Diciembre 31st, 2007 — 7:19pm
Nunca como en 2007 me vi en la necesidad de tener una tarjeta de crédito. Por una parte, se debió a mis ansias consumistas y, por la otra, unos euritos que me debían del otro lado del charco. Pero resistí a la tentación y a cambio conocí el sistema de Moneybookers, un servicio integrado en los modelos de comercio electrónico, en el que los usuarios, matriculados con sus cuentas de correo electrónico, realizan transacciones monetarias en línea.
Moneybookers no es el único servicio de este tipo. El más famoso y más utilizado es PayPal, que tiene registradas más de 155 millones de cuentas en todo el mundo, la mayoría provenientes de usuarios de la tienda en línea eBay, sin duda la más poderosa en la red. Con PayPal, los usuarios pueden comprar canciones en línea desde tiendas como iTunes, pagar la suscripción de una revista impresa o conseguir las películas Polaroid que tanto han buscado en México.
Más modesto que PayPal, que permite hacer transacciones comerciales con miles de establecimientos, Moneybookers, creado en 2001, cuenta con cuatro millones de usuarios y su listado de servicios comerciales es todavía limitado.
PayPal y Moneybookers funcionan como entidades bancarias en línea, aunque no lo son: se puede ahorrar, pero sin la esperanza de obtener dividendos; tampoco prestan dinero. Sirven para hacer transacciones. PayPal, la compañía californiana, está regulada por las autoridades financieras estadunidenses e incluso debe cumplir con las especificaciones de la Ley Patriota, que rige el secreto bancario y otras informaciones privadas. En el caso de Moneybookers sucede lo mismo, a través de la Autoridad de los Servicios Financieros del Reino Unido.
El costo de sus servicios son bastante bajos, debido a que se realizan a través de la plataforma web, y estandarizados: cuesta lo mismo retirar mil pesos que cinco mil. En el caso de Moneybookers, la transacción anda por los 2.7 dólares (aproximadamente 31 pesos), aunque se eleva a más de cinco dólares si se solicita la expedición de un cheque. ¿Y si este servicio lo usaran los mexicanos en Estados Unidos para el envío de remesas, considerando que el promedio de transacción en Western Union o Money Gram o Banco Azteca es de unos diez dólares? Me fascina la idea.
Comentario » | columna, comercio electrónico, servicios en línea
Diciembre 24th, 2007 — 12:13am
Alonso Ulloa Vélez, el supersecretario de Políticas Públicas de Jalisco, fue bastante modesto: “Es una tristeza que en este país tengamos que darnos premios por hacer lo que tenemos que hacer”. Lo hizo en la recepción de un galardón al gobierno del estado, el 12 de diciembre, por estar al corriente en el pago de derechos de autor de software. Su modestia corresponde a la poca visión estatal: la tristeza es que el gobierno no contemple la migración a software libre, con lo que salvaría millones de pesos para emplear, como les gusta decir, en “programas prioritarios”.
Una computadora sin software es como un automóvil sin gasolina ni interiores. Hay compañías dedicadas a la producción de esos elementos. El automóvil es el hardware, la “cosa” que en teoría hace maravillas, pero que, en la práctica, deja la labor al software, los programas que hacen las maravillas. Al comprar una computadora, aunque el proveedor no se lo diga, usted destinó una parte del monto de compra a los derechos para utilizar algún software (Windows, Mac, Excel, Photoshop), desde el programa de escritorio (el sistema operativo con el que trabajan las computadoras) hasta aplicaciones específicas, como Office de Microsoft, el más común, con el procesador de palabras Word, el programa de presentaciones PowerPoint o la hoja de cálculo Excel.
Existen programas gratuitos, libres, creados por personas en todo el mundo dispuestas a compartir su tiempo y sus conocimientos. El sistema operativo libre más famoso es el de Linux, equiparable a Windows o al de Mac, y aplicaciones gratuitas tipo Word, Excel y PowerPoint. Algunos incluso permiten la lectura de documentos generados por “software formal”, como los de compañías de Bill Gates (el más rico del mundo, después de Carlos Slim).
Algunos países han migrado a software libre. El más reciente es Holanda, cuya estrategia le ahorrará al menos 88 millones de pesos. Antes fueron Alemania, Brasil, Cuba, Francia y Venezuela. En la ciudad de México, la delegación Tlalpan trabaja desde hace meses con software gratuito.
Ulloa Vélez fue bastante modesto: el premio debería ser por innovar en el uso de software gratuito. Pero hay que dar gracias a Dios: El Vaticano agradeció nuestros regalos navideños. Salve, Emilio.
Comentario » | columna, fenómenos de la red, software libre
Diciembre 16th, 2007 — 1:00pm
El viernes concluyó en Bali, Indonesia, una conferencia de las Naciones Unidas para discutir sobre el cambio climático y buscar un acuerdo que supla al estancando Protocolo de Kyoto. La organización británica Global Action Plan aprovechó para publicar una verdad escalofriante: los equipos de cómputo en el mundo representan 2 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono anuales, una cantidad similar a la que produce la industria aeronáutica mundial.
El estudio, Una verdad ineficaz, no oculta el pesimismo: el desarrollo tecnológico no tiene vuelta atrás; cada día, miles de nuevas computadoras se conectan a la energía eléctrica. Hasta septiembre, sólo la elitista Apple había vendido más de cinco millones de equipos en 2007. La cifra parece menor porque le faltan los números de los mayores productores: Sony, Dell, HP.
Global Action Plan cita al gobierno británico para afirmar que en el mundo existen más de mil millones de computadoras y que cada año salen de circulación 125 millones. Y aunque no considera la contaminación generada por esta basura tecnológica, podemos ligar el dato con otro producto emblemático de las tecnologías de la información: los videojuegos.
Greenpeace presentó el jueves el resultado de La guerra de las consolas, un experimento para revisar los componentes de las tres principales consolas (Sony-Playstation, Microsoft-X-Box y Nintendo-Wii), así como la cantidad de energía empleada por cada una. La toxicidad se presenta durante la fabricación y durante la descomposición de los artículos, como desechos inservibles. Se habla de un ganador, Sony, por su programa de reciclaje, pero ninguno de los tres competidores se libra del consumo energético. Nintendo es el que emplea más productos tóxicos (PVC, BRF y sustancias químicas) y el que menor energía emplea a la hora de uso.
Como cada Navidad, las consolas están agotadas en los almacenes de Guadalajara (la Wii, principalmente). El iPhone comenzó a venderse, aunque no de manera oficial, y los fabricantes de cómputo presentaron desde hace semanas sus productos de fin de año. ¿Cuántas consolas, computadoras y celulares conocerán el basurero? ¿Cuánta energía tendremos que agregar a los recibos de luz? Por lo pronto, apagaré mi módem a partir de hoy.
Comentario » | columna, noticias, tecnología
Diciembre 9th, 2007 — 1:09pm
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, firmó un acuerdo con proveedores de Internet y productoras de contenidos que permitirá cancelar el acceso a la red de los usuarios que descarguen música y películas ilegales. El acuerdo es una medida contra la piratería que coarta libertades y no ataca las raíces del problema. Como México y su guerra al narcotráfico: en lugar de combatir las causas, llena las ciudades de policías y militares. Irracional.
El acuerdo es creación de ciegos, que no prevén la conexión a Internet como un derecho fundamental. Por ahora es un servicio privado y de lujo, pero pronto los gobiernos deberán ofrecerlo gratuito a sus ciudadanos. Como signo de los tiempos, basta revisar las medidas que tomará el SAT mexicano para el pago de contribuciones: a partir del segundo semestre de 2008, todas las declaraciones deberán presentarse por Internet. Todas.
Quizá usted no baje películas ni música de la red, quizá apenas utilice correo electrónico, revise periódicos o la cartelera, ¿pero sabe qué uso le dan sus hijos a la red de casa? Imagine a la más chica, fanática de Avril Lavigne, ansiosa por conocer más música de la cantante. ¿Le gustaría que le cancelaran el acceso? ¿Que lo ficharan entre las compañías de Internet? ¿Cómo pagará sus impuestos?
Y peor están cuando no se preguntan por qué la hija más chica descarga la música de Avril. ¿Pensaron Sarkozy y sus muchachos que la música es extremadamente cara en las tiendas? ¿Que quienes cometen el primer fraude son las disqueras transnacionales, ofreciendo sus mercancías como si incluyeran diamantes? ¿Que en el mayor de los casos se prohíbe hacer copias de discos y películas incluso sin fines de lucro? En lugar de atacar las causas, envían a sus ciudadanos al siglo pasado.
El acuerdo es la pena capital contra los usuarios de Internet. Mejor que Sarkozy fortalezca más acciones como la obligación de que Apple vendiera su iPhone sin candados (lo que permite que cualquier proveedor distribuya el teléfono inteligente de la manzana) y la migración del equipo de cómputo del Parlamento francés a Linux (el software gratuito y abierto, que no paga licencias y se adapta a las necesidades de los usuarios). Pero en Francia la guillotina se usó hasta hace relativamente poco: 1977.
La foto de este post la tomé de Avizora
Comentario » | columna, conexión, noticias, ventas
Diciembre 2nd, 2007 — 1:49pm
Amazon es la tienda en línea más emblemática de la red. Es una de las pocas compañías que superó la crisis del año 2000 (la burbuja de las punto com) y, entre las cenizas del mundo web, se constituyó en un modelo de negocio. A la par de los artículos en venta (automóviles, casas, maquinaria industrial, zapatería), hace dos semanas presentó una tableta para leer libros digitalizados: Kindle. En menos de seis horas, la empresa vio desaparecer el inventario, a pesar del precio del aparatito: 399 dólares (unos 4,400 pesos, más gastos de envío).
Además de la euforia, Kindle renovó la posibilidad de reemplazar los libros físicos por volúmenes digitales, con las herramientas probadas en computadoras personales y dispositivos portátiles, como las PDA. El aparato pesa 300 gramos, mide 13.5 por 19 centímetros (como la caja de un DVD), tiene una pantalla vertical de seis pulgadas y no proyecta luz: muestra las líneas de texto en una hoja electrónica. Tiene la posibilidad de almacenar más de 200 libros, imágenes y archivos de audio y su batería dura 30 horas.
Son destacables sus herramientas de lectura, con botones para adelantar y retrasar las páginas, en una experiencia muy próxima a los libros tradicionales; marcar el texto, y cambiar de libro como de canción en un iPod, sin perder la página de lectura.
Sus mayores limitaciones son en la conexión a Internet: se puede acceder vía inalámbrica, pero sólo a través de un proveedor en Estados Unidos (Sprint); trabaja sobre el protocolo EVDO y no cuenta con WiFi (lo que impide conectarse desde sitios públicos sin el servicio de Sprint), y aunque permite la lectura de blogs y prensa tradicional en línea, los contenidos deben ser indexados por Amazon. No permite la lectura de RSS (las suscripciones a los sitios web para recibir en tu correo) y los volúmenes contienen huellas contra la piratería (el DRM), que impide compartir libros o agregarle los que ya tienes.
Aunque no representa la conquista para migrar la lectura del papel a la hoja digital, hay que reconocer que Kindle superó todos los esfuerzos previos por imitar la lectura en papel, es una experiencia más cómoda que llevar la computadora a la calle y, a pesar de su precio, el ejercicio de conexión es fácil de mejorar.
Comentario » | bibliotecas digitales, columna, literatura, tecnología