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La Hermandad de las Líneas y los Hilos

abril 30th, 2011 — 11:44pm

“Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo”

-Albert Einstein

Se me han ido tantas horas de mi vida trazando líneas, dibujando con distintos medios: lápiz, tinta, carbón, acuarela, pastel, mordentes en el metal, lápices de colores, crayolas, tiralíneas, plumas atómicas, que he decidido escribir un poco acerca de ello.

Creo que los dibujantes tenemos una forma un poco abstracta de ver el mundo. Porque aunque dibujemos figurativo (o sea representemos formas y figuras reconocibles por tener una base en el mundo real) la verdad es que el universo tal como lo percibimos los humanos no se vé con rayitas.

Ella es uno de mis nuevos personajes. No es el momento de decirles quién es ni de dónde viene. Está hecha con tinta y canutero. Puras líneas, nada más. Dibujo.

Las líneas son una cosa francamente fascinante. Si las pones muy juntitas producen un efecto más oscuro que si las separas. Puedes superponer capas de líneas para producir efectos de sombras y transparencias a la manera de una acuarela o un temple. Es como ir entretejiendo una forma, (y miren que yo no sé tejer, pero los hilos y las líneas tienen semejanzas muy sospechosas, la tela de la que está hecha la ropa está formada de cientos de hilos muy muy juntos, sólo que no los percibimos a simple vista) todo este asunto de tejer (¿o hilar?) con líneas lo han entendido a la perfección artistas de todas las épocas, entre los grandes está mi ídolo de todos los tiempos: Rembrandt, también Vlady (mi nuevo amor), ese mujerón de sensibilidad exquisita: Kathé Kollwitz,  el genio del aguafuerte: Piranesi, y por supuesto Harry Clarke: virtuoso de la tinta.

Este es uno de los grabados al aguafuerte de Piranesi. De su célebre serie de "Cárceles". Puras líneas. Nada más.

Otro grabado, este es de Goya. De su serie "Los caprichos y los desastres de la guerra", aguafuerte

Hay otro grande secreto de las líneas encerrado en una pequeña palabra que obra milagros, muy a la manera del “Abracadabra” que le abrió la cueva a Aladino, esa enormísima e infaltable capacidad que ha de dominar cualquier dibujante que quiera preciarse de serlo, un vocablo que abre los misterios de la profundidad a la que se puede llegar con un instrumento tan humilde como un lápiz o una plumilla insertada en un canutero, el último bastión del(a) hilvanador(a) de líneas: la paciencia.

Porque las líneas no sólo sirven para delimitar una forma en la pista de juegos del papel o el bastidor, también constituyen una red completa de sombras que le den volumen a toda figura por más vulgar o fantástica que sea.

El dibujo es una técnica que revela sin tapujos el estado emocional de quien lo ejecuta. No hay forma de parapetarse detrás de una masa de color, las líneas quebradas, rígidas o interrumpidas hablan del dibujante, de su capacidad o carencia de ella, de su nerviosismo o falta de concentración. Las líneas obsesivas, fluidas, desgarradas y repetidas hablan de la pasión, el fervor, la neurosis, el lirismo del autor.

Por algo la letra de cada quién revela tanto, la caligrafía no es mas que una forma de dibujo.

El dibujo ofrece una cartografía del alma. Es espiritual.

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Dentro del Taller de Grabado Parte I, Aguafuerte

febrero 10th, 2011 — 2:16pm

Tengo unos pocos meses de haber retomado el grabado. Estoy muy feliz de haberlo hecho. Y pues siendo una privilegiada aprendiz en el taller del maestro José Gutiérrez, me decidí a convertirme también en una informante de los increíbles procesos que se suceden dentro de estas cuatro paredes de este laboratorio de alquimia gráfica.

A lo largo de mi carrera en las artes, me he dado cuenta de que la gente tiene poquísima o nula idea de lo que significan, en las fichas técnicas de los cuadros en las exposiciones, palabras como: “aguafuerte”, “aguatinta”, “punta seca” y, en fin, todas aquellas que designan variantes del vastísimo mundo de las técnicas de estampación. En anteriores posts me he referido a algunas sin explicarlas antes, ahora lo haré, y les pido que si algo no queda claro, me lo hagan saber.

En una charla que tuve con el maestro, se me reveló que el mundo de los grabadores es más amplio de lo que yo jamás llegué a imaginar. Por ello, los posts en los que les descubriré lo que sucede en un taller de este tipo serán muchos (no sé cuantos). Espero lograr que se sientan dentro. Una vez dicho esto, ¡empezamos!

Para empezar, las técnicas de grabado se dividen a su vez en tres grandes áreas:

Técnicas en hueco-> En las que la tinta se aloja en las partes que quedan por debajo de la superficie de la matriz. Lo que se incide, quedará en negro.

Técnicas en relieve-> En las que la tinta queda en las partes que  sobresalen de la matriz. Es exactamente lo opuesto de las técnicas en hueco, lo que se incide, quedará blanco.

Técnicas planográficas->En estas técnicas, la matriz no está incidida de ninguna forma. Las imágenes producidas de esta forma se obtienen por el traspaso de las tintas aplicadas directamente sobre la matriz, o haciendo pasar tinta a través de una malla o pantalla. De estas técnicas son un ejemplo la litografía y la serigrafía.

Las técnicas en hueco se subdividen en dos: las directas y las indirectas, estas últimas se vuelven a dividir en otras dos: aguatinta y aguafuerte. Suena bastante embrollado el asunto, pero sigan conmigo y lo iremos desenredando. En este post trataremos el aguafuerte, una técnica bellísima, empleada ampliamente por grandísmos maestros como Rembrandt, Doré, Kathé Kollwitz, Félicien Rops y Durero sólo por mencionar algunos.

El aguafuerte es llamada una técnica indirecta porque los trazos sobre la matriz (que siempre es una placa metálica, siendo el cobre y el zinc los materiales más empleados. Por cierto que a todas las técnicas de grabado sobre metal, se les llama calcografía) no son abiertos directamente por el artista, sino que son incididos por una sustancia a la que se le conoce como mordente. Los mordentes pueden ser o no ácidos. De estos últimos, entre los más empleados están el ácido nítrico y el sulfúrico, entre las sales, el percloruro de hierro es el más usado.

Una placa de zinc, virgen y lista para trabajarla

De los metales, es el cobre es el más estable y “predecible” de todos. Es la elección de muchos grabadores. Yo me encuentro usando zinc por su docilidad y su receptividad al ácido que estoy empleando.

La placa debe ser barnizada una vez que haya sido cortada. Hay varios tipos de barniz, dependiendo de los resultados que deseas obtener. En este caso emplearé un barniz duro, ya que deseo ver una gran definición y precisión en las líneas que trazaré.

Barnices para aguafuerte, parecen chocolatitos, el más grande es el barniz duro; el más pequeñito es el blando. Les explicaré para qué sirve cada uno. Nota olfatoria: huelen muy rico.

La placa debe calentarse antes de aplicar el barniz

Al contacto con la placa caliente, el barniz puede embarrarse libremente

Luego, el barniz aguadito se distribuye de manera regular por toda la placa empleando un rodillo. Se requiere una gran habilidad para aplicar un barniz de la manera correcta. Aquí vemos al maestro José Gutiérrez en acción.

El barniz, listo para trabajar. Se debe dejar enfriar la placa antes de comenzar.

Ahora viene lo bueno: se dibuja sobre el barniz con una delgada punta metálica, o no tan delgada, depende de cada artista la calidad de la línea. Con cada línea, se levanta el barniz, y las líneas quedan expuestas.

Ahora viene lo bueno: se dibuja sobre el barniz con una delgada punta metálica, o no tan delgada, depende de cada artista la calidad de la línea. Con cada trazo, se levanta el barniz, y las líneas quedan expuestas.

Una vez terminadas las líneas, se llena una tina con el mordente elegido. En este caso, ácido nítrico.

Se tira la placa al ácido. Este "morderá" las líneas expuestas, grabándolas en el metal, ¡chomp! La acción del mordente sobre el metal es el de una oxidación rapidísima. Nota: Si metes la mano en el ácido no sacas el puro huesito, ¡pero hay que tener cuidado!

El grabado no queda terminado sólo con una entrada: se necesitan varias para llegar a los tonos deseados. En esta metida al mordente, la placa permaneció sólo 20 segundos lo que nos dió unos grises suaves.  A mayor tiempo en el ácido, más profundo el atacado y más oscura la línea. Aquí entra en juego la pericia del grabador y la claridad del artista para definir los tiempos. La intensidad de las líneas se traduce en minutos en el ácido. Para ver cómo va el trabajo se debe retirar el barniz con aguarrás, entintar e imprimir. Luego aplicar otro barniz y volver a trabajar. Es un brete. Y también un placer.

Pueden ver que, en efecto, es el mordente quien graba las líneas. Es como un mediador entre la mano del artista y el metal, por esto es una técnica indirecta.

Este grabado aún en proceso, en un próximo post se los mostraré terminado.

Los grabados ejecutados con barniz blando llevan básicamente el mismo proceso: la placa se calienta, se aplica el barniz. La diferencia estriba en que este es muchísimo más sensible. En el barniz duro, puedes apoyarte sobre la placa sin que la presión de tu mano perturbe el barniz; en el blando tal cosa lo arruinaría. Así que se debe trabajar sin tocar la placa mas que con la punta, o como lo he hecho yo: pongo un papel sensible sobre la placa, y trazo sobre él, como si se tratara de un dibujo, empleando distintas presiones. El barniz blando se levantará donde yo aplique mayor fuerza y menos donde la intensidad sea mas débil, lo que resulta en una transferencia fiel del trazo en la placa. Al terminar se sumerge en el mordente. Como no es pareja la forma en que el barniz ha sido retirado (al contrario que en el duro), el ácido “morderá” de manera distinta las áreas completamente descubiertas y será más suave con las que tengan un destapado más sutil. Los grabados en barniz blando suelen ser confundidos con dibujos dado la fidelidad con la que traducen el trazo del artista.

Esta poderosa lupa se llama "cuentahilos" se emplea para ver de muy cerca la calidad de las líneas en las placas, para verificar si el mordente está atacando de manera deseada, el grabado es un exquisito juego de sutilezas.

Una placa de su servilleta al barniz blando. Terminada. Las placas de grabado son, sin lugar a dudas, algunos de los objetos más bellos que jamás he visto. Nótese que la línea no está tan definida, es más "borrosa" esto es algo característico del barniz blando.

A continuación les mostraré el proceso de entintado de una placa al barniz blando. Un arte por sí mismo. No sé que haríamos los artistas sin los maestros grabadores e impresores. Aquí, el maestro José Gutiérrez.

Se aplica la tinta empleando un rasero pequeño. Tiene una textura deliciosa.

Se quita luego el exceso de tinta con algún papel delgado, aquí, hojas de la sección amarilla.

Poco a poco, se va viendo la imagen. Pueden observar que la tinta permanece en lo huecos de las líneas.

Ya que se quitó el exceso de tinta, se limpia aún más con una bola de tela muy fina, llamada tarlatana.

El tórculo del taller, listo para imprimir.

Se coloca la placa entintada sobre la superficie del tórculo que se desplaza bajo el rodillo (la platina) el papel, previamente humedecido, va arriba.

Dos pasadas, a la derecha y a la izquierda. La placa y el papel reciben la presión a través de un material esponjoso que modula la presión.

¡Listo! Se va develando la imagen...

"La boda de los Dodós" aguafuerte al barniz blando. Por su servilleta.

Como pueden ver, el aguafuerte puede ser trabajada con los dos barnices, cuando miren un grabado en una exposición que diga:  “Aguafuerte”, ya saben exactamente a qué se refieren. En nuestro idioma, a un aguafuerte se le relaciona inmediatamente con el barniz duro, y a los trabajados con el blando se les designa como: “Barniz blando”. Pero la realidad es que ambos son aguafuertes.

Los dos barnices pueden ser usados en una misma placa, un artista puede comenzar con un barniz blando y terminar con uno duro, dependiendo de lo que desee lograr, de su habilidad y del grabador que lo acompañe.

Los dejo con una aguafuerte por Rembrandt, observen las líneas bien definidas, característica que delata enseguida que empleó un barniz duro.

El aguafuerte más pequeña de Rembrandt, aguafuerte trabajado con barniz duro.

En esto termina nuestra primera excursión por el taller de grabado, ¡nos vemos en la parte II!

¿Fascinante no?

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Para ella, la guerra no terminó jamás

noviembre 7th, 2010 — 10:12pm

“Es mi responsabilidad darle voz a los sufrimientos de los hombres; los interminables sufrimientos que se apilan, tan altos como las montañas”

“Yo era feliz, pero “feliz” es una palabra de adultos. No tienes que preguntarle a un niño si es feliz, puedes verlo. Lo son o no. Hablar de ello es igual que querer asir el viento. Es más fácil dejar que sople sobre ti”

-Kathe Kollwitz

Creo que cada persona habita un mundo distinto. Cada persona; con sus gustos, amores, aversiones, caminos, amistades, alegrías, decepciones, soledades, músicas, imágenes, surcos en la nieve, surcos en la piel del alma, amplitud al inspirar, los brazos abiertos o cerrados, cautelas, inocencias, dolores, éxtasis. Cada quien habita su mundo interior como mejor puede, lo poblamos desde el humus de nuestra sensibilidad. La experiencia del mundo es tan única y tan personal como cada ser humano. Algunos mundos son paupérrimos, otros, insondables en la oscuridad de sus sombras o en la blancura de su luz. Estoy en este camino, llamado “del arte”, y a poco menos de una década de transitarlo, he llegado a la conclusión temporal de que lo que llamamos “arte” no es más que una develación de estos mundos interiores.

Me fué mostrado hace pocas semanas, por medio de las ventanas de un magnífico libro, el mundo interno de una mujer alemana llamada Kathe Kolllwitz. No es posible separar al artista de su contexto. Kollwitz- -un alma de las insondables- vivió las primeras dos guerras mundiales sufriendo la muerte de uno de sus hijos y de un nieto en los sangrientos combates que se sucedieron.

Kathe Kollwitz en su juventud

Se supo dibujante desde muy joven, -lo que quiere decir que eran las líneas más que las manchas su lenguaje- se convirtió en una de las grabadoras y dibujantes más respetadas, develándonos las preocupaciones que la obsesionaban: la pobreza, la crueldad de la guerra, la vulnerabilidad de los más débiles, el dolor terrible de las madres que perdían a sus vástagos, la angustia atroz de tantos niños y niñas bajo la sombra del conflicto, acosados por la miseria, por el hambre del cuerpo y del alma, por la siempre presente cercanía de la muerte, a la cual Kollwitz en uno de sus grabados incluso la representa como una amiga.

Este es, posiblemente, el grabado más famoso de Kollwitz: "Mujer con niño muerto"

¡Los niños de Alemania mueren de hambre! -Grabado en barniz blando

He de confesarles que cuando ví el trabajo de Kollwitz, me dieron ganas de mejor dedicarme a otra cosa. Así de grande es. Pude introducirme e imaginar, aunque haya sido solamente por un momento, en los zapatos de esta mujer artista, esposa y madre que no pudo quedarse callada ante los actos que consideraba de una brutal injusticia, crímenes intolerables. Debido a sus actividades pacifistas denunciando al régimen Nazi -sus trazos lucieron en pósters, carteles y manifiestos de la época- ella tuvo que vivir recluida desde 1933 hasta su muerte en 1945, acaecida sólo unos días antes de que la guerra terminara.

"Después de la batalla" Grabado en barniz blando

"La Carmagnole" o "Danza alrededor de la guillotina" Grabado en barniz blando y aguatinta

La Muerte intenta llevarse a esta mujer, su hijo se la disputa. Grabado en barniz blando

También realizó más de 50 autorretratos a lo largo de su vida. Se representa sin vanidades,  con una honestidad que desarma, se aprecia el paso del tiempo en su fisionomía y también el enriquecimiento de su calidad artísitca.

La artista contó una vez, que cuando su hijo Peter -el que murió en combate- tenía sólo siete años, ella se encontraba afanándose en terminar una placa de grabado con el pequeño en brazos. Agotada, dejó escapar un gemido de cansancio. Peter la miró y le dijo: “Mami, no te preocupes. Está quedándote bonito”.

La obra de Kathe Kollwitz no es “femenina”, es universal.

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Reinventando el feminismo desde 1985

octubre 27th, 2010 — 10:58am

Andábamos por ahí en la web el otro día y nos encontramos esto:

A continuación lo traducimos para beneplácito de l@s visitantes de este callejón de cochinada:

Las ventajas de ser una artista mujer:

1.-Trabajas sin la presión del éxito.

2.-No tienes que estar en exposiciones con hombres.

3.-Puedes escapar del mundo del arte en tus trabajos freelance.

4.-Sabes que tu carrera podría despegar después de que cumplas los ochenta.

5.-Tienes la certeza de que cualquier clase de arte que hagas será etiquetado de femenino.

6.-No te quedarás atascada en un puesto docente vitalicio.

7.-Ves vivir tus ideas en el trabajo de otros.

8.-Tienes la oportunidad de elegir entre la maternidad y la carrera.

9.-No te asfixias al fumar enormes habanos ni has de trabajar enfundada en gigantescos trajes italianos.

10.-Dispondrás de más tiempo para trabajar cuando tu pareja te bote por alguien más joven.

11.-Eres incluida en versiones revisitadas de la historia del arte.

12.-No tienes que pasar la vergüenza de ser llamada “genio”.

13.-Ves tu foto en las revistas de arte usando un traje de gorila.

Esta lista nos intrigó sobremanera.  Más cuando es precisamente una mujer que quiere llamarse a sí misma “artista”, la que administra este blog. El punto uno me fascina,  pues aunque la idea de “éxito” es un término completamente subjetivo dependiendo de la escala de valores de cada persona, me considero exitosa al tener independencia y además ser una enormísima mantenida por mis pobrecitos monos. Espero que el punto cuatro se me haga realidad mucho antes de cruzar el umbral de mi octagésimo cumpleaños. El punto cinco me pasa todo el tiempo. Aún no me encuentro en la encrucijada que plantea el octavo, me he medio ahogado por querer hacer a lo que se refieren en la primera parte del noveno, espero que el diez no me ocurra nunca y el doce es completamente genial.

Pues resulta que este increíblemente ácido, ingenioso -y verídico- poster es obra de un grupo de feministas activas desde mediados de los ochenta quienes se autoproclaman Guerrilla Girls.

Las mujeres que forman parte de esta agrupación portan máscaras de gorilas en sus apariciones públicas, -de ahí lo del punto 13 de la lista anterior y lo del nombre; la palabra guerrilla y el vocablo gorila en inglés suenan casi igual- se reúnen muy lunáticamente cada 28 días, y usan como seudónimos nombres de mujeres artistas ya fallecidas. Estas féminas enmascaradas buscan denunciar el sexismo y el racismo en todas sus manifestaciones, han llegado incluso a autoproclamarse “la conciencia del mundo del arte” (estas palabras pueden leerse al pie de la lista que publiqué al inicio del post).

La agrupación recibe donaciones de mujeres simpatizantes, también obtiene ingresos de la venta de sus posters y publicaciones, de los pagos de sus seminarios y charlas.  Han sido objeto de grandes debates, se ha escrito sobre ellas en cientos de tesis doctorales, son entrevistadas por grandes cadenas televisivas como BBC o CNN, y en marzo de este año, Yoko Ono les otorgó el premio Courage Award for the Arts.

Las Guerrilla Girls Kathe Kollwitz y Frida Kahlo posan con Yoko Ono en la ceremonia de premiación del Courage Award for the Arts

Otro poster de las Guerrilla Girls, en este denuncian el bajísimo porcentaje de mujeres artistas en el Museo Metropolitano en Nueva York. La frase reza: ¿Acaso las mujeres deben estar desnudas para entrar al Met?

Este poster fué lanzado por el grupo a principios de los noventa. Se lee: "Los republicanos creen fielmente en el derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo".

No puede regateársele a estas chicas ni la inteligencia ni la agudeza. Su ácido sarcasmo intenta corroer el óxido de los prejuicios, las nociones anquilosadas que aún en pleno siglo XXI se niegan a morir. Se ha avanzado considerablemente en la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas, pero aún estamos lejos de haber alcanzado un equilibrio.

De repente se me ha ocurrido que siempre he tenido ganas de traer una máscara de gorila en mi bolsa y hacerme llamar Artemisia Gentileschi.

Todos los padres que tenemos hijas querríamos que se convirtieran en Guerrilla Girls cuando crezcan, y que nunca nos lo confesaran—Russell Banks, novelista.


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