Los descubrí hace poco y me encantó su música, se llaman She & Him y son un dueto norteamericano formado por Zooey Deschanel -voz, piano- y M. Ward -guitarra- en 2008 lanzaron su primera producción titulada Volume One. Inmediatamente llamaron la atención de la prensa especializada pues lo suyo no suena como las tendencias de moda, She & Him asimila a la perfección el tipo de sonido creado por Brian Wilson y Phil Spector, pop de factura impecable con melodías pegajosas. Una delicia que no para de sonar en mi ipod.
Admito que le llegué un poco tarde pero no importa, lo disfruto mucho y me dieron ganas de compartirles un par canciones y si les gusta, ojalá se animen a comprarlo -está en iTunes-
De la filmografía del director Ang Lee han salido algunos de los dramas más entrañables de los últimos años, esto le ha ganado un lugar especial en la historia del cine y de paso, le ha hecho merecedor de los premios más prestigiados de la industria. Es un buenazo, pero, de vez en cuando se atreve a tirarle para otro lado, experimentar en terrenos que le son, por así decirlo, un tanto ajenos.
En esta ocasión el director nos presenta Taking Woodstock, una comedia norteamericana ambientada en el verano del 69, extensión del verano del amor y año del festival Woodstock, este concierto sirve para que el director nos presente la historia -real- de Elliot Tibber, un diseñador de interiores venido a menos que termina mudándose al hotel de sus padres, un hotelucho perdido en lo más profundo de Catskills -cerca de NY- los clientes son escasos y las deudas se acumulan así que, al enterarse de la planeación de un concierto multitudinario -el Festival Woodstock- Elliot convence a los inversionistas de organizar el concierto en el campo de uno de sus vecinos. La experiencia que cambió a una generación se vuelve definitiva en la vida de Elliot, que no ha podido gozar la vida por el sentimiento de culpa que siente al dejar solos a sus padres -una madre infernal y un padre terriblemente pasivo- que a su vez, se encargan de recordarle a cada momento lo mal hijo e inútil que es.
Ang Lee retoma una anecdota real y la adereza con elementos de ficción para presentar una película modesta, sin pretensiones de acaparar los premios de la temporada. Estamos pues, ante un divertimento del director, una cinta que se disfruta más si se dejan de lado las ideas preconcebidas de lo que uno podría esperar de una película de Ang Lee. Taking Woodstock es un homenaje al fin de la infancia pero, también al estilo de vida y la cultura pop norteamericana; Un guiño sentimental al rock and roll y su capacidad para reconfortar almas, una mirada al pasado que nos presenta -a medias, falta buena parte de la música- una experiencia que cambió la cultura, pero, también la vida de un jovencito al que siempre se la había negado todo y eso, ya de entrada, me parece digno de verse en pantalla grande.
Taking Woodstock es protagonizada por Demetri Martin, Emile Hirsch y Liev Schreiber.
A mediados del año pasado recibí como regalo un libro llamado Estudio en Escarlata, se trata de la primer aventura del detective inglés Sherlock Holmes. Lo leí y quedé prendado del personaje y su fiel compañero, el Dr. John Watson. En el texto -obra de Arthur Conan Doyle- Holmes y Watson son un par perfecto, Sherlock es un mirón obsesivo, amante de los vicios y las enigmas mientras que el doctor es la representación más fría del hombre de ciencia. Hoy fui a ver la más reciente encarnación del personaje, una película dirigida por Guy Ritchie que intenta presentar las aventuras del detective a una nueva generación. El resultado, desgraciadamente, no es del todo favorable.
Admiradores de la obra de Arthur Conan Doyle, esta película no es el Sherlock Holmes de los libros -cosa que tampoco está mal- se trata de una versión al estilo Guy Ritchie, dicho esto ya sabemos que esperar: peleas de box a puño limpio y en cámara lenta, ingleses gigantes y mucho, mucho estilo. La película es protagonizada por Robert Downey Jr. como Sherlock Holmes y Jude Law como el doctor Watson, ahí está la primera falla, el casting. Robert Downey Jr. le inyecta un carisma irresistible al personaje y la película se beneficia mucho de su encanto como actor, eso no pasa con Jude Law cuyo trabajo se siente forzado y aburrido, parece que la comedia no es lo suyo y -pecado mortal- no logra transmitir química con Robert Downey. El segundo problema es que el proyecto le quedó grande a Guy Ritchie, que no pudo -o no quiso- dejar a un lado los referentes obligados y al final nos presentó una mezcla de Snatch con Lethal Weapon ambientada en el siglo XIX.
La película se disfruta a medias y queda la sensación de que se pudo hacer algo diferente, con más sustancia y mejor guión, una historia donde las cualidades como detective de Holmes no sean solo un adorno sino el eje central de un emocionante thriller criminal. Aplaudo la intensión de revitalizar la obra de Doyle, de traer el personaje al ritmo vertiginoso de la generación Twitter pero, en esta ocasión les salió regular.
No son todos ni son los mejores, esos ya están publicados en otras listas. Mi selección es personal y parcial, así me gusta y así la quiero, son veintiséis discos que se convirtieron en parte importante de mi vida. Comparto con ustedes mis favoritos de la década, juntos arman el soundtrack que me acompañó en el cambio de los veinte a los treinta. Disfrútenlos.
Fue el disco que dividió a los eruditos del jazz. Norah Jones presentó una producción que mezcló la síncopa con el soul, la música country y el pop. Su sonido sedujo a miles y terminó convirtiéndose en el soundtrack oficial de cafetines y restaurantes. Independientemente de esto es un gran disco, una buena colección de canciones -standards y originales- que siguen sonando de lujo. Light, si, pero muy bien hecho.
Brandon Flowers y asociados lograron un disco que pegó fuerte. Hot Fuss es perfectamente pop y les funcionó, su sonido los convirtió en una de las bandas jóvenes más exitosas de la década. Independientemente del glamour y la moda este es debut buenazo con 11 canciones de las cuales, las primeras 5, son perfectas joyas pop. Un madrazo que no han podido repetir.
Este disco se encargó de dictar buena parte del sonido y estilo que seguiría la música electrónica por varios años. Su autor -el dj Felix da Housecat- recató el sonido dance de los ochenta y lo mezcló con sus influencias del house producido en Chicago. El resultado fue irresistible, una bomba para las pistas de baile. Queda esta grabación como una de las pioneras del género que posteriormente sería conocido como Electroclash, una de las mejores producciones house de la década.
Una de las propuestas más seductoras de la década salió de Brasil. Esta grabación, obra de la cantante Bebel Gilberto y el legendario productor Suba, se convirtió en un fenómeno a nivel mundial y de paso convirtió a sus creadores en estrellas. La cantante nos sedujo con su voz y el productor con su mezcla de géneros -jazz, bossanova y electrónica- que ha sido imitada infinidad de veces sin los mismos resultados. Escucharlo hoy sigue siendo refrescante.
Presentaron un debut contundente, fueron la banda favorita entre los indies -un término muy socorrido en la década- y al poco tiempo se olvidaron de ellos, pasaron de moda. Así de efímeros fueron algunos fenómenos, lo cierto es que Silent Alarm es un discazo. Parte esencial del sonido del rock más joven de Inglaterra.
Un disco marcado por la tragedia se convirtió en uno de los esenciales de la década. Arcade Fire no podría haber pasado desapercibido: escriben buenas canciones, son un grupo numeroso que tocan instrumentos poco o nada relacionados con el rock y al escucharlos, uno no puede más que sentirse a toda madre. Tal vez la crítica fue excesiva en alabanzas, lo cierto es que Funeral es un gran disco, de esos que a lo mejor no entran a la primera pero, a la larga, dejan una huella memorable. Al ver videos de sus presentaciones en vivo uno termina por entender el fenómeno.
Se necesitó un productor de la talla de Nigel Godrich -cuyo trabajo aparecerá en más de una ocasión en esta lista- para desinflar el ego de Macca y de paso, hacer que se esforzara en crear uno de sus mejores trabajos en solitario. El disco es una belleza, testimonio vivo de un artista que lo ha hecho todo y sigue con ganas de crear. Muchos se lo perdieron por prejuicio, bien valdría la pena que le den una oportunidad.
Matthew Bellamy y compañía tienen una seria tendencia a lo grandilocuente, eso les ha ganado igual cantidad de admiradores y detractores. Si bien sus discos anteriores son buenos fue en este donde pulieron su estilo. Aquí encontraron balance entre el rock -de tintes progresivos- y la falsa opereta al estilo Queen, las secuencias electrónicas y la vena pop. Black Holes and Revelations es un disco exagerado y me encanta.
Más cercano al country que al rock, el segundo disco de Ryan Adams lo presentó como uno de los autores más interesantes de su generación. Una colección de excelentes canciones con sonido campirano que a muchos repelió por la figura siempre azotada de su autor. Después de este seguirían discos muy buenos y otros -la mayoría- irregulares. Ryan le metió duro a los excesos, a las drogas, la sobreproducción y terminó cansando a su público. Lo cierto es que aún en sus peores momentos Ryan Adams sigue entregando buenísimas canciones.
Atacar a Bono -y de paso a U2- se ha convertido en el deporte de moda entre los amantes del rock. Lo cierto es que este, su décimo disco, es una chulada. Ahí están algunas de las cancioanes más honestas de su catálogo, una grabación que mucho le debe a sus productores, los maeses Daniel Lanois y Brian Eno que lograron sacudirle los excesos experimentales a la banda y con ello, lograr una colección casi perfecta de canciones pop. Después del 11 de Septiembre los norteamericanos se arroparon en este disco, cosa curiosa. Bono por su parte se convirtió en el blanco de los chistes más fáciles. Yo lo escucho sin prejuicio y me encanta.
Fue el disco que lo regresó al mainstream, el que lo presentó a una nueva generación que lo recibió como un grande. Morrissey ha impactado de forma definitiva la historia del rock y fue con este, su séptimo disco en solitario, que se convirtió -de nuevo- en un artista de discos relevantes y prosa afilada. Tal vez fue su exilio a la ciudad de Los Ángeles, California. Tal vez fue que se relajó un poco, lo cierto es que You are the Quarry es una de las mejores grabaciones de su carrera como solista y eso nunca será poco para un tipo con su trayectoria.
La islandesa presentó su grabación más experimental hasta ese momento, un disco de elementos mínimos que abrió la puerta al sonido de los clics and cuts. Texturas sonoras por cortesía de Matmos, momentos de armonía coral y el sonido de cajas musicales hacen que Vespertine me siga pareciendo un disco muy bello. También es recomendable el dvd: At The Royal Opera House pues complementa la experiencia de este disco al ver como se arman las canciones en vivo, de verdad es una experiencia memorable.
Son una de las bandas más representativas de la escena de Nueva York y su sonido definió buena parte de la experimentación punk de la década. Los Yeah -así les decimos de cariño- son comandados por una mujer orate y encantadora que se adueñó de los escenarios y dejó una huella difícil de borrar. Este, su primer larga duración, es un producto irregular pero entrañable. Un disco que contiene canciones que van de la locura más guitarrera a los momentos más sentimentales. Maps sigue siendo una de mis canciones favoritas.
Después de su exitoso debut, la banda caricatura creada por Damon Albarn y Jamie Hewlett presentó su mejor disco hasta el momento. Una colección de temas que por su mescolanza sonora sigue sonando potente. En Demon Days hay temas de influencia reggae, electro, punk y mucho hip hop, verdadera música del mundo y absolutamente moderna. Es todo un viaje que se disfruta mejor en la fiesta, también se recomienda entrarle al dvd: Demon Days Live que presenta a los responsables del sonido Gorillaz, siempre entre las sombras para no robarle presencia a las creaciones gráficas de Hewlett.
La obra cumbre del hip hop en esta década, así de simple. Aquí están las rimas más inventivas y la prosa más contundente. El rapero buscó la producción de Kanye West, Timbaland, Just Blaze y más pesos completos del género y juntos hicieron de este un clásico. Alejado de la onda bling y del gangsta, lo propuesto por The Blueprint es cosa seria, una música cercana al soul. Hay elementos de big band, rock, pop, una delicia para el melomano y pieza indispensable para los amantes del género. Escucharlo hoy sigue siendo revelador, apto para no iniciados en el hip hop, éntrenle sin empacho.
Esta banda de Nueva York presentó un debut difícil de superar. Turn on the bright lights es un disco adictivo, oscuro, una obra que retomó las influencias del post punk más denso y lo hizo accesible para una nueva generación. Lo hecho por Interpol fue brillante, una obra indispensable para seguir el paso al sonido de la década.
El otrora líder de los Beach Boys tardó 38 años en superar sus adicciones y traumas para, por fin, entregar un disco que por sus pretensiones se convirtió en leyenda. Debió ser el sucesor de Pet Sounds -la indiscutida obra maestra del grupo- en 1966 y no pudo serlo por presiones de la disquera, pugnas internas y las fragilidad mental de Brian Wilson que, entre momentos de inspiración, genialidad y dosis de LSD se propuso grabar el mejor disco de la historia “una sinfonía adolescente para dios”. Fue hasta 2003 cuando Wilson se asoció con el letrista Van Dyke Parks y juntos completaron la obra. El resultado es sorprendente, Smile es un disco genial y musicalmente impecable. Un viaje sonoro que se debe experimentar más de una vez.
El dúo francés presentó en este, su segundo disco, una colección de temas electrónicos que marcaron de forma definitiva el sonido de la década. Para lograrlo, primero tuvieron que convertirse en robots y refinar lo hecho en su debut, el resultado fue un producto muy cercano al arte pop. En Discovery está la ruta que muchos seguirían años después: electrónica de actitud rocker, sonidos retro, voces con efecto vocoder y secuencias orates. One More Time sigue siendo uno de los himnos internacionales de la fiesta pero mi favorita es Digital Love. Se recomienda también el dvd Interstella 5555: The 5tory of the 5ecret 5tar 5ystem, una película animada donde cada track del Discovery es un episodio que da continuidad a la historia, fue realizado por el estudio Toei Animation.
Su nombre es Yoshimi y fue protagonista del disco más buena vibra de la década. La banda de Wayne Coyne logró, junto con la producción de Dave Fridmann, un disco que se convirtió en fenómeno de culto. Pocos se resistieron a la belleza musical de los Flaming Lips, su show en vivo mutó y se convirtieron en un performance psicodélico donde igual cabían globos multicolores y Teletubbies. Escucharlo por primera vez fue, para mi, una experiencia inolvidable.
Loretta Lynn es una leyenda de la música country, eso es indiscutible, pero en 2004 estaba un tanto olvidada. La cantante tenía 69 años y parecía que sus mejores épocas habían quedado atrás, aquí entra en escena Jack White -The White Stripes- con la idea de producirle un disco, no cualquiera, sería la obra que le devolvería la fama y de paso, le cumpliría el capricho de trabajar al lado de una de sus cantantes favoritas. El resultado fue soberbio. Van Lear Rose es un disco que rebasa el género y se convierte en una obra indispensable. La producción ganó varios premios y los que amamos la música nos quedamos con un disco entrañable donde la protagonista es siempre Loretta y su voz, esa que tiene la capacidad de darle vida a cada frase del disco.
A Beck Hansen le rompieron el corazón y esto sirvió como alimento para la creación de un clásico. Para lograrlo reclutó la producción de Nigel Godrich -prometí que aparecería más de una vez- y este a su vez se encargo arropar cálidamente el disco más autobiográfico y honesto del cantante. Beck se acompaña de la guitarra acústica en temas impregnados de dolor y nostalgia, las comparaciones con Dylan no se hicieron esperar -cosa que tampoco está mal- lo cierto es que en Sea Change encontramos a Beck en uno de sus momentos más brillantes. Me sigue pareciendo su obra cumbre.
Fueron la banda más brillante y frágil de la escena inglesa. Juntos crearon dos discos, un legado breve pero esencial para el rock actual. Ambos son piezas indispensables y por eso los pongo juntos en esta posición. The Libertines fue una banda de amigos, los mejores y más intensos -Carl Barat y Pete Doherty- decidieron vivir la autodestrucción hasta que las drogas le ganaron a la música y decidieron terminar la banda. Después de esto, Pete Doherty se convirtió en la comidilla de los tabloides. Por su parte, Carl Barat sigue intentando hacer música interesante, no puede, ninguno de los dos, se hacen falta.
Después de las agotadoras giras y la aclamación mundial lograda con el Ok Computer la banda se tomó un descanso, fue en este periodo donde empezaron a experimentar con la música electrónica y lograron otra obra maestra. Un disco que en su momento fue poco entendido por los fanáticos y la crítica más fiera que pedía más de lo mismo. Radiohead les dio la vuelta a todos con una perfecta obra de experimentación electrónica que se adelantó varios años a lo que vendría. Por cierto, Kid A fue producido por Nigel Godrich, quizá el productor más emblemático de la década.
El rock de raíces puras, ese que se nutre del blues y el country encontró en el dueto por formado por Jack y Meg White a sus más finos y puntuales exponentes. Jack White se reveló como uno de los músicos más importantes de la década y con este disco dejó una huella definitiva en la historia del rock. White Blood Cells les dio la aclamación popular, nada mal para un disco grabado a la vieja usanza: en cinta, con micrófonos de los años cincuenta en un pequeño estudio de Memphis. Muchas de mis canciones favoritas están aquí, un disco -dedicado a Loretta Lynn-que me parece perfecto, una obra honesta, directa y sin artificios, rock de neta pues.
Fue el álbum de definió como sonaba y como se veía el rock del nuevo milenio, su influencia es definitiva. The Strokes presentó un disco perfecto. This Is It suena retro, sucio y portentoso. Una obra sin más artificios que la necesidad de tocar fuerte y chingón. Los vi en vivo cuando lanzaron este disco, en un concierto ya mítico en el Salón 21 de México D.F. la experiencia fue demoledora: una banda pequeña con un gran disco y la actitud de unos grandes del rock. Todos tocaron perfecto, Julian Casablancas cantó increíble. Fue uno de los momentos más memorables con un disco que es y sigue siendo parte esencial de mi soundtrack para estos diez años, así de importante pues.
Este caso lo he visto antes y no por eso deja de sorprenderme: una película independiente, hecha con presupuesto limitadísimo y al margen de la industria de Hollywood se convierte en un fenómeno taquillero. En las últimas cinco décadas de producción cinematográfica se han presentado este tipo de fenómenos, películas baratas -casi siempre óperas primas- que logran conectar con el público masivo que, a su vez, las convierte en grandes generadoras de dinero. Esto parece destinado a repetirse cada 10 años en el cine de terror, un género que se ha encargado de confirmar que, para hacer una buena película, una que de verdad de miedo, no hacen falta más recursos que una buena idea bien dirigida. ¿Ejemplos? en los sesenta fue la película Night of the Living Dead de George A. Romero, en los setenta Halloween de John Carpenter, los ochenta fueron para Evil Dead de Sam Raimi, The Blair Witch Project de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez en los noventa. Esta década el fenómeno es para Paranormal Activity. Una película hecha con una cámara digital de formato medio, sin efectos especiales digitales, sin iluminación profesional. Una cinta cuyo director -Oren Peli- se encargó de escribir, producir, grabar y editar con la ayuda de 4 personas en su equipo técnico y dos actores que ganaron $500 dólares por su trabajo. La cinta costó $15 mil dólares y ha generado hasta el momento poco más de $100 millones de dólares tan solo en Estados Unidos.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, no puedo negar que me dieron ganas de verla, soy un adicto confeso al género de lo truculento. Así que entré a la sala, me dispuse a disfrutarla y así fue. Actividad Paranormal -su nombre de exhibición en México- no es una película perfecta, tampoco se convertirá en un clásico del género pero, es una producción bien lograda, con una buena cantidad de sustos que al final hacen que la experiencia sea gozosa.
Paranormal Activity cuenta la historia de Katie y Micah, una pareja de San Francisco, California cuyas noches empiezan a ser aterradoras debido a una serie de fenómenos inexplicables: puertas que se abren y cierran, sonidos de pasos, cosas que se pierden y después aparecen, objetos que se caen al piso sin motivo. Micah -el novio- decide tomar cartas en el asunto y compra una cámara de video -la película está armada en base a lo que está cámara graba- para documentar lo que ocurre en casa por las noches. Así el director nos presenta una cinta contada a manera de cámara testigo, al estilo de The Blair Witch Project, una referencia inevitable por el tipo de narrativa. Micah deja la cámara grabando todas las noches y en un espacio de tres semanas, la vida de la pareja se convertirá en un infierno al darse cuenta que los sonidos son causados por un demonio que, desde hace mucho tiempo ha estado presente en la vida de Katie. El desenlace solo podría ser trágico y así es.
Oren Peli acierta con esta, su primer película, al presentar una historia que al ser contada en cámara testigo es muy fácil que el espectador se meta en la piel de los protagonistas -dos actores bastante cumplidores- y que, de cierta forma seamos cómplices del artificio que nos presenta el hecho -la documentación en video de una casa embrujada- como si en verdad hubiera pasado. Los sustos están ahí, en lo cotidiano y lo realista, en mostrarnos lo vulnerables que somos al estar dormidos, en explotar al máximo el silencio como generador de tensión. Los momentos aterradores de la película no son debido a efectos especiales sofisticados, estos se logran explotando inteligentemente algunos de nuestros miedos más primigenios: la oscuridad, los ruidos extraños, la presencia de lo desconocido. Miedos que de cierta forma nos recuerdan los vividos en la niñez. La cinta funciona pues logra convertir una serie de grabaciones caseras en una experiencia tenebrosa. Lo repito, no es perfecta y tampoco busca serlo.
El director grabó esta cinta en 2007 con lo firme intensión de asustar, tengo que decir que lo logra de forma de forma elegante y de paso le da una patada en el culo a cintas como Saw, Destino Final y más productos maquilados en serie que a nadie asustan y solo sirven para reafirmar la idea -siempre errónea- del terror como un género menor.
A más de un mes de su estreno en cartelera me decidí a ver Luna Nueva, segunda parte de la saga Crepúsculo. Lo hice de forma moderada: en una sala pequeña donde los que estábamos -en su mayoría adultos- no éramos los fanáticos de las novelas escritas por Stephanie Meyer, esos vieron la película en su semana de estreno y se aseguraron de convertirla en una de la más taquilleras de la historia del cine. Dicho esto la curiosidad se vuelve más tentadora, ¿qué tiene de especial esta cinta que ha logrado enloquecer al mundo entero? la respuesta se me escapa.
La historia presenta pocas novedades a lo visto en la entrega anterior: Bella está obsesionada con la idea de convertirse en vampira para pasar la eternidad al lado de su novio, el soporífero y siempre azotado Edward Cullen, un vampiro que no muerde ni hace mal y se espanta hasta de un vegetal -con perdón al Conde Pátula- Edward a su vez se la pasa sufriendo el dilema moral de convertir o no en vampira a su chica. Así ambos pasan los días hasta que un incidente hace que Edward decida dejar a Bella, lo hace no por falta de amor -ese le sobra y el guión se encarga de recordárnoslo cada que el personaje abre la boca- sino por respeto a la vida de su amada cuya existencia siempre está en riesgo desde que decidió ligarse a un vampiro. Con el rompimiento y posterior abandono de Edward la vida de Bella se desmorona, ahí entra Jacob, un joven hombre lobo que luchará -siempre sin camisa- por ganar el amor de Bella y hacerla olvidar al aburrido vampiro que, de forma casi acosadora, se le sigue apareciendo a su amada cada que esta está a punto de hacer alguna estupidez que ponga en peligro su vida. Edward, o mejor dicho, la cabeza flotante de Edward Cullen se convierte en la conciencia de Bella y esta en su obsesión por seguir viendo al vampiro se pone en peligro constante para que se le manifieste hasta que, por una terrible confusión, Edward piensa que su amada ha muerto así que, sin más motivo por vivir -es en serio- decide viajar a Europa para ser sacrificado por un grupo de vampiros refinados. Será labor de Bella el salvar a su amado de tan terrible confusión.
Los lobos descamisados de Luna Nueva
Luna Nueva es una película con serios problemas, el primero y más importante es que se trata de una cinta sin actores profesionales. No me mal interpreten, se que los tres protagonistas tienen experiencia en el medio pero, lo cierto es que no son actores. Ninguno -Edward, Bella o Jacob- logra darle vida a su personaje y por consecuencia es imposible conectar con ellos y lograr que nos importe por lo que están pasando. Son personajes planos, guapos y guapas eso si, pero aburridos, carentes de viscera, esto también es consecuencia del guión, los parlamentos de Edward parecen compilados de la peor colección de tarjetas Hallmark. Las situaciones son efímeras y sacadas de la manga, no hay tensión dramática, no hay agilidad, se trata de un bloque de sentimientos poco realistas -en el mundo de Luna Nueva está bien que una chica ponga en peligro su vida para que el ex novio la rescate y así poder verlo de nuevo- y estúpidos que la convierten en un tabique imposible de digerir.
Mínima parte del equipo Composta, faltan en la foto: Lizeth, Juan, Tonatiuh, Vanesa, Dolores, Panchito, Tomasena, Edgar, Rubén, Karenina, Luis, Ortuño, Adriano, Edgar, Ulises y Verónica. Para todos, un abrazo.
Gracias a todos los que formaron parte de nuestra cobertura en la Feria Internacional del Libro, trabajamos intensamente para que ustedes, los que nos leen y visitan, tuvieran una visión diferente, más diversa y rica que la ofrecida por los medios de información tradicionales. Fue una semana de ir contra reloj y lo disfrutamos muchísimo, tanto que lo volveremos a hacer. Ustedes tendrán su veredicto, por mi parte, como codirector del sitio, no me queda más que una sonrisa en la cara. La pasé de lujo reafirmando el talento de nuestro equipo y descubriendo que tenemos una comunidad de lectores muy fieles, les agradezco la atención y sus comentarios.
La FIL cierra un año de trabajo intenso para los Composteros, 2010 lo será aún más: seguiremos defendiendo la gratuidad de contenidos, la libre expresión, tendremos más productos, más colaboradores y todas las cochinadas que tanto les gustan.
Libritos y librotes, en los pasillos de FIL se encuentra uno con algunas de las imágenes más bizarras del año. Hay compradores compulsivos, intelectuales de ocasión, despistados irredentos y ñoños, me incluyo, que buscan los objetos del deseo geek.
Sorpresa mayor me llevé al descubrir un par de libros dedicados a los come sesos. Los zombis son parte de la apuesta literaria que Ediciones Urano presentará en 2010, son dos títulos que de entrada lucen fenomenales:
Orgullo y Prejuicios y Zombis, Ediciones Urano.
1. Orgullo y Prejuicio y Zombis. Con un titulo tan orate ¿será necesario explicar más?, la premisa es sencilla pero no menos delirante: se retoma un clásico de la literatura y se le sitúa en medio de un holocausto zombi. El autor, Seth Grahame-Smith presenta una versión sanguinaria de la novela escrita por Jane Austen. La buena noticia es que no tienen que esperar a 2010 -que tampoco falta tanto- ya que Ediciones Urano trae este libro como adelanto exclusivo para la FIL.
Guerra Mundial Z, Ediciones Urano.
2. Guerra Mundial Z. Una novela que narra los testimonios, siempre aterradores y divertidos, de los sobrevivientes de una invasión zombi a nivel mundial. El autor, Max Brooks -hijo del comediante, director y escritor Mel Brooks- presenta los detalles de la guerra entre humanos y zombis donde los primeros buscan sobrevivir y los segundos, un pedacito de cerebelo.
Ahí quedan dos recomendaciones para sumergirse más en el género de los muertos que caminan. Unos seres que, ironicamente, se niegan a descansar en paz. Una última recomendación: recuerden siempre apuntar a la cabeza.
Ambos títulos están disponibles en el stand F8, propiedad de Ediciones Urano. Esto en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.
Estoy en la FIL todos los días, me toca observarla de cerca: señoras perfumadas que van a la conferencia del Premio Nobel, periodistas que se mientan la madre, estudiantes olorosos que buscan la forma de birlar un libro y de paso pegar el repegón. Así de plural, esto es una feria y hay que vivirla como tal. No todo son las conferencias y los talleres, hay otro tipo de contenidos que, de entrada, y por su temática truculenta, ya tiene un lugar ganado en mi corazón. Así pues, me dedicaré en los siguientes días a buscar libros, pero no cualquier texto, haré una exhaustiva búsqueda de ejemplares de temática relacionada con el horror, ciencia ficción, fantasía, música, cine, novela gráfica y todas esas delicias que tanto gustan al público asiduo a este espacio.
Queda pues mi compromiso que ofrecer el lado ñoño de la FIL, inicia la búsqueda, se aceptan sugerencias, vales de comida y sistemas GPS.
Entré al cine para ver una cinta sobre el fin del mundo, me senté y con una bandeja de nachos sobre la rodilla me propuse gozar la función. Los nachos fueron disfrutables, la película no.
2012 es dirigida por Roland Emmerich, un tipo obsesionado con aniquilar a la raza humana y que, de alguna forma, siempre consigue que los estudios de Hollywood patrocinen sus obsesiones megalómanas. La filmografía del director está plagada de excesos que, en retrospectiva, se convierten en un curioso objeto de estudio, Emmerich es un director cuyas principales cualidades no se dan tras la cámara sino en las juntas de marketing, bajo su tutela se han producido algunas de las cintas más caras, ridículas y exitosas de los últimos 15 años. Su nombre es sinónimo de cataclismos, explosiones y actuaciones acartonadas, 2012 no es la excepción.
La cinta parte de un hecho tramposo y lo convierte en premisa: en el año 2012 sufriremos el fin de la civilización humana, esto según una profecía incluida en el calendario Maya. Así pues, Emmerich, nada tonto, aprovecha la cercanía de la fecha y el morbo de la gente para presentar una película donde un padre divorciado intenta salvar a su familia. Así de simple, así de plagio de La Guerra De Los Mundos versión Steven Spielberg.
Roland Emmerich no es un director de actores, lo suyo son las secuencias de acción -malas por cierto- y las escenas de explosiones donde, inevitablemente, veremos volar en mil pedazos algún monumento histórico. 2012 es protagonizada por un aburrido John Cusack, su trabajo se nota forzado y es imposible conectar con el en medio de tantos clichés y personajes secundarios metidos con calzador, otro punto. La cinta está plagada de personajes que poco aportan a la historia, se nota una intención de tenerlos ahí para, en algún momento, utilizarlos como generadores de momentos cursis y de mal gusto por su inverosimilitud, ejemplo: un padre utiliza los últimos segundos de vida al lado de su familia para llamar por teléfono.
2012 es una película fallida en todos los sentidos, dura casi tres horas y poco entretiene, los efectos son buenos no lo niego pero, esto ya lo hemos visto antes, en otras películas del mismo director que ha hecho explotar la Casa Blanca tantas veces que ya resulta difícil diferenciar una película de otra. Explosiones, gente gritando, personajes de cartón y sensiblería barata. Todo esto revestido con lo último en tecnología y efectos especiales que ya a nadie emocionan.