Categoría: Historia


Del Plomo al Oro, Leonora

junio 9th, 2011 — 6:08pm

“La única persona que presenció mi nacimiento fue nuestro querido y fiel fox terrier, Boozy, y un aparato de rayos X para esterilizar vacas”-Leonora Carrington en su ensayo satírico: “Jezzamáticas o introducción al maravilloso proceso de pintar”.

Mandaron a Leonora a ser presentada en la corte de Jorge V. Era una mujer joven, hermosa y de acaudalada familia: un excelente partido.

Corría el año 1934 en Inglaterra.

A la chica le importó más hacer amistad con los animales del zoológico de Londres -especialmente con una joven hiena con la que se identificó, y que sería la base para un cuento que escribiría mas tarde: “La debutante”-  que coquetear con los chicos adinerados de la alta burguesía. Desde que era una niña que recorría con ojos maravillados los salones de su casa paterna -Crookhey Hall- en el condado de Lancashire, Leonora era ya una pequeña alucinada: un ser extraordinario lleno de sensibilidad, impresionable y empático. Creció escuchando leyendas de la mitología celta de los labios de su nana irlandesa Mary Kavanaugh y de la madre de su mamá: la abuela Moorhead:

“Mi amor por la tierra, la naturaleza, los dioses, me lo dió la madre de mi madre, que era irlandesa de Westmeath, donde existe un mito sobre hombres llamados la “gente pequeña” que pertenecen a la raza de los Sidhe, y que viven bajo tierra en el interior de las montañas. Mi abuela solía decirme que éramos descendientes de aquella raza antigua que empezó a vivir mágicamente bajo tierra cuando la suya fue tomada por invasores de diferentes ideas políticas y religiosas. Prefirieron irse a vivir debajo de la tierra, y allí dedicarse a la magia y la alquimia, pues sabían transmutar el oro. Las historias que mi abuela me contaba se fijaban en mi mente y me aportaban imágenes mentales que luego dibujaba en papel”.

"Martes" Temple sobre tabla

El fallido debut de Leonora en la alta sociedad británica no fué algo sorpresivo. Rechazada de varios internados por su naturaleza “ingobernable” e “indeucable”, Carrington demostró desde pequeña su naturaleza anticonvencional, rehusándose a someterse a nada que no le mandara su corazón. Volvió al norte de Inglaterra dispuesta a convencer a sus padres de que la enviaran a estudiar arte a Londres, cosa que consiguió a regañadientes. Ingresó en la academia de arte del pintor purista Amedeé Ozenfant, de donde aprendió sobre todo la disciplina y el rigor que también caracterizarían su quehacer artístico. La capital inglesa también sería donde conocería a su primer gran amor: el pintor surrealista de origen alemán Max Ernst.

“Conocí a Max estando aún en Ozenfant. Fue amor a primera vista. Mi cerveza comenzaba a desbordarse y Max puso su dedo sobre ella para que no se derramara sobre la mesa. Y esa fue la historia de mi gran amor.”

Desde Londres se trasladó a París en contra de los deseos de sus padres, quienes estaban escandalizados de su relación con un hombre mayor, y casado por añadidura. Leonora se reunió con Ernst en Francia, y al lado de él aprendió una nueva forma de ser ella misma, aumentando su producción artística, insertándose en el círculo surrealista, negándose a tomar el papel de simple “musa” o cualquier otro rol que que evocara los roles pasivos que este movimiento artístico les asignaba a las mujeres. Se podría llegar a decir, de hecho, que Ernst fue el inspirador de Leonora, su “musa” por así decirlo. Ella lo inmortalizó de este modo en un retrato vibrante en el que él aparece en un paisaje gélido, sosteniendo una esfera de cristal que contiene un caballo: animal con el que Carrington se identificó fuertemente a lo largo de su vida.

"La posada del caballo del alba" Óleo sobre tela

Max y Leonora se mudaron al sur de Francia, donde vivieron un tiempo de paraíso hasta que la Segunda Guerra Mundial irrumpió en su idilio y Ernst fué arrestado y separado de Leonora. Carrington tomó muy mal la detención de su pareja, cayendo en una fuerte crisis nerviosa. En ese estado la encontró su amiga Catherine Yarrow, quien la llevó consigo a España donde tras un episodio especialmente angustiante fué internada en una clínica en Madrid por seis meses.

“De repente me dí cuenta de que era mortal y vulnerable y podía ser destruida. Antes no pensaba lo mismo”.

Desde Inglaterra su familia solicitó que la transfieran a una institución en Sudáfrica, en el traslado Leonora logró escaparse en Lisboa y conseguir asilo en el Consulado Mexicano, donde su amigo Renato Leduc accedió a casarse con ella para auxiliarla y se trasladaron a Nueva York. En esta ciudad, ya recuperada de su roce con la locura retomó su quehacer artístico, exponiendo y colaborando en revistas para finalmente establecerse en México, donde formó cercanas amistades con intelectuales y artistas refugiados de guerra como Remedios Varo, Benjamín Péret y el fotógrafo Emrico Chiki Weisz, quién se convertiría en su compañero de vida tras su divorcio de Leduc.

Durante la década de los 40, Leonora insiste en pintar mujeres de grandes dimensiones, posteriormente, inspirada por pintores medievales como El Bosco, comienza a fragmentar sus composiciones y a utilizar la técnica de temple al huevo.

"La giganta" Óleo sobre lienzo

Desde los principios de su carrera, Carrington se mostró siempre como una feminista, interesándose en los problemas y desafíos que enfrentan las mujeres en comparación con los hombres no sólo en el ámbito artístico, sino en todas las facetas de la sociedad. El nacimiento de sus hijos Gabriel y Pablo, en la segunda mitad de los años 40, no disminuyó su producción creativa. La maternidad fue una experiencia profundamente positica para la pintora, sin embargo ella objetaba el exceso de trabajo que recaía en las mujeres con la crianza de los niños, y a menudo le decía a su amiga la también pintora Remedios Varo: “Necesitamos una esposa, como las que tienen los hombres, para poder trabajar todo el tiempo y que otro se encargue de la cocina y los niños, ¡Los hombres están muy mal acostumbrados!”.

“La tentación de San Antonio” Óleo sobre tela

En los años 5o los personajes híbridos comienzan a incursionar en las obras de Leonora, sus espacios se vuelven más acotados, su simbolismo, que desde siempre se nutrió de fuentes esotéricas y fantasiosas, toma un cariz alquímico mucho más marcado. Sus obras me recuerdan a los grabados crípticos del Libro Mudo, antiguo tratado de alquimia cuya primera edición íntegra data de 1677.

De ella se expresaron muchos de sus amigos y amigas, Octavio Paz la llamó: “Hechicera hechizada, insensible a la moral social, a la estética y al precio”. La galerista Inés Amor dijo de ella, en 1975, que “Es una pescadora de sueños o estrellas”. El crítico de arte Luis Carlos Emerich dijo que Leonora era: “Una fantasía en pie, con la fantasía como sello. Una mujer culta e inteligente que parece tenebrosa pero que es un chistorete cotidiano. Creadora de mundos donde confluyen el juego eterno del bien, el mal, y el conocimiento. Pintora compleja, abigarrada, irónica, con una sintaxis que escapa a la anécdota. Surrealista que es pura intuición y sabiduría de los valores esenciales: vida, muerte, destino y trascendencia del ser.”

Leonora nos dejó el 25 de mayo pasado. Tenía 94 años. Sus esculturas adornan el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Cuando pienso en ella, me maravillo de saber que vivió un círculo completo, convirtiéndose ahora en leyenda, dejándonos todo un manual de cómo convertir el plomo en oro.

"La hija del Minotauro" Óleo sobre lienzo

"La cocina aromática de la abuela Moorhead" Óleo sobre lienzo

“Estoy armada de locura para un largo viaje”

-Leonora Carrington

En este año salió publicada la novela “Leonora”, de la escritora, activista y política mexicana Elena Poniatowska, amiga íntima de la pintora. En esta obra, Poniatowska retrata la vida de la artista, desde sus orígenes como heredera de un magnate textil hasta su elección de llevar una vida distinta. La novela ganó el Premio Seix Barral de Biblioteca Breve.  

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Nunca lo abandonó el duende de la inspiración

enero 27th, 2011 — 2:48pm

En la pasada edición de la FIL compré un libro hermoso con las narraciones de uno de mis hombres perturbados favoritos de todos los tiempos: Los cuentos de imaginación y misterio de Edgar Allan Poe. La edición es bellísima, la editorial es la española Zorro Rojo: tapa dura, papel de ese que huele a fibra virgen, introducción de Julio Cortázar….una chulada, y las ilustraciones: una exquisitez del uso del canutero por parte de un tal Harry Clarke. Gracias a este súbito enamoramiento del trabajo de este irlandés es que me volví a volcar en la tinta: por eso, Señor Clarke, este callejón de porquería le dedica este post. Con suspiritos y todo.

La verdad sobre el caso del señor Valdemar, tinta de Harry Clarke

Clarke nació en Dublín en 1892, fué el hijo más pequeño de una familia de artesanos. En su adolescencia estudió el arte de los vitrales y de hecho, es considerado el más grande vitralista de Irlanda al margen de su carrera como ilustrador.

Su rico empleo del color, la delicada manera de representar la figura humana: alargada y elegante, los expresivos rostros de ojos profundos, son características que distinguen un vitral de este autor. A lo largo de su corta vida (murió a los 41 años) Clarke creó más de 160 vitrales para encargos religiosos y comerciales en países como su natal Irlanda, Inglaterra, Estados Unidos y Australia. Nunca he visto uno en vivo, pero verdaderamente no se parecen a nada que yo haya encontrado en mis correrías por el mundo. Y he andando por ahí.

Vitral realizado por Clarke, se encuentra en la localidad inglesa de Sturmister Newton

La ventana de Ginebra, ejecutada en 1929

Aunque el verdadero amor de la vida de Clarke haya sido el trabajo en vidrio, -dibujaba mejor en él que muchos artistas en papel, dándonos una idea de su enorme capacidad- sus obras como ilustrador también son capaces de dejarnos clavados sin dejar de mirar los intrincados detalles de su trabajo en blanco y negro. Clarke debió ser un obsesivo en su vida cotidiana, un neurótico de sensibilidad exquisita y disciplina de hierro. Las ilustraciones que hizo de las obras de Hans Christian Andersen, Charles Perrault, Poe y el “Fausto” de Goethe son verdaderos laberintos de detalles barrocos, una fiesta para el sentido de la vista de cualquier amante de las sutilezas. Y aunque se le compara con otros ilustradores de la llamada “Era de Oro de la Ilustración” como Audrey Bearsley, Edmund Dulac o el mismísimo Arthur Rackham,  el trabajo de Clarke logra ser perfectamente distinguible del resto de los trazos de sus contemporáneos gracias a la vibración siempre intensa de su dibujo, como un concentrado de todos los pensamientos y emociones que se agolpaban en su espíritu, haciendo fila para salir, por fin, a través de su virtuosa mano. Personalmente, encuentro el trabajo de Clarke mucho más elaborado, más interesante, y claro, mucho más perturbador que el de sus colegas.

Una imagen de Clarke para el "Fausto" de Goethe, la imaginería del irlandés prefiguró la sicodelia que imperaría en los años 60´s

El pozo y el péndulo de Poe, por Harry Clarke

Estremecedor "El Corazón Delator" de Poe interpretado por Clarke

Un genio inusual, Harry Clarke.

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La Catrina toma partido por “El Fisgón”

diciembre 4th, 2010 — 10:24pm

Al caricaurista e historietista Rafael Barajas “El Fisgón”, -a diferencia de Emilio González, gobernador del estado- no le asustó recibir la elegante efigie huesuda de la tía de las muchachas. Hoy, al filo de la 1 pm, al artista gráfico se le hizo entrega, dentro del marco del IX Encuentro Nacional de Caricaturistas en la FIL, el premio “La Catrina”. Este galardón se le otorga a los mejores artistas del género que por su trayectoria, compromiso e inteligencia van dejando una huella indeleble con sus lápices y canuteros.

Barajas no sólo es un caricaturista político, a lo largo de su carrera también ha ilustrado libros para niños (imaginó y vistió de líneas y formas el genial cuento de Francisco Hinojosa: “La Peor Señora del Mundo”), ha sido curador de exposiciones, ensayista, y también crea obra plástica. Ha denunciado violaciones a los derechos humanos con su serie “Mike Goodness”, sus cartones han criticado con agudeza las hipocresías, defectos  y maldades del sistema económico y político de México y del mundo neoliberal en publicaciones como los diarios Unomásuno y La Jornada. También Ha sido fundador y director de las revistas de humor político El Chahuistle y El Chamuco.

El sargento Mike Goodness y el cabo Chocorrol

Portada del libro "La Peor Señora del Mundo"

En su discurso al recibir La Catrina, “El Fisgón”, con su cabello cano y su perenne sonrisa, fué de lo humorístico a lo serio, mencionó que: “No está en la naturaleza de los caricaturistas recibir elogios. Pero reconocimientos como estos no cabe duda que lo reivindican a uno. A los que trabajamos en El Chamuco se nos acusa de no ser objetivos, de tomar partido. Pero la objetividad se comprueba con el tiempo. Nos acusan de militar por nuestras ideas. Peor es no tener ideas. Y aún peor: no tener el valor de defenderlas. El periodista Alejandro Gómez Arias solía decir que él tomaba partido incluso cuando dos perros se peleaban. Que generalmente le iba al perro flaco porque el gordo solía atacar primero. Y cuando un perro flaco iniciaba el ataque, era porque tenía muy buenas razones para hacerlo”.

“En el México neoliberal es imposible no tomar partido, por los derechos de los niños y las niñas, de las mujeres, de los homosexuales, tomar partido por defender el presupuesto de las universidades públicas, porque defenderlo es proteger a la comunidad, a la inteligencia”. Con estas palabras cerró su discurso, los asistentes estallaron en aplausos.

El monero y sus fans

El salón comenzó a vaciarse. La mayoría de la gente corre hacia la sala de prensa o al baño. O al revés. Me quedé junto a los fans que se apiñaban alrededor de la alta mesa del presidium, aguardando su turno para que “El Fisgón” les autografiara libros. Nunca había tenido tan cerca a uno de mis caricaturistas favoritos. No podía dejar de mirarle las manos mientras le tiraba fotos. En eso se acercó un amigo al que tenía rato sin ver: el monero Erasmo.

Las manos que han chalaneado todo ese trabajo

Erasmo nota mi entusiasmo y se ofrece a presentarme al nuevo dueño de La Catrina. Me siento como groupie adolescente mientras subo a saltitos las escaleras de la tarima. Mientras espero mi turno puedo ver de cerca la estatuilla de la calaca. Al lado están -¡oh por Dios!- unas hojas blancas con el discurso que acabo de escuchar, una caja alargada de Faber Castell -¡sus lápices!- y un bloc de papel fabriano. Me atrevo a abrirlo y observo fascinada unos dibujos hechos directamente de su puño. Erasmo me agarra la mano y me presenta por fin al hombre que le dió rostro a “La Peor Señora del Mundo”.

“Admiro muchísimo su trabajo”-le digo.

“El Fisgón” me abraza y apenas lo puedo creer. Es un tipazo.

Me acordaré de este día por muchos, muchísimos años más.

Para los que no la vieron: El premio La Catrina

El discurso que escuché, de su puño y letra

El sargento Mike Goodness y el cabo Chocorrol, modelados por las diestras manos de Erasmono

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Reinventando el feminismo desde 1985

octubre 27th, 2010 — 10:58am

Andábamos por ahí en la web el otro día y nos encontramos esto:

A continuación lo traducimos para beneplácito de l@s visitantes de este callejón de cochinada:

Las ventajas de ser una artista mujer:

1.-Trabajas sin la presión del éxito.

2.-No tienes que estar en exposiciones con hombres.

3.-Puedes escapar del mundo del arte en tus trabajos freelance.

4.-Sabes que tu carrera podría despegar después de que cumplas los ochenta.

5.-Tienes la certeza de que cualquier clase de arte que hagas será etiquetado de femenino.

6.-No te quedarás atascada en un puesto docente vitalicio.

7.-Ves vivir tus ideas en el trabajo de otros.

8.-Tienes la oportunidad de elegir entre la maternidad y la carrera.

9.-No te asfixias al fumar enormes habanos ni has de trabajar enfundada en gigantescos trajes italianos.

10.-Dispondrás de más tiempo para trabajar cuando tu pareja te bote por alguien más joven.

11.-Eres incluida en versiones revisitadas de la historia del arte.

12.-No tienes que pasar la vergüenza de ser llamada “genio”.

13.-Ves tu foto en las revistas de arte usando un traje de gorila.

Esta lista nos intrigó sobremanera.  Más cuando es precisamente una mujer que quiere llamarse a sí misma “artista”, la que administra este blog. El punto uno me fascina,  pues aunque la idea de “éxito” es un término completamente subjetivo dependiendo de la escala de valores de cada persona, me considero exitosa al tener independencia y además ser una enormísima mantenida por mis pobrecitos monos. Espero que el punto cuatro se me haga realidad mucho antes de cruzar el umbral de mi octagésimo cumpleaños. El punto cinco me pasa todo el tiempo. Aún no me encuentro en la encrucijada que plantea el octavo, me he medio ahogado por querer hacer a lo que se refieren en la primera parte del noveno, espero que el diez no me ocurra nunca y el doce es completamente genial.

Pues resulta que este increíblemente ácido, ingenioso -y verídico- poster es obra de un grupo de feministas activas desde mediados de los ochenta quienes se autoproclaman Guerrilla Girls.

Las mujeres que forman parte de esta agrupación portan máscaras de gorilas en sus apariciones públicas, -de ahí lo del punto 13 de la lista anterior y lo del nombre; la palabra guerrilla y el vocablo gorila en inglés suenan casi igual- se reúnen muy lunáticamente cada 28 días, y usan como seudónimos nombres de mujeres artistas ya fallecidas. Estas féminas enmascaradas buscan denunciar el sexismo y el racismo en todas sus manifestaciones, han llegado incluso a autoproclamarse “la conciencia del mundo del arte” (estas palabras pueden leerse al pie de la lista que publiqué al inicio del post).

La agrupación recibe donaciones de mujeres simpatizantes, también obtiene ingresos de la venta de sus posters y publicaciones, de los pagos de sus seminarios y charlas.  Han sido objeto de grandes debates, se ha escrito sobre ellas en cientos de tesis doctorales, son entrevistadas por grandes cadenas televisivas como BBC o CNN, y en marzo de este año, Yoko Ono les otorgó el premio Courage Award for the Arts.

Las Guerrilla Girls Kathe Kollwitz y Frida Kahlo posan con Yoko Ono en la ceremonia de premiación del Courage Award for the Arts

Otro poster de las Guerrilla Girls, en este denuncian el bajísimo porcentaje de mujeres artistas en el Museo Metropolitano en Nueva York. La frase reza: ¿Acaso las mujeres deben estar desnudas para entrar al Met?

Este poster fué lanzado por el grupo a principios de los noventa. Se lee: "Los republicanos creen fielmente en el derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo".

No puede regateársele a estas chicas ni la inteligencia ni la agudeza. Su ácido sarcasmo intenta corroer el óxido de los prejuicios, las nociones anquilosadas que aún en pleno siglo XXI se niegan a morir. Se ha avanzado considerablemente en la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas, pero aún estamos lejos de haber alcanzado un equilibrio.

De repente se me ha ocurrido que siempre he tenido ganas de traer una máscara de gorila en mi bolsa y hacerme llamar Artemisia Gentileschi.

Todos los padres que tenemos hijas querríamos que se convirtieran en Guerrilla Girls cuando crezcan, y que nunca nos lo confesaran—Russell Banks, novelista.


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Bodegas de Mezqui

agosto 18th, 2010 — 11:08pm

9 am. Parque del Refugio. Babel y yo esperamos la aparición de mi amiga Gloria. Anoche llovió a cántaros. Para mi regocijo, hay muchos charcos. Circulo sobre ellos a gran velocidad. Me encanta ver como salpica el agua alrededor de las ruedas, mirar las gotas subir por sus estrías de caucho (Babel es mi bici). Los personajes del carrusel del parque lucen como si hubieran dado una gran carrera: las gotitas de roció de la mañana húmeda los hacen verse sudados. Algunos tienen gestos francamente siniestros.

El caballo neuras y el perro angustias

A las 9:10 me empiezo a desesperar  -soy una ñoña de a puntualidad- hago una llamada a Gloria desde un teléfono público de monedas. Cinco pesos por la llamada a celular. Gloria dice que ya viene en camino. Cuelgo y me pongo a dar más vueltas sobre Babel, describo ochos y líneas onduladas, le doy la vuelta las jardineras, esquivo a los peatones, un señor pasa pedaleando y jalando un carrito de basura. “Le juego unas carreritas, señorita” me dice.

A las 9:20 llega Gloria, no viene sola. También nos acompañará Liz, su roomie. Ellas vienen a pata. Me bajo de Babel y nos dirigimos hacia arriba por Federalismo hacia nuestro fabuloso destino: el Tianguis de Mezquitán.

Finalmente lo diviso, pasando las florerías que quedan justo enfrente del panteón, empiezan a perfilarse puestos y más puestos de ropa de segunda mano. Mis ojos peinan las prendas desde lejos. Creo ver algunas cosas muy bonitas. No puedo esperar a encadenar a Babel y lanzarme a buscar, a hacer de un tesoro la basura de otra mujer. Liz nos sugiere un puesto al que ella siempre va, la seguimos después de que yo resulto incapaz de dejar a mi bici sola.

Pura moda "vintage" en el Tianguis de Mezquitán. Lléguenle.

La montaña de ropa de a 5 pesos luce impenetrable. A primera vista no parece que haya nada que valga la pena, son demasiados los calzones usados como para acabarme de convencer de escudriñar esas telas con historias que adivino tenebrosas. Los colores lucen desvaídos y la ropa se ve chiclosa de tan arrugada. Me desanimo un poco mientras Liz y Gloria ya están descartando como verdaderas profesionales. Yo intento hacer lo propio sin despegar un ojo de Babel. Me sorprende encontrar marcas como Victoria Secret o Tommy Hillfiger. Hay algunas piezas que aún exhiben la etiqueta con el precio. En dólares. Poco a poco el tianguis se va llenando y el forcejeo, las miradas de pistola, los humores y los pisotones no se hacen esperar. Cambiamos de puesto después de que yo lanzo varias miradas lastimeras a los demás tendidos, además de hacerles notar a mis compañeras a-la-caza-de-un-estilo-bonito-y-baratísimo que no han hallado nada.

El primer puesto. No podía dejar de pensar en el pasado de cada una de las prendas. Lástima que no puedan hablar.

En la segunda pila hay mejor suerte: la pieza sale a 15 pesos, eso, según Liz, “garantiza” la mejor calidad de todo. Tiene razón. Yo encuentro unas medias verdes – ¡y nuevas!- casi enseguida, otros dos pares listados en pocos minutos. Una corbata roja. Estoy emocionada. Mis compañeras también han encontrado tesoros. Las oigo hablar de cómo modificarán sus piezas. A mí no me interesa cambiarles nada. Sólo espero llegar a mi casa para ponerlas 48 horas en remojo y quitarles la tierra y los ácaros venidos de la epidermis de quién sabe quién.

Liz y Gloria descartan piezas de la segunda pila. ¡Quince pesos la prenda! Aquí encontré mis medias y mi corbata.

Casi hemos terminado. Gloria se muere de hambre. Hay un puesto de tacos de barbacoa en medio de tanto fashionista. Ellas van mientras yo le echo ojo a otros puestos: los hay de 30, 40 y hasta 60 pesos la prenda. Incluso hay ropa nueva que se ve completamente fuera de lugar con sus 190 pesos en la etiqueta.  Volvemos al primer puesto. Sorprendentemente, la pila luce picoteada, escogida. Liz encuentra un short ochenterísimo. Se lo coloca sobre las caderas y se lamenta que no sea una falda.

"Bujuuuu...lástima que no sea una falda" Babel observa la trágica escena con su metiche ruedita delantera orientada hacia el drama.

El Tiangus de Mezquitán. Un lugar para la paciencia, el ahorro, la búsqueda y los trapos lindos. Arrímense todos los martes de 9am  a 3pm. Por Federalismo justo frente a la puerta del Panteón del mismo nombre. La estación de Tren Ligero adivínela usted.

Gloria, yo y Liz volvemos, caminando por Federalismo. Esta última no para de rascarse los brazos. Dice que siempre le sucede cuando viene a Mezqui. Siente que se le han subido mil bichos. La tranquilizo diciéndole que las pulgas se ven a simple vista.

Nuestras bolsas no dicen Zara ni Bershka. Son negras como de basura. Contienen tesoros reciclados.

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