Categoría: Drama


Videojuegos de la adolescencia parte I: Final Fantasy VI

enero 23rd, 2012 — 8:48pm

“Oh my hero, so far away now, will I ever see your smile? Love goes away like night into day, it’s just a fading dream.  I’m the darkness, you’re the stars, our love is brighter than the sun. For eternity, for me there can be, only you my chosen one. Must I forget you, our solemn promise? Will autumn take the place of spring? What can I do, I’m lost without you, speak to me once more!”

-La canción que Celes canta cuando suplanta a Maria en la Casa de la Ópera

Creo que no dejo de revelar desvergonzadamente mi edad cuando hago este tipo de posts que ubico en alguna época cronológica de mi ñoñaza vida. Pues ya que.

¡Y luego me doy cuenta de que todo está conectado! Por ejemplo, cuando conocí esta obra maestra de los Role Playing Games (RPG) concebida por los gigantes de Squaresoft y leí el instructivo que acompañaba al cartucho del SNES comenzó mi enamoramiento por los dibujos del -oh, wow- fascinante Yoshitaka Amano, su canutero maravilloso ilustró el manual del juego, y luego que me voy enterando que el señor también diseño al trágico José Miel, y a los azotados de la Fuerza G. Es como si toda mi vida estuviera entretejida en una compleja clave ñoña que se sigue construyendo hasta la fecha. Pero bueno, paremos ya con el túnel del tiempo y comencemos a perorar sobre lo que nos ocupa: el mejor juego de la serie Final Fantasy hasta ahora, o sea el sexto de la saga. (Final Fantasy VII también es maravilloso, pero no me obsesioné ni por asomo con Cloud, Tifa & Co. de la misma manera que adoré a Terra, Edgar, Locke, Celes & +10) Esta es mi opinión y hasta que no salga otro FF que me conmueva como este pues me temo que no cambiaré mi parecer.

La historia comienza con tres misteriosas siluetas que marchan hacia la ciudad minera de Narshe en medio de una terrible tormenta de nieve. El trío va montado en sendos Magitek, (vehículos que fusionan avanzada tecnología con artes arcanas), uno de los integrantes es una chica a la que controlan mediante una corona que lleva en su cabeza. Van en búsqueda de una Esper (seres fantásticos que ostentan poder mágico y que según esto no han sido vistos en mucho tiempo) que supuestamente fue encontrada en las profundidades de las minas. Las cosas se complican cuando al encararse este ser con los soldados y la chica monta en cólera y asesina a los dos milicos. Ella logra recordar su nombre: Terra. Terra resulta ser una amalgama bastante peculiar de Esper y ser humano, estaba siendo controlada por El Imperio -¡Malditos perros!- una especie de gobierno totalitario bajo cuyo yugo se encuentra todo el planeta.

Terra, ignorante aún de sus orígenes, es rescatada de la oscuridad de los túneles por un sujeto con muchos problemas: el cazador de tesoros Locke Cole.

Nuestra querida Terra Brandford, pintada aquí por Yoshitaka Amano

Locke no es un vulgar raterillo, es un cazador de tesoros de la más alta categoría (aunque para llevar a cabo su oficio recurra al sigilo, el engaño y las artes histriónicas). Pertence a una banda de oposicionistas indignados que le hacen la guerra (o eso quisieran) al Imperio. El subversivo grupo se hace llamar The Returners y tiene entre sus filas gente bastante pesada, entre ellas está el rey ingeniero-mujeriego-encantador Edgar Roni Figaro y su renegado hermano, el fisicoulturista-monje zen Sabin René Figaro. Terra se les une en un intento por recuperar su identidad y además sorprendiéndose de descubrir la humanidad que le fué arrebatada desde niña. Esta bella mujer tiene unos poderes de dar miedo: lanza fuego a voluntad y constituye para el resto de los sorprendidos returners la primera oportunidad de poder inclinar la situación a su favor. Conforme transcurre la trama, entran en escena Celes Chere (una de mis favoritas) ex-general del ejército a quien estan a punto de condenar a muerte por haber tenido un ataque de moralidad antes de seguir ejecutando las órdenes homicidas del Imperio, a Celes desde niña la inocularon con magia así que ella también puede emplear las artes arcanas, en su caso domina el hielo. Chere es rescatada por Locke y estos dos mantienen una tensión romántica-sexual durante toda la trama, la ex-general se enamora del ladrón, pero éste no es libre de entregar su corazón porque una secreta culpa lo carcome, un complejo terrible es lo que lo impulsa a rescatar mujeres a diestra y siniestra: resulta que la mujer con la que iba a casarse sufre un accidente en una de las expediciones caza-tesoros de Locke, ella pierde la memoria y, repudiado por sus futuros suegros, Locke abandona el pueblo solo para regresar tiempo después y enterarse de que su amada murió en un ataque del Imperio (les dije que este hombre tenía problemas, y miren que no les he dicho lo peor).

La bella exgeneral del Imperio: Celes Chere

Y la historia sigue y el grupo se hace más grande, complejo e interesantísimo, se les une el ludópata Setzer Gabbiani, propietario del único dirigible en el mundo (otro traumado por haber perdido a su amor) Cyan Garamonde, un soldado que habla como Shakespeare y que perdió a su esposa e hijos envenenados por el Imperio (todos estaban bien mal caray), Gau, un niño feral que fue abandonado por su padre, Relm Arrowny, una insolente huérfana pintora y su abuelo, el anciano mago Strago Magus, Shadow, un ninja misterioso (luego resulta que es el padre perdido de Relm) que viaja con su perro Interceptor. Todos estos personajes tenían en común problemas bastante adultos, el diseño de personajes es soberbio, ninguno de ellos parecía integrante de Boy Band (cosa que sucedió con los siguientes Final Fantasy, desde el VIII) y ninguno de ellos albergaba móviles simples para unirse a tan kamikaze aventura.

Y huy, faltan los villanos. El primero es el monigote del Emperador Gestahl, un tipo bastante soso que poco a poco va llenándose de miedo por su supuesto subordinado, el mejor villano -según yo- que ha dado un RPG, estoy hablando de nada menos y nada más que el Señor Kekfa Pallazo: un sujeto completamente amoral, sicópata -o sea que es incapaz de sentir emociones- mordaz, encantador y absolutamente loco. Tiene una de las risas más reconocibles en la historia de los videojuegos. Parece que Kekfa fue de las primeras personas en las que el Imperio experimientó cuando intentó infundir con magia  el cuerpo de un ser humano, y todo el proceso que significó ser rata de laboratorio terminó resquebrajando su cordura al mismo tiempo que lo convirtió en un arma letal. Kekfa es, al final del juego, una especie de monstruoso semidiós al que cuesta un hue#$% derrotar.

Kekfa Pallazo. Final Fantasy VI ya era increíble con sus héroes complejos y maravillosos. Este villano terminó de elevarlo a la altura de los clásicos.

No hablaré del gameplay, la música, los diálogos, los poderes, subtramas que se ramifican de la historia principal  y demás monstruos (aunque el pulpo Ultros es entrañable), eso redescúbranlo ustedes, desempolven su SNES o saquen la versión que salió para el primer PlayStation y revivan la aventura.

A pocos personajes he amado como a esta tropa. Y el amor sigue vivo 16 años después.

WOW, en la caja salía Mog. Lo amo.

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Caricaturas retro de la infancia parte III: Remi, el niño de nadie

enero 14th, 2012 — 11:41am

“Sufren tremendas necesidades en el camino y por si fuera poco les toca la temporada invernal, una tormentota de nieve, mucho frio y la chingada.”

-Josafath hablando de Remi en su blog transtornos2099.blogspot

No conozco a nadie que no sepa de las desventuras de este niño. Escucho la frase “Ojos de Remi” con relativa frecuencia, incluso entre mis amigos no geeks. La vida atormentada de este chamaco francés es uno de los temas que invariablemente salen a la plática cuando a uno le da por bucear por los recuerdos de las caricaturas de nuestras infancias ochenteras, y es que de verdad, a Remi nomás faltaba que lo meara un perro (Por cierto tenía varios, a casi todos los mataron. ¿Ven a lo que me refiero?)

Remi y sus tres perros. Los fué perdiendo uno a uno, como en la canción.

Esta serie de anime fue hecha por Tokyo Movie Shinsha en 1977 (¡Antes de que yo naciera!), está basada en la novela “Sin Familia”, del autor francés Hector Malot y consta de 51 episodios de puro abandono, miseria, desesperación y hambre salpicados por algunos pantallazos de esperanza en la vida de este chico quien comienza en este mundo con el pie izquierdo al ser secuestrado cuando bebé, y luego entregado a una pareja de la campiña francesa quienes en medio de una crisis económica lo venden a un músico ambulante cuya muerte nos traumó a todos, (¿De verdad me tengo que disculpar por este spoiler? Todos nos acordamos de que este hombre protegió a Remi del frío de una tormenta de nieve con su cuerpo y el acto le costó la vida) el indómito, barbón y desasido Señor Vitalis. Como todos ustedes saben, este señor no viajaba solo sino que atravesaba el país galo acompañado de sus tres perros amaestrados: Capi, Servino y Dulce. Y claro, un changuito cuya desgarradora partida de este mundo (o sea cuando se murió) nos arrancó lágrimas a todos. ¿Todos lo recordamos verdad? El heroico Corazón Alegre, quien a pesar de haber caido enfermo sale a cantar a las calles para ayudar a la troupe y al finalizar su acto cae muerto. Y de los lagrimones que derramó Remi ni hablar.

A lo largo de los viajes del Señor Vitalis pasa de todo, pero la sombra de la pobreza y las terribles carencias del grupo hacen de este anime uno de los más tristes y angustiosos que he visto jamás, quizá porque los males que aquejan a estos seres son de carácter completamente posible, todos sabemos que tales realidades existen,  y que personas buenas pasan penalidades como estas alrededor del mundo. Remi fue también para nosotros, los niños de los ochentas, una introducción a lo brutal que puede ser el viaje de la vida cuando las desventajas -y las injusticias- se apilan una sobre otra.

Aquí Remi luce feliz, la verdad no recuerdo en qué momento...

Al final, de la alegre troupe solo quedan Capi y Remi, quienes son adoptados por una familia. Pero la verdadera madre del desventuado niño: una acaudalada dama inglesa lo sigue buscando desde que fue secuestrado. Remi viaja a Inglaterra y se encuentra con ella. Al final las cosas terminan bien para él. Aunque me pregunto en que clase de adulto se convirtió.

Yo si sé que clase de adulto soy: una que ya puede tomar las miserias de Remi con humor negro.

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Caricaturas retro trágicas parte II: La Ranita Demetán, el niño batracio jodido

noviembre 10th, 2011 — 10:13am

“I´d kiss a frog even if there was no promise of a Prince Charming popping out. I love frogs.”

- Cameron Díaz

Seguimos con nuestra racha melancólica en el Callejón, esta vez el post está dedicado a otra magna obra trágica de los Estudios Tatsunoko -esta gente se propuso dejar a toda una generación traumada…Omedetou! lo lograron. La serie que recordé en esta ocasión es nada menos y nada más que La Ranita Demetán, serie producida en los setentas que llegó a nuestro país más de diez años después.

Demetán y su amiga Adelina, el estanque Arcoiris es su cristalino hogar

Demetán es un chico rana que habita el cristalino estanque Arcoriris. A diferencia de José Miel, él si tiene la fortuna de tener a sus papás, con quienes vive en un árbol. La tragedia de su vida consiste en que es paupérrimo y a sus padres no les alcanza para mandarlo a la escuela. El resultado es que Demetán es una especie de Nini, anda de vago por ahí tristeando y tocando su flautita. Se hace amigo de una ranita llamada Adelina quien es la hija del Gran Giotto, el ricachón del estanque. Ambos se la viven disfrutando de una amistad que luego se convierte en amor para el gran horror del padre de la chica, quien no puede imaginar a su querida niña emparejada con un pelagatos sin futuro.

El resultado es que el abusivo suegro de Demetány sus secuaces le hacen la vida de cuadritos, y a la lista de infortunios en la desigual vida del estanque (el fuerte se aprovecha del débil, hay injusticia y maltrato, las ilusiones no permanecen) se suma la crueldad de los animales que llegan a alimentarse de los batracios que lo habitan: los halcones y el pez gato son algunos de ellos. Recuerdo un capítulo en el que una tortuga moribunda le entrega sus huevos a Demetán para que los cuide, él acepta pero los huevitos son devorados por un animal, Demetán se apresura a rescatarlos pero el único que logra recuperar era una pelota de golf.

¿Cómo no llorar con esto?

A Demetán su pobreza nunca pareció haberle importado hasta que constituyó un obstáculo para su amor. Sufre al no sentirse digno de Adelina. Entonces un día se harta de autocompadecerse y sentir lástima de sí mismo, se arma de valor y defiende a los habitantes de su estanque de múltiples peligros, muchas veces salvando la vida ahora sí que por un pelo de rana calva. El resto de los habitantes del estanque se le unen, conmovidos por su esfuerzo.

Al final, al Gran Giotto se le ablanda un poco su corazón y acepta como yerno al pequeño batracio. El karma le paga a Demetán con una novia preciosa y quién sabe, tal vez haga del estanque Arcoiris un mejor lugar para vivir.

Les dejo el intro en español latino, feliz viaje por los recuerdos.

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Caricaturas retro trágicas parte I: El Príncipe Zángano: José Miel

noviembre 8th, 2011 — 10:04am

“His labor is a chant, His idleness a tune; Oh, for a bee’s experience Of clovers and of noon!”
- Del poema “La Abeja” de Emily Dickinson

En el Callejón andamos como muy melancólicas y recordando series de televisión de la infancia. En particular aquellas que nos estrujaron de angustia nuestros tiernitos corazoncitos nueveañeros. Este sábado barría mi casa y me encontré el cadáver reseco de una lagartija a quien incluso bautizé como Bill. Los ojos se me pusieron todos aguados, ya saben, tipo Remi (en otro post hablaremos de ese pobre niño) y me acordé, quién sabe porqué, del desventurado de José Miel.

José Miel fué una serie de anime producida por los Estudios Tatsunoko (gran y excelsa fábrica de tragedias animadas) en los años setenta, llegó a México en los ochenta, se nos metió hasta el tuétano a quienes tuvimos la desgraciada fortuna de verla. Años más tarde, en mi adolescencia otaku, me sorprendí muchísimo cuando supe que el diseñador de los personajes de la serie fué mi ilustrador vivo favorito: Yoshitaka Amano.

Aquí tenemos a José, la vida se ensaña con él de todas las maneras imaginables. Este es su puchero clásico.

La ruta del chico Miel hacia las profundidades de la desesperación comienzan cuando unas malditas avispas destrozan su panal y él se cría con unas abejas silvestres. José crece separado de su madre, -quien era la reina de la colmena- hasta que un malhadado día descubre que es un príncipe y que desea ir a buscar a su madre (hubiera sido más feliz como pelagatos pero bueno, la casta lo llamó por su nombre).

Aquí da su inicio el rosario de desventuras del pobre insecto, quien deberá soportar palizas, frustraciones, ser testigo de las muertes dolorosas de sus amigos, (recuerdo que cuando niña deseaba nunca ser amiga de alguien como José Miel, su amistad era como el beso de la muerte) quienes a cada capítulo entregan su vida para que él continúe con su búsqueda. Y cuando planean el rescate de su madre, José forma un verdadero ejército con sus amigos, los cuales están dispuestos (como siempre) a morir con tal de verlo reunido por fin con ella. Entre los capítulos más espeluznantes de la serie recuerdo un0 en el que salía una terrorífica lámpara mata-insectos, y -oh, mi dios- aquel en el que José se hace amigo de una cigarra que está ya en las últimas y no puede defenderla cuando llegan otros insectos a devorarla. José recibe una paliza y está en el suelo bañado en lágrimas mientras descuartizan viva a su amiga.

Lo peor de todo es que cuando por fin se reúne con su madre, tras una batalla épica con las avispas, ella muere luego de revelarle que tiene una hermanita y que debe llevarla al Valle de las Flores donde establecerán una nueva colmena. Y así continúa la segunda parte de la serie, igual de lacrimosa y desesperante aunque ahora José no viaja solo, sino en compañía de su hermana y de un individuo llamado Catarino quien busca a su papá (¿Todos eran huérfanos o qué?)

Al final de tanta desventura salpicada con algunos buenos momentos, José Miel & Co. llegan al mentado Valle de las Flores donde el karma por fin les paga con felicidad por el resto de sus cortísimas existencias (los insectos viven muy poco).

Aquí les dejo el intro de la serie, salpicado de algunos buenos momentos.  Enjoy!

Intro de José Miel

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Una cazadora solitaria

septiembre 10th, 2011 — 2:15pm

“We are all damaged in our own way. Nobody´s perfect. I think we all are somewhat screwy, every single one of us”

- Johnny Depp

Hubo un tiempo atormentado en el que andaba buscando el amor en el lugar equivocado. Conocí gente compleja e interesante, personas torturadas por su percepción del mundo, almas de sensibilidad exquisita pero quizá un tanto narcisistas. Esta crónica narra una noche pivotal en la que comprendí que hay mundos a los que no pertenezco, por más fascinantes que los encuentre. Un corazón roto puede ser una brújula vuelta loca, eso me pasó a mí.

Este es el Expiatorio, el tempo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

Este es el Expiatorio, el templo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

“Las ratas cruzan presurosas la explanada del Expiatorio en pos de sus guaridas diurnas. Las esquivo con asco y dificultad, apenas aguanto los tacones. Son las 7:00 de la mañana. Amanece un sábado de abril. Debe ser la parte más fresca del día de esta primavera que acabamos de estrenar. Llevo un vestido azul de seda italiana que me costó carísimo en una boutique de un barrio “alternativo” de Hamburgo. Doy gracias a los dioses -en plural- porque regresa inerme. No le cayó cerveza encima. Nadie vomitó sobre él. Sigue de una sola pieza. No puedo decir lo mismo de mis medias púrpura casi nuevas. Exhiben un nada estético boquete a la altura de mi rodilla derecha. El taxista no quiso llevarme hasta mi casa. Paramos en Madero y Prisciliano Sánchez, de ahí ya no quiso seguir. No sé si es un patán o un imbécil. O si ya se hizo cierta idea de mí porque ando sola a estas horas. Ya no traigo chapetes,  la piel de mis párpados absorbió la sombra de ojos desde hace un buen rato. Paradójicamente, los ojos se me ven más grandes, o sería que el espejo del baño de mujeres del  café Lido me distorsionó a favor. A estas horas ya he perdido todo el glamour que tan cuidadosamente trabajé horas antes. El hechizo temporal de la lustrosa apariencia de cabello planchado y ojos ahumados debe haberse roto por ahí al filo de las 4 am cuando confronté al tipo que no paró de coquetearme a lo largo de toda la fiesta. Ahora  sólo quedo yo, dentro de mi disfraz de mujer hecho jirones.

Se animó a acercarse hasta que estuvo borracho. Yo programaba cualquier canción en la laptop del anfitrión y él se endiosaba. Me sorprendió. Nadie había sido nunca tan frontal conmigo. ¿Un caballero ahogado en alcohol? Me pidió que si podía besarme la mano. Yo tampoco era, a las 2 am, la imagen de la sobriedad, se lo permití. Sentí la ausencia de varias de mis amigas, supe que debían estar en el patio, fumándose el único gallo de la fiesta. La luz era tenue, las caras estaban envueltas en penumbra. Él también se sabía la letra de Parklife. La cantó incluso con un sobreactuado acento que pretendía sonar británico.  A esas horas y en mi estado, más bien me sonó escocés. Onda Mark Renton.   Le fascinó que me fascinaran Leonard Cohen y David Bowie,  que me supiera todas las letras. Le fascinó lo de él que vio en mí.  Pero en esa fiesta todos éramos espejos, todos teníamos el mismo pelaje, le aullábamos a lo mismo.  “Permítanme decirles que,  ustedes las mujeres…”-empezó a decir, atragantándose con su propia saliva- “son una maravilla, son la onda, ¡que viva la vaginocracia!”. Cuando alcancé a escuchar eso charlaba con las chicas de la fiesta, hablábamos sobre el futuro, de dónde íbamos a sacar ladrillos para edificar lo que deseábamos. Harta, lo agarré del hombro y me lo llevé al rellano de la escalera, donde nadie pudiera vernos. Se dejó llevar como un corderillo.

Él era considerablemente más alto que yo, y me quedaba a contraluz. Apenas podía verle los ojos. Debió pensar que lo aparté para besuquearlo o para hacerle alguna propuesta en privado porque pude notar su emoción cuando se acercó aún más a mí. Pero yo sólo deseaba hacerle una pregunta: “Dime algo, si somos taaaan maravillosas, ¿porqué ustedes son tan mierda?”. Peló tanto los ojos que pude ver su brillo en la oscuridad. Se quedó en silencio unos instantes. “Por pendejos, por eso” me respondió,  luego me abrazó. Y me besó. El beso fue rudeza, dientes y encías.  Y yo, que me sentía tan valerosa dentro de mi traje azul –y más aún después de cuatro cervezas-, tan imponente sobre mis tacones de aguja, tan invencible y chingona detrás de mis sombras grises, rompí a llorar como magdalena mientras me decía que no sabía quién me había lastimado, pero que no tenía idea del tesoro que había perdido, y que ningún hombre merecía que una mujer llorara por él, ni siquiera Brad Pitt. Luego agregó lo hermosa, lo divina, lo guapísisisima que me encontraba, lo mucho que le gustaba, dijo que no me fallaría, que si mi personalidad, que si mi pelo, que si mi manera de ser, y mientras más cosas hermosas me decía, más lloraba yo. Quería que nos fuéramos a su casa. Al oído me suplicó que lo dejara amarme. No le dije que no. Pero él entendió. Abandonamos la fiesta en taxi y nos dirigimos al Lido. A las cinco de la mañana. Los parroquianos parecían restos de algún naufragio. Los manteles de poliéster estaban todos repletos de agujeros abiertos por cigarrillos encendidos. Mi acompañante y yo nos sentamos cerca del baño. La camarera de cara grasosa y pestañas tiesas como telarañas nos tomó la orden: un café negro para mí, una tecate para él. Seguía pidiéndome permiso para besarme la mano mientras vaciaba la primera cerveza de cinco. Nunca pude verlo sobrio. Supe que es cineasta y que tiene broncas con la soledad.  Le eché cuatro cucharadas de azúcar al café. Todo lo posible por endulzar esa madrugada. Tenía sus ojos clavados en los míos a sólo un palmo de distancia. Pude ver un polvo blanco en sus delicadas fosas nasales.  “Proyectas tanta esperanza” –me dijo, y luego agregó que me amaba. Se me escurrieron un par de lágrimas más que  ya no tenían que ver con el desamor, los ojos me escocían. A las diez tenía una despedida de soltera y antes debía despedirme de él. Pedimos la cuenta.

Abracé, tal vez por última vez, a ese hombre que dijo haberse enamorado de mí en unas horas. Con los primeros rayos del sol dolía verlo tan perdido.  Yo sabía que lo nuestro que nunca empezó en realidad no habría funcionado. Pero sus palabras fueron lo que necesitaba oír. Abro la puerta del taxi,  la piel del dorso de mi mano rígida de saliva seca y me marcho a casa. Miro la ciudad despertarse. Aquello que busco no puede estar muy lejos.”

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