Remakes de horror
La fiebre del remake azota Hollywood. En los últimos años hemos sido testigos de una serie de fallidos y atinados revivals. Homenaje y nueva oportunidad de negocio al explotar películas del pasado que por una u otra razón se convirtieron en fenómenos de culto.
El cine de horror, curiosamente, es uno de los más afectados en la fiebre del revival.
En 2004 el director Marcus Nispel hizo una interesante reversión a una de las películas de culto más famosas e infames de la historia, The Texas Chainsaw Massacre (1974). Esta nueva visión resulto a mi gusto muy atinada, recuperó lo mejor de la cinta original de Tobe Hooper y se encargó de salpicarla de gore extremo. El director agregó secuencias de acción más dinámicas y se dio un clavado en la psicología y motivaciones del asesino Leatherface, una mina de oro para los argumentistas y curiosos del psicoanálisis.
Después, en 2007 el músico y director Rob Zombie se aventuró a rehacer la que para los fans del genero es la obra maestra del slasher flim, Halloween (John Carpenter, 1978). El remake resultó un fracaso de taquilla más no una película abominable ni del todo fallida. Aplaudo la intención de Zombie al contarnos, a manera de un prologo bastante iluminador, más sobre la infancia de Michael Myers, un niño que vivía en el infierno del white trash más recalcitrante y que, víctima de abusos físicos y verbales, cierto día decidió tomar un cuchillo de carnicero y matar al que se le ponga enfrente. Este “prologo” de Zombie me parece la parte más interesante y valiosa de la película, la búsqueda racional del origen del mal. Creo firmemente que esa exploración psicológica a Michael Myers fue lo que alejó al gran público de las salas de cine.
Ahora en 2009 se estrena otro remake de otro clásico del genero, Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980). En esta ocasión la reversión ha resultado un éxito de taquilla, no entiendo porque. La cinta original proponía a un asesino (Jason Voorhees) sobrenatural capaz de soportar cientos de balazos, un ser mítico que enfundado en una mascara de hockey salía a castigar a los jovencillos calientes que se atrevieran a pisar su territorio, el Lago Cristal. No había mayor explicación psicológica y tampoco hacía falta, Jason era un asesino y punto.
En el remake Jason deja de ser un peligro sobrenatural y se convierte en un humano corriente y bastante pervertido. Error, no hay que humanizar al que por tradición ha sido casi un fantasma que ronda los bosques, no hay mayor explicación psicológica, Jason debe de matar porque es un hijo de puta asesino, nada más. Nunca en ninguna parte de la inagotable saga de películas originales se nos presentó a un asesino tan humano y tan por decirlo en buena onda, común.
El remake de Viernes 13 es fallido, los asesinatos (glorias creativas en los episodios originales) son bastante grises, falta ingenio, sobra pretensión. Mejor suerte para la próxima.
















