto pendiente (en Fayer Wayer hicieron una buena nota).
Y lo que más me revienta: la PoGo carece de cámara fotográfica, lo que obliga a llevar dos aparatos en la bolsa. Cargo demasiadas cosas en los bolsillos para añadirle una más. La solución sería integrar esta tecnología de impresión sin tinta al teléfono móvil, pero faltan algunos años para que eso suceda. Apenas se están popularizando los teléfonos de tercera generación, con telefonía, aplicaciones multimedia (cámara, música y video) y acceso a internet.
Soy fan de Google: utilizo su correo electrónico con una devoción inquebrantable. Publico en internet desde su servicio de hospedaje gratuito de blogs. Paso horas en YouTube, que adquirió en 2006. Inspecciono ciudades desde Google Earth y, por supuesto, mis pesquisas en la red las realizo desde su buscador.
Estas son las noticias destacadas de mi cuenta en Google Reader, un servicio gratuito para leer sitios web y recibir de manera instantánea sus actualizaciones de contenido. Estoy suscrito principalmente a blogs y videoblogs; los podcasts los consulto desde iTunes, de Apple.
De Alt1040, que cita una nota de The Daily Telegraph: la mitad de los habitantes del mundo posee un teléfono celular: 3.3 mil millones personas, según la Internacional Telecommunications Union. El mercado con mayor crecimiento es África, con 39 por ciento. Entre 2005 y 2007, India y China integraron 154 millones y 143 millones de nuevos usuarios, respectivamente (alt1040.com).
De Kabytes: el blog Pixeloo añadió un nuevo personaje a su catálogo de versiones realistas producidas con Photoshop: Stewie Griffin, el bebé psicópata de Padre de Familia. La versión untooned (descaricaturizada) no posee la impresionante calidad de Mario Bros o de Homero Simpson, decrépitos y arrugados, pero mantiene la mirada perversa de Stewie.
De Fayer Wayer y Microsiervos: circulan dos videos que muestran las consecuencias de meter gadgets al horno de microondas. En uno se muestra un GameBoy Advance; en otro, un teléfono celular. Los resultados son sorprendentes.
De Llámame Lola: en Barcelona se creó el proyecto 59 contra la política de llevarse al “corralón” las bicicletas estacionadas en la vía pública. La cuota para recuperar el vehículo es de 59 euros, de ahí el nombre del proyecto, que pretende encadenar al mobiliario urbano cualquier tipo de objeto (triciclos, candelabros, jaulas para pájaros). Llámame Lola es bastante ácido con el proyecto de intervenciones urbanas, con muy buenos argumentos. Hay fotografías divertidísimas.
Amazon.com, la tienda en línea más popular del planeta, sufrió el viernes una caída de su servicio. Estuvo fuera del aire poco más de dos horas y algunos analistas consideraron que cada minuto representó para la compañía 31 mil dólares, considerando su volumen de negocio.
La falla se localizó en los servidores de Estados Unidos, pero seguro algún lector en México experimentó el problema: ocurrió entre las 8:25 de la mañana hasta poco antes de las once. A estas alturas no hay un anuncio final sobre lo sucedido y circulan muchos rumores sobre las causas de la caída.
Uno de los rumores, que no me convence pero me gusta por ñoño, habla de saturación de tráfico provocado por bots, robots programados para hacer órdenes de compra de la consola PS3 de Sony edición especial de Metal Gear Solid 4, con 80 gigas de disco duro. Para relamerse los bigotes.
No se sabe que la interrupción del servicio haya tenido consecuencias graves, pero vale para reflexionar sobre servicios indispensables del mundo en línea: Amazon.com es una de las pocas compañías web que soportaron la crisis de 2000, la llamada burbuja de las punto com, y presume una enorme experiencia en el manejo de saturación de tráfico en línea. Representa el estándar de negocio en línea, con la venta de productos que van desde un encendedor de colección hasta el libro recién cocinado, el auto más exótico o la licuadora más poderosa.
Es también un estándar de la seguridad en línea, con excelentes controles para la protección de información privada y certeza en el manejo de dinero en la red. Por si fuera poco, sus servidores hospedan la mitad de los desarrollos de aplicaciones web, una especie de incubadora para los proyectos de miles de emprendedores que buscan nuevos modelos de negocio. Según la propia compañía, para junio del año pasado tenía registrados a más de 330 mil desarrolladores de todo el mundo.
La caída de su servicio puede compararse con el colapso en los servidores de algún banco, el clásico “no tengo línea” de las cajeras, o la interrupción de la señal de alguna televisora, sin posibilidad de restaurarla en poco tiempo. Es como salir a la calle y no encontrar nada abierto. Para los usuarios, sólo fueron dos horas; para Amazon.com, quizá cuatro millones de dólares.