@DAVID_LYNCH Dear Twitterers, What will you be doing this weekend? Do you have a lot of fun projects planned?
He dormido de forma interrumpida, giro, me siento sobre la cama, me levanto, vuelvo acalorada. El primero de marzo, veinte días antes, me pasó de nuevo.
Una alergia me habita desde hace [calculadora: 29-12=18] dieciocho años. Durante su estancia me convierto en una mujer somnolienta, malhumorada, deprimida. Sesiones de hasta trece estornudos, ceguera voluntaria para aliviar el ardor y la respiración asmática de una mandrágora me tienen.
La homeopatía ha exorcizado algunos síntomas, pero la doctora que frecuento está a cuarenta minutos (en auto), me decido por un nuevo médico, camino hasta su farmacia no está es una urgencia me consulta por teléfono. Desahogarme por este medio funciona, cada vez creo menos en los profesionales de la salud, sus gestos, la brevedad de la consulta, el alivio en una píldora y su dosis. Cuelgo reservándome las causas fundamentales de mi padecimiento pero confiando en que lo poco que le he revelado servirá para catalogar mi personalidad y sus miedos.
Homeópatas hay muchos: los puros, los holísticos, los alópatas, los matasanos, devótos y contrarios a Hahnemann, los que opinan que puedes tomar café mientras sigues el tratamiento, los que dicen que ni éste ni refrescos negros, peor chocolate. Igual es la necesidad de alivio, la torpeza me vence y le cuento a un fulano lo que me pasa.
Yo me receto una película de David Lynch: Lost Highway. Doblo mi almohada, un saxofonista y su esposa actúan dentro de la casa del propio Lynch. El festival de cine no me atrae y pienso que escribiendo esto podría convencer a varios en mi situación a resguardarse de las ceremonias en su casa. Tal vez les interese la industria pornográfica, la cárcel, un hombre misterioso que puede estar en dos partes al mismo tiempo:
Mystery Man: We’ve met before, haven’t we.
Fred Madison: I don’t think so. Where was it you think we met?
Mystery Man: At your house. Don’t you remember?
Fred Madison: No. No, I don’t. Are you sure?
Mystery Man: Of course. As a matter of fact, I’m there right now.
Fred Madison: What do you mean? You’re where right now?
Mystery Man: At your house.
Fred Madison: That’s fucking crazy, man.
Mystery Man: Call me. Dial your number. Go ahead.
[Fred dials the number and the Mystery Man answers, over the phone I told you I was here.
Fred Madison: How'd you do that?
Mystery Man: Ask me.
Fred Madison: [angrily into the phone] How did you get inside my house?
Mystery Man: [voice] You invited me. It is not my custom to go where I am not wanted.
O quizá, la escena en que Mr. Eddy (un proxeneta) increpa a un conductor que maneja a exceso de velocidad a seguir las reglas.
Me gusta la violencia, todavía no sé por qué ni de qué tipo; leí que mi actor favorito de la serie estadunidense The Sopranos, Paulie Gualtieri (Tony Sirico) es un exconvicto que se dio cuenta de que en lugar de ser un mafioso quería actuar como uno.
Así, Death Proof (Quentin Tarantino) se ha convertido en mi cinta predilecta, seguida por Goodfellas (Martin Scorsese) y Miller’s Crossing (Joel Coen).
Hasta hace tres años no tenía ni puta idea de lo que aquí relato pero conocí a un hombre bueno que me ha llevado por la alfombra roja del videoclub local: señala, sabe de sinopsis y regiones, títulos y actores, corrientes, fotografía y permanencia voluntaria.
Ahora, amigos, quiero hacer lo mismo con ustedes, al menos esta vez.
La música que encaja en otra forma literaria: el guión, es un estimulo más.
Los Pixies, por ejemplo, en el Fight Club, o como la banda sonora de mis hermanos a quienes dedico este texto y que tanto extraño.