Categoría: Estilo


Feminista y femenina

octubre 27th, 2011 — 10:44am

“You say i am a bitch like it´s a bad thing”

“Hay dos tipos de mujeres: diosas y alfombras”

- Pablo Picasso

¿Quién dijo que las feministas eran todas unas marimachos, rudas, angulosas, eternamente enojadas, llenas de resentimiento contra el género masculino? Sí, algunas de ellas -de hecho un buen- lo son, pero otras hemos entendido el feminismo como una forma de autorespeto por nosotras y por nuestra lucha como todo ser humano de conquistar soberanía sobre nuestras propias vidas. Todo ello sin perder la clase y el estilo.

Al respecto del tema, tengo un maravilloso calendario que me regaló mi hermano, se llama “The B Word” y a lo largo de este 2011 me ha hecho reír y también reflexionar. Lo publica la editorial Sellers. Pueden ordenar el del año que entra  por internet. Se los recomiendo ampliamente. Aquí les comparto algunas viñetas:

"No pretendo ser elitista, pero lo soy"

"El divorcio es caro, la libertad es invaluable"

"Explícame otra vez porqué necesito un hombre"

"Por favor no me interumpas mientras estoy ignorándote"

"El proctólogo llamó...¡Encontraron tu cabeza!"

Estas damas pueden parecen imposiblemente mamonas, por no decir perras del mal, pero creo que a muchas mujeres les hace falta sacar esa faceta afilada de su personalidad y luchar por su propia valía. Me parece que el mensaje de este calendario va mucho más allá que provocar la ocasional carcajada.

Una mujer asertiva y que sabe lo que quiere aún es, desgraciadamente, en muchos niveles, considerada una bitch.

Me llevo bastante bien con mi propio género, tengo la fortuna de conocer muchos mujerones, algunas actúan como alfombras aunque es evidente su potencial de diosas.

Yo digo que los tapetes están pasados de moda.

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Sylvia von Harden, la inmortal

octubre 13th, 2011 — 9:11am

“You know, if one paints someone’s portrait, one should not know him if possible.”

-Otto Dix

Hoy les comparto una de mis obras favoritas de la pintura, hecha por uno de mis artistas preferidos de todos los tiempos: el alemán Otto Dix.

El retrato de la periodista Sylvia von Harden. De 1926.

El retrato de la periodista Sylvia von Harden. De 1926.

Detalle del rostro. Aquí en el callejón amamos a Herr Dix.

Detalle del rostro. Aquí en el callejón amamos a Herr Dix.

Detalle de la mano derecha. Amo los pliegues de su vestido. Los tendones de su mano crispada.

Detalle de la mano izquierda. Amo los pliegues de su vestido. Los tendones de su mano crispada.

Ella es Sylvia. Dix la hizo suya.

Ella es Sylvia. Dix la hizo suya.

Sylvia cuenta en su artículo de 1959:  Memorias de Otto Dix que cuando el pintor la conoció en la calle tuvieron un intercambio que comenzó con él diciéndole:

-”¡Debo pintarte! ¡Simplemente debo hacerlo! Representas toda una época…

- Así que usted desea pintar mis ojos faltos de lustre, mis ampulosas orejas, mi larga nariz, mis labios delgados; quiere pintar mis manos largas, mis cortas piernas, mis grandes pies,- ¿cosas que pueden espantar a la gente y deleitar a nadie?

-Te has caracterizado a tí misma brillantemente, todo ello nos llevará a un retrato representativo de una época interesada no sólo en la belleza exterior de una mujer sino más bien en su condición sicológica.”

El retrato mide 120 por 88 cms, es una técnica mixta y se encuentra en el Museo Nacional de Arte Moderno de París, el Centro Georges Pompidou. Otra excusa para volver a París.

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Una cazadora solitaria

septiembre 10th, 2011 — 2:15pm

“We are all damaged in our own way. Nobody´s perfect. I think we all are somewhat screwy, every single one of us”

- Johnny Depp

Hubo un tiempo atormentado en el que andaba buscando el amor en el lugar equivocado. Conocí gente compleja e interesante, personas torturadas por su percepción del mundo, almas de sensibilidad exquisita pero quizá un tanto narcisistas. Esta crónica narra una noche pivotal en la que comprendí que hay mundos a los que no pertenezco, por más fascinantes que los encuentre. Un corazón roto puede ser una brújula vuelta loca, eso me pasó a mí.

Este es el Expiatorio, el tempo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

Este es el Expiatorio, el templo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

“Las ratas cruzan presurosas la explanada del Expiatorio en pos de sus guaridas diurnas. Las esquivo con asco y dificultad, apenas aguanto los tacones. Son las 7:00 de la mañana. Amanece un sábado de abril. Debe ser la parte más fresca del día de esta primavera que acabamos de estrenar. Llevo un vestido azul de seda italiana que me costó carísimo en una boutique de un barrio “alternativo” de Hamburgo. Doy gracias a los dioses -en plural- porque regresa inerme. No le cayó cerveza encima. Nadie vomitó sobre él. Sigue de una sola pieza. No puedo decir lo mismo de mis medias púrpura casi nuevas. Exhiben un nada estético boquete a la altura de mi rodilla derecha. El taxista no quiso llevarme hasta mi casa. Paramos en Madero y Prisciliano Sánchez, de ahí ya no quiso seguir. No sé si es un patán o un imbécil. O si ya se hizo cierta idea de mí porque ando sola a estas horas. Ya no traigo chapetes,  la piel de mis párpados absorbió la sombra de ojos desde hace un buen rato. Paradójicamente, los ojos se me ven más grandes, o sería que el espejo del baño de mujeres del  café Lido me distorsionó a favor. A estas horas ya he perdido todo el glamour que tan cuidadosamente trabajé horas antes. El hechizo temporal de la lustrosa apariencia de cabello planchado y ojos ahumados debe haberse roto por ahí al filo de las 4 am cuando confronté al tipo que no paró de coquetearme a lo largo de toda la fiesta. Ahora  sólo quedo yo, dentro de mi disfraz de mujer hecho jirones.

Se animó a acercarse hasta que estuvo borracho. Yo programaba cualquier canción en la laptop del anfitrión y él se endiosaba. Me sorprendió. Nadie había sido nunca tan frontal conmigo. ¿Un caballero ahogado en alcohol? Me pidió que si podía besarme la mano. Yo tampoco era, a las 2 am, la imagen de la sobriedad, se lo permití. Sentí la ausencia de varias de mis amigas, supe que debían estar en el patio, fumándose el único gallo de la fiesta. La luz era tenue, las caras estaban envueltas en penumbra. Él también se sabía la letra de Parklife. La cantó incluso con un sobreactuado acento que pretendía sonar británico.  A esas horas y en mi estado, más bien me sonó escocés. Onda Mark Renton.   Le fascinó que me fascinaran Leonard Cohen y David Bowie,  que me supiera todas las letras. Le fascinó lo de él que vio en mí.  Pero en esa fiesta todos éramos espejos, todos teníamos el mismo pelaje, le aullábamos a lo mismo.  “Permítanme decirles que,  ustedes las mujeres…”-empezó a decir, atragantándose con su propia saliva- “son una maravilla, son la onda, ¡que viva la vaginocracia!”. Cuando alcancé a escuchar eso charlaba con las chicas de la fiesta, hablábamos sobre el futuro, de dónde íbamos a sacar ladrillos para edificar lo que deseábamos. Harta, lo agarré del hombro y me lo llevé al rellano de la escalera, donde nadie pudiera vernos. Se dejó llevar como un corderillo.

Él era considerablemente más alto que yo, y me quedaba a contraluz. Apenas podía verle los ojos. Debió pensar que lo aparté para besuquearlo o para hacerle alguna propuesta en privado porque pude notar su emoción cuando se acercó aún más a mí. Pero yo sólo deseaba hacerle una pregunta: “Dime algo, si somos taaaan maravillosas, ¿porqué ustedes son tan mierda?”. Peló tanto los ojos que pude ver su brillo en la oscuridad. Se quedó en silencio unos instantes. “Por pendejos, por eso” me respondió,  luego me abrazó. Y me besó. El beso fue rudeza, dientes y encías.  Y yo, que me sentía tan valerosa dentro de mi traje azul –y más aún después de cuatro cervezas-, tan imponente sobre mis tacones de aguja, tan invencible y chingona detrás de mis sombras grises, rompí a llorar como magdalena mientras me decía que no sabía quién me había lastimado, pero que no tenía idea del tesoro que había perdido, y que ningún hombre merecía que una mujer llorara por él, ni siquiera Brad Pitt. Luego agregó lo hermosa, lo divina, lo guapísisisima que me encontraba, lo mucho que le gustaba, dijo que no me fallaría, que si mi personalidad, que si mi pelo, que si mi manera de ser, y mientras más cosas hermosas me decía, más lloraba yo. Quería que nos fuéramos a su casa. Al oído me suplicó que lo dejara amarme. No le dije que no. Pero él entendió. Abandonamos la fiesta en taxi y nos dirigimos al Lido. A las cinco de la mañana. Los parroquianos parecían restos de algún naufragio. Los manteles de poliéster estaban todos repletos de agujeros abiertos por cigarrillos encendidos. Mi acompañante y yo nos sentamos cerca del baño. La camarera de cara grasosa y pestañas tiesas como telarañas nos tomó la orden: un café negro para mí, una tecate para él. Seguía pidiéndome permiso para besarme la mano mientras vaciaba la primera cerveza de cinco. Nunca pude verlo sobrio. Supe que es cineasta y que tiene broncas con la soledad.  Le eché cuatro cucharadas de azúcar al café. Todo lo posible por endulzar esa madrugada. Tenía sus ojos clavados en los míos a sólo un palmo de distancia. Pude ver un polvo blanco en sus delicadas fosas nasales.  “Proyectas tanta esperanza” –me dijo, y luego agregó que me amaba. Se me escurrieron un par de lágrimas más que  ya no tenían que ver con el desamor, los ojos me escocían. A las diez tenía una despedida de soltera y antes debía despedirme de él. Pedimos la cuenta.

Abracé, tal vez por última vez, a ese hombre que dijo haberse enamorado de mí en unas horas. Con los primeros rayos del sol dolía verlo tan perdido.  Yo sabía que lo nuestro que nunca empezó en realidad no habría funcionado. Pero sus palabras fueron lo que necesitaba oír. Abro la puerta del taxi,  la piel del dorso de mi mano rígida de saliva seca y me marcho a casa. Miro la ciudad despertarse. Aquello que busco no puede estar muy lejos.”

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Un trébol es un trébol es un trébol

julio 18th, 2011 — 9:08am

Alguna vez escribí en este Callejón acerca de uno de los mangas del cuarteto nipón CLAMP: la tragedia  hiper violenta, apocalíptica y fatídica X/1999. Mencioné que aunque X, con todo y su ambiente de que todo está a punto de irse por un caño cósmico, su imaginería gore tan delicadamente dibujada, sus historias de amor condenadas al fracaso,  y sus magníficas escenas de acción; no es el trabajo que más admiro del grupo.

Mi favorito de los mangas que las CLAMP han producido sólo lleva cuatro tomos publicados. Se encuentra en pausa desde 1995. Aquí ya nos hemos hartado de esperar. Estamos hasta la madre de tanta falta de respeto a los lectores. Queremos que Mokona Apapa y Nanase Ohkawa boten un poco sus más nuevos proyectos y terminen esa maravillosa fantasía cyberpunk que es Clover.

Suu, una de las protagonistas de Clover, llora. Yo quiero imaginar que le ruega a las CLAMP que le den un buen final. De una vez.

Clover (Trébol) es el nombre en clave que se les dió a un grupo de niños nacidos con poderes síquicos. Encontrados y recultados por el gobierno para convertirlos en armas, fueron clasificados según sus aptitudes: así un trébol de cuatro hojas sería el más poderoso de todos, por encima de los de tres, dos y una hoja. Cuando dos tréboles se unen, sus poderes se suman según sus hojas, así la suma de un trébol de tres con el de uno apenas equipararían el tremendo poder del de cuatro. En esta ciudad lluviosa en la que la historia transcurre, un consejo de ancianos tréboles de una hoja dirige los destinos de la gente.

Suu es una chica de trece años que vive en una jaula. Una jaula inmensa, sin más compañía que unos extraños pajaritos de metal con alas de plumas de brillante metal planchado. Ella misma es como un ave: delgada, delicada, con una voz bellísima. Dedica sus horas a cantar una melodía que alguna vez escuchó en voz de otra fascinante mujer que se convirtió en su única amiga: Oruha, una ronca y sexy cantante de club nocturno con un corazón de oro.

Oruha, un trébol de una sola hoja.

Suu es un arma letal. Es el único trébol de cuatro hojas que ha nacido. Por eso la mantienen confinada. Sus guardianes creen que si ella nunca llega a desarrollar sentimientos fuertes por nada ni nadie no será un peligro. Así que es prisionera, custodiada por unos extraños conejitos enfudados en trajes victorianos.

Pero un día, se le encarga al ex-militar Kazuhiko que escolte a Suu a una locación secreta. En el camino se enfrentarán a gente que desea apoderarse de Suu y su imensa fuerza. Esta delicada niña es capaz de invocar armas de la nada, materializar alas que son capaces de amortiguar una caída de varios pisos o mover pesados objetos por medio de telekinesis. Suu es obligada a usar sus poderes en el camino, enterándose durante la travesía que su guardían es el ex-amante de su fallecida amiga Oruha, quien, dicho sea de paso, era un trébol de una hoja. El único poder de Oruha era el de conocer el momento en el que iba a morir, un dato que ensombreció su amor por Kazuhiko y lo tiñó su pasión con una amarga tristeza.

Ayudando al antiguo militar y su protegida se encuentran Gingetsu, un funcionario del gobierno, y Lan, un chico con un talento extraordinario para las computadoras. Estos dos tienen una relación bastante cercana, formando una simbiosis que sólo podría explicarse en una pareja de muchos años.

Kazuhiko visita la jaula de Suu. Aquí se conocen y comienzan su viaje.

En este manga, las CLAMP dejan de lado su recargado estilo de dibujo y apuestan por un uso bellísimo del espacio negativo: las zonas en blanco, o silencios, ocupan una gran parte de los paneles. Esta deliberada falta de los ambientes añade una tensión incomparable a las expresiones corporales y faciales de los personajes. La obra es dinámica y estática a cada vuelta de página, como un latido lento y bien llevado. Como el viaje de Suu hasta donde quiera que debe llegar. Es por esto que cuando Kazuhiko y Suu son atacados, las líneas del combate turban este espejo límpido que es esta canción del aislamiento que es Clover.

Me preocupa que cuando las CLAMP retomen esta obra congelada termine luciendo como un pastiche mal hecho. El estilo de dibujo y de escritura evoluciona rápidamente, el trazo de Mokona, a más de diez años de haber concebido a los tréboles, seguro será muy distinto.

Espero que Apapa tenga un DeLorean para su mano. Los fans de Clover seguimos esperando, sin olvidar.

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Lo andrógino necesario

julio 11th, 2011 — 9:15am

“If your pants are falling down, you need #suspenders”

-@marinna_lynne

“Looking good and dressing well is a necessity, having a purpose in life is not”

-Oscar Wilde

Desde las oficinas de este callejón de cochinada declaramos que nuestra redactora en jefe es bien adicta a las garras y al glamour. No nomás a los cómics y demás exquisitas ñoñadas. Esto ha llegado a un punto en el que se pregunta qué hará para poder seguir solventando todos sus gustitos. Pero en fin, le cedemos la voz cantante para que hable de su más reciente adquisición en lo que se refiere a accesorios:

“Estaba yo una noche tuiteando alegremente esperando que me diera sueño cuando, en medio del nacimiento del hashtag #pedasolitaria, me dí cuenta de que necesitaba unos tirantes. Sí, unos tirantes negros para combinarlos con casi todo. Mientras la tuitiza seguía desplegándose en mi TL y mis amigas se empedaban solas, me ví ataviada con mi nuevo accesorio, la Y oscura trazada sobre la espalda de una camisa blanca como una nieve que aquí nunca caerá.”

¡Oh sí! ¡Quiero unos!

“La idea se me había metido a la cabeza, en germen, desde que hacía semanas había visto, en medio de una tienda departamental, un maniquí femenino ataviado con esta prenda que ya lleva siglos circulando -al menos entre los hombres. La firme resolución de incorporarlos a mi guardarropa eclosionó esa noche de la memorable #pedasolitaria.

Y pues ya los tengo, gracias a la intervención del novio de una amiga que andaba en el gabacho. Porque antes los busqué en vano por la ciudad sin éxito, parecían el equivalente fashion del Santo Grial. Gracias a este buen amigo los estrené el jueves, rara vez me equivoco con mis intuiciones y esta no fué la excepción porque los amé. Además, me vinieron de perlas porque mantienen en su lugar al pantalón que de un tiempo para acá se me resbala. Aquí fué cuando descubrí que ese era el propósito de esta pieza del guardarropa: los tirantes eran los responsables de mantener los pantalones en su lugar antes del advenimiento del cinturón.”

“Desde hace rato me ha atacado un gusto tremendo por lo retro. A lo mejor ando nostálgica por esas décadas que no me tocó vivir. Hace muchos años, durante un curso de acuarela, el genial maestro Luis Eduardo González me dijo que tenía  una cara como sacada de retrato antiguo. En ese momento creí que el tipo estaba loco. Hoy le doy un poco de crédito.

“Todo este asunto de lo viejo chic y mis nuevos tirantes me puso a recordar que una de las prendas consideradas el colmo de lo sexy en una mujer son, precisamente los ligueros: una especie de tirantes pequeños que se abrochan a la cintura y al borde de las medias para impedir que estas resbalen hasta los tobillos. Las mujeres modernas lo consideramos incómodo amén de impráctico, pero apuesto que usarlas muy de vez en cuando nos garantizaría un pase a imprimir un recuerdo imborrable en la memoria de nuestras parejas, novios, esposos o amantes.”

Ligueros en acción

“Volviendo a los tirantes, en una mujer adquieren un carácter andrógino. Vestir una prenda que tradicionalmente le pertence al otro género le presta otro carácter a quien lo porta. Aquí es donde una puede jugar con esa parte masculina que tenemos, igual que los hombres con sensiblidad hacen con su parte femenina. Yo puedo ponerme mis tirantes sobre una camisa blanca y ofrecer un aspecto extrañamente masculino, pero si lo combino con unas perlas, o unos aretes y además añado un perfume añado feminidad a un look que probablemente se hubiera quedado solamente en algo inusual.”

“Admiro a las mujeres de cualquier edad que andan por ahí, y que ya tienen un estilo. Ya saben, de esas que cuando ves una pieza en una tienda inmediatmente piensas que les vendría bien, porque ya las ubicas con un sello personal. Para encontrarlo se necesita usar lo que te queda bien, lo que te gusta, informarte, y tener valor para ser tú misma, sin importar si hay gente a la que sabes que no le va a parecer. Si algo te late mucho, pruébatelo, sólo así sabrás de seguro si acertaste o no. No te quedes con la duda.”

Viva el estilo, vivan mis amigas que lo tienen, y  a quienes lo están construyendo: suerte y qué emoción.

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