Categoría: cultura popular


Videojuegos de la adolescencia parte II: Chrono Trigger

febrero 20th, 2012 — 3:06pm

“Time travel!…How exhausting!”

- Marle

Chrono Trigger es otro de esos RPG´s maravillosos. No tan maravilloso como FFVI pero magnífico. Lo lanzó Squaresoft en 1995 y ha sido aclamado como el mejor RPG  de la historia. En él trabajó el creador de los Final Fantasy: Hironobu Sakaguchi y el celebérrimo mangaka creador de la saga Dragon Ball: Akira Toriyama.

La caja de Chrono Trigger. Chulada. Cuántos recuerdos.

El arte del señor Toriyama nunca ha sido mi hit, sus personajes me parecen desproporcionados y su uso del color, muy básico. Aunque dibuje adultos muy muy malvados no me acaban de transmitir su pretendida perversidad. Con todo, y aunque el gancho en esa ocasión no fué lo visual, recuerdo que lo compré llevada por el deseo de escapar del aburrimiento, la melancolía y el abatimiento. A principios del 95 yo andaba en Houston, acompañando a un tío que estaba tratándose en un hospital de esa ciudad. La gravedad de su enfermedad y el clima gélido no ayudaban a levantar los ánimos; cuando ví un RPG nuevo de Squaresoft, pensé que tendría que estar bueno. Vaya que lo fue.

Chrono Trigger trata de un grupito de héroes bastante mocosos que intentan cambiar el destino a través de viajar en el tiempo. Chrono es un adolescente como de 17 años que asiste a una feria -La Feria del Milenio- en la plaza de su pueblo a mirar un nuevo invento de su gran amiga genio, la ingeniera empírica Lucca. En la feria conoce a otra chica que dice llamarse Merle. Merle es realidad una princesa, la heredera del reino, y su verdadero nombre es Nadia. A esta mujer le encanta salir a mezclarse con los plebeyos ocultando su verdadera identidad, escapando así de vez en cuando de su existencia sumamente protegida. Chrono llega a mirar la nueva creación de Lucca -un teletransportador- y es cuando la aventura comienza: un extraño portal se abre dentro de uno de los aparatos y la princesa es succionada dentro, Chrono se lanza tras ella y emerge en un bosque desconocido que resulta pertenecer a la Edad Media de su planeta. Lucca se le une más tarde, informándole acerca de la verdadera identidad de Merle, elucubrando las catastróficas posibilidades de que haya sido confundida por una de sus antepasadas -que estaba secuestrada- cuando fue hallada deambulando en el bosque. Y si no rescatan a reina verdadera, ésta morirá a manos de sus captores y Merle dejará de existir, rota la cadena de madres e hijas. Chrono y Lucca logran salvarle la vida a la soberana ayudados por un espadachín rana llamado Frog.

Aquí parece que las cosas volverían a la normalidad para los tres adolescentes, pero no. Cuando Chrono y sus amigas vuelven a su tiempo, él es llevado a juicio, acusado de raptar a la princesa. Los argumentos de Merle no son escuchados y Chrono es condenado a muerte. Lucca lo salva de perder la cabeza y al huir, se les une Merle valiéndole un pepino su linaje o lo que piense de ella su padre, los fugitivos hubieran sido irremediablemente capturados si no les atraviesa otro portal del tiempo -esos túneles se abrían en los sitios más inesperados, como si ese mundo fuera un queso gruyére temporal- y los tres jóvenes se lanzan. Esta vez llegan a un planeta destruido, arruinado, barrido por un frío terrible y cubierto por unas nubes que lo mantienen en un invierno implacable. Aquí es cuando Chrono, Lucca y Merle se enteran de que el tristísimo paisaje que miran es en realidad el futuro, que su planeta está condenado a la destrucción y que la muerte se desató en un aciago día conocido como “El día de Lavos”.

Los tres jóvenes quedan anonadados por la noticia. Y aunque ignorantes de qué o quién es Lavos, un ser de poderes tan inmensos como para barrir todo un planeta, deciden averiguar cómo detenerlo y salvar a su mundo.

Arte de Akira Toriyama. Aquí aparece el elenco del juego. ¿Recuerdan que Chrono nunca habla?

La historia de Chrono Trigger es una que va en pos de cambiar el destino. Esa fuerza inexorable e inmisericorde que en este juego es simbolizado por un ser inconmovible erizado de púas que esgrime una fuerza titánica, primordial. Chrono y sus amigos -en el camino se le unen más aliados y aliadas- tratan, a veces en vano, de controlar el río de las consecuencias que tiene cada decisión que tomamos. Despiertan a la adultez que les trae la consciencia de vivir despiertos, sabedores que lo que hagan en el presente seguirá reververando en sus futuros.

Me topé con este juego en una etapa de mi vida en la que tuve mi primer gran encontronazo con la fuerza que les inspira a los adultos a decir. “Lo que será será” o “Estaba escrito”.

El destino, quien muchas veces sí nos deja jugar con algunos de los hilos.

Por cierto, a ver para cuándo sacan la versión para iPad.

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Caricaturas retro de la infancia parte III: Remi, el niño de nadie

enero 14th, 2012 — 11:41am

“Sufren tremendas necesidades en el camino y por si fuera poco les toca la temporada invernal, una tormentota de nieve, mucho frio y la chingada.”

-Josafath hablando de Remi en su blog transtornos2099.blogspot

No conozco a nadie que no sepa de las desventuras de este niño. Escucho la frase “Ojos de Remi” con relativa frecuencia, incluso entre mis amigos no geeks. La vida atormentada de este chamaco francés es uno de los temas que invariablemente salen a la plática cuando a uno le da por bucear por los recuerdos de las caricaturas de nuestras infancias ochenteras, y es que de verdad, a Remi nomás faltaba que lo meara un perro (Por cierto tenía varios, a casi todos los mataron. ¿Ven a lo que me refiero?)

Remi y sus tres perros. Los fué perdiendo uno a uno, como en la canción.

Esta serie de anime fue hecha por Tokyo Movie Shinsha en 1977 (¡Antes de que yo naciera!), está basada en la novela “Sin Familia”, del autor francés Hector Malot y consta de 51 episodios de puro abandono, miseria, desesperación y hambre salpicados por algunos pantallazos de esperanza en la vida de este chico quien comienza en este mundo con el pie izquierdo al ser secuestrado cuando bebé, y luego entregado a una pareja de la campiña francesa quienes en medio de una crisis económica lo venden a un músico ambulante cuya muerte nos traumó a todos, (¿De verdad me tengo que disculpar por este spoiler? Todos nos acordamos de que este hombre protegió a Remi del frío de una tormenta de nieve con su cuerpo y el acto le costó la vida) el indómito, barbón y desasido Señor Vitalis. Como todos ustedes saben, este señor no viajaba solo sino que atravesaba el país galo acompañado de sus tres perros amaestrados: Capi, Servino y Dulce. Y claro, un changuito cuya desgarradora partida de este mundo (o sea cuando se murió) nos arrancó lágrimas a todos. ¿Todos lo recordamos verdad? El heroico Corazón Alegre, quien a pesar de haber caido enfermo sale a cantar a las calles para ayudar a la troupe y al finalizar su acto cae muerto. Y de los lagrimones que derramó Remi ni hablar.

A lo largo de los viajes del Señor Vitalis pasa de todo, pero la sombra de la pobreza y las terribles carencias del grupo hacen de este anime uno de los más tristes y angustiosos que he visto jamás, quizá porque los males que aquejan a estos seres son de carácter completamente posible, todos sabemos que tales realidades existen,  y que personas buenas pasan penalidades como estas alrededor del mundo. Remi fue también para nosotros, los niños de los ochentas, una introducción a lo brutal que puede ser el viaje de la vida cuando las desventajas -y las injusticias- se apilan una sobre otra.

Aquí Remi luce feliz, la verdad no recuerdo en qué momento...

Al final, de la alegre troupe solo quedan Capi y Remi, quienes son adoptados por una familia. Pero la verdadera madre del desventuado niño: una acaudalada dama inglesa lo sigue buscando desde que fue secuestrado. Remi viaja a Inglaterra y se encuentra con ella. Al final las cosas terminan bien para él. Aunque me pregunto en que clase de adulto se convirtió.

Yo si sé que clase de adulto soy: una que ya puede tomar las miserias de Remi con humor negro.

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Animes de adolescencia parte I: Las Guerreras Mágicas

noviembre 17th, 2011 — 7:53am

“En otra dimensión, en un  reino muy lejano existe una leyenda que habla de tres niñas, que llegarán y lograrán salvar a este mundo. Ellas despertarán a los genios, y con ayuda de sus poderes mágicos, lograrán vencer al enemigo.”

- Intro de Las Guerreras Mágicas

Pues sí, andábamos en los animes trágicos de la infancia la semana pasada, ya volveremos a ellos en poco tiempo (como si no sobraran las series que nos hicieron moquear invocando nuestros más profundos temores infantiles). Hoy me acordé de uno que me llevó a pensar que si por alguna razón yo diera con una puerta a otro mundo, muy a la Crónicas de Narnia, definitivamente no volvería a la querida y buena Tierra.

Lo pasaron por Caritele -¿Se acuerdan del dinosaurio tambachón y bobalicón ése? ¿El Carisaurio?- y llevaba el feo título: “Guerreras Mágicas”, el intro mostraba a tres mocosas de secundaria en un risco, viéndose absolutamente bellas, con sus enormes ojos acuosos y sus cabellos volando a sus espaldas, mientras una voz en off nos informaba que ellas eran las elegidas para salvar un mundo llamado Céfiro. El resto de la secuencia de apertura mostraba a las chicas portando sendas espadas y lanzando terribles hechizos enfundadas en sus uniformes escolares sobre los cuales lucían piezas random de armadura.

La serie me gustó tanto que constituyó mi entrada a informarme sobre las autoras de la historia: el cuarteto de mangakas conocidas como CLAMP, y cuando viajé a Japón me subí a la Torre de Tokio con el ñoñazo wishful thinking de que tal vez sería convocada a otro mundo, tal como les pasó a las chavas de la historia. Pero pues no, nadie me invocó y lo que me traje de la bendita torre de cristales empañados fue un llavero que aún cuelga de mi mochila.

La historia de estas guerreras-en-contra-de-su-voluntad comienza una mañana en la que visitan la Torre en un viaje de campo de sus respectivas escuelas, las protagonistas no se conocen hasta ese día, no tienen idea de lo que se les viene encima, y menos de lo marcadas que las dejará la experiencia que vivirán. Lucy, Marina y Anaís (Hikaru, Umi y Fuu en el manga) escuchan, en medio de un fogonazo de luz cegadora, una voz de mujer que pide ayuda y las llama a salvar a Céfiro, acto seguido el suelo desaparece bajo sus elegidos pies y se desploman en caída libre hasta que las recoge en pleno vuelo un pez volador gigante.

De izquierda a derecha: Anaís, Lucy y Marina. Al fondo, el chico de pelo verde es Paris y el mago de la túnica blanca es Guru Cleff

Las chicas no tienen ni la más remota idea de dónde están y mientras intentan descubrir lo que ocurrió se presentan entre ellas, aquí sucede que Anaís y Marina no le creen a Lucy que tenga la misma edad que ellas -14 años- y le dicen desvergonzadamente que parece niña de sexto de primaria. A lo largo de la serie comprobaremos que si bien Lucy no es por mucho la más brillante de las tres, -ese título se lo lleva Anaís, quien tiene en su cerebro su mejor arma- sí es la más valerosa y también la más ingenua. En eso se les aparece Guru Cleff, un sujeto chaparro de casi 800 años quien les explica que Céfiro es un mundo cuyo equilibrio descansa sobre la voluntad de una sola persona que consagra toda su existencia a orar por la paz de este mundo. El Pilar, quien es nada menos y nada más que la chica que las invocó en la torre, se encuentra actualmente prisionera por el malvado sacerdote Zagato. Como resultado de semejante desequilibrio, Céfiro está poblándose de monstruos y seres malvados producto de las mentes aterrorizadas de sus habitantes. El Pilar, conocido como La Princesa Esmeralda, las eligió para llevar a cabo la excelsa misión de liberarla.

Toda la perorata de Guru Cleff tiene a Marina sin cuidado, ella sólo quiere regresar a Tokio, le importan un carajo las cuitas de un mundo ajeno y sinceramente le angustia estar en un lugar donde no hay Häagen-Dazs, además tiene un torneo de esgrima en puerta, Anaís se preocupa por las tareas que debe entregar pronto y porque quedará mal con su equipo de trabajo. La única que se apunta irreflexivamente en la misión es Lucy, quien le dice a Guru Cleff que salvará a Céfiro y restaurará la paz. ¿Cómo es que las otras dos también le entran a semejante encargo? Pues no les queda de otra cuando Cleff les informa que no podrán volver a su mundo hasta que hallan salvado a ese mundo.  Así es como las tres pubertas despiertan sus poderes mágicos y reciben armaduras gracias a las artes de este hombrecillo, quien resulta ser un poderoso hechicero.

La atormentada Princesa Esmeralda, el Pilar de Céfiro

Aquí voy a empezar a decir una tremenda cantidad de spoilers, así que si no quieren que les eche a perder la serie no sigan leyendo.

Lucy, Marina y Anaís viven su aventura de menos a más, lo que quiero decir es que todo empieza como una luminosa-tenebrosa aventura tipo juego de rol en la que deben buscar el mineral para construir sus armas, cuentan con una bola saltarina de orejas largas llamada Mokona como guía, deben despertar cada una su respectivo genio (seres de inmenso poder y tamaño fabuloso que yacen dormidos en ocultos santuarios) y poco a poco va develándose el verdadero sentido del cautiverio de Esmeralda: ella sufre de un amor prohibido por su guardián, el sumo sacerdote Zagato, quien también la ama y no está dispuesto a dejar que ella sacrifique su vida por un mundo que bien podría valerse por sí mismo. El trágico propósito de las Guerreras Mágicas en la historia de Céfiro es nada menos y nada más que el de la destrucción del pilar que por cualquiera que sea la razón, ha sufrido una irregularidad que le impide cumplir su función. Esto lo descubren nuestras heroínas cuando al final, curtidas por las batallas y convertidas en amigas destruyen a Zagato sólo para descubrir que su verdadero enemigo es una mujer furiosa por el asesinato de su amante.

Al principio de la terrible batalla final, ninguna de ellas desea herir a la Princesa, pero se muestra como una rival tan terrible que no les queda más remedio que concederle el único deseo egoísta de su vida: reunirla con su amado.

Marina, Lucy y Anaís en sus trajes completos como Guerreras Mágicas

Las chicas han de regresar a Tokio con sus corazones llenos de remordimientos. De esta traumática experiencia nace del corazón atormentado de Lucy una sombra que volverá a torturarla en la segunda temporada de la serie, en la que las tres muchachas regresarán a un Céfiro casi destruido por la ausencia de un Pilar y además amenazado por la invasión de tres planetas vecinos. En la segunda vuelta las tres amigas han de revisar sus verdaderos motivos para pelear, y sanar con ello sus heridas. Las tres tienen sus roces con el amor, el autosacrificio y el cumplimiento de promesas formuladas en el núcleo de su forzada hermandad.

Cuando miré la serie hace muchos años admiré todos los aspectos visuales, Lucy, Marina y Anaís están diseñadas de acuerdo al rol que tomarán de acuerdo a sus poderes y el elemento que representan. El poder de Lucy es el fuego, su cabello pareciera estar en llamas, su uniforme es rojo y su armadura también, su temperamento es explosivo y cálido a la vez, sus poderes mágicos son de ataque. Anaís maneja el viento, su cabello corto luce ondas como remolinos de aire, su uniforme es verde, sugiriendo la frescura de la brisa, su armadura luce el mismo tono, sus poderes mágicos son un balance de defensa y ataque. Además es la más racional de las tres, es una intelectual cuyos procesos mentales recuerdan la sutileza y la velocidad del viento. Y tenemos a Marina, su elemento es el agua, sus ojos son zarcos, su cabello azul es largo, fluye como el agua con sus movimientos, su uniforme y armadura lucen del color del océano. Sus poderes son sobre todo de ataque. El carácter de Marina es acomodaticio cuando no le queda más remedio, en eso se parece al agua, que toma la forma del envase que la contiene. De las tres guerreras, es la que más evoluciona, pasa de ser la hija única mimada de una familia rica a aprender a mirar a los demás y descubre dentro de ella una inagotable fuente de compasión.

Marina, Lucy y Anaís se abrazan en el capítulo final de la serie, logran volver en paz con ellas mismas.

La historia tiene un final muy distinto en el manga del que tiene en el anime. Además hay un OVA (Original Video Animation) que dura 90 minutos y cuenta una historia completamente diferente con los mismos personajes, véanla si pueden, luego de que le echen un ojo a la serie, que tiene sólo 49 episodios.

Esta fue la serie que le habló a mi faceta escapista de la realidad en mi adolescencia, ahora no sé qué haría si me invocaran a otro mundo.

Tendré que volver a la Torre de Tokio.


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Crónica de una pedida (extracto de la vida real)

octubre 25th, 2011 — 9:13am

“The power of love is a curious thing: makes one man weep, and another man sing”

- “The Power of Love” canción de Huey Lewis and the News

Una nunca sabe cuándo puedes estar expuesto a su fuerza. Lo cierto es que está por todas partes. La gente sigue creyendo en él, lo comprobé hace unas semanas.

Me invitaron a ser parte de una conspiración: un hombre quería proponerle matrimonio a su novia, es una historia que ha venido repitiéndose hasta la saciedad en la historia de la humanidad. Debiera dar hueva -de hecho sí me dió- pero el asunto tenía medio muertos de nervios a los involucrados. Oculté mi pereza lo mejor que pude, tratando de interesarme en los tejemanejes que el novio había tramado con ayuda de sus aliados en lo que sería su día D.

El evento tuvo lugar en un centro comercial. Un sitio cuyo redondo vestíbulo alberga a uno de esos cafés omnipresentes de la sirenita. La novia acudió llena de preocupación por la amiga que se inventó una tremenda desgracia que debía compartir para aliviar su atribulado corazón. El resto de los conspiradores estábamos ocultos tras los elevadores. Otra de las amigas del novio, una chica con espíritu de coordinadora de eventos, se las arregló para programar en el sonido de la plaza una de las canciones preferidas de la novia. A mí me tocó sostener una hoja de papel con un fragmento de esta frase:

“I have loved you from the first time i saw you, and i want to make you happy always.”

O algo así. Cursilísimo.

En lo que varios extraños hechizados por la fuerza del plan maestro -y las artes de convencimiento de la amiga del novio-  se acercaron a la novia para entregarle flores, nosotros nos formamos en fila india con nuestros papeles, listos a la señal para entrar, que sería cuando comenzara la canción. Una pieza de Regina Spektor.

Y lo hicimos. Ahí empezó lo bueno. La cosa ya tenía un tinte extraño porque estos dos enamorados ya sabían que se casarían, tienen hasta reservado el salón de su recepción y muchos detalles de su boda arreglados, incluso la fecha. El chavo sabía que la chica le diría que sí. Desde un rincón de mi mente, una vocecilla me decía que si no existía la posibilidad que al novio lo mandaran al cuerno entonces la cosa perdía gran parte de su chiste.

Pues no fue así.

Desfilamos ante la atónita novia que nos miraba entre sorprendida e incrédula. En la mesa aprecié el manojo de flores moradas salpicadas de blanco junto al vasito de café. El resto de la gente del local comenzó a volver las miradas hacia nosotros: los conspiradores. El novio entró en escena, portando una elegante bolsita negra de papel con asa. El momento arquetípico sucedió entonces: un hombre arrodillado ante una mujer, pidiéndole que pase el resto de su vida con él.

La gente que estaba en la plaza se arremolinó al borde de los barandales mirando hacia abajo, hacia el momento que se desplegaba frente a ellos: la novia temblando de emoción y con las mejillas húmedas, el novio con lágrimas contenidas en los ojos. Las personas que caminaban alrededor del borde del café se quedaron inmóviles, atestiguando el momento, fue como si el tiempo se hubiera parado en el instante que ella se tomó para aceptar el anillo que él le ofrecía. Cuando movió la cabeza asitiendo, la plaza entera estalló en aplausos.

Y yo, la que llegó arrastrando los pies llena de flojera, tuve la breve impresión de estar mirando su beso por debajo del agua.

Diablos, yo tampoco he dejado de creer en él.

El Beso. Francesco Hayez

El Beso. Edvard Munch

El Beso. Kathë Kollwitz

El Beso. Theodore Gericault

EL Beso. Theóphile Alexandre Steinlen

El Beso. René Magritte

Celebérrimo. El Beso de Gustav Klimt

El Beso. Marc Chagall

La Sirena, otro beso...¡y qué beso! de Max Klinger

Con broche de oro: Rhett Butler y Scarlett O´Hara en Lo que el Viento se Llevó

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Vámonos a tomar algo

octubre 18th, 2011 — 8:53am

“Drinking liquor, I change to quiet another person.  And then, this other person also wants a little bit of liquor.”

-Herschel von Ostropol, circa 1750


La bendita frase nos ha llevado a buscar imágenes de ese momento en el que uno, -solo o acompañado- se lleva a los labios alguna bebida que nos altera la percepción de la realidad. El ritual del alcohol y la cafeína mantiene vivas y bien aceitadas -aunque a veces quizás no tan sanas- muchas relaciones. Este momento en el que comienza el viaje hacia las confidencias y la relajación ha sido capturado por muchos artistas. Aquí en el callejón hemos hecho acopio de algunas para su beneplácito. Corran por su café o su bebida espirituosa y disfruten.

Edward Hopper,"Automat" de 1927.

¿Habrán plantado a la chica del abrigo verde? Su rostro luce ensombrecido por algo más serio que el ala de su sombrero amarillo. Quizá lee su suerte en los pozos del café.

Rafael Soyer, "Café Scene" de 1946.

Es como si a esta musa de Soyer se le hubieran acabado los cigarrillos. Por su expresión inferimos que bebió algo más fuerte que un café.

Tsuguhara Fujita, "In the Cafe" de 1949.

¡Bocetando con tinta y plumilla!  Sin perder la elegancia claro está. Tras su copa de vino busca historias.

Vincent Van Gogh, "Agostina Segatori" de 1887.

Mademoiselle Segatori prefirió cerveza.

Picasso, "Bebedora de Absenta" de 1902.

Con el ajenjo mucha gente olvidó el frío por un ratito.

Edgar Degas "L´Absinthe" de 1876.

Esta chica está y no está. El ajenjo la volvió hacia adentro.

Jim Jarmusch fotografió a Tom Waits e Iggy Pop en 2003.

Me extraña que este par sólo haya pedido café.

Un bar de París en 1952. La foto es de Robert Doisneau.

Este señor va por buen camino. Tranquilamente.

Edvard Munch, "The day after" de 1894.

¿Quién no puede dejar de identificarse con esta bella escena de Munch? ¿El grito fué antes o después?

¡Salud!

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