Este es un reload que se perdió en las entrañas de la Compostería. Lo publico ahora, feliz de gastar mi tiempo en cosas distintas de las que en él se habla.

Felices hasta el lunes, por Lizeis

Lexicografía.
Una palabra que desata la ira.
Fastidiarse.
Un perro, ¿para qué dejaría un humano un camino minado de cerotes?, que le da la vuelta a la escuela primaria mientras defeca.
Cuatro aves muertas: la primera en el trabajo, la cuarta afuera del edificio, la segunda en Juan Álvarez y Cruz Verde, la tercera nos la platicaron.
Ping Pong, la raquetita y una pelota con voluntad propia.
Nuevo puesto en el trabajo.
Recriminaciones estúpidas: ¿por qué no leo? ¿por qué no toco? ¿por qué no dibujo?
Al taller con mi cuaderno, el de la inquietud de sí. La sorpresa: la historia (un relato cojo) la verdad y los dislates que se buscan en “lo profundo”, “el fondo”, “a ciencia cierta”, “lo relativo”, “lo exacto”. Una lectura graciosa del yo como un ente establecido estudiado construido racional y el olvido de un sí lleno de posibles prácticas, inquieto, que imagina pero: no en un universo paralelo, no en el desquicio.
La comida rápida: mala, poca, nueva y rica: filetes de lomo bañados en salsa de tamarindo, fruta y ensalada, arroz, frijoles, tortilla, pan toda el agua de mango que la panza admita ¡por sólo cincuenta pesos!
Dinero volátil en el banco. Antes con veinte pesos ahora con doscientos.
Un fotógrafo insomne me dice: estás de foto.
Mi vecina la de la tracker roja estaciona su cosa como un monumento al obstáculo peatonal.
Huele a chicles en la tienda de ropa.
Películas sobre asesinos, producciones baratas acerca del millar de formas de morir.
Kochalka y una vida narrada desde 1998, alivia, estimula, divierte.
Formamos una banda punk que se separó después del primer ensayo.