Categoría: Dibujo


Animes de adolescencia parte I: Las Guerreras Mágicas

noviembre 17th, 2011 — 7:53am

“En otra dimensión, en un  reino muy lejano existe una leyenda que habla de tres niñas, que llegarán y lograrán salvar a este mundo. Ellas despertarán a los genios, y con ayuda de sus poderes mágicos, lograrán vencer al enemigo.”

- Intro de Las Guerreras Mágicas

Pues sí, andábamos en los animes trágicos de la infancia la semana pasada, ya volveremos a ellos en poco tiempo (como si no sobraran las series que nos hicieron moquear invocando nuestros más profundos temores infantiles). Hoy me acordé de uno que me llevó a pensar que si por alguna razón yo diera con una puerta a otro mundo, muy a la Crónicas de Narnia, definitivamente no volvería a la querida y buena Tierra.

Lo pasaron por Caritele -¿Se acuerdan del dinosaurio tambachón y bobalicón ése? ¿El Carisaurio?- y llevaba el feo título: “Guerreras Mágicas”, el intro mostraba a tres mocosas de secundaria en un risco, viéndose absolutamente bellas, con sus enormes ojos acuosos y sus cabellos volando a sus espaldas, mientras una voz en off nos informaba que ellas eran las elegidas para salvar un mundo llamado Céfiro. El resto de la secuencia de apertura mostraba a las chicas portando sendas espadas y lanzando terribles hechizos enfundadas en sus uniformes escolares sobre los cuales lucían piezas random de armadura.

La serie me gustó tanto que constituyó mi entrada a informarme sobre las autoras de la historia: el cuarteto de mangakas conocidas como CLAMP, y cuando viajé a Japón me subí a la Torre de Tokio con el ñoñazo wishful thinking de que tal vez sería convocada a otro mundo, tal como les pasó a las chavas de la historia. Pero pues no, nadie me invocó y lo que me traje de la bendita torre de cristales empañados fue un llavero que aún cuelga de mi mochila.

La historia de estas guerreras-en-contra-de-su-voluntad comienza una mañana en la que visitan la Torre en un viaje de campo de sus respectivas escuelas, las protagonistas no se conocen hasta ese día, no tienen idea de lo que se les viene encima, y menos de lo marcadas que las dejará la experiencia que vivirán. Lucy, Marina y Anaís (Hikaru, Umi y Fuu en el manga) escuchan, en medio de un fogonazo de luz cegadora, una voz de mujer que pide ayuda y las llama a salvar a Céfiro, acto seguido el suelo desaparece bajo sus elegidos pies y se desploman en caída libre hasta que las recoge en pleno vuelo un pez volador gigante.

De izquierda a derecha: Anaís, Lucy y Marina. Al fondo, el chico de pelo verde es Paris y el mago de la túnica blanca es Guru Cleff

Las chicas no tienen ni la más remota idea de dónde están y mientras intentan descubrir lo que ocurrió se presentan entre ellas, aquí sucede que Anaís y Marina no le creen a Lucy que tenga la misma edad que ellas -14 años- y le dicen desvergonzadamente que parece niña de sexto de primaria. A lo largo de la serie comprobaremos que si bien Lucy no es por mucho la más brillante de las tres, -ese título se lo lleva Anaís, quien tiene en su cerebro su mejor arma- sí es la más valerosa y también la más ingenua. En eso se les aparece Guru Cleff, un sujeto chaparro de casi 800 años quien les explica que Céfiro es un mundo cuyo equilibrio descansa sobre la voluntad de una sola persona que consagra toda su existencia a orar por la paz de este mundo. El Pilar, quien es nada menos y nada más que la chica que las invocó en la torre, se encuentra actualmente prisionera por el malvado sacerdote Zagato. Como resultado de semejante desequilibrio, Céfiro está poblándose de monstruos y seres malvados producto de las mentes aterrorizadas de sus habitantes. El Pilar, conocido como La Princesa Esmeralda, las eligió para llevar a cabo la excelsa misión de liberarla.

Toda la perorata de Guru Cleff tiene a Marina sin cuidado, ella sólo quiere regresar a Tokio, le importan un carajo las cuitas de un mundo ajeno y sinceramente le angustia estar en un lugar donde no hay Häagen-Dazs, además tiene un torneo de esgrima en puerta, Anaís se preocupa por las tareas que debe entregar pronto y porque quedará mal con su equipo de trabajo. La única que se apunta irreflexivamente en la misión es Lucy, quien le dice a Guru Cleff que salvará a Céfiro y restaurará la paz. ¿Cómo es que las otras dos también le entran a semejante encargo? Pues no les queda de otra cuando Cleff les informa que no podrán volver a su mundo hasta que hallan salvado a ese mundo.  Así es como las tres pubertas despiertan sus poderes mágicos y reciben armaduras gracias a las artes de este hombrecillo, quien resulta ser un poderoso hechicero.

La atormentada Princesa Esmeralda, el Pilar de Céfiro

Aquí voy a empezar a decir una tremenda cantidad de spoilers, así que si no quieren que les eche a perder la serie no sigan leyendo.

Lucy, Marina y Anaís viven su aventura de menos a más, lo que quiero decir es que todo empieza como una luminosa-tenebrosa aventura tipo juego de rol en la que deben buscar el mineral para construir sus armas, cuentan con una bola saltarina de orejas largas llamada Mokona como guía, deben despertar cada una su respectivo genio (seres de inmenso poder y tamaño fabuloso que yacen dormidos en ocultos santuarios) y poco a poco va develándose el verdadero sentido del cautiverio de Esmeralda: ella sufre de un amor prohibido por su guardián, el sumo sacerdote Zagato, quien también la ama y no está dispuesto a dejar que ella sacrifique su vida por un mundo que bien podría valerse por sí mismo. El trágico propósito de las Guerreras Mágicas en la historia de Céfiro es nada menos y nada más que el de la destrucción del pilar que por cualquiera que sea la razón, ha sufrido una irregularidad que le impide cumplir su función. Esto lo descubren nuestras heroínas cuando al final, curtidas por las batallas y convertidas en amigas destruyen a Zagato sólo para descubrir que su verdadero enemigo es una mujer furiosa por el asesinato de su amante.

Al principio de la terrible batalla final, ninguna de ellas desea herir a la Princesa, pero se muestra como una rival tan terrible que no les queda más remedio que concederle el único deseo egoísta de su vida: reunirla con su amado.

Marina, Lucy y Anaís en sus trajes completos como Guerreras Mágicas

Las chicas han de regresar a Tokio con sus corazones llenos de remordimientos. De esta traumática experiencia nace del corazón atormentado de Lucy una sombra que volverá a torturarla en la segunda temporada de la serie, en la que las tres muchachas regresarán a un Céfiro casi destruido por la ausencia de un Pilar y además amenazado por la invasión de tres planetas vecinos. En la segunda vuelta las tres amigas han de revisar sus verdaderos motivos para pelear, y sanar con ello sus heridas. Las tres tienen sus roces con el amor, el autosacrificio y el cumplimiento de promesas formuladas en el núcleo de su forzada hermandad.

Cuando miré la serie hace muchos años admiré todos los aspectos visuales, Lucy, Marina y Anaís están diseñadas de acuerdo al rol que tomarán de acuerdo a sus poderes y el elemento que representan. El poder de Lucy es el fuego, su cabello pareciera estar en llamas, su uniforme es rojo y su armadura también, su temperamento es explosivo y cálido a la vez, sus poderes mágicos son de ataque. Anaís maneja el viento, su cabello corto luce ondas como remolinos de aire, su uniforme es verde, sugiriendo la frescura de la brisa, su armadura luce el mismo tono, sus poderes mágicos son un balance de defensa y ataque. Además es la más racional de las tres, es una intelectual cuyos procesos mentales recuerdan la sutileza y la velocidad del viento. Y tenemos a Marina, su elemento es el agua, sus ojos son zarcos, su cabello azul es largo, fluye como el agua con sus movimientos, su uniforme y armadura lucen del color del océano. Sus poderes son sobre todo de ataque. El carácter de Marina es acomodaticio cuando no le queda más remedio, en eso se parece al agua, que toma la forma del envase que la contiene. De las tres guerreras, es la que más evoluciona, pasa de ser la hija única mimada de una familia rica a aprender a mirar a los demás y descubre dentro de ella una inagotable fuente de compasión.

Marina, Lucy y Anaís se abrazan en el capítulo final de la serie, logran volver en paz con ellas mismas.

La historia tiene un final muy distinto en el manga del que tiene en el anime. Además hay un OVA (Original Video Animation) que dura 90 minutos y cuenta una historia completamente diferente con los mismos personajes, véanla si pueden, luego de que le echen un ojo a la serie, que tiene sólo 49 episodios.

Esta fue la serie que le habló a mi faceta escapista de la realidad en mi adolescencia, ahora no sé qué haría si me invocaran a otro mundo.

Tendré que volver a la Torre de Tokio.


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Caricaturas retro trágicas parte I: El Príncipe Zángano: José Miel

noviembre 8th, 2011 — 10:04am

“His labor is a chant, His idleness a tune; Oh, for a bee’s experience Of clovers and of noon!”
- Del poema “La Abeja” de Emily Dickinson

En el Callejón andamos como muy melancólicas y recordando series de televisión de la infancia. En particular aquellas que nos estrujaron de angustia nuestros tiernitos corazoncitos nueveañeros. Este sábado barría mi casa y me encontré el cadáver reseco de una lagartija a quien incluso bautizé como Bill. Los ojos se me pusieron todos aguados, ya saben, tipo Remi (en otro post hablaremos de ese pobre niño) y me acordé, quién sabe porqué, del desventurado de José Miel.

José Miel fué una serie de anime producida por los Estudios Tatsunoko (gran y excelsa fábrica de tragedias animadas) en los años setenta, llegó a México en los ochenta, se nos metió hasta el tuétano a quienes tuvimos la desgraciada fortuna de verla. Años más tarde, en mi adolescencia otaku, me sorprendí muchísimo cuando supe que el diseñador de los personajes de la serie fué mi ilustrador vivo favorito: Yoshitaka Amano.

Aquí tenemos a José, la vida se ensaña con él de todas las maneras imaginables. Este es su puchero clásico.

La ruta del chico Miel hacia las profundidades de la desesperación comienzan cuando unas malditas avispas destrozan su panal y él se cría con unas abejas silvestres. José crece separado de su madre, -quien era la reina de la colmena- hasta que un malhadado día descubre que es un príncipe y que desea ir a buscar a su madre (hubiera sido más feliz como pelagatos pero bueno, la casta lo llamó por su nombre).

Aquí da su inicio el rosario de desventuras del pobre insecto, quien deberá soportar palizas, frustraciones, ser testigo de las muertes dolorosas de sus amigos, (recuerdo que cuando niña deseaba nunca ser amiga de alguien como José Miel, su amistad era como el beso de la muerte) quienes a cada capítulo entregan su vida para que él continúe con su búsqueda. Y cuando planean el rescate de su madre, José forma un verdadero ejército con sus amigos, los cuales están dispuestos (como siempre) a morir con tal de verlo reunido por fin con ella. Entre los capítulos más espeluznantes de la serie recuerdo un0 en el que salía una terrorífica lámpara mata-insectos, y -oh, mi dios- aquel en el que José se hace amigo de una cigarra que está ya en las últimas y no puede defenderla cuando llegan otros insectos a devorarla. José recibe una paliza y está en el suelo bañado en lágrimas mientras descuartizan viva a su amiga.

Lo peor de todo es que cuando por fin se reúne con su madre, tras una batalla épica con las avispas, ella muere luego de revelarle que tiene una hermanita y que debe llevarla al Valle de las Flores donde establecerán una nueva colmena. Y así continúa la segunda parte de la serie, igual de lacrimosa y desesperante aunque ahora José no viaja solo, sino en compañía de su hermana y de un individuo llamado Catarino quien busca a su papá (¿Todos eran huérfanos o qué?)

Al final de tanta desventura salpicada con algunos buenos momentos, José Miel & Co. llegan al mentado Valle de las Flores donde el karma por fin les paga con felicidad por el resto de sus cortísimas existencias (los insectos viven muy poco).

Aquí les dejo el intro de la serie, salpicado de algunos buenos momentos.  Enjoy!

Intro de José Miel

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Los elefantes son contagiosos

octubre 6th, 2011 — 9:46am

If trained right, can be used to smash things. Enemy things.”

-Definición de “elefante” sacada del Urban Dictionary

En este anterior post les prometí que les mostraría en que quedó aquella placa que comencé en aguafuerte. Les recomiendo leerlo si es que al ver esta imagen creen que la hice en lápiz, pluma bic o canutero. No, la hice con toda la fuerza y la sutileza de una tina de ácido.

Un elefante con asistentes ratas en su aseo paquidérmico. Sin miedo.

Un elefante con asistentes ratas en su aseo paquidérmico. Sin miedo.

Me gustan mucho los elefantes. Su prodigiosa fuerza, su memoria, su conciencia de los lazos familiares, su ciega brutalidad al defenderse, sus hermosos bebés y la curva grácil de los colmillos de los machos. Me encanta que tienen cuatro rodillas, amo sus trompa con la que alcanzan todo y también se acarician, su barritar ensordecedor, su aire de seres legendarios, sacados de quién sabe cual periódo post-dinosáurico. Y por si fuera poco, son símbolo de buena suerte.

En el Callejón somos animal lovers, nomás nos falta hacernos vegetarianos.

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Los Indios Remisos de Toledo

agosto 1st, 2011 — 9:25am

“¿Que qué me ha dejado el grabado? Pues muchos fierros, muchos cobres.”

-Francisco Toledo

A principios de los ochentas, en el Taller de Grabado de Mario Reyes en la Ciudad de México, el maestro Francisco Toledo (Juchitán, Oaxaca, 1940) modificó varias placas de grabados coloniales religiosos.  Al herirlas con puntas de diamante y atacarlas con ácidos, les brindó otro carácter a estas escenas de pasajes clásicos de la imaginería católica.

Para quien no lo conozca, aquí está el artista juchiteco. En el Callejón lo amamos por su absoluta genialidad, su ácido humor y su irreverencia, entre muchas otras cosas.

En una entrevista reciente, el artista oaxqueño rememoró la ejecución de este trabajo, aseverando con una sarcástica seriedad que a Mario Reyes no se le entiende nada cuando habla -dicen por ahí que eso es cierto, yo no lo puedo asegurar ya que no he tenido el honor-. Y que además, por alguna extraña razón, el ácido se rehusaba a atacar apropiadamente las placas.

Una de las placas de la serie "Indios Remisos" intervenidas por Toledo

“Mario lo atribuyó a una señal divina. Él es un hombre muy católico.” – afirmó el artista sin apartarse del sarcasmo. Los que conocemos algo del impresor y también artista por cuyo Taller de Gráfica han pasado nombres de la talla de José Luis Cuevas y Leonora Carrington, sabemos que Reyes es completamente ateo.

En una de las placas, una multitud de ánimas en pena se cubre con paragüas para evitar ser salpicados por la sangre de Cristo quien derrama líquido hemático a raudales. Sobre el tablón transversal de la cruz, un extraño conejo con cola de zorro otea la escena. En otra, la Virgen María derrama sus bendiciones -literalmente- a travéz de una manguera negra sobre la jícara que un fiel venerador le ofrece. En aquella, Cristo sostiene un colorido tambor rojo con todo y las baquetas entre sus manos cruzadas, un diablo contorsionista describe con su cuerpo un medio círculo dentro de su alba túnica.

Placas religiosas coloniales intervenidas por el artista oaxaqueño

Una de nuestras placas favoritas de la serie. No pudimos encontrar una imagen de mejor tamaño, por ello nos disculpamos. Pero no podíamos dejar de postearla.

Todas estas imágenes las produjo el maestro al mismo tiempo que Carlos Monsivaís escribía los cuentos que irían emparejados con ellas. La publicación titulada “Nuevo Catecismo para Indios Remisos” incluye en su edición de la casa editorial Era nueve de los grabados del artista gráfico.

Francisco Toledo no es “sólo” grabador, también es pintor, editor, ceramista, escultor y promotor cultural. Es el artista mexicano vivo más cotizado dentro y fuera de México. Es un personaje al que no puedes dejar de adorar ya que después de ser sacudido por la fuerza de su trabajo, lo descubres siendo completamente sencillo en las entrevistas, con la simplicidad de quien está tan seguro de su lugar en el mundo que no siente la necesidad de explicar nada. Bajo su exterior aparentemente rústico se esconde su tremendo intelecto, afilándose las uñas para saltar con su fino sarcasmo sobre cualquier interlocutor que no esté a la altura con un latigazo verbal, de esos que no se sienten sino hasta un rato después, cuando te das cuenta de que te pendejearon sin darte cuenta.

Una muestra de esta faceta de su personalidad la ví claramente en su exposición Los Cuadernos de la Mierda, la cual fué albergada por el Museo de las Artes de la UdeG hace algunos años. En esta muestra había 56 imágenes de un total de 1,500 que el maestro realizó durante su estadía en Francia a mediados de los ochenta. Esta obra fué entregada a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en el año 200o como parte del programa “pago en especie”.

En el universo que nos presentó se fundían tradiciones milenarias con escenas cotidianas y fantásticas, en las que intervinieron animales, esqueletos, insectos y calacas que defecaban solitarias o en grupos de animada charla. Todo para la honorable secretaría que maneja nuestros impuestos.

Una calaquita defeca

Les recomiendo ampliamente que se den una vuelta a su librería con sillones favorita, vayan a sección de arte, tomen un libro con imágenes de él y dejen que su iconografía les hable a través de los ojos.

Su visita no será corta.

A mí ya me entraron ganas de ir a Oaxaca.

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Un trébol es un trébol es un trébol

julio 18th, 2011 — 9:08am

Alguna vez escribí en este Callejón acerca de uno de los mangas del cuarteto nipón CLAMP: la tragedia  hiper violenta, apocalíptica y fatídica X/1999. Mencioné que aunque X, con todo y su ambiente de que todo está a punto de irse por un caño cósmico, su imaginería gore tan delicadamente dibujada, sus historias de amor condenadas al fracaso,  y sus magníficas escenas de acción; no es el trabajo que más admiro del grupo.

Mi favorito de los mangas que las CLAMP han producido sólo lleva cuatro tomos publicados. Se encuentra en pausa desde 1995. Aquí ya nos hemos hartado de esperar. Estamos hasta la madre de tanta falta de respeto a los lectores. Queremos que Mokona Apapa y Nanase Ohkawa boten un poco sus más nuevos proyectos y terminen esa maravillosa fantasía cyberpunk que es Clover.

Suu, una de las protagonistas de Clover, llora. Yo quiero imaginar que le ruega a las CLAMP que le den un buen final. De una vez.

Clover (Trébol) es el nombre en clave que se les dió a un grupo de niños nacidos con poderes síquicos. Encontrados y recultados por el gobierno para convertirlos en armas, fueron clasificados según sus aptitudes: así un trébol de cuatro hojas sería el más poderoso de todos, por encima de los de tres, dos y una hoja. Cuando dos tréboles se unen, sus poderes se suman según sus hojas, así la suma de un trébol de tres con el de uno apenas equipararían el tremendo poder del de cuatro. En esta ciudad lluviosa en la que la historia transcurre, un consejo de ancianos tréboles de una hoja dirige los destinos de la gente.

Suu es una chica de trece años que vive en una jaula. Una jaula inmensa, sin más compañía que unos extraños pajaritos de metal con alas de plumas de brillante metal planchado. Ella misma es como un ave: delgada, delicada, con una voz bellísima. Dedica sus horas a cantar una melodía que alguna vez escuchó en voz de otra fascinante mujer que se convirtió en su única amiga: Oruha, una ronca y sexy cantante de club nocturno con un corazón de oro.

Oruha, un trébol de una sola hoja.

Suu es un arma letal. Es el único trébol de cuatro hojas que ha nacido. Por eso la mantienen confinada. Sus guardianes creen que si ella nunca llega a desarrollar sentimientos fuertes por nada ni nadie no será un peligro. Así que es prisionera, custodiada por unos extraños conejitos enfudados en trajes victorianos.

Pero un día, se le encarga al ex-militar Kazuhiko que escolte a Suu a una locación secreta. En el camino se enfrentarán a gente que desea apoderarse de Suu y su imensa fuerza. Esta delicada niña es capaz de invocar armas de la nada, materializar alas que son capaces de amortiguar una caída de varios pisos o mover pesados objetos por medio de telekinesis. Suu es obligada a usar sus poderes en el camino, enterándose durante la travesía que su guardían es el ex-amante de su fallecida amiga Oruha, quien, dicho sea de paso, era un trébol de una hoja. El único poder de Oruha era el de conocer el momento en el que iba a morir, un dato que ensombreció su amor por Kazuhiko y lo tiñó su pasión con una amarga tristeza.

Ayudando al antiguo militar y su protegida se encuentran Gingetsu, un funcionario del gobierno, y Lan, un chico con un talento extraordinario para las computadoras. Estos dos tienen una relación bastante cercana, formando una simbiosis que sólo podría explicarse en una pareja de muchos años.

Kazuhiko visita la jaula de Suu. Aquí se conocen y comienzan su viaje.

En este manga, las CLAMP dejan de lado su recargado estilo de dibujo y apuestan por un uso bellísimo del espacio negativo: las zonas en blanco, o silencios, ocupan una gran parte de los paneles. Esta deliberada falta de los ambientes añade una tensión incomparable a las expresiones corporales y faciales de los personajes. La obra es dinámica y estática a cada vuelta de página, como un latido lento y bien llevado. Como el viaje de Suu hasta donde quiera que debe llegar. Es por esto que cuando Kazuhiko y Suu son atacados, las líneas del combate turban este espejo límpido que es esta canción del aislamiento que es Clover.

Me preocupa que cuando las CLAMP retomen esta obra congelada termine luciendo como un pastiche mal hecho. El estilo de dibujo y de escritura evoluciona rápidamente, el trazo de Mokona, a más de diez años de haber concebido a los tréboles, seguro será muy distinto.

Espero que Apapa tenga un DeLorean para su mano. Los fans de Clover seguimos esperando, sin olvidar.

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