Categoría: Formas de comunicación


Escandinavia estereotipada

octubre 4th, 2011 — 10:46am

“I refuse to act my age”

“Strange things happen to strange people”

-El Jägermeister hablando a través de @DeadDamien

Este viernes me topé con una amiga que volvía ebria a su casa  al filo de las 7 am. Pasó la noche bebiendo alegremente a puerta cerrada con los dueños de un pub y luego asistió a una amiga que de repente regurgitó el contenido de su estómago en el honorable Water Closet del local. El Jägermeister puso a esta mujer muy comunicativa, nuestro intercambio tuvo lugar a través del Skype -Dios lo bendiga-, cuando aquí eran casi las 12 de la medianoche y en Tampere (este lugar está en Finlandia) casi las 8 am.

Nos conocemos desde hace poco más de 10 años. La nuestra es una de esas amistades que ha sobrevivido a base de una pobre dieta de mensajitos por email, toques en el facebook, retweets y así. La chateada del fin de semana fué la primera que hemos tenido en años.

Las dos dimos gracias al inglés por ser tan fácil; sabemos que cuando el chino reine rampante las cosas no serán tan sencillas. Nos preguntamos algunas generalidades acerca de cómo nos ha ido en la vida últimamente, recordamos a una fallecida amiga británica a la que jamás vimos en persona, nos dijimos nuestras edades y luego estuvimos de acuerdo en que ninguna de nosotras actúa como una respetable mujer de tres décadas.

Recordé las cuatro palabras que me sé en finlandés: Yksi, kaksi, kölme y kiitos. Las primeras tres las conozco porque así se llamaban algunos de los gansos de la bandada que sale en la novela clásica de Selma Lägerloj: “El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson”. Significan: “Uno, dos, tres”.

-“ Wow ”  – me dijo la chica de Tampere – “ con eso llegarás lejos en un bar “.

-”Kiitos” – le respondí. Eso es “Gracias” en finlandés.

Después hablamos acerca de estereotipos. Le pedí que me describiera cómo era el de la gente de su país. Por el mexicano ni le pregunté, sé que es harto conocido en aquellos helados confines del pequeño mundo primermundista.

Como respuesta me mandó un vínculo a un sitio de cómics que dibuja una chica danesa conocida como Humon.


El estereotipo del finlandés: getudo, callado, violento, alcohólico y portador de armas blancas. El otro personaje es un sueco, los habitantes más geeks de la península escandinava.

El estereotipo del finlandés: getudo, callado, violento, alcohólico y portador de armas blancas. El otro personaje es un sueco, estereotípicamente los habitantes más geeks de la península escandinava.

Las tiras que dibuja Humon no sólo abordan las caracterísitcas de los habitantes de cada país del norte de Europa, en muchas otras ilustra con desparpajo e irreverencia situaciones políticas, del pasado histórico, se burla de las costumbres de sus vecinos,  pone de relieve  sus comportamientos absurdos, se ríe sin reparos de las costumbres gastronómicas, sociales y religiosas. Me he divertido mucho mirando sus monos. Y lo que es más: me he cultivado.

Aquí, Humon se burla de la costumbre escandinava de comer pescado en todas sus formas. Incluso sale el hórrido "Hakarl" una especialidad islandesa consistente en carne podrida de tiburón.

Aquí, Humon se burla de la costumbre escandinava de comer pescado en todas sus formas. Incluso sale el hórrido "Hákarl" una especialidad islandesa consistente en carne podrida de tiburón.

Algún día pisaré suelo finlandés ataviada de sarape y bajo un enorme sombrero. Cuando conozca a mi amiga me cercioraré de que no un traiga cuchillo oculto bajo la manga, detrás del Jäger. Habremos de tener #pedasincera bajo el círculo polar ártico.

Dense una vuelta al sitio Scandinavia and the World, monos por la maravillosa danesa Humon.


2 comentarios » | Arte, Artes gráficas, artes visuales, Aventura, cómics, Crónicas urbanas, cultura popular, En la calle, Formas de comunicación, Guadalajara, Humor, ilustración, ñoñeces, Tampere, Uncategorized

Un trébol es un trébol es un trébol

julio 18th, 2011 — 9:08am

Alguna vez escribí en este Callejón acerca de uno de los mangas del cuarteto nipón CLAMP: la tragedia  hiper violenta, apocalíptica y fatídica X/1999. Mencioné que aunque X, con todo y su ambiente de que todo está a punto de irse por un caño cósmico, su imaginería gore tan delicadamente dibujada, sus historias de amor condenadas al fracaso,  y sus magníficas escenas de acción; no es el trabajo que más admiro del grupo.

Mi favorito de los mangas que las CLAMP han producido sólo lleva cuatro tomos publicados. Se encuentra en pausa desde 1995. Aquí ya nos hemos hartado de esperar. Estamos hasta la madre de tanta falta de respeto a los lectores. Queremos que Mokona Apapa y Nanase Ohkawa boten un poco sus más nuevos proyectos y terminen esa maravillosa fantasía cyberpunk que es Clover.

Suu, una de las protagonistas de Clover, llora. Yo quiero imaginar que le ruega a las CLAMP que le den un buen final. De una vez.

Clover (Trébol) es el nombre en clave que se les dió a un grupo de niños nacidos con poderes síquicos. Encontrados y recultados por el gobierno para convertirlos en armas, fueron clasificados según sus aptitudes: así un trébol de cuatro hojas sería el más poderoso de todos, por encima de los de tres, dos y una hoja. Cuando dos tréboles se unen, sus poderes se suman según sus hojas, así la suma de un trébol de tres con el de uno apenas equipararían el tremendo poder del de cuatro. En esta ciudad lluviosa en la que la historia transcurre, un consejo de ancianos tréboles de una hoja dirige los destinos de la gente.

Suu es una chica de trece años que vive en una jaula. Una jaula inmensa, sin más compañía que unos extraños pajaritos de metal con alas de plumas de brillante metal planchado. Ella misma es como un ave: delgada, delicada, con una voz bellísima. Dedica sus horas a cantar una melodía que alguna vez escuchó en voz de otra fascinante mujer que se convirtió en su única amiga: Oruha, una ronca y sexy cantante de club nocturno con un corazón de oro.

Oruha, un trébol de una sola hoja.

Suu es un arma letal. Es el único trébol de cuatro hojas que ha nacido. Por eso la mantienen confinada. Sus guardianes creen que si ella nunca llega a desarrollar sentimientos fuertes por nada ni nadie no será un peligro. Así que es prisionera, custodiada por unos extraños conejitos enfudados en trajes victorianos.

Pero un día, se le encarga al ex-militar Kazuhiko que escolte a Suu a una locación secreta. En el camino se enfrentarán a gente que desea apoderarse de Suu y su imensa fuerza. Esta delicada niña es capaz de invocar armas de la nada, materializar alas que son capaces de amortiguar una caída de varios pisos o mover pesados objetos por medio de telekinesis. Suu es obligada a usar sus poderes en el camino, enterándose durante la travesía que su guardían es el ex-amante de su fallecida amiga Oruha, quien, dicho sea de paso, era un trébol de una hoja. El único poder de Oruha era el de conocer el momento en el que iba a morir, un dato que ensombreció su amor por Kazuhiko y lo tiñó su pasión con una amarga tristeza.

Ayudando al antiguo militar y su protegida se encuentran Gingetsu, un funcionario del gobierno, y Lan, un chico con un talento extraordinario para las computadoras. Estos dos tienen una relación bastante cercana, formando una simbiosis que sólo podría explicarse en una pareja de muchos años.

Kazuhiko visita la jaula de Suu. Aquí se conocen y comienzan su viaje.

En este manga, las CLAMP dejan de lado su recargado estilo de dibujo y apuestan por un uso bellísimo del espacio negativo: las zonas en blanco, o silencios, ocupan una gran parte de los paneles. Esta deliberada falta de los ambientes añade una tensión incomparable a las expresiones corporales y faciales de los personajes. La obra es dinámica y estática a cada vuelta de página, como un latido lento y bien llevado. Como el viaje de Suu hasta donde quiera que debe llegar. Es por esto que cuando Kazuhiko y Suu son atacados, las líneas del combate turban este espejo límpido que es esta canción del aislamiento que es Clover.

Me preocupa que cuando las CLAMP retomen esta obra congelada termine luciendo como un pastiche mal hecho. El estilo de dibujo y de escritura evoluciona rápidamente, el trazo de Mokona, a más de diez años de haber concebido a los tréboles, seguro será muy distinto.

Espero que Apapa tenga un DeLorean para su mano. Los fans de Clover seguimos esperando, sin olvidar.

2 comentarios » | Arte, Artes gráficas, artes visuales, Aventura, CLAMP, cómics, cultura popular, Dibujo, Estilo, Formas de comunicación, ilustración, Manga, Monero, ñoñeces, novela gráfica, Tragedia

Del Plomo al Oro, Leonora

junio 9th, 2011 — 6:08pm

“La única persona que presenció mi nacimiento fue nuestro querido y fiel fox terrier, Boozy, y un aparato de rayos X para esterilizar vacas”-Leonora Carrington en su ensayo satírico: “Jezzamáticas o introducción al maravilloso proceso de pintar”.

Mandaron a Leonora a ser presentada en la corte de Jorge V. Era una mujer joven, hermosa y de acaudalada familia: un excelente partido.

Corría el año 1934 en Inglaterra.

A la chica le importó más hacer amistad con los animales del zoológico de Londres -especialmente con una joven hiena con la que se identificó, y que sería la base para un cuento que escribiría mas tarde: “La debutante”-  que coquetear con los chicos adinerados de la alta burguesía. Desde que era una niña que recorría con ojos maravillados los salones de su casa paterna -Crookhey Hall- en el condado de Lancashire, Leonora era ya una pequeña alucinada: un ser extraordinario lleno de sensibilidad, impresionable y empático. Creció escuchando leyendas de la mitología celta de los labios de su nana irlandesa Mary Kavanaugh y de la madre de su mamá: la abuela Moorhead:

“Mi amor por la tierra, la naturaleza, los dioses, me lo dió la madre de mi madre, que era irlandesa de Westmeath, donde existe un mito sobre hombres llamados la “gente pequeña” que pertenecen a la raza de los Sidhe, y que viven bajo tierra en el interior de las montañas. Mi abuela solía decirme que éramos descendientes de aquella raza antigua que empezó a vivir mágicamente bajo tierra cuando la suya fue tomada por invasores de diferentes ideas políticas y religiosas. Prefirieron irse a vivir debajo de la tierra, y allí dedicarse a la magia y la alquimia, pues sabían transmutar el oro. Las historias que mi abuela me contaba se fijaban en mi mente y me aportaban imágenes mentales que luego dibujaba en papel”.

"Martes" Temple sobre tabla

El fallido debut de Leonora en la alta sociedad británica no fué algo sorpresivo. Rechazada de varios internados por su naturaleza “ingobernable” e “indeucable”, Carrington demostró desde pequeña su naturaleza anticonvencional, rehusándose a someterse a nada que no le mandara su corazón. Volvió al norte de Inglaterra dispuesta a convencer a sus padres de que la enviaran a estudiar arte a Londres, cosa que consiguió a regañadientes. Ingresó en la academia de arte del pintor purista Amedeé Ozenfant, de donde aprendió sobre todo la disciplina y el rigor que también caracterizarían su quehacer artístico. La capital inglesa también sería donde conocería a su primer gran amor: el pintor surrealista de origen alemán Max Ernst.

“Conocí a Max estando aún en Ozenfant. Fue amor a primera vista. Mi cerveza comenzaba a desbordarse y Max puso su dedo sobre ella para que no se derramara sobre la mesa. Y esa fue la historia de mi gran amor.”

Desde Londres se trasladó a París en contra de los deseos de sus padres, quienes estaban escandalizados de su relación con un hombre mayor, y casado por añadidura. Leonora se reunió con Ernst en Francia, y al lado de él aprendió una nueva forma de ser ella misma, aumentando su producción artística, insertándose en el círculo surrealista, negándose a tomar el papel de simple “musa” o cualquier otro rol que que evocara los roles pasivos que este movimiento artístico les asignaba a las mujeres. Se podría llegar a decir, de hecho, que Ernst fue el inspirador de Leonora, su “musa” por así decirlo. Ella lo inmortalizó de este modo en un retrato vibrante en el que él aparece en un paisaje gélido, sosteniendo una esfera de cristal que contiene un caballo: animal con el que Carrington se identificó fuertemente a lo largo de su vida.

"La posada del caballo del alba" Óleo sobre tela

Max y Leonora se mudaron al sur de Francia, donde vivieron un tiempo de paraíso hasta que la Segunda Guerra Mundial irrumpió en su idilio y Ernst fué arrestado y separado de Leonora. Carrington tomó muy mal la detención de su pareja, cayendo en una fuerte crisis nerviosa. En ese estado la encontró su amiga Catherine Yarrow, quien la llevó consigo a España donde tras un episodio especialmente angustiante fué internada en una clínica en Madrid por seis meses.

“De repente me dí cuenta de que era mortal y vulnerable y podía ser destruida. Antes no pensaba lo mismo”.

Desde Inglaterra su familia solicitó que la transfieran a una institución en Sudáfrica, en el traslado Leonora logró escaparse en Lisboa y conseguir asilo en el Consulado Mexicano, donde su amigo Renato Leduc accedió a casarse con ella para auxiliarla y se trasladaron a Nueva York. En esta ciudad, ya recuperada de su roce con la locura retomó su quehacer artístico, exponiendo y colaborando en revistas para finalmente establecerse en México, donde formó cercanas amistades con intelectuales y artistas refugiados de guerra como Remedios Varo, Benjamín Péret y el fotógrafo Emrico Chiki Weisz, quién se convertiría en su compañero de vida tras su divorcio de Leduc.

Durante la década de los 40, Leonora insiste en pintar mujeres de grandes dimensiones, posteriormente, inspirada por pintores medievales como El Bosco, comienza a fragmentar sus composiciones y a utilizar la técnica de temple al huevo.

"La giganta" Óleo sobre lienzo

Desde los principios de su carrera, Carrington se mostró siempre como una feminista, interesándose en los problemas y desafíos que enfrentan las mujeres en comparación con los hombres no sólo en el ámbito artístico, sino en todas las facetas de la sociedad. El nacimiento de sus hijos Gabriel y Pablo, en la segunda mitad de los años 40, no disminuyó su producción creativa. La maternidad fue una experiencia profundamente positica para la pintora, sin embargo ella objetaba el exceso de trabajo que recaía en las mujeres con la crianza de los niños, y a menudo le decía a su amiga la también pintora Remedios Varo: “Necesitamos una esposa, como las que tienen los hombres, para poder trabajar todo el tiempo y que otro se encargue de la cocina y los niños, ¡Los hombres están muy mal acostumbrados!”.

“La tentación de San Antonio” Óleo sobre tela

En los años 5o los personajes híbridos comienzan a incursionar en las obras de Leonora, sus espacios se vuelven más acotados, su simbolismo, que desde siempre se nutrió de fuentes esotéricas y fantasiosas, toma un cariz alquímico mucho más marcado. Sus obras me recuerdan a los grabados crípticos del Libro Mudo, antiguo tratado de alquimia cuya primera edición íntegra data de 1677.

De ella se expresaron muchos de sus amigos y amigas, Octavio Paz la llamó: “Hechicera hechizada, insensible a la moral social, a la estética y al precio”. La galerista Inés Amor dijo de ella, en 1975, que “Es una pescadora de sueños o estrellas”. El crítico de arte Luis Carlos Emerich dijo que Leonora era: “Una fantasía en pie, con la fantasía como sello. Una mujer culta e inteligente que parece tenebrosa pero que es un chistorete cotidiano. Creadora de mundos donde confluyen el juego eterno del bien, el mal, y el conocimiento. Pintora compleja, abigarrada, irónica, con una sintaxis que escapa a la anécdota. Surrealista que es pura intuición y sabiduría de los valores esenciales: vida, muerte, destino y trascendencia del ser.”

Leonora nos dejó el 25 de mayo pasado. Tenía 94 años. Sus esculturas adornan el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Cuando pienso en ella, me maravillo de saber que vivió un círculo completo, convirtiéndose ahora en leyenda, dejándonos todo un manual de cómo convertir el plomo en oro.

"La hija del Minotauro" Óleo sobre lienzo

"La cocina aromática de la abuela Moorhead" Óleo sobre lienzo

“Estoy armada de locura para un largo viaje”

-Leonora Carrington

En este año salió publicada la novela “Leonora”, de la escritora, activista y política mexicana Elena Poniatowska, amiga íntima de la pintora. En esta obra, Poniatowska retrata la vida de la artista, desde sus orígenes como heredera de un magnate textil hasta su elección de llevar una vida distinta. La novela ganó el Premio Seix Barral de Biblioteca Breve.  

Comentario » | Alquimia, Arte, Artes gráficas, artes visuales, Feminismo, Filosofía, Formas de comunicación, Historia, Igualdad de género, literatura, Magia, ñoñeces, Pintura, Segunda Guerra Mundial, Técnicas Pictóricas

Dentro del Taller de Grabado Parte I, Aguafuerte

febrero 10th, 2011 — 2:16pm

Tengo unos pocos meses de haber retomado el grabado. Estoy muy feliz de haberlo hecho. Y pues siendo una privilegiada aprendiz en el taller del maestro José Gutiérrez, me decidí a convertirme también en una informante de los increíbles procesos que se suceden dentro de estas cuatro paredes de este laboratorio de alquimia gráfica.

A lo largo de mi carrera en las artes, me he dado cuenta de que la gente tiene poquísima o nula idea de lo que significan, en las fichas técnicas de los cuadros en las exposiciones, palabras como: “aguafuerte”, “aguatinta”, “punta seca” y, en fin, todas aquellas que designan variantes del vastísimo mundo de las técnicas de estampación. En anteriores posts me he referido a algunas sin explicarlas antes, ahora lo haré, y les pido que si algo no queda claro, me lo hagan saber.

En una charla que tuve con el maestro, se me reveló que el mundo de los grabadores es más amplio de lo que yo jamás llegué a imaginar. Por ello, los posts en los que les descubriré lo que sucede en un taller de este tipo serán muchos (no sé cuantos). Espero lograr que se sientan dentro. Una vez dicho esto, ¡empezamos!

Para empezar, las técnicas de grabado se dividen a su vez en tres grandes áreas:

Técnicas en hueco-> En las que la tinta se aloja en las partes que quedan por debajo de la superficie de la matriz. Lo que se incide, quedará en negro.

Técnicas en relieve-> En las que la tinta queda en las partes que  sobresalen de la matriz. Es exactamente lo opuesto de las técnicas en hueco, lo que se incide, quedará blanco.

Técnicas planográficas->En estas técnicas, la matriz no está incidida de ninguna forma. Las imágenes producidas de esta forma se obtienen por el traspaso de las tintas aplicadas directamente sobre la matriz, o haciendo pasar tinta a través de una malla o pantalla. De estas técnicas son un ejemplo la litografía y la serigrafía.

Las técnicas en hueco se subdividen en dos: las directas y las indirectas, estas últimas se vuelven a dividir en otras dos: aguatinta y aguafuerte. Suena bastante embrollado el asunto, pero sigan conmigo y lo iremos desenredando. En este post trataremos el aguafuerte, una técnica bellísima, empleada ampliamente por grandísmos maestros como Rembrandt, Doré, Kathé Kollwitz, Félicien Rops y Durero sólo por mencionar algunos.

El aguafuerte es llamada una técnica indirecta porque los trazos sobre la matriz (que siempre es una placa metálica, siendo el cobre y el zinc los materiales más empleados. Por cierto que a todas las técnicas de grabado sobre metal, se les llama calcografía) no son abiertos directamente por el artista, sino que son incididos por una sustancia a la que se le conoce como mordente. Los mordentes pueden ser o no ácidos. De estos últimos, entre los más empleados están el ácido nítrico y el sulfúrico, entre las sales, el percloruro de hierro es el más usado.

Una placa de zinc, virgen y lista para trabajarla

De los metales, es el cobre es el más estable y “predecible” de todos. Es la elección de muchos grabadores. Yo me encuentro usando zinc por su docilidad y su receptividad al ácido que estoy empleando.

La placa debe ser barnizada una vez que haya sido cortada. Hay varios tipos de barniz, dependiendo de los resultados que deseas obtener. En este caso emplearé un barniz duro, ya que deseo ver una gran definición y precisión en las líneas que trazaré.

Barnices para aguafuerte, parecen chocolatitos, el más grande es el barniz duro; el más pequeñito es el blando. Les explicaré para qué sirve cada uno. Nota olfatoria: huelen muy rico.

La placa debe calentarse antes de aplicar el barniz

Al contacto con la placa caliente, el barniz puede embarrarse libremente

Luego, el barniz aguadito se distribuye de manera regular por toda la placa empleando un rodillo. Se requiere una gran habilidad para aplicar un barniz de la manera correcta. Aquí vemos al maestro José Gutiérrez en acción.

El barniz, listo para trabajar. Se debe dejar enfriar la placa antes de comenzar.

Ahora viene lo bueno: se dibuja sobre el barniz con una delgada punta metálica, o no tan delgada, depende de cada artista la calidad de la línea. Con cada línea, se levanta el barniz, y las líneas quedan expuestas.

Ahora viene lo bueno: se dibuja sobre el barniz con una delgada punta metálica, o no tan delgada, depende de cada artista la calidad de la línea. Con cada trazo, se levanta el barniz, y las líneas quedan expuestas.

Una vez terminadas las líneas, se llena una tina con el mordente elegido. En este caso, ácido nítrico.

Se tira la placa al ácido. Este "morderá" las líneas expuestas, grabándolas en el metal, ¡chomp! La acción del mordente sobre el metal es el de una oxidación rapidísima. Nota: Si metes la mano en el ácido no sacas el puro huesito, ¡pero hay que tener cuidado!

El grabado no queda terminado sólo con una entrada: se necesitan varias para llegar a los tonos deseados. En esta metida al mordente, la placa permaneció sólo 20 segundos lo que nos dió unos grises suaves.  A mayor tiempo en el ácido, más profundo el atacado y más oscura la línea. Aquí entra en juego la pericia del grabador y la claridad del artista para definir los tiempos. La intensidad de las líneas se traduce en minutos en el ácido. Para ver cómo va el trabajo se debe retirar el barniz con aguarrás, entintar e imprimir. Luego aplicar otro barniz y volver a trabajar. Es un brete. Y también un placer.

Pueden ver que, en efecto, es el mordente quien graba las líneas. Es como un mediador entre la mano del artista y el metal, por esto es una técnica indirecta.

Este grabado aún en proceso, en un próximo post se los mostraré terminado.

Los grabados ejecutados con barniz blando llevan básicamente el mismo proceso: la placa se calienta, se aplica el barniz. La diferencia estriba en que este es muchísimo más sensible. En el barniz duro, puedes apoyarte sobre la placa sin que la presión de tu mano perturbe el barniz; en el blando tal cosa lo arruinaría. Así que se debe trabajar sin tocar la placa mas que con la punta, o como lo he hecho yo: pongo un papel sensible sobre la placa, y trazo sobre él, como si se tratara de un dibujo, empleando distintas presiones. El barniz blando se levantará donde yo aplique mayor fuerza y menos donde la intensidad sea mas débil, lo que resulta en una transferencia fiel del trazo en la placa. Al terminar se sumerge en el mordente. Como no es pareja la forma en que el barniz ha sido retirado (al contrario que en el duro), el ácido “morderá” de manera distinta las áreas completamente descubiertas y será más suave con las que tengan un destapado más sutil. Los grabados en barniz blando suelen ser confundidos con dibujos dado la fidelidad con la que traducen el trazo del artista.

Esta poderosa lupa se llama "cuentahilos" se emplea para ver de muy cerca la calidad de las líneas en las placas, para verificar si el mordente está atacando de manera deseada, el grabado es un exquisito juego de sutilezas.

Una placa de su servilleta al barniz blando. Terminada. Las placas de grabado son, sin lugar a dudas, algunos de los objetos más bellos que jamás he visto. Nótese que la línea no está tan definida, es más "borrosa" esto es algo característico del barniz blando.

A continuación les mostraré el proceso de entintado de una placa al barniz blando. Un arte por sí mismo. No sé que haríamos los artistas sin los maestros grabadores e impresores. Aquí, el maestro José Gutiérrez.

Se aplica la tinta empleando un rasero pequeño. Tiene una textura deliciosa.

Se quita luego el exceso de tinta con algún papel delgado, aquí, hojas de la sección amarilla.

Poco a poco, se va viendo la imagen. Pueden observar que la tinta permanece en lo huecos de las líneas.

Ya que se quitó el exceso de tinta, se limpia aún más con una bola de tela muy fina, llamada tarlatana.

El tórculo del taller, listo para imprimir.

Se coloca la placa entintada sobre la superficie del tórculo que se desplaza bajo el rodillo (la platina) el papel, previamente humedecido, va arriba.

Dos pasadas, a la derecha y a la izquierda. La placa y el papel reciben la presión a través de un material esponjoso que modula la presión.

¡Listo! Se va develando la imagen...

"La boda de los Dodós" aguafuerte al barniz blando. Por su servilleta.

Como pueden ver, el aguafuerte puede ser trabajada con los dos barnices, cuando miren un grabado en una exposición que diga:  “Aguafuerte”, ya saben exactamente a qué se refieren. En nuestro idioma, a un aguafuerte se le relaciona inmediatamente con el barniz duro, y a los trabajados con el blando se les designa como: “Barniz blando”. Pero la realidad es que ambos son aguafuertes.

Los dos barnices pueden ser usados en una misma placa, un artista puede comenzar con un barniz blando y terminar con uno duro, dependiendo de lo que desee lograr, de su habilidad y del grabador que lo acompañe.

Los dejo con una aguafuerte por Rembrandt, observen las líneas bien definidas, característica que delata enseguida que empleó un barniz duro.

El aguafuerte más pequeña de Rembrandt, aguafuerte trabajado con barniz duro.

En esto termina nuestra primera excursión por el taller de grabado, ¡nos vemos en la parte II!

¿Fascinante no?

5 comentarios » | Arte, Artes gráficas, artes visuales, Braille, cultura popular, Derecho a la cultura, Dibujo, Formas de comunicación, ilustración, ñoñeces, Técnicas Pictóricas, Uncategorized

Nunca lo abandonó el duende de la inspiración

enero 27th, 2011 — 2:48pm

En la pasada edición de la FIL compré un libro hermoso con las narraciones de uno de mis hombres perturbados favoritos de todos los tiempos: Los cuentos de imaginación y misterio de Edgar Allan Poe. La edición es bellísima, la editorial es la española Zorro Rojo: tapa dura, papel de ese que huele a fibra virgen, introducción de Julio Cortázar….una chulada, y las ilustraciones: una exquisitez del uso del canutero por parte de un tal Harry Clarke. Gracias a este súbito enamoramiento del trabajo de este irlandés es que me volví a volcar en la tinta: por eso, Señor Clarke, este callejón de porquería le dedica este post. Con suspiritos y todo.

La verdad sobre el caso del señor Valdemar, tinta de Harry Clarke

Clarke nació en Dublín en 1892, fué el hijo más pequeño de una familia de artesanos. En su adolescencia estudió el arte de los vitrales y de hecho, es considerado el más grande vitralista de Irlanda al margen de su carrera como ilustrador.

Su rico empleo del color, la delicada manera de representar la figura humana: alargada y elegante, los expresivos rostros de ojos profundos, son características que distinguen un vitral de este autor. A lo largo de su corta vida (murió a los 41 años) Clarke creó más de 160 vitrales para encargos religiosos y comerciales en países como su natal Irlanda, Inglaterra, Estados Unidos y Australia. Nunca he visto uno en vivo, pero verdaderamente no se parecen a nada que yo haya encontrado en mis correrías por el mundo. Y he andando por ahí.

Vitral realizado por Clarke, se encuentra en la localidad inglesa de Sturmister Newton

La ventana de Ginebra, ejecutada en 1929

Aunque el verdadero amor de la vida de Clarke haya sido el trabajo en vidrio, -dibujaba mejor en él que muchos artistas en papel, dándonos una idea de su enorme capacidad- sus obras como ilustrador también son capaces de dejarnos clavados sin dejar de mirar los intrincados detalles de su trabajo en blanco y negro. Clarke debió ser un obsesivo en su vida cotidiana, un neurótico de sensibilidad exquisita y disciplina de hierro. Las ilustraciones que hizo de las obras de Hans Christian Andersen, Charles Perrault, Poe y el “Fausto” de Goethe son verdaderos laberintos de detalles barrocos, una fiesta para el sentido de la vista de cualquier amante de las sutilezas. Y aunque se le compara con otros ilustradores de la llamada “Era de Oro de la Ilustración” como Audrey Bearsley, Edmund Dulac o el mismísimo Arthur Rackham,  el trabajo de Clarke logra ser perfectamente distinguible del resto de los trazos de sus contemporáneos gracias a la vibración siempre intensa de su dibujo, como un concentrado de todos los pensamientos y emociones que se agolpaban en su espíritu, haciendo fila para salir, por fin, a través de su virtuosa mano. Personalmente, encuentro el trabajo de Clarke mucho más elaborado, más interesante, y claro, mucho más perturbador que el de sus colegas.

Una imagen de Clarke para el "Fausto" de Goethe, la imaginería del irlandés prefiguró la sicodelia que imperaría en los años 60´s

El pozo y el péndulo de Poe, por Harry Clarke

Estremecedor "El Corazón Delator" de Poe interpretado por Clarke

Un genio inusual, Harry Clarke.

1 comentario » | Arte, artes visuales, Brujería, Crónicas urbanas, cultura popular, Derecho a la cultura, Dibujo, FIL, Formas de comunicación, Historia, ilustración, literatura, ñoñeces, Pintura, Técnicas Pictóricas

Ir al inicio de la página